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La culpa de los sauditas

Miércoles, 18 de Mayo 2016 - 12:00

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Eduardo Ruíz-Healy

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Eran ciudadanos de Arabia Saudita 15 de los 19 terroristas que en la mañana del 11 de septiembre de 2001 secuestraron tres aviones de American Airlines y uno de United Airlines para luego estrellar dos de ellos contra el World Trade Center de la Ciudad de Nueva York, otro contra el edificio sede del Departamento de la Defensa estadounidense conocido como El Pentágono y otro en un campo rural cercano a Stonycreek Township, en el condado de Somerset, Pennsylvania.

15 eran ciudadanos de Arabia Saudita, un país en donde entre el 75% y 90% de la población, la familia real incluida, pertenece a una rama del islam sunnita conocida como wahabismo o salafismo, que es ultraconservadora, austera, fundamentalista y puritana. Entre otras cosas, el dogma wahabí promueve el odio hacia los que no son musulmanes y los musulmanes no wahabitas.

Oficialmente, el porcentaje de árabes sauditas que son cristianos es cero ya que el gobierno prohíbe que un musulmán se convierta a otra religión, un delito conocido como apostasía que es castigado con la pena de muerte.

Un cristiano, budista, hindú o seguidor de cualquier religión que no sea el islam no puede practicarla abiertamente. No se autoriza la construcción de ningún templo, iglesia o centro de culto que no sea musulmán. Cualquier persona que adopte la ciudadanía saudita debe convertirse al islam. No creer en Alá es una pena capital que puede castigarse con la muerte.

Arabia Saudita es una teocracia islámica y la importación y distribución de cualquier material religioso que no sea musulmán, como es la Biblia, está absolutamente prohibido. En 2014 se promulgó una ley que condena a muerte a cualquiera que introduzca al país cualquier tipo de publicación que promueva cualquier otra religión que no sea el islam.

La ley que rige en el país se basa en la Sharia derivada del Corán, que es el libro sagrado del islam, y la Sunna, que contiene las enseñanzas, actos y dichos del profeta Mahoma que han sido transmitidas verbalmente durante siglos.

Un estudio realizado en 2006 por la ONG Freedom House señala que “las enseñanzas religiosas en las escuelas públicas sauditas siguen propagando una una ideología de odio hacia el ‘infiel’, es decir cristianos, judíos, chiitas, sufís, musulmanes que no siguen la doctrina wahabí, hindús, ateos y otros. Según diversas fuentes, el sistema educacional saudita es medieval y su objetivo primario “es mantener el gobierno de la monarquía absoluta presentándolo como el protector predeterminado de la fe y que el islam está en guerra con las demás religiosas y culturas”.

Este es el país en que se educaron y fanatizaron 15 de los 19 terroristas que cambiaron al mundo el 11 de septiembre de 2011. La familia real que lo gobierna es la responsable de que estos individuos pensaran como pensaban. También es responsable de diseminar las enseñanzas de wahabismo que han sido recogidas por organizaciones terroristas como Al-qaeda, el Estado Islámico y otros grupos islámicos extremos.

Por todo lo anterior, tiene sentido que el Senado estadounidense haya aprobado unánimemente ayer una ley que permite que las familias de aquellos que murieron en los ataques del 11 de septiembre puedan demandar judicialmente al gobierno de Arabia Saudita por el papel que pueda haber jugado en los sucesos de ese día de 2001.


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