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La mente de un terrorista

Viernes, 20 de Noviembre 2015 - 12:00

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Eduardo Ruíz-Healy

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Hasta anoche, amazon.com ofrecía 1,870 libros en inglés sobre el tema “psychology and terrorism” (psicología y terrorismo) y 2,570 títulos sobre el tema “terrorist and mind” (terrorista y mente). Al buscar vía Google lo que hay en el internet bajo “terrorist AND mind” encontré 75,700,000 resultados. Estos números indican la relevancia que ha adquirido el estudio de los motivos psicológicos que hacen que un terrorista mate a personas inocentes y, cada vez con más frecuencia, se mate a si mismo al cometer su abominable crimen.

La obra que por su relevancia aparece en el primer lugar de los libros que ofrece amazon.com sobre “terrorist and mind” es The Mind of the Terrorist: The Psychology of Terrorism from the IRA to al-Qaeda por Jerrold M. Post, profesor de Psicología Política y Asuntos Internacionales en la Universidad George Washington, en Washington, DC.

La reseña editorial de este libro realizada por Publishers Weekly dice lo siguiente: “Los que creen que hay una diferencia fundamental entre ellos y los terroristas pueden alarmarse por lo que descubren en esta investigación psicosocial de Post. A través de las amplias historias de personas despojadas de sus tierras, identidad y/o independencia por gobiernos con ideas sesgadas de lo que es la justicia, Post describe la formación de mentalidades terroristas que no son ni tan ajenas ni tan psicóticas como podrían parecer ser por las acciones que realizan. Post es objetivo y perspicaz al identificar y explorar tres tipos de terrorismo: el nacional-separatista, el social-revolucionario y el extremista religioso. Los análisis de las creencias y motivos -a menudo tomados de las declaraciones personales de los miembros y líderes de organizaciones terroristas- ilustran cómo una persona psicológicamente normal se convierte en un agente de violencia extraordinaria. Según Post, la comprensión de la psicología y la sociología de los terroristas es vital en una verdadera guerra contra el terrorismo, la cual, después de todo, a menudo está enraizada en ideologías en conflicto. Al concluir con una estrategia plausible para librar tal guerra, Post agrega conocimiento crítico al debate en curso sobre la mejor manera de hacer frente al terrorismo”.

En su artículo The Terrorist Mind: An Update, publicado el 10 de enero de 2010 en el diario neoyorquino The New York Times, Sarah Kershaw anota, entre muchas cosas, que “Hasta hace poco, la psicología del terrorismo había sido en gran parte teórica. Encontrar personas para estudiarlas era muy difícil. Pero el acceso a los terroristas ha aumentado y una ciencia naciente está tomando forma.

“Más ex terroristas están hablando en público sobre sus experiencias. Alrededor del mundo, decenas de miles de terroristas están en programas “desradicalización” y están siendo entrevistados, asesorados y sometidos a pruebas psicológicas, lo que ofrece la posibilidad de obtener datos reales sobre el tema.

“La propaganda terrorista ha inundado la Internet y el pensamiento de sus simpatizantes está ampliamente disponible. Hay canales de televisión por cable operados por extremistas y los investigadores tienen acceso a los escritos y a las “cintas de despedida” del creciente número de terroristas suicidas, así como las transcripciones de los juicios de terroristas.

“A pesar de la falta de un perfil único del terrorista, los investigadores están de acuerdo en gran medida sobre cuáles son los factores de riesgo para el involucramiento. Incluyen lo que Jerrold M. Post, profesor de psiquiatría, psicología política y asuntos internacionales en la Universidad George Washington, llama “transmisión generacional” de las creencias extremistas, que comienza temprano en la vida; un fuerte sentido de victimización y alienación; la creencia de que las violaciones morales del enemigo justifican la violencia en la búsqueda de una “condición moral más elevada”; la creencia de que el grupo étnico, religioso o nacionalista de los terroristas es especial y en peligro de extinción y que ellos no tienen el poder político para lograr el cambio sin violencia.

“La investigación también ha demostrado que algunos terroristas tienen una mentalidad criminal y que eran criminales antes de convertirse en terroristas. Paradójicamente, la ansiedad en torno a la muerte juega un papel significativo en el adoctrinamiento de los terroristas y los terroristas suicidas –un miedo inconsciente de la mortalidad, de no dejar un legado, según una nueva investigación.

“Muchos investigadores están de acuerdo en que, si bien rara vez hay un momento de epifanía, por lo general hay algún tipo de disparador que acelera la radicalización -por ejemplo, el asesinato de un amigo o familiar por causas políticas”.

En fin, como el numero de libros y artículos lo indica, la lucha contra el terrorismo debe basarse en gran medida en la comprensión que se tenga de la mente de los terroristas. Desafortunadamente, pese a la amplia y creciente literatura sobre el tema, el conocer que mueve a estas personas es “una ciencia naciente que está tomando forma”, como lo señala Publishers Weekly.

Foto: Matt Dorfman/www.nytimes.com


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Número 33 - Septiembre 2019
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