Algunos apuntes sobre el deseo

“Las creencias, en orden para poder funcionar (…), se creen a través de otros (…) creer que hay alguien que cree”...

1 de abril, 2016

“Las creencias, en orden para poder funcionar (…), se creen a través de otros (…) creer que hay alguien que cree” dijo Slavoj Zizek; es decir, creer como acercamiento a los demás, como la forma más primitiva de seguirnos, no solo físicamente, sino en ideas, pensamientos.

El problema de seguir a otros es que nunca tenemos claro adónde nos llevan. Solo seguimos al que va hacia adelante, al único, de entre todos los que lo siguen, que sabe para qué y por qué va del punto A al B.

Quién sabe con qué nos encontraremos al final de los pasos de ese otro, a las ideas, hipotéticas o no, de aquél que va a alguna parte por una razón que no nos pertenece.

Creer en las ideas del otro es también seguir los deseos de ese mismo hombre que tiene sus propios gustos, su propio tiempo y su propia manera de interactuar con las cosas. Y lo seguimos. Y lo hacemos porque queremos partes de lo que éste desea: queremos aquello que necesita el otro, no nosotros.

Equivocarnos es una de las formas de renovación, con lo que se limpia del pasado, el ser humano; pero equivocarse bajo nuestros propios lineamientos, nuestras ideas; porque siendo de otra manera, caemos en el error de haber avanzado por el camino incorrecto, donde no hubo nada para nosotros, donde las migajas que dejaron los pasos de ése al que seguimos, nos indigestan o simplemente somos incapaces de digerirlas.

Y entonces el tiempo, el tiempo perdido que nunca vuelve porque el tiempo funciona de esa manera en este plano de existencia.

Simplemente no espera a nadie bajo ninguna circunstancia, y nosotros, a veces, con cierta ingenuidad, lo desdeñamos al dejarnos maravillar por los deseos y tiempos de otro que muchas veces ni se entera de nuestra existencia.

Alguien que triunfa en su trabajo profesional, porque está siguiendo cierta estructura definida en la que sabe por qué y para qué realiza cada movimiento, tiende a ser deseado por el otro que solo observa, que se detiene a mirar el desarrollo de esa persona que ni lo presiente.

Como un voyerista que espera que lo estimulante, lo excitante, ocurra en algún momento. Y ciertamente ocurren pero en la vida del que ha sido observado no en el que observa, no en el que de pronto se ve sumergido en una especie de obsesión por hacer los mismos movimientos de ése que sigue fluyendo, en otro espacio, en otro momento, en otra realidad.

Todo deseo es humano, y no puede ser de otra manera. Los sentidos como el olfato o la visa, por poner un ejemplo, son inmensos estimulantes para el desarrollo del ser humano.

Es la forma en que la naturaleza logra que nos movamos.

Sin embargo, estimularse a través de la visión e ideas de un tercero, nos provoca el estancamiento físico y emocional.

Es echar el ancla y no movernos en espera de que algo ocurra (en la quietud nada ocurre), y entonces nos frustramos y el deseo se vuelve opresivo y después la angustia y la envidia se asoma un tanto maliciosa y los años perdidos…

El tiempo es relativo desde una percepción individual: mi tiempo no es el tiempo de mi vecino ni del lector que está leyendo estas líneas, ni tampoco su tiempo es el mío.

El avance del tiempo (el del calendario) se va hilvanando y creando en la medida en que nos relacionamos e interactuamos con el mundo y sus circunstancias.

De esta manera, el que yo desee alguna cosa interna o externa de otra persona, no sólo me estancará sino que me hará participe de su tiempo, uno que no me pertenece, uno que tal vez haga que me equivoque, que acelere situaciones que debían tomarse con más calma, con más cautela.

Desear elementos de otra persona es también saltarnos peldaños —y cada uno tiene una razón de ser— que están puestos en el lugar exacto para nosotros, para nuestra formación individual (personal y profesional).

Entonces, será mucho más conveniente ir al encuentro de nuestros propios deseos como una forma de no desviarnos del camino, de no perder tiempo, de tener una personalidad definida y no la de un tercero que no sabe nada de nosotros.

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