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El cuidado de las formas

El planteamiento de invertir 17,000 millones de dólares por la iniciativa privada deja claro el espectro de visión de futuro para una nación en estanco en su función productiva. Infraestructura, vocablo que reúne todas las fórmulas del progreso cifrado en la inversión. Así será el planteamiento para 2020. Solamente de esa manera se reactiva la economía mexicana. Así deberá absorber el planteamiento la transición en turno.

En el anuncio se interpone una marcha, que revive un episodio trágico de la vida nacional: Ayotzinapa. Se produce un saqueo de bienes y activos de comercios y daños patrimoniales. La autoridad no aplica la ley y la ciudadanía queda a merced de vándalos. La no represión la festina el gobierno local y el federal. Y viene la interpretación desde la tribuna del presidente a confundir los hechos y a difundir un mensaje que trasciende nuestras fronteras. La invasión anárquica de las calles de la ciudad no es un movimiento doctrinal; no es el anarquismo de Ricardo Flores Magón y el Partido Liberal Mexicano que combatía la tiranía y la dictadura. No puede ni debe confundirse un sueño libertador con una invasión callejera.

El vandalismo vivido es guiado, ordenado desde algún rincón que, apuesta a la desestabilización, que apuesta a la anarquía como telón del caos y síntoma de la confusión. La adjetivación del presidente siembra un mensaje que añade a la desconfianza ya existente en el ambiente de la inversión y de la invitación al capital. Las fuerzas conservadoras han existido siempre y en todas las naciones; son equilibrio de mesura y contrapeso al poder absoluto y totalitario. No son doctrina que encierra ostracismo ni regresión, es simple nacionalismo protector de cultura, de valores, de historia y de acervo. Conservar es por definición preservar, custodiar. El derivado que interpreta el presidente en conservadurismo es en cierta forma medida extrema, medida lacerante de provecho y abuso de una simple forma de contemplar la arbitrariedad y señalarla. Conservadurismo puede existir como término, en un léxico denostador, pero jamás sería interpretativo como instigador de una revuelta vandálica.

La sociedad, interpretada de muchas maneras, desde cuerpos civiles hasta organizaciones formales que unen pensamiento y directrices consideradas provechosas para todas las comunidades del país, simplemente señalan y en ese señalamiento esperan respuesta congruente. Cuando no la reciben, reclaman por las vías de la civilidad y la legalidad. Eso es todo, es quehacer ciudadano. Así se demanda la restitución de un despojo de un activo nacional, el aeropuerto de Texcoco, así se reclama la cancelación de proyectos inútiles como Dos Bocas y el Tren Maya. Así se demandan protecciones alejadas de recipientes y beneficiarios de programas probados en su cobertura y eficiencia. Así se demandan innumerables proyectos y programas interrumpidos para sustituirlos por dádiva directa y clientelar.

La demanda de orden, como restitución de garantías ya existentes en nuestro medio, como preservación del patrimonio constitucional que ampara la vida de todos, no obedece a ninguna doctrina, no obedece a dictados de historia pasada como tampoco a imposiciones de orden material; la simple conveniencia de las economías de mercado muestra bondades de todo tipo para la vida de las naciones progresistas. El ritmo gubernamental que exige la sociedad es de mero acompañamiento y acomodo de los bienes nacionales para siempre acompasar y conjugar la inversión pública y la privada. No hay nada liberal ni conservador en esta fórmula. El diseño de la libre competencia y el imperativo de la especialización ya cubren toda expectativa de participación en un comercio abierto y fronteras con libertad.

El desprendimiento que enarbola esta transición de todo acto de gobierno anterior carece de validez en el sentido de borrar una huella que pudo tener fallas, que pudo tener anomalías y abusos sin precedente; de esa postura a la corrección nadie pondría en tela de duda un cambio de rumbo. Eso se espera de una administración renovadora, pero la continuidad es inevitable en la vida institucional de las naciones. Esta transición ignora que es solamente un paso del que restan cinco años para complementar vida de nación a una economía que se sitúa en las primeras quince del mundo. Esa debe ser la mira.

