Exhibir, un deporte moderno

Una señora mayor subió al camión urbano y con trabajos logra trepar los tres escalones...

1 de noviembre, 2016

Una señora mayor subió al camión urbano y con trabajos logra trepar los tres escalones, además de su edad y su tamaño, la señora llevaba las manos ocupadas, en la derecha, una caja y en la otra, una torta. Se deja caer en el asiento en el reducido espacio que queda entre dos personas. Sube, atrás de ella, un joven escolar. La señora acomoda la torta en su regazo, se saca “del buche” el monedero y de éste, una moneda al tiempo que exige: “niño, págale al chofer”, el joven paga y le pasa el boleto a la señora, mismo que ella arruga y avienta al piso.

Se dice, gracias, señora -instruye el jovencito en tono suave.

Los jóvenes están para atender a los viejos -responde la señora, masticando un cuarto de torta.

Y, ¿atendió usted a los viejos cuando fue joven? -preguntó en muchacho en el mismo tono.

No digas tarugadas chamaco -contesta ella- en mi tiempo esas cosas no se usaban.

No es, entonces, el comportamiento exclusivo de los jóvenes de hoy. Es la equivocada educación y la errada crianza que ha existido desde siempre, solo que, a los adultos y ancianos de hoy, no les conviene recordarlo para no hacerse responsables del tiempo que viven y que mucho tiene que ver, con la educación en la que crecieron.

Hay cosas que suceden y que fácilmente son etiquetadas, son exhibidas y publicadas, más con la intención de burla que de aprendizaje. Cada ciudadano que se atreve a videograbar algún acto incorrecto en los demás, no lo hace analizando el contenido de las actitudes, no lo hace para aprender, para educar o educarse, lo hace por el hecho de sobresalir en las redes sociales; quienes comparten y critican ese material, se abocan a insultar y a burlarse, a exigir que se castigue o se denuncie.

Esa escena en el camión pudo haber sido grabada y hoy, la señora tendría ya, un sobrenombre precedido por el numeral (hashtag) sin embargo, la actitud del joven no habría sido relevante y quizá ninguno habría caído en la cuenta de que sus hijos, o ellos mismos son iguales a la señora.

Veo personas que van por la vida esperando que algo pase alrededor, no para beneficiar su vida, sino para grabar y exhibir a los demás. Criticar y exhibir se ha vuelto un deporte y todos quieren llegar a la meta al mismo tiempo, a empujones y arremolinados con su video en la mano; puede ser que no se den cuenta que las oportunidades están de frente y las dejan pasar porque se distraen en los demás.

Hay miles de historias en la calle de las que se puede aprender, las calles son una escuela llena de maestros en cada esquina, las calles son un libro abierto y las letras que muestra se diluyen cuando se decide ver la película en lugar del leer el libro y es ahí, donde se pierde la capacidad de razonamiento y análisis de las situaciones. La rapidez de una película que cuenta los detalles que eligió un director, eliminan el poder de la imaginación individual.

No se trata de cuidarse para no ser captado en una imagen o un video, se trata de cuidar las actitudes y las acciones, se trata de salir de casa consciente de que el mundo entero está plagado de situaciones como consecuencia de la nula educación familiar, académica y civil.

Desafortunadamente, todo se ve de lejos y no hacia adentro. Ver que alguien se pelea, escuchar que alguien agrede, participar en una discusión sin sentido y criticar a los demás es más sencillo que echar una mirada al propio comportamiento. Si nos supiéramos grabados y fotografiados cada segundo de nuestras vidas, seguramente la actitud sería diferente, posaríamos como modelos de revista para lucir espectaculares tanto, que se convertiría en una costumbre, la costumbre de ser correctos, amables y considerados.

Y, aun en el asunto de los corruptos desenmascarados o de los gobernantes y funcionarios abusivos que han sido expuestos una y mil veces ¿qué tanto se puede exhibir un hecho de este tipo y lograr que sea castigado? A veces funciona, generalmente nunca y puede ser esa, sin que sea una justificación, la frustración con la que vivimos todos los días y la que provoque que de pronto olvidemos la buena educación y nos den ganas de pelear con todo el mundo.

No grabo situaciones, las observo, las razono y las escribo. Tampoco quiero andar educando a todo aquel que, a mi parecer, actúa incorrecto porque cada uno, dentro de su propio entorno creerá y pensará diferente.

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