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Los populistas son demagogos populacheros

Miércoles, 22 de Febrero 2017 - 12:00

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Eduardo Ruíz-Healy

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Los términos populista y populismo se pronuncian y escriben frecuentemente en los medios de comunicación, pero muchos no entienden realmente los que significan. Por lo anterior, es conveniente recordar lo que el jurista ecuatoriano Rodrigo Borja escribió al respecto en su Enciclopedia de la Política (4ª ed. México, FCE, 2012).

“Se llama populismo a una posición y a un estilo políticos —que no llegan a ser ideológicos—  caracterizados por el arrebañamiento de las multitudes en torno a ese ‘hechicero del siglo XXI’, listo siempre a ofrecer el paraíso terrenal a la vuelta de la esquina, que es el caudillo populista.

“Por extensión se denomina también populismo a toda concesión demagógica o populachera que hace un político.

“El populismo no es un movimiento ideológico sino una desordenada movilización de masas, sin brújula doctrinal. No es en realidad una legítima expresión democrática puesto que, bajo la enseña reivindicatoria, con frecuencia se lleva a los pueblos a defender posiciones objetivamente opuestas a sus intereses… En cierto sentido es la antidemocracia porque la democracia es la participación consciente y reflexiva de los pueblos en las tareas de interés general mientras que el populismo es su intervención emocional y arrebañada, librada a las potencialidades taumatúrgicas del caudillo populista.

“No es debido hablar de ‘populista de izquierda’ o ‘populista de derecha’, como a veces se hace, ya que izquierda y derecha son categorías ideológicas.

“La tecnología para la fabricación de un caudillo populista es bastante simple: exaltación hiperbólica de su personalidad, fabricación de la aureola carismática, providencialismo, demagogia.

“Simultáneamente se fabrica el ‘enemigo’ o los ‘enemigos’ —nacionales y, eventualmente, extranjeros—  contra quienes se dirigen todos los reproches, dicterios y acusaciones y contra quienes se fomenta, enardece y canaliza el odio de la colectividad. Viene entonces el maniqueísmo, la adulación a la masa y la asunción del monopolio de la verdad. Los ‘enemigos’ son los culpables de todos los quebrantos que sufre el país, de los cuales serán liberados por obra y gracia del caudillo.

“La voluntad popular, encarnada en el caudillo, no puede someterse a limitaciones jurídicas. Éste proclama la ‘insuficiencia’ de las leyes. Está por encima de las ideologías. No se somete a programas. Hace de la política un espectáculo. Da al pueblo pan y circo. Va hacia un paternalismo providencial. La política populista, en el ámbito económico, es terriblemente irresponsable. El patrimonio público es el patrimonio del caudillo y su uso es discrecional.

“Puesto que es un efecto político de causas económicas, sus raíces profundas deben buscarse en la pobreza, la marginación, la falta de educación, la explosión demográfica, el éxodo de los campesinos hacia las ciudades y el urbanismo cargado de problemas sociales. Estos son los factores determinantes del populismo”.

Borja describe las características comunes del populismo y sus caudillos, llámense Trump, Cárdenas, López Obrador, Chávez, Maduro, Morales, los Kirchner, Lula, Correa, Le Pen, Wilders, Perón, Hitler, Mussolini y tantos otros que durante los siglos 20 y 21 llegaron a gobernar sus países.

Por todo esto, ¡cuidado con los populistas! Ya estamos padeciendo los efectos funestos de las palabras y acciones del demagogo populachero que hoy habita en la Casa Blanca. En 2018 no compliquemos más la de por sí grave situación nacional eligiendo a otro demagogo populachero que ha manifestado que le gustaría vivir en Palacio Nacional.


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Número 33 - Septiembre 2019
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