El primer año de esta tercera transición se irá en la experimentación del ahorro como función toral en la retención de programas y recortes sin miramiento. El resultado ya está a la vista: detuvo toda la función económica y el nulo crecimiento del producto ya sanciona horizontes de crédito, de ampliación de infraestructura y lastima los principales propulsores de la economía en la construcción y en la producción manufacturera. El empleo es el principal perdedor y por ende el consumo interno ya sufre las consecuencias del estanco.

La contracción económica es real, el aislamiento del presidente en foros internacionales también lo es; el aparente descuido o desdén por las citas internacionales tal vez presienta el señalamiento desde la óptica del exterior en el error histórico de inicio, error que marcará esta transición para la perpetuidad en la cancelación de la obra más importante del continente: el aeropuerto de Texcoco. Así seguiremos en ese tema, hasta que el poder judicial imponga la restitución de la razón que nos asiste y deseche la imposición de Santa Lucía.

La invitación al capital u oferta del capital no se recibe con mensajes de calificativos inapropiados, con menosprecio de las manifestaciones a las que son ajenas tanto la sociedad como el gobierno en turno; la búsqueda se daría en trayectorias pasadas, vividas en un ambiente de resurgimiento de fuerzas alguna vez dominadas o anuladas por gobiernos anteriores. Corresponde a la inteligencia de los gobiernos combatir sus orígenes, su expansión y su contención. Los calificativos sientan confusión y el mundo no descuida un segundo los pronunciamientos de líderes de naciones que cuentan, como México. Si el capital se encuentra en la puerta de nuestro progreso y de nuestro crecimiento, es preciso cuidar las formas.

 

Fecha: 
Lunes, 30 de Septiembre 2019 - 11:55
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Fecha B: 
Lunes, 30 de Septiembre 2019 - 14:10
Fecha C: 
Martes, 01 de Octubre 2019 - 03:10
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Equidad por decreto

La interpretación de la economía y de los preceptos económicos que el mundo sigue, ahora reúne sentencia contraria, la del presidente. La obnubilación por los números, los del crecimiento, en el lenguaje del presidente, pierden valía con su imposición para reinterpretar lo que una economía debe perseguir, sin crecer: bienestar. Ahora, mencionó el presidente, tenemos una distribución más equitativa del ingreso. Por definición, el ingreso se deriva de un trabajo o de un servicio prestado a alguien o a una entidad que remunere el servicio adquirido. Si la distribución de recursos se adhiere al erario de la nación entonces el gasto público es el verdadero contribuyente a una fase del proceso de consumo, una base precaria que no precisamente robustece mercados internos.

 Del ingreso, existen considerandos, cuando se deriva de una dádiva sin pronóstico de respuesta. La apuesta del gobierno en turno, tercera transición que vivimos en nuestro camino democrático, es el empleo, pero con un antecedente muy claro, la retención o captura de la voluntad a una administración que se califica como régimen. Las diferencias entre gobierno, administración o régimen, las concedemos a expertos en esta materia, pero las sentencias y condenas a la nomenclatura económica no pueden ser ignoradas.

La simple aritmética que suma los bienes y servicios de una nación es una sumatoria clara e indivisible llamada producto interno; sin las depreciaciones correspondientes es denominado bruto. Si la sumatoria es positiva, la economía crece. Si todos los añadidos se incrementan, la economía mejora todas sus expectativas y ese es punto de partida para tomar acciones, incluidas las del reparto que tanto gusta a esta transición en turno. La simple acción de sumar no se contrapone ni se adhiere a ningún precepto ideológico; claro está que las economías progresistas son las que estimulan esta numérica, las economías totalitarias no pueden asumir ninguna actitud triunfalista en una economía cerrada o cautiva para preservar ordenanzas o preceptos arcaicos de sustentación con miras internas, mal llamadas nacionalistas.

La interpretación económica destaca por su claridad, por su contundencia; los supuestos de una economía sientan las bases para un futuro que contempla alteraciones y otras desviaciones de hegemonía y mercados. La subjetividad de una economía situada en un futuro incierto nada tiene que ver con hechos consumados, con trayectoria recorrida en esa ruta de las ventajas comparativas y ventajas y especializaciones de las naciones. La simple relación de los costos ya adelanta percepción de competencia y otras consideraciones. Si las reglas se ignoran las naciones se atrasan, se reducen.

