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Los veinte años de Norberto Rivera al frente de la arquidiócesis primada de México

Norberto Rivera cumplió este fin de semana veinte años al frente de la Arquidiócesis Primada de México, dos décadas bastante turbulentas no sólo en la demarcación eclesiástica, sino en todo el país. Es el trigésimo quinto sucesor de Fray Juan de Zumárraga y al igual que al primer obispo de México, le ha tocado una época turbulenta, aunque las diferencias entre ambos no podrían ser mayores…

Cuando llegó a ser arzobispo de la ciudad de México, Norberto Rivera no se imaginó que dos años más tarde llegaría a ser jefe de gobierno de la ciudad el Ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, el primero en ser electo, y cuya victoria prefiguró la alternancia en el Ejecutivo Federal en el año 2000.

Tampoco se imaginó que tendría que vérselas con gobiernos capitalinos de izquierda desde 1997 hasta la fecha, pero se las ha ingeniado para mantener una buena relación con los jefes de gobierno capitalinos, a excepción hecha de Marcelo Ebrard, con quien tuvo varios desencuentros, especialmente en lo que respecta a la legalización del derecho a la interrupción del embarazo y al matrimonio igualitario. Y sin embargo, fueron casi vecinos, porque la casa -ahora en litigio- que en algún momento fue hogar de la familia Ebrard Bueso está a unos pasos de la sede de la Arquidiócesis Primada donde están las oficinas del cardenal Rivera.

Como sea, el cardenal primado ha tenido una relación regularmente buena con la clase política, curiosamente, menos con los panistas que con el PRI y el PRD. Las batallas las ha librado a través de los medios, muy especialmente las editoriales del semanario Desde la Fe, que es la caja de resonancia de las posiciones del arzobispado.

También, el cardenal Rivera ha tenido una buena relación con los hombres del dinero. Ya desde su estancia como obispo de Tehuacán, mantuvo una excelente relación con los dueños de una empresa avícola, misma que era bastante generosa con las limosnas. En la ciudad de México, Rivera se ha acercado a empresarios como Olegario Vázquez Raña, los hermanos Autrey y otros devotísimos hombres de empresa, que no han dudado en dispensarle su mecenazgo.

En realidad, los problemas del cardenal Rivera han sido básicamente intraeclesiales y muchos de ellos se originaron en que fue designado arzobispo primado por el entonces nuncio Girolamo Prigione, sin tomar en cuenta el perfil necesario para una diócesis enorme y problemática, y sin llegar a los necesarios consensos con el antiguo arzobispo, el cardenal Ernesto Corripio, fallecido en 2008, para hacer una transición relativamente tersa. Sobra decir que Prigione promovió a Rivera porque éste se mostraba dócil con el nuncio y mostraba un talante los suficientemente anti progresista como para pasar la prueba de fidelidad a Juan Pablo II.

Norberto Rivera nació en Tephuanes, Durango en 1942 y fue ordenado sacerdote en 1966; de origen humilde, logró llegar hasta la Universidad Gregoriana en Roma gracias al apoyo del arzobispo de Durango, Antonio López Aviña, uno de los eclesiásticos más singulares de la segunda mitad del siglo XX por su eficacia para crear un grupo propio y empujar a sus alumnos al episcopado. Entre 1982 y 1985, Rivera fue profesor de eclesiología en la Universidad Pontificia de México, antes de ser obispo de Tehuacán, en donde se le recuerda por haber cerrado, casi violentamente, el Seminario Interdiocesano del Sur, de marcada filiación progresista, es decir, cercano a la teología de la Liberación. Quizá fue precisamente por esta decisión que Prigione lo consideró el candidato idóneo para acabar con el progresismo y cualquier clase de disidencia eclesial o laical en la arquidiócesis de México. Además de que Rivera mostraba cercanía, respeto y admiración por Marcial Maciel, una de las principales voces que conformaban la opinión de Prigione.

El caso es que cuando Rivera llegó en 1995, decidió acabar con cualquier resabio de disidencia en su contra por parte de los corripistas, de los religiosos que no le acababan de gustar, como los jesuitas. Pero su principal batalla fue en contra del abad Guillermo Schulenburg, con quien entabló una pelea a muerte por la Basílica de Guadalupe. Cabe decir que el arzobispo ganó la escaramuza y aparentemente, la guerra. Sin embargo, la perspectiva histórica terminará dándole la razón a Schulenburg en lo tocante a la autonomía de la Basílica como una colegiata, la única existente en América y que ahora no es más que una parroquia que reporta sus beneficios al arzobispado exclusivamente y no al conjunto de la Iglesia en México, como debería ser.

Pero si el pleito por la canonización de Juan Diego es uno de los capítulos más sombríos de la historia reciente de la Iglesia en México, fue superado con creces por la defensa que Norberto Rivera hizo de Marcial Maciel y una serie de curas pederastas, de lo cual hablaremos en la siguiente entrega con más detenimiento.

Lo más grave es que Norberto Rivera no estuvo a la altura de las necesidades pastorales de una de las ciudades más grandes del mundo. La decatolización del Distrito Federal es palpable, apenas hay 7 millones y medio de católicos, apenas el 83% de la población… cuando en la década de los noventa el porcentaje era del 89%…

Foto: quien.com

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Lunes, 27 de Julio 2015 - 19:00
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