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La crisis mundial del agua. La pobreza en Latinoamérica. El discurso del Papa.

Esta tarde me acompañan en el estudio los economistas Antonio Castro Quiroz y José Luis Romero Hicks y conversamos sobre la crisis mundial del agua y la pobreza en América Latina. Desde Berlín, Alemania, Álvaro Rattinger nos explica los importantes que se discuten en el "Digital Innovators Summit" que se realiza en esa ciudad. Mónica Uribe comenta el discurso del papa Francisco en el que condena la corrupción y la delincuencia. Hugo González informa sobre la ausencia del tema tecnológico en la recién concluida Convención Nacional Bancaria.

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Lunes, 23 de Marzo 2015 - 19:00
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Francisco en Nápoles. ¿Milagro?

En una tercera visita al sur de Italia, la zona más marginada de la península y donde el crimen organizado es parte del paisaje, Jorge Mario Bergoglio no dudó un segundo en criticar la corrupción, en poner ejemplos críticos sobre la acción de los agentes pastorales y reafirmar que una comunidad de fe implica elementos éticos que deben observarse en todas las circunstancias.

Antes de la visita a Nápoles, hubo un hecho sorprendente que reafirma la voluntad del Pontífice por ser consistente entre lo que dice, lo que hace y, por supuesto, lo que piensa. Y si bien este acontecimiento no fue difundido como algo excepcional, sí lo es y marca un punto de inflexión en lo tocante a la autocrítica interna: el Papa retiró todos los derechos inherentes al cardenal Keith Patrick O’ Brien, arzobispo emérito de Saint Andrews y Edimburgo, primado de Escocia, cuya conducta inapropiada  - alcoholismo y relaciones homosexuales con otros sacerdotes -  lo llevó a renunciar al cargo y a enfrentar un juicio civil por abuso sexual. Poco antes de la elección de Francisco, O’Brien dimitió al cargo por motivos de salud, pero el escándalo lo obligó a abstenerse de asistir al cónclave.

El retiro de prerrogativas y canonjías a O’Brien, quien conservará el título de cardenal aunque tendrá que llevar una vida prácticamente en reclusión y no podrá participar del próximo cónclave, es una advertencia contra todos los clérigos que lleven una vida contraria a lo que las normas de la Iglesia exigen. La última vez que un cardenal fue desposeído de sus canonjías fue en 1927, porque el cardenal Louis Villot renunció voluntariamente a ello, para poder pertenecer libremente a una agrupación condenada por el papa Pío XI: la Acción Francesa.

El destino de O’Brien, probablemente será Coventry en Inglaterra, pues hay una profunda repulsa de los fieles escoceses a que siga viviendo dentro de Escocia.

Tras darse a conocer esta resolución, el Papa se trasladó el sábado tempranísimo a Pompeya, en la región de Campania, donde ofició una misa en honor a la Virgen del Rosario. De ahí partió a Nápoles, donde también ofició una misa, ésta vez en una plaza pública en el barrio de la Scampia, al norte de la ciudad. Se trata de un barrio marginal en todos sentidos, al que acudieron representantes del mundo de la cultura, abogados, funcionarios judiciales, profesionistas, trabajadores, marginados y migrantes para estar presentes en la liturgia ofrecida por Francisco, que, como es su costumbre, no se refirió a temas puramente espirituales, sino que hizo alusión a las condiciones sociales, políticas y económicas imperantes en la zona.

Ahí el Papa no se privó de decir que una sociedad corrupta, apesta y que “un cristiano que deja entrar en sí a la corrupción, no es cristiano y apesta”, en clara alusión a las mafias, especialmente la Camorra, que campean en toda la región.

Como era de esperarse, Francisco habló sobre los migrantes, a quienes recordó que no son humanos de segunda categoría, porque en realidad todos somos migrantes hacia la patria celestial. Y de manera más terrenal, señaló que trabajar once horas por seiscientos euros sin fondos de retiro es prácticamente una forma de esclavitud que debe ser denunciada, lo mismo que un sistema económico que descarta a los jóvenes del trabajo y les niega la posibilidad de laborar dignamente para llevar el sustento a sus casas.