El crecimiento económico es piedra angular para desarrollar una nación. No existen alternativas, no existen conceptualizaciones que desvíen este precepto. No existen aspectos cualitativos que desafíen la certeza de crear riqueza. No existe una función cualitativa y subjetiva que califique el bienestar derivado de un reparto del gasto público, cuando se ciñe a una función finita. Sin crecimiento no existe riqueza y un día no habrá gasto compatible con la función de reparto. A menos que se grave el ingreso, que se grave la renta.

El ciclo evolutivo del gasto sin crecimiento, sin dinero nuevo, se convierte en eventual demanda del contrato social. Todos los inicios de un gobierno populista satisfacen una etapa de despegue; lo estamos viviendo en una aceptación de popularidad sin precedente. La etapa evolutiva, sin padrón, como lo contemplamos, algún día se saldrá de control, ya se anuncia en los becarios con aspiración a un empleo, con inscripciones fantasma, vicios y otras desviaciones de recursos. La simple retención de programas para dádiva directa, no solamente se contrae en términos reales, en apariencia se duplican los montos, pero se hacen bimestrales. La contracción es clara y el modelo ya es obstructivo de beneficios alguna vez adquiridos por la población. Del sector salud no merece mención especial, el caos es patente y lastima el pronunciamiento tan distante desde la cúpula del sector mismo, con una arrogante displicencia hacia el dolor.

Distribución más equitativa mencionó el presidente; nos basamos en una economía popular. Los números no son significativos, son de dimensión cuantitativa, ahora tenemos una dimensión cualitativa. Palabras más o algunas menos. Habló de la contribución carretera en las comunidades, las que sin ninguna experiencia, recibirán recursos y construirán sus caminos. Tenemos fresca la concepción de economía doméstica en una mula y un trapiche para ejemplificar sustento de familia de siglos atrás. El presidente dedicó tiempo a este modelo ancestral y nunca ha dejado el país para sentarse con sus pares, los de naciones avanzadas y estudiar sus modelos, seguramente progresistas.

La mira gubernamental definitivamente difiere del modelo esperado para México. Se abunda una y otra vez en Texcoco, en el aeropuerto internacional que tal vez será realidad, pero por intervención del poder judicial y no por la razón y en esa razón o no razón llevamos un año desperdiciado y sin aeropuerto. Siempre será para la historia el desprendimiento de una posibilidad de gobierno el despojo de un activo nacional, que no proyecto, por encontrarse en construcción y habiendo reunido grandes posibilidades de conclusión. No es cancelación una obra en marcha, es despojo y esa será la calificación de inicio en el ciclo de la historia de esta transición. De costos a costos, esta transición pagará los suyos seis años nada más, los mexicanos nos quedaremos con su lastre por generaciones.

La mira interna será la otra debacle; la refinería va a hundir toda perspectiva de trascendencia de esta transición. Las energías renovables están en la puerta de todas las naciones progresistas. Dos personajes oscuros serán protagonistas por generaciones de estudio, para no repetir la obstinación de cerrar el futuro de la energía. Una vía, la del gas natural, se curó con aplausos forzados por un mal originado por estos dos personajes. El costo vendrá en generaciones futuras que ya afectó una confrontación totalmente innecesaria.

Equidad, concepto etéreo repetido en prácticamente todos los foros de intención popular, eco de Cuba, de Venezuela, la apuesta al fracaso con respaldo de mano alzada, la apuesta al vacío de las decisiones alejadas del escenario de la competencia y de la unión de bloques de comercio y de miras a la globalidad. Equidad es resultado que califica la historia, al menos el paso triunfante de medidas infinitamente más elevadas que las de aeropuertos alternos sin espacio aéreo y sin estudios, sin refinerías innecesarias y sin destrucción de tesoros ambientales. Equidad no es reparto de la hacienda pública. Los gobiernos no deben anticipar méritos, no existe la equidad con procesos selectivos, descuidando mayorías para adoptar minorías.

Fecha: 
Lunes, 02 de Septiembre 2019 - 13:05
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Fecha B: 
Lunes, 02 de Septiembre 2019 - 15:20
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Martes, 03 de Septiembre 2019 - 04:20