Después del tercer debate

Acerca del tercer debate hay que decir que hay una noticia mala y una buena.

14 de junio, 2018

Acerca del tercer debate hay que decir que hay una noticia mala y una buena. La buena: el formato y los conductores sí obligaron a los candidatos a elaborar más. La mala: realmente ninguno de los cuatro tiene ideas claras de cómo resolver los grandes problemas de México. Otra noticia peor: nadie ganó y los números de las encuestas difícilmente se moverán. Como se esperaba, Ricardo Anaya Cortés (RAC)  sí llegó a acusar la existencia de un pacto entre López Obrador y Peña Nieto y a calificarse a sí mismo como la única opción de cambio, pero no parece haber mellado al tabasqueño. Por su parte, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) estuvo confiado a pesar de todas sus pifias. José Antonio Meade Kuribreña (JAMK) lució bien, pero sin grandes discursos. Jaime Rodríguez Calderón (JRC) fue sin duda, el peor de los candidatos.

Lo primero que hay que decir es que el formato, combinado con tres periodistas inteligentes, logró cuestionar a los candidatos sobre varios temas vitales, uno de los cuáles fue: de dónde saldrán recursos para atender la serie de promesas y ofrecimientos que han hecho a los largo de su campaña. En este punto, hay que decir que el mejor librado fue JAMK, en gran parte porque varias de sus propuestas son relativamente modestas, pero en otras al parecer subestima el tamaño del reto (guarderías y escuelas de tiempo completo). El Bronco recurre a su consabida fórmula de reducir los impuestos y recortar personal inútil del gobierno como una forma de contar con los recursos suficientes. RAC simplemente no pudo contestar cómo conseguiría recursos para echar a andar la pensión universal que ha propuesto. Vamos, ni siquiera intento contestar. AMLO recurrió a su consabida fórmula mágica: recortes de gastos suntuarios más ahorros por evitar la corrupción le daría 800 mil millones de pesos (MMP) y con eso pagaría todo, sin subir impuestos. Por más que se le cuestionó que con 700 u 800 MMP no le alcanzaba insistió en que esa era la solución.

En síntesis, los candidatos no saben de dónde saldrán los recursos para cumplir sus promesas y esto quedó demostrado en este tercer debate. Ninguno desea subir impuestos y JRC propone reducirlos. Simplemente, no hay modo. En el tema educativo todos se mostraron  a favor de los maestros y sólo Meade salió en defensa de una reforma educativa que AMLO ya declaró muerta. Habrá evaluación, dijo, pero sin consecuencias. Los candidatos no sólo no contestaron cabalmente las preguntas, sino que en algunos casos parecieron no entenderlas. Por ejemplo, en el tema medioambiental López Obrador contestó sin aparentemente entender lo que se le preguntaba.

Todos apuestan al asistencialismo en mayor o menor grado y a la nula o casi nula responsabilidad de las y los ciudadanas/os. Tienen una visión de un Estado paternalista, asistencial, incapaz de cobrar más impuestos. El que demostró tener un mayor grado de conocimientos fue Meade. Sin embargo, cabe preguntarse: ¿el que vio u oyó el debate tiene los suficientes conocimientos para darse cuenta o simplemente cada quien vio y oyó lo que quiso?

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