En pocas palabras, el Papa señaló los elementos que se hallan detrás de una sociedad violenta: la injusticia en el reparto de la riqueza, la imposibilidad de encontrar un trabajo digno justamente remunerado y la salida fácil de la delincuencia.

Aludió a la corrupción en respuesta al discurso del presidente de la Corte de apelación napolitana, pues Francisco considera, desde el análisis social, que la situación de los migrantes en el sur de Italia es producto de la enorme corrupción del sistema judicial. Palabras fortísimas que calaron hondo en la audiencia.

Tuvo palabras de aliento para los ciudadanos de a pie, a los que pidió no perdieran la esperanza ni la alegría, pues sólo a través de ellas pueden revertirse los males que afligen a la sociedad napolitana.

La visita del Papa a Nápoles fue redonda; lo más sorprendente es que hubo un asunto sobrenatural.

El mismo sábado, después de que el Papa dio algunos consejos a los religiosos, sacerdotes y seminaristas de Nápoles  - y criticaba a unas monjas argentinas que descuidaban sus deberes por ver las telenovelas -  ocurrió un milagro: se licuó la sangre de San Genaro.

San Genaro, obispo de Benevento y mártir de una de las persecuciones del emperador Diocleciano, allá por el año 305 de nuestra era, es venerado en Nápoles desde tiempo inmemorial. Resulta que en la catedral hay una reliquia muy particular: una ampolla de cristal que se dice que contiene la sangre de san Genaro, misma que normalmente está seca, pero tres veces al año, en días precisos, se vuelve líquida.

Un tanto forzado por las monjas que custodian la reliquia, el papa Francisco dio la bendición a la ampolla, la cual estaba seca al llegar a sus manos; al devolverla al arzobispo de Nápoles, el cardenal Crescencio Sepe, según testigos oculares, el contenido de la ampolla estaba semilíquido. Sepe le dijo al Papa: “Se ve que San Genaro ama al Papa, pues la sangre se ha licuado ya a medias”. Francisco, con su peculiar talante, dijo: “Se ve que el santo nos quiere sólo a medias. Tenemos que convertirnos más”.

La última vez que la sangre se licuó ante la presencia de un pontífice fue en 1848, cuando, durante los prolegómenos de la reunificación italiana, el papa Pío IX se vio obligado a huir de Roma y se refugió en Nápoles, donde veneró las reliquias del mártir. Ahora, casi 170 años más tarde, vuelve a suceder lo mismo ….

Una anécdota que seguro dará mucho de qué hablar, pero es obvio que Francisco prefiere otra clase de milagros… y puede que tampoco le guste que lo comparen con Pío IX…

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Lunes, 23 de Marzo 2015 - 18:00
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La Iglesia en México y el Mundo: Lo que realmente quiso decir…

La entrevista concedida por el Papa Francisco a la periodista Valentina Alazraki requiere de una cuidadosa lectura, que va más allá de los castigos para México por las apariciones guadalupanas. En realidad, la entrevista quiso ser un balance del pontificado de Francisco, pero algunos intereses se cruzaron y el tema de México resultó obligado, generando reacciones encontradas.

El texto revela una profunda reflexión, cuya fineza teológica es ininteligible para quienes no están acostumbrados a un lenguaje de tal naturaleza. Por ello, se entiende el revuelo causado en redes sociales, especialmente en sectores anticlericales, que no entendieron el significado de las palabras de Jorge Mario Bergoglio en lo tocante a México.

La primera pregunta fue por qué no vendrá a México en 2015, a lo que el Papa respondió lo mismo que había dicho con anterioridad: que quería entrar a Estados Unidos desde México, pero que no le había parecido justo no visitar la ciudad de México. Añadió que una visita pastoral implicaría una semana entera.

