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Ganar elecciones, perder gobernabilidad

Miércoles, 20 de Enero 2016 - 12:00

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Eduardo Ruíz-Healy

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Si bien hay países que se encuentran en mayores problemas que el nuestro, la situación económica, política y social de México dista de ser la mejor posible.

La Federación, los estados y municipios enfrentan problemas cada vez más complejos y muy pocos funcionarios demuestran ser capaces de resolverlos. Los legisladores federales y locales anteponen sus intereses personales, políticos y partidistas a los de quienes supuestamente representan. Los impartidores de justicia son incapaces de acabar con la corrupción que prevalece en la mayoría de los juzgados y tribunales del país.

Las consecuencias de la falta de capacidad de la mayoría de quienes conforman los tres poderes, tanto al nivel federal como el local, explica en gran medida la realidad que vivimos los mexicanos: la mala calidad de los servicios públicos, el dispendio, desorden y opacidad del gasto público, la creciente e insultante desigualdad económica y de oportunidades, los bajos salarios que percibe la gran masa trabajadora, el auge de la economía informal y de la delincuencia organizada y no organizada, los elevados niveles de inseguridad, las cotidianas e incontroladas protestas y manifestaciones ciudadanas.

Para empeorar las cosas, muchos de los que gobiernan al país, además de ser incapaces, carecen de los principios y valores éticos necesarios para actuar con probidad.

Y así seguirán las cosas mientras los partidos políticos sigan postulando candidatos con altas probabilidades de ganar una elección aunque los mismos no tengan las cualidades necesarias para realizar con eficiencia y honradez el cargo para los que sean electos. Y seguirán mientras los legisladores federales ratifiquen los nombramientos de funcionarios pensando solamente en cuotas e intereses partidistas. Y seguirán mientras los ciudadanos nos guiemos más por el corazón que por la razón al elegir a nuestros gobernantes y representantes.

No es casual la llegada al poder de individuos como Jaime “El Bronco” Rodríguez, Cuauhtémoc Blanco y otros más que no cuentan con la experiencia y la preparación adecuadas para realizar satisfactoriamente los cargos que ocupan. Sus triunfos en las urnas obedecen al rechazo que cada vez más mexicanos sentimos hacia la clase política que tanto nos ha fallado y hacia los partidos que han postulando candidatos solamente con base en las encuestas de opinión sin considerar si poseen o no los atributos necesarios para desempeñar exitosamente sus responsabilidades.

Todos los partidos parecen empeñados en ganar elecciones sin pensar en que lo más importantes es mantener y afianzar la gobernabilidad del país. Si siguen actuando con esa lógica es altamente probable que los tres niveles y poderes de gobierno sean rebasados por las circunstancias y el país se vuelva francamente ingobernable.


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Número 33 - Septiembre 2019
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