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Acuerdo en secreto

Lunes, 12 de Octubre 2015 - 12:00

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Eduardo Ruíz-Healy

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Hace una semana, el lunes 5 de octubre, en Atlanta, Georgia, y después de casi ocho años de negociaciones secretas, los representantes de Australia, Brunéi, Canadá, Chile, Estados Unidos, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam firmaron el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (o TPP, por sus siglas en inglés).

De inmediato, los funcionarios del más alto nivel de cada uno de los países involucrados, entre ellos los presidentes de México y Estados Unidos, celebraron la conclusión de las negociaciones.

En su cuenta de Twitter @EPN, el presidente Enrique Peña escribió a las 12:08 de ese mismo día lo siguiente: “Celebro la conclusión de negociaciones del #TPP, acuerdo de vanguardia con el que México fortalece su integración comercial con el mundo”. Tres minutos más tarde escribió que “El Acuerdo de Asociación Transpacífico se traducirá en mayores oportunidades de inversión y empleo bien remunerado para los mexicanos”.

En la cuenta de Twitter @BarackObama, alguien del equipo del presidente estadounidense escribió, también el 5 de octubre: “Grandes noticias: El presidente Obama acaba de asegurar un acuerdo comercial que pone a los trabajadores estadounidenses primero”. Luego esto: “Añada su nombre para apoyar el acuerdo comercial más progresista en la historia de esta nación:ofa.bo/b5K0”.

También a partir del 5 de octubre, el secretario de Economía de México, Ildefonso Guajardo, y el Representante Comercial de Estados Unidos, Michael Froman, al igual que sus similares de los otros 10 países firmantes del TPP empezaron a comentar sobre el acuerdo en los principales medios de comunicación de sus países. Los 12, al igual que Peña Nieto y Obama, dijeron que las largas y secretas negociaciones concluyeron en un acuerdo que beneficiará a las economías, las empresas y los trabajadores de sus respectivas naciones. A las voces de estos funcionarios se han sumado las de líderes empresariales y CEOs de corporaciones globales o de las más importantes empresas de cada país involucrado.

Sin embargo, no todo mundo está de acuerdo con que el TPP vendrá a resolver muchos de los problemas económicos que aquejan a América, Europa, Asia y África.

Un número creciente de analistas económicos, académicos, intelectuales, periodistas, políticos y dirigentes de organizaciones no gubernamentales en cada uno de los 12 países signatarios del TPP se ha pronunciado en contra del acuerdo, del cual aún no se conoce su texto definitivo. Su oposición se basa en lo que conoce del mismo, nada más.

Entre los opositores más conocidos del TPP está la aspirante a la candidatura demócrata a la presidencia de Estados Unidos, Hillary Clinton, a pesar de que como secretaria de Estado de Obama defendió el acuerdo. Ahora dice que está a favor de un acuerdo pero no del que se concretó el lunes de la semana pasada. En sus primeras declaraciones dijo que el TPP beneficia demasiado a las grandes corporaciones farmacéuticas transnacionales y no limita la capacidad de los gobiernos para manipular sus monedas.

Personalmente me abstendré de opinar respecto al TPP en vista de que el documento final no estará disponible para el público en por lo menos 30 días, si es que entonces. En principio, me preocupa mucho que se haya negociado en secreto para beneficiar a las grandes corporaciones industriales, financieras y de servicios del planeta a expensas de millones de pobres y clase medieros del planeta.


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Número 35 - Noviembre 2019
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