A la pregunta expresa de Valentina Alazraki sobre qué significaba para el Papa la Virgen de Guadalupe, Francisco comentó sobre el papel de las apariciones guadalupanas en el mestizaje y la evangelización de México y América: definió a la Guadalupana como fuente de unidad cultural y puerta de santidad, en medio del pecado, la injusticia, la explotación y la muerte.

Hasta aquí, todo muy normal. Fueron los siguientes párrafos los que causaron revuelo, en lo que tocó el tema de la migración y el narcotráfico. Con respecto a México, la cita textual es la siguiente:

Volviendo a la migración allí, esa zona, además es una zona de mucha lucha de problemas de narcotráfico ¿no?, es decir. Los Estados Unidos me decían – no quiero tirar estadísticas que después me crean un problema diplomático – pero, me decían, y lo vi en una revista, creo que están entre los primeros consumidores de droga en el mundo y la frontera por la que entra la droga, la principal, es la mexicana. Entonces ahí también se sufre ¿no? Morelia, toda esa zona, es una zona de mucho sufrimiento donde también las organizaciones de traficantes de droga no se van con chiquitas ¿no?, es decir, saben hacer sus trabajos de muerte, ¿no?, son mensajeros de muerte, sea por la droga, o sea por “limpiar”, entre comillas, a aquellos que se oponen a la droga, los 43 estudiantes, de alguna manera están pidiendo que, no digo venganza, justicia, y que se los recuerde.

Del texto se infiere qué es lo que piensa el Papa acerca del narcotráfico en México: uno, existe una fuerte demanda de estupefacientes en Estados Unidos y la principal entrada de la zona productora es la frontera con México; dos, Morelia, refiriéndose a Michoacán, es uno de los escenarios del tráfico de drogas; tres, los narcotraficantes se ocupan de acabar con los que se oponen al tráfico de drogas, como en Ayotzinapa, tema que abordó en los siguientes párrafos; cinco, México siempre ha padecido conflictos y justo esa aseveración generó la indignación de las buenas conciencias liberales y juaristas:

O sea, México pasó momentos de persecución religiosa, donde engendró mártires. Yo pienso que a México el diablo lo castiga con mucha bronca. Por esto. Creo que el diablo no le perdona a México, que Ella haya mostrado ahí a su Hijo. Interpretación mía. O sea, México es privilegiado en el martirio, por haber reconocido, defendido, su Madre. […] Yo creo que el diablo le pasó la boleta histórica a México ¿no? Y por eso todas estas cosas, usted ve que en la historia siempre ha aparecido focos de conflicto grave ¿no?

¿Quién tiene la culpa? ¿El gobierno? Esa es la solución, la respuesta, más superficial. Siempre los gobiernos tienen la culpa. Sí, el gobierno. Todos tenemos de alguna manera la culpa o, al menos, el no hacernos cargo del sufrimiento. [..] Pero la mayoría del pueblo mexicano es solidario. Y esa es una de las virtudes que tienen ustedes ¿no? Y creo que todos tienen que poner el hombro ahí, para resolver esto de alguna manera ¿no?

Yo sé que es muy difícil denunciar a un narcotraficante. Porque le va la vida, es una especie de martirio ¿no? Es duro, pero creo que todos en situaciones así, sea en México o no en México, tenemos que poner el hombro. O sea el echarle la culpa a un solo sector, a una sola persona, a un solo grupo, es infantil.

Ahí viene justo la interpretación teológica. Según la visión de Bergoglio, México siempre ha tenido conflictos, con lo cual, quien quiera que conozca la historia de los últimos 210 años, no podría menos que coincidir. El mal, ejemplificado como el “diablo” siempre ha metido bronca. En este contexto, tomando en consideración que ésta entrevista es un elemento más de la praxis discursiva del Papa, el mal se equipara a la corrupción, a la ambición, a la falta de solidaridad y toda una serie de pecados sociales que tienen que ver con un orden injusto. Ahora, tomando en cuenta que la historia de la humanidad es, desde el punto de vista teológico, la salvación, entonces el mal persigue a México porque en este país la Madre de Dios se dignó a aparecerse, y eso es parte de la salvación misma. Y esto nos remite a dos aspectos estrictamente teológicos: la frase “non fecit talliter omni natione” que hace parte del culto guadalupano -que quiere decir, no lo ha hecho con ninguna otra nación-; y el carácter apocalíptico de la imagen guadalupana, como la mujer resplandeciente que enfrenta al dragón en el Apocalipsis de San Juan.

