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meditación

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Silencio, amigo o enemigo

El silencio, por definición es la ausencia de sonido y en la cotidianeidad tiene diversas aplicaciones, desde la perspectiva musical es una pausa que da armonía y ritmo, desde el derecho se relaciona con la pasividad administrativa, para los militares es un toque al final de la jornada, en muchos sentidos es también una omisión, de forma subjetiva puede significar un momento de reflexión, un gesto ceremonial y desde las emociones, también se puede interpretar como la incapacidad de expresar lo que se piensa o siente o bien, la manera de evitar un conflicto mayor.

Aunque resulte paradójico, el silencio también comunica desde la interpretación y percepción entre los interlocutores; así pues, un silencio puede ser la pauta de algo catastrófico o de algo extraordinario y también es un llamado al orden, el inicio o fin de un suceso.

De tantas aplicaciones, en sentido positivo, la búsqueda de silencio como la forma de encontrar un momento de tranquilidad al terminar el día y después de pasar horas en el tráfico o en el transporte público en medio de la multitud y del ruido de autos, música, voces, vendedores ambulantes y de tantos estímulos visuales que recibimos con tan sólo pararnos en alguna esquina de esta agitada ciudad, significa realmente un remanso de paz que nos sirve para tomar un respiro y tener una mejor perspectiva ante la vida; es la forma de acercarse a la meditación y sus múltiples beneficios.

Con la llegada de lo “zen” a nuestras vidas, que no es otra cosa que la occidentalización del budismo, la meditación se vende hoy como la fórmula mágica que arregla todos nuestros problemas o la llave que abre una gama infinita de posibilidades para el bienestar. En realidad, la meditación no es otra cosa que el momento de introspección que obtenemos al atender plenamente nuestra respiración y dejando pasar los pensamientos que llegan a nuestra mente sin juzgarlos y sin engancharnos, así de fácil y sencillo es el inicio, practicarla de forma constante nos ayuda a ejercitar la mente y dejar el piloto automático con el que realizamos la mayor parte de nuestras actividades, lejos de la conciencia.

Erróneamente se piensa que meditar es reflexionar o analizar una situación en particular pero nada más alejado de la realidad, puesto que el ejercicio de la meditación dará como resultado la ausencia de pensamientos de toda índole como el odio, la frustración, el enojo, el miedo o la agresión entre otros pues al trabajar con los pensamientos lo hacemos también con las emociones, una emoción que nos lleve a la tristeza tendrá como resultado pensamientos de sufrimiento. De esta forma, la meditación es el camino directo al cambio de los programas mentales que nos vamos formando con el tiempo y que nos hacen etiquetar a las circunstancias y a las personas.

La meditación no es una meta a alcanzar como el estado ideal de las cosas, no se trata de ignorar lo que nos rodea como si de cubrirse con un capelo se tratara sino un trabajo constante que dará resultados en la medida que dediquemos tiempo a su práctica. Al permanecer en un estado de atención plena, vamos ganando serenidad y podemos manejar de una mejor manera lo que se nos presenta, además de que somos más conscientes de la forma en que actuamos y las palabras que decimos.

En silencio total y atendiendo a nuestra respiración es como irse adentrando en un templo alejado de la vorágine y que efectivamente, nos proporciona paz, tranquilidad, seguridad y bienestar; entre otros beneficios. Científicamente, ha sido comprobado lo mucho que ayuda la meditación para curar ciertos males físicos partiendo del principio de que cuerpo y mente son una unidad tanto de infinitas posibilidades como de catastróficos resultados si no hacemos caso a las señales que y he aquí la explicación: http://memoriaemocional.com/psiconeuroinmunologia-lo-que-el-corazon-quiere-la-mente-se-lo-muestra/

Es así que, el silencio como antesala de la instrospección sin duda, es un amigo que nos ayuda en mucho a tener una vida plena.

Y como siempre digo, del otro lado de la moneda, el silencio utilizado como una sanción, eso que conocemos como la “ley del hielo” rompe y destroza toda posibilidad de armonía y de comunicación, en palabras de Miguel de Unamuno (Filósofo y Escritor español) “Tu desconfianza me inquieta y tu silencio me ofende”, es el silencio que lastima las relaciones convirtiéndose en el enemigo.

