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Democracia que causa pena

Miércoles, 04 de Noviembre 2015 - 12:00

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Eduardo Ruíz-Healy

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La mayoría republicana en la Cámara de los Representantes del congreso estadounidense creó, en mayo de 2014, el Comité Selecto sobre los Eventos en Torno al Ataque Terrorista de 2012 en Bengasi, Libia. Integrado por siete republicanos y cinco demócratas, la misión aparente de dicho comité es el de averiguar que sucedió en la noche de septiembre 11 de 2012, cuando militantes islamistas atacaron la oficina diplomática estadounidense en Bengasi y asesinaron al embajador Christopher Stevens y otras tres personas. Sin embargo, como en su momento lo dio a entender el líder de la mayoría republicana de la Cámara de Representantes, Kevin McCarthy, el verdadero objetivo del comité es desprestigiar a la aspirante demócrata a la presidencia de Estados Unidos, Hillary Clinton, quien se desempeñaba como secretaria de Estado del gobierno de Barack Obama cuando ocurrió el violento suceso.

En una entrevista en Fox News McCarthy dijo, el pasado 29 de septiembre, lo siguiente: “Todos creían que Hillary Clinton era invencible, ¿verdad? Pero nosotros armamos un comité especial de Bengasi, un comité selecto. ¿Cuáles son sus números hoy? Sus números están cayendo…”. Sus palabras eliminaron sus posibilidades de acceder a la presidencia de la Cámara de Representantes, uno de los cargos de mayor poder en Estados Unidos, y a la postre demostraron que estaba muy equivocado en cuanto a Hillary.

El 25 de octubre pasado, Clinton compareció durante 11 horas ante el mencionado comité selecto. Durante la maratónica sesión pública que se transmitió por televisión la ex primera dama, ex senadora por Nueva York y ex secretaria de Estado soportó los embates de los republicanos que trataron de desprestigiarla utilizando todos los argumentos a su alcance. Tan bien fue la actuación de la abogada que las encuestas muestran que a los republicanos les falló terriblemente su estrategia.

Antes de su comparecencia, 58% de los votantes demócratas decían estar satisfechos con las respuestas que hasta entonces había dado Clinton en torno a Bengasi. Después de la comparecencia el porcentaje subió a 72%, un incremento de 14 puntos porcentuales. El porcentaje de votantes independientes que pueden votar a favor de cualquier partido que no están satisfechos con su respuestas en torno a Bengasi se desplomó de 84% a 40%, una reducción de 44 puntos porcentuales.

Lo que vimos el 25 de octubre fue un ejercicio democrático en el cual el poder legislativo estadounidense, usando y hasta abusando de su poder, llamó a cuentas a una ex funcionaria que supo enfrentar exitosamente las duras preguntas, a veces inquisitoriales, de sus rivales republicanos. Si Clinton no se hubiera desempeñado tan bien y si los republicanos se hubieran preparado mejor, tal vez ese día se hubieran desplomado las aspiraciones presidenciales de la demócrata.

Al ver a Hillary Clinton respondiendo las preguntas de los siete republicanos que iban por su cabeza no pude dejar de recordar la pobreza de ideas, cuestionamientos, respuestas y debate que se ve cada vez que un alto funcionario del gobierno federal comparece ante una comisión o el peno de alguna de las dos cámaras que integran el congreso federal de nuestro país.

Es indudable que la democracia estadounidense adolece de muchas fallas pero, junto a ella, la mexicana nos debe causar pena.


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Número 35 - Noviembre 2019
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