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Como un niño en una dulcería

Lunes, 05 de Enero 2015 - 12:00

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Eduardo Ruíz-Healy

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Las Vegas, NV.- En 1985 compré mi primera computadora personal. Era un clon de la IBM PC, una desktop Tandy 1000, con las siguientes características que muchos de ustedes encontrarán difíciles de creer: un microprocesador Intel 8088 capaz de realizar 0.75 MIPS (millón de instrucciones por segundo) a 5Mhz, un monitor RGB de 16 colores, una unidad interna de disco flexible de 5.25 pulgadas y diversos conectores, entre ellos uno para el teclado y otro para una impresora en paralelo. La memoria era de 128kB y el sistema operativo era MS-DOS 2.11. No tenía disco duro y todos los documentos que deseaba guardar quedaban grabados en floppies de 5.25 pulgadas. Pagué por ella 2,000 dólares en una tienda de RadioShack en San Antonio, TX. Meses después adquirí otra unidad de disco flexible que yo mismo instalé siguiendo las instrucciones.

Se inició así, hace casi 30 años, mi relación con las computadoras personales y muchos aparatos electrónicos que han surgido durante las tres últimas décadas.

En 1987, tres años antes que Microsoft lanzara Windows 3.0, instalé en mi Tandy 1000 una interfaz gráfica de usuario desarrollada por Xerox. Nunca funcionó muy bien, seguramente porque no supe instalarla adecuadamente o porque a mi desktop le faltaba un microprocesador más potente.

Desde 1985 he tenido quién sabe cuántas desktops, laptops, iPads, impresoras, monitores, módems, PDAs (que son las siglas de personal digital assistant que en español significa asistente digital personal o agenda electrónica de bolsillo), teléfonos celulares y diversos gadgets. He adquirido programas para PC y Mac y ahora compro apps para los diversos dispositivos que utilizo.

También en 1985 sucumbí ante la Revolución Digital al comprar el Discman D-50, el primer reproductor de CDs portátil de Sony, el gadget que popularizó a los discos compactos y condenó a muerte a los LPs de vinilo. En ese 1985 dejé de comprar LPs y empecé a adquirir CDs. Ahora, con la llegada de servicios de música en línea como Spotify, he dejado de adquirir CDs. En mi casa guardo una colección de 5,000 LPs y 5,000 CDs que cada vez escucho menos.

La compra de mi primer Kindle de Amazon, en 2009, marcó el principio del fin de mi vida como comprador de libros impresos en papel porque empecé a leer e-libros que adquiría en línea. En 2010 compré el Kindle 3 y un año después, al comprar mi primera iPad, me convertí en ex cliente de Kindle aunque sigo adquiriendo libros y revistas en formato digital de Amazon y otros proveedores. Ahora compro libros y revistas impresos cuando se trata de obras que difícilmente encontraré en versión electrónica.

¿Y qué decir sobre la forma en que veo lo que antes se llamaba televisión? Con Apple TV yo decido lo que quiero ver y no dependo más en los caprichos de las empresas televisoras.

Después de esta breve reseña debe quedar más que claro que he disfrutado los últimos 30 años de revolución tecnológica. Y no solo eso, la he aprovechado para ser más productivo en la práctica de mi oficio y expandir mis conocimientos.

Cuando entré a esa tienda de RadioShack en 1985 no pasó por mi mente que el mundo iba a cambiar tanto en tan poco tiempo. Para mí, una PC no era otra cosa que una máquina de escribir sofisticada. Vaya que estaba equivocado. Y conmigo la mayoría de la humanidad.

Mañana se inicia el CES (en inglés International Consumer Electronics Show, en español Feria Internacional de Electrónica de Consumo), que desde 1978 se realiza en esta ciudad. Gracias a una invitación que me hizo Samsung Electronics México podré ver los nuevos productos y servicios de la industria.

Durante los próximos días me sentiré como un niño en una dulcería cuando visite los diversos pabellones de la feria. Trataré de compartir algunos dulces con ustedes.


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Número 35 - Noviembre 2019
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