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Felipe Calderón y la destrucción del PAN

Martes, 13 de Noviembre 2018 - 17:45

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Eduardo Ruíz-Healy

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Se fue Felipe Calderón Hinojosa del PAN, el partido político al que ingresó en 1988 y en el que fue secretario nacional de Acción Juvenil, secretario de Estudios, secretario general y, de 1996 a 1999, presidente nacional.

Después de 30 años dejó de pertenecer al partido que lo hizo presidente de la República y al cual, desde ese cargo, manejó durante unos años como un apéndice de su gobierno, tal como lo hicieron en su momento con el PRI los presidentes surgidos de ese partido.

Autoritario e intransigente, disfrazado de demócrata e incluyente, Calderón acabó con la carrera política de un presidente nacional panista, impuso sucesivamente a dos incondicionales al frente del PAN y luego perdió el control de su partido cuando fracasó en su intento de imponer a otro incondicional.

Manuel Espino presidió al partido de marzo de 2005 a diciembre de 2007. Fue uno de los responsables de que, en las elecciones federales de 2006, el PAN ganara la presidencia de la República y el mayor número de senadores, diputados, gobernadores, diputados locales, presidentes municipales, síndicos y regidores de su historia. Pese a ello y debido a que no estaba dispuesto a ser un lacayo de Calderón, renunció al cargo.

En su lugar, Calderón colocó a su incondicional Germán Martínez Cázares al frente del PAN, obligándolo a renunciar después de los malos resultados que el partido obtuvo en las elecciones intermedias de 2009.

Martínez Cázares fue reemplazado por otro fiel calderonista, César Nava, quien no buscó su reelección al concluir, en diciembre de 2010, el período para el cual fue electo. Como sucesor de Nava, Calderón pretendió imponer a Roberto Gil Zuarth, otro de sus fieles empleados, pero fracasó en su intento cuando Gustavo Madero Muñoz logró ser electo como presidente nacional panista.

Al deshacerse de Espino, imponer a Martínez y a Nava, y al no tener éxito en colocar a un tercer incondicional, Calderón dañó gravemente a un partido que desde su fundación había resuelto, unas veces mejor que otras, sus problemas internos.

Madero llegó al cargo sin la bendición del presidente de la República y desde el primer momento fue notorio el rompimiento entre ambos. Desde entonces, Calderón dedicó mucho de su tiempo a tratar de minar el poder de Madero, pero fracasó en su intento, tanto, que en 2011 falló en su intención de imponer como candidato presidencial panista a su secretario de Hacienda, Ernesto Cordero.

Al entrometerse en los asuntos de un partido que siempre fue independiente del poder presidencial, Calderón sembró las semillas de la profunda división que hoy amenaza acabar con la existencia del PAN. Si como presidente de la República hubiera respetado la democracia interna del partido, tal vez Madero no habría llegado a la presidencia nacional panista, o si éste hubiera llegado sin las interferencias de Calderón, es probable que nunca se diera el rompimiento entre ambos personajes.

De igual forma, es probable que Ricardo Anaya tampoco llegara a ser presidente nacional del PAN para luego traicionar a Madero, su mentor y padre político. Y también es posible que las divisiones entre panistas hubieran sido menores si Calderón no hubiera pretendido regresar a Los Pinos al promover la fallida candidatura presidencial de su esposa, Margarita Zavala, quien renunció a su militancia panista luego de que Anaya le impidiera ser candidata.

En lo que fue su último berrinche como panista, Felipe Calderón se fue, el domingo, del partido que le permitió lograr ser presidente de la República, del partido que trató de avasallar y, al hacerlo, contribuyó a debilitarlo tanto que nada garantiza su supervivencia.

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Número 32 - Agosto 2019
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