El silencio amigo sana, el silencio enemigo enferma ¿cuál eliges tú?

 

Imagen tomada de Google

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Fecha: 
Jueves, 20 de Agosto 2015 - 18:00
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Detenerse como medio para contemplarnos

Detenerse también es una forma de seguir adelante. Para poner los elementos en perspectiva y despejar dudas.

El movimiento es la ilusión de la quietud, esto es que el estado único de todas las cosas es la inmovilidad, pero siendo así no podríamos hacer prácticamente nada, y es lógico: el estado natural de todo lo que existe no tiene ninguna funcionalidad; es decir, es energía —¿materia?— expandida: simple potencialidad(es) de ser. La quietud tuvo que inventarse asimismo una forma de funcionalidad: la movilidad.

Pero la movilidad, para que ésta logre su cometido debe tener la funcionalidad de, me refiero a que todo lo que está supeditado al movimiento, por fuerza tiene su justificación: la función que ocupa dentro de este gran sueño que gustamos llamar vida.

Porque aquello que no tiene funcionalidad, deja de existir, al menos pierde sus rasgos en el gran teatro del mundo, del universo. De ahí que no tengamos opción más que de movernos.

Ahora bien, a partir de tal detención, en medio de todas las cosas que constantemente están sucediéndonos, caemos en cuenta de lo que ocurre a nuestro alrededor y del porqué giran de la forma que giran cada uno de los engranes que hacen moverse a las sociedades.

Es así que podemos contemplar al suicida, por ejemplo, que de pronto se sintió fuera del mundo, rechazado, apestado, apartado de los demás; ése que en algún momento sintió que nada tenía un verdadero sentido, porque de cierta manera ya ha perdió el suyo. Tal pérdida de sentido no es otra cosa que el de la funcionalidad.

Pero llegó a ese estado de comprensión de una forma involuntaria, por la sucesión de hechos singulares en su vida que desembocaron en perder su idea de movimiento. Se detuvo porque ya no logró situarse en ninguna parte del mundo. Detención con la que no sólo logró consumar su muerte, sino que nos desveló, acaso, la única verdad universal: la dualidad de la quietud.

Este ejemplo de quietud es un tanto violento y acaso llevado al límite, pero es significativo en esta época donde las tazas de suicidio han aumentado por diversas, cantidad de factores que terminan por detener en seco al ser humano.

Acostumbrados al movimiento y a vivir siempre de prisa, perdemos la visión natural que nos ayuda a entender las cosas: la contemplación.

Los tiempos son vertiginosos. Somos arrastrados por la velocidad que las propias sociedades han provocado. Y esencialmente no estamos diseñados para soportar tal fricción.

Tal desvanecimiento es la famosa detención que nos hace darnos cuenta de la realidad y la de todos que muchas veces se hace insoportable; otras, nos nublan, perdemos el sentido de las cosas; entendemos que en realidad nada importa ni interesa. Viene el enojo: ya hemos descubierto la gran mentira. Irremediablemente, ante la farsa, queremos huir, salirnos de ella.

Después viene el hartazgo y el querer rebelarnos ante el mundo. Y qué bueno. El error es el enfoque. En la mayoría de los casos donde la detención es repentina y no consciente, en esta necesidad de buscar culpables, terminamos por desquitarnos con nosotros mismos –una de esas formas de desfogue bien puede ser el suicidio (para seguir con el ejemplo anterior) o el canalizar tal violencia en otra persona, en la familia; alcoholizarse, las drogas, etcétera: hay todo un abanico de posibilidades para escapar de tal choque con la realidad.

Para evitar que tal detención nos tome por sorpresa y ocurran las situaciones anteriores, valdrá la pena reflexionar y detenerse voluntariamente.

Habrá que repensar el mundo desde la detención voluntaria, para no sentirnos huérfanos en un momento dado. Será beneficioso el conocer realmente nuestra función en el mundo, y no olvidar que todo tipo de funcionalidad se resume a dar, obsequiar algo al otro, derramarse.

Detengámonos un instante para contemplar, entender y ver, nuestro país, para que de esta forma no nos atropellen al estar en el camino, sino que estemos a un costado y así poder señalar con claridad a los que van zigzagueando.

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Viernes, 17 de Julio 2015 - 17:30
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