Si a lo anterior sumamos que fueron justamente los jesuitas quienes propagaron e impulsaron la devoción guadalupana, no resulta en lo más mínimo extraño que el Papa Francisco, un jesuita latinoamericano, considere que México fue bendecido con la aparición guadalupana, distinción que provoca la ira del maligno, y que se ha expresado en persecución religiosa y la consecuente aparición de mártires, situación única en América Latina. Seguro lo dijo pensando en Miguel Agustín Pro, hoy beato y ejecutado por un crimen que no cometió. Segundo, el Papa, de una manera equilibrada, expuso un aspecto real: el gobierno no puede ser culpable de todo, también la sociedad es responsable de lo que ocurre en un determinado contexto. Tercero, sobre Ayotzinapa, no exoneró al gobierno, pero sí responsabilizó a todos los involucrados en el tema, especialmente al crimen organizado.

Con los elementos esbozados, tenemos una explicación mucho más acorde a la inteligencia y sutileza del papa Francisco, quien se caracteriza por llamar a las cosas por su nombre y expresa abiertamente sus opiniones, a lo cual, sin duda, le asiste todo el derecho.

Y nuevamente, surge el tema de la interpretación de sus palabras por la prensa de lo que el Pontífice se ha quejado en reiteradas ocasiones: o no lo entienden o lo descontextualizan o cabecean mal la nota, como en el caso de marras.

Por lo que hace al tema de la mexicanización como concepto y la molestia del gobierno mexicano, el Papa puso el asunto en su lugar y le dio la dimensión que realmente tuvo: la utilización de un concepto sociológico que alude a una situación precisa en una comunicación privada. Con ello, además de la crítica implícita al sistema político mexicano, evidenció que la cultura política suele utilizarse a modo para, incluso, cambiar los focos de atención a temas no relevantes. Tanto, que según una encuesta que le fue proporcionada, el 90 por ciento de los mexicanos ni se inmutó por el término.

Así las cosas. Si la entrevista fue parte de un esfuerzo por demostrar que el papa Francisco está en buenos términos con México y su gobierno, a primera vista fue un éxito. Sin embargo, una detallada de la entrevista revela una situación distinta. Al final, el Papa llevó la entrevista según su voluntad.

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Fecha: 
Lunes, 16 de Marzo 2015 - 18:00
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La Iglesia en México y el Mundo: Los cambios en la Iglesia

Tras la tormenta generada por la “mexicanización de Argentina” y que las cosas en México “están de terror”, las disculpas y el encuentro del canciller Meade con el nuncio Christophe Pierre y el secretario general del Episcopado, Eugenio Lira  - todo lo cual ocurrió mientras el Papa Francisco y buena parte de la Curia Romana se hallaban fuera de El Vaticano en los ejercicios espirituales de Cuaresma -, hay otros temas importantes que atañen a la Iglesia en México, como la designación de obispos a las sedes vacantes.

Hoy lunes se dio a conocer el nombramiento del nuevo obispo de San Andrés Tuxtla el hasta ahora presbítero Fidencio López Plaza, procedente de la diócesis de Querétaro, donde ha sido párroco y se desempeña como vicario de pastoral de la mencionada diócesis.

López Plaza, nacido en 1950 y ordenado en 1982, fue coordinador del equipo de base para la misión continental permanente en México y miembro del consejo permanente de la Conferencia Episcopal Mexicana entre 2010 y 2012.

