Feria del Libro Tijuana 2016

Escribí en 2014 y 2015 A quien no corresponda , creyendo sin creer, que no habría una desagradable continuación con respecto a la cultura y...

15 de julio, 2016

Escribí en 2014 y 2015 A quien no corresponda, creyendo sin creer, que no habría una desagradable continuación con respecto a la cultura y las ferias de libros en Tijuana; tristemente este rubro decae año con año. Es claro que lo único que se pretende es cumplir con la tradición librera, y la palabra cultura incrustada en todo discurso como para no dejar los comunicados de prensa de la Secretaria de Cultura en blanco.

Las Ferias de Libros se convierten en un hogar temporal, en donde muchos leen, escuchan, aprenden, saludan, abrazan. Se aprende lo que no se sabe, se escuchan palabras nuevas, hay libros viejos de gran valor y nuevos que se vuelven coleccionables. Se conocen personas y personajes, es pues tiempo de amigos que tienen una cosa en común, las historias en un libro.

La Feria del Libro 2015 fue apenas un rastro de lo que se ha vivido por muchos años. La agenda para asistir a presentaciones quedó hueca, aun así, hubo escritores que aún no tienen un gran nombre y tampoco tuvieron asistentes en sus salas. Sí, en la explanada siempre hay gente, va y viene, entra y sale, se instala un rato en las sillas frente al escenario y ¿a las salas de lectura y presentaciones? Ahí, los mismos amigos, familia y unos cuantos curiosos.

Algo pasa y no pasa bien en las ferias desde 2104, nada se parece a las anteriores, es un raro aire de deterioro, desorganización, falta de atención, de información; será quizá que nos acostumbraron a la GRAN FERIA DEL LIBRO DE TIJUANA que desde la administración del Dr. Astriazarán solo ha sido un circo de tres pistas cualquiera.

Un ejemplo de la poca atención, en 2015, de no ser por la atención y tiempo de Karla Robles, de (CECUT) la presentación de “Desde mi ventana” (de IMAC) no hubiera existido. Era (es) un libro escrito por internos de la penitenciaría en el que los alumnos dejaron sus mejores recuerdos e historias plasmadas para la posteridad. Ese fue un proyecto pagado -más no apoyado-  por la Administración Municipal como parte del montón de eventos que se hicieron celebrando los 125 años de la fundación de Tijuana. Y los libros que debíamos compartir con el público jamás llegaron a la Sala de Lectura, digo, no es como que encargamos zapatos y los pudieron haber olvidado, encargamos libros. La edición casi completa sigue constipada en algún cajón.

La FLT, desde su inicio ha sobrevivido administraciones y se encumbró justo hasta 2013; llegando a ese punto que hoy parece, fue el más alto. A partir de ese año, no le han permitido subir más, posicionarla, mantenerla como debe ser.

En 2016, la Feria del Libro rompe con el esquema original para convertirse en una obligación institucional y una necesidad para proteger el presupuesto destinado; fue anunciada con bombo y platillo por la Unión de Libreros de Tijuana, la Cámara Nacional de Comercio de Tijuana, la Secretaría de Cultura y el Centro Cultural; como se había anticipado y por andarse comiendo el presupuesto de un solo bocado, IMAC quedó fuera de participación y como para no desdeñar a su director, Jesús Flores Campbell, el Presidente Municipal lo envió como su representante, un premio de consolación de último momento.

La kermés gastronómica y artesanal 2016 en la que también hubo libros, casi llenó la explanada del Centro Cultural Tijuana con puestos de comida de todo tipo, además, el escenario de los músicos y bailarines llevaba el nombre del restaurante principal, de uno de los dueños y compadre del director del Cecut, Pedro Ochoa Palacio; la vendimia de artesanía ocupó otra parte importante del espacio y el pasillo de los libreros se redujo considerablemente.

Anuncian en su cierre: “100,000 lectores visitan la Feria del Libro de Tijuana” quien no haya asistido se asombrará de que en Tijuana haya cien mil lectores presentes en el mismo lugar. Y la Secretaria de Cultura, clavando el anuncio en su página digital, debió pensar que de verdad fue un éxito rotundo.

Puede ser que hayan sido esos 100,000, difícil el conteo exacto de todas formas porque hay más de una entrada y ahí mismo, hubo también obras de teatro y otras actividades de calendario del Cecut. Dos eventos literarios tuvieron sala llena, solo dos de las 85 presentaciones editoriales. Claro está que la inauguración estuvo llena de compromisos, obligaciones y lambisconerías, esa no cuenta.

Obtener el número exacto de lectores habría sido muy fácil, contar de sala en sala las no más de 20 personas en cada presentación, hubo salas con apenas 4 asistentes. Los jóvenes de servicio social vagaban por la explanada intentando, en vano, convencer a los paseantes de que entraran a las salas de evento literario.

Entonces, sin mentiras señores, no fue el éxito que proclaman. Los lectores de verdad a veces ni siquiera se asoman a la feria.

En 2014, una feria que tenía puestos de libros con más algarabía afuera de las salas de lectura. En 2015 se convierte en una kermés en la que también había libros. Para 2017 probablemente agreguen juegos mecánicos y se convierta entonces, en una verbena populosa a la que cada vez menos escritores querrán asistir, a menos que quieran aprovechar el viaje gratis para ir de compras… a San Diego.

Comentarios






Más de categoría

Por eso estoy aquí

El discurso en general iba bien, aderezado con datos históricos que seguramente el presidente Trump no conocía. El cierre...

julio 10, 2020

Un fin de semana entre épocas distintas a través de dos libros y una película

La actualidad no es exclusiva de dimes y diretes, criticas, partes y contrapartes de lo que sucede en el...

junio 24, 2020

Lo que veo y escucho en Internet

Millones de opciones para todos los gustos, estados de ánimo, tiempos de ocio, de curiosidad y datos inútiles que...

junio 19, 2020

¡No sea cruel señora!

Si la señora Olga Sánchez Cordero está “blindada” contra el COVID-19, es cínico y cruel que lo haga público...

junio 5, 2020