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Los dos papas o cuando Netflix le tira para los dos lados

Hace unos días la prensa dio a conocer un informe en que los Legionarios de Cristo aceptaban que varios de sus miembros, la mayoría muertos o retirados del servicio, habían abusado de varios niños desde su fundación y que casi la mitad de los casos (cerca de 60) son atribuidos a Marcial Maciel, líder de la organización, que en su momento se decía que estaba protegido por Juan Pablo II. También un par de semanas atrás, el siempre polémico François Ozon presentó su excelente filme Por gracia de Dios (Grace a Dieu, 2019), que analiza el caso de un sacerdote que durante muchos años abusó de incontables niños de un agrupamiento de boyscouts que estaba a su cargo. En él se cuenta la crisis de fe que sufren todos los que de una u otra manera han vivido directamente o de cerca de una situación así y se acusa al papado actual de ser blando ante esto. El mismo Papa Francisco ha aceptado que la Iglesia Católica vive la peor crisis de su historia y muchos, incluyendo creyentes, creen que tal vez esté a punto de desaparecer. Por eso es curioso que Netflix haya lanzado casi al mismo tiempo un filme políticamente incorrecto que incluso el día de hoy se volvió trending topic, La primera tentación de Cristo (A Primeira Tentação de Cristo, 2019, Rodrigo Van Der Put) y Los dos papas (The Two Popes, 2019, Fernando Meirelles), que se sitúa en el lado contrario – aunque otra curiosidad es que ambos filmes están realizado por directores brasileños pero eso es harina de otro costal.

La cinta de Meirelles narra el encuentro ficticio entre Benedicto XVI, quien está a punto de claudicar al papado, y quien será tiempo después el Papa Francisco. En esa reunión dialogarán de la fe, de la crisis actual de la Iglesia, de música y de pizzas. Técnicamente es un filme correcto, con una estupenda fotografía, con flashbacks muy logrados en blanco y negro, una ambientación muy correcta y una muy hermosa fotografía. Las actuaciones de Jonathan Pryce como Jorge Bergoglio y de Anthony Hopkins como Joseph Ratzinger son impecables y más que “un duelo de actuaciones”, clisé muy utilizado al hablar de la cinta en estos días, hay un ejemplo de lo que es un excelente ensamble de actores, cuyas interpretaciones se complementan y dan su espacio al otro. En esto está quizá el mayor acierto de la obra, ya que permite a cada uno de los histriones tener sus momentos de lucimiento.

Mucho se le ha criticado al último filme del realizador de Cidade de Deus (2002) la forma en que ha presentado a los dos pontífices, utilizando arquetipos poco conectados con la imagen conocida de los dos (a Benedicto lo pintan como un tipo frío, poco empático y desconectado de la realidad y a Francisco como un argentino típico, de esos que sirven mesas en la Condesa), pero esto es algo muy subjetivo y poco realista, ya que poco a poco se van mostrando aspectos poco explorados de sus personalidades: El germano se desvela como un amante de la vida, de la verdad y del orden, mientras el conosureño se revela como un ser lleno de culpa por su pasado. Y si a muchos les parece lejano a la realidad es porque no se han percatado de cuál es la importancia de presentarlos así.

En su cuenta de Twitter, el actor José María Yázpik, comentó: “Pues que pedazo de propaganda a la Iglesia Católica es The Two Popes”. Y tiene toda la razón. Sin embargo, hay que reconocer que es una muy necesaria propaganda. Desde que vivía Juan Pablo II, ya existía una descomposición brutal del catolicismo. La exposición de la pederastia y los abusos dentro de la institución se sumaron a los previamente conocidos (sus nexos con los políticos, los industriales, la mafia italiana y el narco o el que “las bendiciones” de los sacerdotes les dicen “tío” o “padrino”, entre otras cosas) y evidentemente llevaron a que su imagen se corrompiera más que nunca. La elección de Ratzinger como sucesor de Karol Wojtyla no sirvió de mucho, debido a que el alemán era conocido por ser ultraconservador, cercano a su predecesor y se rumoraba que era miembro del aún sobreviviente Santo Oficio (que ya no quema brujas aunque tenga ganas de hacerlo). Su fama de “mocho” y el escándalo del “vaticanleaks” no permitieron que muchos supieran o valoraran que fue el primero que dio a conocer que Marcial Maciel y los Legionarios de Cristo estaban ocultando casos de abusos de menores. Incluso, se rumora que esto tuvo que ver en su renuncia. La llegada de Bergoglio al papado tampoco sirvió mucho que digamos, ya que su polémico pasado durante la dictadura de Jorge Rafael Videla le dio la fama de “vende patrias” y asesino que lo persigue como un estigma y le ha costado mucho sacarse de encima. Ha tenido que renunciar a la imagen de riqueza que ha acompañado a sus antecesores, se ha acercado como ninguno a los pobre y marginados (sus declaraciones hacia los homosexuales son sorprendentes) y si alguien ha empezado una cruzada a favor de las víctimas de pederastia en el seno de su religión ha sido él, aunque aún no aprueba el aborto y la desaparición del celibato.

La cinta busca dar a conocer a dos personajes que trataron a su manera de evitar la desaparición no de la institución ni de su medio de vida sino de la fe en la palabra de Jesucristo. Los muestra como personas humildes, llenas de amor, carismáticos, preocupados por la humanidad y el dolor de los más indefensos. Y sí, es publicidad que busca precisamente que conectemos con la grey de Cristo.

Al final, el trabajo no está del todo logrado, ya que en el afán de que empaticemos con ellos, se pierde un poco el clímax de la historia, y la escena final, que aparece durante la secuencia de créditos de salida, no ayuda más que para ver que incluso en una situación ridícula, los dos histriones nunca perdieron a sus personajes.

