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Desubicado

Lunes, 09 de Noviembre 2015 - 12:00

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Eduardo Ruíz-Healy

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El estado de salud del papa Juan Pablo II se vino abajo en marzo de 2005 y durante los últimos días de ese mes hasta su muerte, el 2 de abril, todos los medios del mundo, los de México incluidos, dieron cuenta de las últimas horas del polaco que encabezó durante 26 años y medio a la iglesia católica romana.

Durante esos días en la Cámara de Diputados se discutía si desaforar o no al entonces Jefe de Gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador, por su presunto desacato a una orden judicial. El desafuero del Peje López era, sin duda alguna, el principal evento noticioso en nuestro país.

Sin embargo, la inminente muerte de Juan Pablo, uno de los hombres más influyentes del siglo 20 y un hombre especialmente reverenciado por los católicos mexicanos, mandó al segundo plano la cobertura de lo que acontecía en torno al tabasqueño.

Tanto se informó y comentó durante esos días sobre la agonía y muerte del Papa que el mismo AMLO se quejó de ello afirmando que había un “compló” de la televisión para tratar el asunto con el fin de restarle importancia a su probable desafuero.

Pocas horas antes de que expirara Juan Pablo, el mesías tropical declaró que “fueron horas y horas de comentarios sobre el Papa, de reportajes sobre el Papa y no dejaron el momento en que la Sección Instructora decidió. Yo estoy, desde luego, pidiendo por la recuperación del Papa, pero ayer en la televisión fue abundante, y, desde luego, es una nota importantísima que le preocupa a la gente, pero repetían y repetían y repetían”.

De acuerdo a las encuestas que sobre el tema se realizaron, a una mayoría de la población no le cayó nada bien que el Peje López pretendiera ser tan importante o más que su líder espiritual, que su probable desafuero fuera un evento tan trascendente como la muerte del Papa número 264 y el primero en no ser italiano o desde el holandés Adriano VI (1522-1523).

Han transcurrido poco más de 10 años desde que AMLO pretendiera ser más importante que un personaje de la talla de Juan Pablo II y aparentemente sigue sin entender lo que es un suceso importante.

El miércoles pasado la Suprema Corte de Justicia de la Nación amparó a cuatro personas para que cultiven mariguana para su propio consumo, decisión que debe impulsar, por fin, un gran debate nacional que lleve a la legalización y regulación de ésta y otras drogas y al fin de la desde siempre perdida guerra contra las drogas.

Esta guerra le ha costado a México entre 90,000 y 120,000 vidas, cuantiosos recursos económicos, materiales y humanos que podrían haberse destinado a fines más constructivos, y enviado a la cárcel a miles de hombres y mujeres por el delito de ser consumidores de alguna droga o por simples peones dentro de las estructuras de los cárteles del narcotráfico.

Por las declaraciones que hizo hace unos días en Hidalgo, el mesías tropical no cree son muy importantes las muertes y desapariciones de decenas de miles de mexicanos, la orfandad en que han quedado quién sabe cuántos niños, las vidas destruidas de quienes impulsados por el hambre y la pobreza ingresaron a las organizaciones criminales, la corrupción que en todos los niveles ha propiciado el narcotráfico, el despilfarro de miles de millones de pesos. Todo esto por una guerra inútil que nunca será ganada.

Todo esto no es importante para el Peje López. Según él, “los ministros de la Suprema Corte hacen de su trabajo una simulación, haciendo faramalla de temas que no son fundamentales para la sociedad mexicana y desatendiendo los grandes y graves problema nacionales”. Para él, abrir un camino que permita dar fin a la costosa guerra contra las drogas no es importante, el narcotráfico no es uno de “los grandes y graves problemas nacionales” que solo él define.

Desubicado hace 10 años al compararse con Juan Pablo II. Desubicado hoy al restarle importancia a la trascedente decisión de la Suprema Corte.

El Peje López ha estado, está y estará desubicado.



Número 32 - Agosto 2019
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