Este nombramiento nos lleva a las estadísticas actuales de la Iglesia en México: hay 18 arquidiócesis, 65 diócesis y dos eparquías, por lo tanto hay 92 sedes con obispos territoriales, 90 del rito latino y dos de ritos orientales. La cuestión es que la media de edad del Episcopado traspone el umbral de los 65 y obliga, según el derecho canónico a pensar quiénes son los presbíteros más aptos para desempeñar las tareas episcopales

En 2014 tuvieron que renunciar, por razones de edad, los siguientes prelados:

Emilio Berlié, arzobispo de Yucatán; Héctor González, arzobispo de Durango; Alberto Suárez Inda, arzobispo de Morelia, Ramón Calderón, obispo de Linares, José Luis Castro, obispo de Tacámbaro; Miguel Patiño, obispo de Apatzingán y Renato Ascencio, obispo de Ciudad Juárez.

Salvo, Suárez Inda y Berlié, el resto ha sido sustituido. El arzobispo de Morelia recién fue creado cardenal, así que se espera que renuncie en 2019; no se tiene noticia de que la renuncia de Berlié haya sido aceptada, a pesar de que su línea pastoral nada tiene que ver con el estilo de Francisco.

En este año, deberán renunciar los siguientes obispos: Ulises Macías Salcedo, arzobispo de Hermosillo; Rafael Romo Muñoz, arzobispo de Tijuana; Felipe Salazar, obispo de San Juan de los Lagos; Felipe Arizmendi, obispo de San Cristóbal de las Casas. Por el momento se hallan vacantes las siguientes diócesis: Tuxtepec y Gómez Palacio; esto significa que tres arzobispados  - Yucatán, Hermosillo y Tijuana -  tendrán un nuevo arzobispo y que se necesitara designar cuatro obispos para sedes vacantes durante los siguientes diez meses. Lo normal es que los tres nuevos arzobispos ya sean obispos residenciales y que los nuevos obispos sean auxiliares, aunque no extrañaría nada que el Papa prefiriera nombrar obispo a un presbítero para ocupar las sedes. En el caso de San Cristóbal de las Casas, hay un obispo coadjutor, así que la sucesión está solucionada, salvo que ocurra lo mismo que en 1998, cuando a Mons. Raúl Vera, siendo coadjutor con derecho a sucesión, lo nombraron Obispo de Saltillo para evitar que siguiera los pasos de Samuel Ruiz. Nunca se imaginaron que en Saltillo habría de desatar aún más polémica.

En 2016, renunciarán: José Luis Chávez Botello, arzobispo de Oaxaca; Alejo Zavala, obispo de Chilpancingo-Chilapa; Héctor Guerrero, obispo-prelado de Mixes; Luis Felipe Gallardo, obispo de Veracruz; José de Jesús Martínez, obispo de Irapuato; José Guadalupe Galván, obispo de Torreón y, nada menos que el cardenal Norberto Rivera.

Con todo, para 2017, los obispos nombrados por Juan Pablo II serán aún la mayoría, pero pocos, apenas trece, serán los promovidos por el primer Nuncio, Girolamo Prigione y que aún estén en funciones. Esto significa que habrá un profundo cambio generacional en el que los obispos más viejos habrán nacido a fines de la década de los cuarenta y principios de los cincuenta, mientras que los más jóvenes rondarán los cincuenta años. En estos momentos, el obispo mexicano más joven nació en 1970, y es Mons. Juan Armando Pérez Talamantes, auxiliar de Monterrey. El obispo de más edad, obviamente emérito, es Mons. Carlos Quintero Arce, ex arzobispo de Hermosillo y uno de los prelados políticamente más activos en la década de los ochenta del siglo pasado.

Si consideramos a la totalidad de los obispos  - residenciales, auxiliares, eméritos y eparcas -  la media de edad está en 70 años, pero la mediana ronda los 60 años, lo que significa que el alto clero mexicano está envejecido en un país con una población joven. Ese es un factor, entre muchos otros, que explica la distancia entre la jerarquía y los feligreses.