Una cinta disfrutable, poco rigurosa y bien hecha.

Para mi amigocho Andrés “el cóndor” Tejada, por nunca perder la fe en su iglesia y por no retirarme nunca la amistad, a pesar de que soy ateo.

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Viernes, 27 de Diciembre 2019 - 09:25
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Viernes, 27 de Diciembre 2019 - 11:40
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Sábado, 28 de Diciembre 2019 - 00:40
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Los veinte años de Norberto Rivera al frente de la arquidiócesis primada de México

Norberto Rivera cumplió este fin de semana veinte años al frente de la Arquidiócesis Primada de México, dos décadas bastante turbulentas no sólo en la demarcación eclesiástica, sino en todo el país. Es el trigésimo quinto sucesor de Fray Juan de Zumárraga y al igual que al primer obispo de México, le ha tocado una época turbulenta, aunque las diferencias entre ambos no podrían ser mayores…

Cuando llegó a ser arzobispo de la ciudad de México, Norberto Rivera no se imaginó que dos años más tarde llegaría a ser jefe de gobierno de la ciudad el Ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, el primero en ser electo, y cuya victoria prefiguró la alternancia en el Ejecutivo Federal en el año 2000.

Tampoco se imaginó que tendría que vérselas con gobiernos capitalinos de izquierda desde 1997 hasta la fecha, pero se las ha ingeniado para mantener una buena relación con los jefes de gobierno capitalinos, a excepción hecha de Marcelo Ebrard, con quien tuvo varios desencuentros, especialmente en lo que respecta a la legalización del derecho a la interrupción del embarazo y al matrimonio igualitario. Y sin embargo, fueron casi vecinos, porque la casa -ahora en litigio- que en algún momento fue hogar de la familia Ebrard Bueso está a unos pasos de la sede de la Arquidiócesis Primada donde están las oficinas del cardenal Rivera.

Como sea, el cardenal primado ha tenido una relación regularmente buena con la clase política, curiosamente, menos con los panistas que con el PRI y el PRD. Las batallas las ha librado a través de los medios, muy especialmente las editoriales del semanario Desde la Fe, que es la caja de resonancia de las posiciones del arzobispado.

También, el cardenal Rivera ha tenido una buena relación con los hombres del dinero. Ya desde su estancia como obispo de Tehuacán, mantuvo una excelente relación con los dueños de una empresa avícola, misma que era bastante generosa con las limosnas. En la ciudad de México, Rivera se ha acercado a empresarios como Olegario Vázquez Raña, los hermanos Autrey y otros devotísimos hombres de empresa, que no han dudado en dispensarle su mecenazgo.

En realidad, los problemas del cardenal Rivera han sido básicamente intraeclesiales y muchos de ellos se originaron en que fue designado arzobispo primado por el entonces nuncio Girolamo Prigione, sin tomar en cuenta el perfil necesario para una diócesis enorme y problemática, y sin llegar a los necesarios consensos con el antiguo arzobispo, el cardenal Ernesto Corripio, fallecido en 2008, para hacer una transición relativamente tersa. Sobra decir que Prigione promovió a Rivera porque éste se mostraba dócil con el nuncio y mostraba un talante los suficientemente anti progresista como para pasar la prueba de fidelidad a Juan Pablo II.

Norberto Rivera nació en Tephuanes, Durango en 1942 y fue ordenado sacerdote en 1966; de origen humilde, logró llegar hasta la Universidad Gregoriana en Roma gracias al apoyo del arzobispo de Durango, Antonio López Aviña, uno de los eclesiásticos más singulares de la segunda mitad del siglo XX por su eficacia para crear un grupo propio y empujar a sus alumnos al episcopado. Entre 1982 y 1985, Rivera fue profesor de eclesiología en la Universidad Pontificia de México, antes de ser obispo de Tehuacán, en donde se le recuerda por haber cerrado, casi violentamente, el Seminario Interdiocesano del Sur, de marcada filiación progresista, es decir, cercano a la teología de la Liberación. Quizá fue precisamente por esta decisión que Prigione lo consideró el candidato idóneo para acabar con el progresismo y cualquier clase de disidencia eclesial o laical en la arquidiócesis de México. Además de que Rivera mostraba cercanía, respeto y admiración por Marcial Maciel, una de las principales voces que conformaban la opinión de Prigione.

El caso es que cuando Rivera llegó en 1995, decidió acabar con cualquier resabio de disidencia en su contra por parte de los corripistas, de los religiosos que no le acababan de gustar, como los jesuitas. Pero su principal batalla fue en contra del abad Guillermo Schulenburg, con quien entabló una pelea a muerte por la Basílica de Guadalupe. Cabe decir que el arzobispo ganó la escaramuza y aparentemente, la guerra. Sin embargo, la perspectiva histórica terminará dándole la razón a Schulenburg en lo tocante a la autonomía de la Basílica como una colegiata, la única existente en América y que ahora no es más que una parroquia que reporta sus beneficios al arzobispado exclusivamente y no al conjunto de la Iglesia en México, como debería ser.

Pero si el pleito por la canonización de Juan Diego es uno de los capítulos más sombríos de la historia reciente de la Iglesia en México, fue superado con creces por la defensa que Norberto Rivera hizo de Marcial Maciel y una serie de curas pederastas, de lo cual hablaremos en la siguiente entrega con más detenimiento.

Lo más grave es que Norberto Rivera no estuvo a la altura de las necesidades pastorales de una de las ciudades más grandes del mundo. La decatolización del Distrito Federal es palpable, apenas hay 7 millones y medio de católicos, apenas el 83% de la población… cuando en la década de los noventa el porcentaje era del 89%…

Foto: quien.com

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Fecha: 
Lunes, 27 de Julio 2015 - 19:00
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