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Falta de representatividad

Miércoles, 10 de Junio 2015 - 12:00

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Eduardo Ruíz-Healy

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53% de los electores se abstuvieron de votar el domingo pasado. Digamos que cinco de cada 10 mexicanos decidieron, por algún motivo u otro, que ningún candidato, partido o coalición merecía recibir su voto. Lo anterior significa que quienes ganaron representan la voluntad, en promedio, de una mayoría de los cinco de cada 10 mexicanos que sí acudieron a las urnas para votar a favor de algún candidato. Es decir que los nueve nuevos gobernadores, cientos de diputados, presidentes municipales y delegados defeños y miles de regidores municipales representan la voluntad de una pequeña minoría de ciudadanos y harán muy bien en no olvidar esta realidad al momento de asumir y ejercer sus encargos.

Por ejemplo, en la delegación Cuauhtémoc del Distrito Federal ganó el candidato de Morena, Ricardo Monreal, con el 29.24% de los votos que emitieron 195,874 ciudadanos. En total obtuvo 57,269 votos a su favor. El problema es que en la Cuauhtémoc tenían derecho a votar 466,028 personas, lo que se traduce en una abstención del 57.97%. En pocas palabras, el ex priísta, ex perredista, ex petista y ex emeceísta será jefe delegacional por la voluntad expresa del 12.3% de los habitantes de la Cuauhtémoc, sólo 12 de cada 100. Y hará bien en recordar esto el zacatecano antes de tomar decisiones que puedan afectar a los 88 de cada 100 que no votaron por él, ya sea porque lo hicieron por otro candidato o porque se abstuvieron de votar. Si realmente busca ser el candidato de Morena a la Jefatura del Gobierno del DF en 2018 no puede encabezar un gobierno delegacional pensando que sólo se debe a los militantes de este partido.

Otro ejemplo puede verse en el caso del exitoso candidato independiente y virtual gobernador electo de Nuevo León, Jaime “El Bronco” Rodríguez Calderón, quien a pesar de que el domingo ganó con el 48.86% de los votos a su favor no llega al cargo por la decisión mayoritaria de lo neoleoneses. La abstención en ese estado fue del 41.0%. De 3,560,457 de electores registrados votaron 2,100,670 y el carismático ex priísta obtuvo 942,836 votos. Es decir, el 26.5% del total de los ciudadanos que aparecen en la lista nominal de votantes. Siendo electo por solo 27 de cada 100 de sus paisanos, El Bronco no puede darse el lujo de actuar como si en realidad fuera un gobernador de mayoría, a pesar de que obtuvo casi el 49% de los votos emitidos.

Los casos de dos políticos exitosos como lo son Monreal y Rodríguez se observan en casi todos los procesos electorales efectuados el domingo pasado. Hasta ahora no he detectado un solo caso de que alguien ganara un cargo por voluntad del 51% o más del total de los votantes registrados en el INE.

Lo que esta situación me indica es que los gobernantes estatales y municipales así como los legisladores federales y locales electos el 7 de junio poseen la legitimidad necesaria para ocupar sus cargos, pero carecen de la representatividad necesaria para desempeñarlos con la suficiente autoridad moral que tendrían si hubieran sido electos por una verdadera mayoría de los votantes. Y ahí reside uno de los principales problemas de la gobernabilidad de nuestro país.

Si se modificara la Constitución para hacer obligatoria una segunda vuelta electoral en aquellos casos en donde ningún candidato obtuviera por lo menos el 51% de los votos, por lo menos para los cargos del poder ejecutivo, se daría un gran paso adelante para mejorar la mala gobernabilidad del país.


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