La otra campaña de terror

En forma conjunta a la campaña presidencial, existe otra campaña que persigue, amenaza y asesina a candidatos...

29 de mayo, 2018

En forma conjunta a la campaña presidencial, existe otra campaña que persigue, amenaza y asesina a candidatos a puestos de elección popular en diferentes zonas del país. Hasta la semana pasada, al cierre del mes de mayo, 93 candidatos o precandidatos a diferentes cargos habían sido asesinados por el narcotráfico y el crimen organizado. Por lo menos mil candidatos han renunciado a la posibilidad de competir en la contienda electoral por el miedo real de ser ejecutados, ya que las amenazas de los grupos delincuenciales son verdaderas y palpables. Tan solo el pasado 23 de mayo, el secretario del trabajo de Jalisco, Luis Carlos Nájera, sobrevivió a un intento de asesinato cuando varios sicarios del Cartel Jalisco Nueva Generación, intentaron emboscarlo al abordar su vehículo.

El exfiscal de Jalisco, logró resguardarse en su camioneta blindada y huir conduciendo, sin embargo, civiles y personal de su escolta resultaron asesinados por el ataque perpetrado en plena calle. En represalia por el atentado fallido, el grupo delincuencial realizó incendios de camiones de transporte público y un vehículo particular, que provocó la muerte de un bebé y su madre herida de gravedad por sus quemaduras. Aunque la fiscalía de Jalisco ya ha presentado ante el ministerio público a los presuntos gatilleros de élite, muchos otros funcionarios y candidatos no han corrido con la misma suerte que el secretario del trabajo jalisciense.

La semana pasada, Maricarmen Ortiz, viuda del asesinado candidato a la presidencia municipal de Apaseo el Alto, Guanajuato, José Remedios Aguirre, fue presentada como candidata sustituta de la coalición Juntos Haremos Historia. El candidato fue asesinado cuando concluía un evento en un parque ecológico, por un grupo de hombres armados que le dispararon a quemarropa.

El crimen organizado ya ha hecho sentir su influencia sobre muchos candidatos locales a quienes amenaza con asesinar, debido a que no les parece conveniente su futuro desempeño, que pueda limitar el amplio espectro de impunidad con el que se manejan. Sumado al verdadero abandono de todos los partidos políticos y coaliciones con sus candidatos a quienes no les brindan la mínima seguridad al estar más ocupados en las campañas presidenciales.

Mandos únicos, fuerzas armadas y policías federales desplegadas en diferentes entidades federativas no han podido solucionar el inmenso problema de la inseguridad pública, que ya alcanzó y contaminó el actual proceso electoral. El panorama es desolador ante el abandono de la certificación de los elementos policiacos y el olvido total de gobiernos locales y estatales. Para gobernadores y presidentes municipales es más cómodo pedir la intervención del ejército, que formar, capacitar y certificar sus propias policías municipales y estatales, que por lo general están coludidas en las zonas donde no existe un verdadero estado de derecho.

Se recuerda el escandaloso caso de la policía de San Martín Texmelucan, Puebla, que estaba conformada por elementos apócrifos, ya que de un total de 185 elementos, solo 72 eran policías dados de alta en el Sistema Nacional de Seguridad Pública, el resto 113, no respondían a ninguna autoridad legal y muy seguramente estaban al servicio del crimen organizado de la zona.

Son varios los candidatos que han solicitado los servicios de seguridad del estado mexicano para iniciar sus campañas, o continuarlas, ante el temor real de ser victimados por el narcotráfico y su enorme poder bélico. En una suerte trágica, los candidatos que en otros tiempos observaban muy lejana la posibilidad de padecer un atentado, ahora por las circunstancias del país, ya conocen el miedo que los ciudadanos comunes enfrentan cada día de su vida, ante las amenazas de la inseguridad desbordada.

Muy lejos de los discursos de los tres principales candidatos a la presidencia, están las propuestas y soluciones reales a los problemas que muchos de sus candidatos padecen, tan solo para hacer campaña. Son varias ocasiones en que los contendientes a la presidencia han tenido que salir a lamentar y condenar asesinatos contra candidatos a alcaldías y diputaciones locales, ante una amenaza real que está frente a sus narices, pero que de forma grotesca terminan ignorando y volteando hacia otro lado. Quizás lo más injusto y preocupante es que en sus propuestas no existe un plan de acción real, para ir mejorando la insostenible situación que padece casi todo el país, que ahora alcanzó a sus propios candidatos de sus partidos políticos.

Los candidatos presidenciales no entienden que continuar en su competencia populista por aumentar el salario mínimo, o apoyos universales a ciudadanos con tal de ganarse el voto popular, dejan en el olvido impulsar políticas públicas y estrategias urgentes para rescatar a la ciudadanía, que junto con los candidatos locales, padecen el yugo del crimen organizado y del narcotráfico, en una campaña de terror que parece no tener final.

Foto: @loba_indomable

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