Habrá que ver que los nuevos obispos sean los mejores y que estén en consonancia con la línea pastoral del Papa Francisco. Por lo pronto, el año pasado, dos de los obispos más jóvenes, Emigdio Duarte, obispo auxiliar de Culiacán, y Miguel Romano, obispo auxiliar de Guadalajara, fueron suspendidos por habérseles comprobado encubrimiento de pederastas y malos manejos económicos, aunque se dice que Duarte, en realidad es víctima del obispo de Culiacán, Benjamín Castillo. Ambos casos fueron manejados con suma discreción y no trascendieron a nivel nacional; sin embargo, son precedente para que el nuncio y los obispos, así como los encargados de palomear las ternas en la Santa Sede, sean sumamente escrupulosos a la hora de promover sacerdotes, designar obispos o preconizar arzobispos, a fin de evitar escándalos de cualquier índole y, sobre todo, elevar la calidad de los miembros de la jerarquía en términos pastorales, intelectuales y humanos. Se requieren pastores eficientes, cercanos al pueblo, “con olor a oveja” diría el Papa y muy decentes, si en realidad se pretende consistencia entre el decir y el hacer.

Queda por saberse si en las ternas de promoción al episcopado se incluirá a algún jesuita, pues desde hace más de veinte años no hay un solo miembro de la Compañía de Jesús que sea miembro de la Conferencia del Episcopado Mexicano, lo que resulta bastante poco natural en un país cuya idea de nación fue originalmente pensada por jesuitas como los padres José Clavijero y Rafael Landívar en la segunda mitad del siglo XVIII.

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Martes, 03 de Marzo 2015 - 17:30
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La Iglesia en México y el Mundo: Un Consistorio para recobrar el Evangelio.

Para Jorge Damián Valencia, in memoriam

El pasado sábado, el Papa Francisco creó veinte nuevos cardenales, entre ellos, al arzobispo de Morelia, Alberto Suárez Inda. En estos momentos, la Iglesia en México cuenta con tres electores en el Colegio Cardenalicio, mismos que podrán votar en un eventual cónclave hasta 2019.

Lo particular de este consistorio es que los nuevos cardenales provienen de países tan periféricos para el catolicismo como Vietnam, Etiopía, Tonga, Cabo Verde y Myanmar, o de diócesis que no suelen ser cardenalicias, como Morelia. Pero también provienen de espacios donde la tragedia humana, en sus diversas manifestaciones, se hace presente en la vida cotidiana. Lo mismo Morelia que Agrigento en Sicilia, son iglesias particulares que viven en medio de la violencia.

En estos momentos, el Colegio Cardenalicio cuenta con 125 electores, entre los cuales, aumenta la proporción de no europeos, pero sigue siendo Europa el continente con más representantes, tanto de electores como de cardenales que pasan de los ochenta años, que son 102.

La ceremonia, como siempre fue una muestra del esplendor vaticano, acaso con un aire de mayor sencillez aunque con el mismo protocolo. Lo más relevante fueron las palabras del Papa Francisco, quien, siguiendo con lo expresado en diciembre acerca del carrerismo eclesial, advirtió a los nuevos cardenales que el nuevo cargo no es una distinción, sino un compromiso mayor para que sean apoyo y eje en la vida de la Iglesia. Esta aseveración es importante, pues dejó en claro que son obispos -sacerdotes completos, igual que el resto de los obispos y que él mismo-, pero con más responsabilidades, mismas que deben acometer con caridad, bondad y alegría. Por supuesto, y en consonancia con lo dicho acerca de las enfermedades de la Curia, el Papa pidió a los nuevos cardenales dejar de lado el orgullo, la ira, los intereses mundanos y los celos.

El Papa propuso asirse más al Evangelio y menos a los legalismos. Un Evangelio de los marginados que busca imitar a Cristo. Y eso es una bocanada de aire fresco en las estructuras eclesiales que por ritualismo y legalismo, en muchas ocasiones, han perdido contacto con el mensaje de Cristo.

Francisco ha puesto el dedo en la llaga: la Iglesia tiene sentido en tanto comunidad de fieles articulada mediante la fe en Cristo-Jesús; las estructuras inherentes a la Santa Sede deben estar en función de esa comunidad de fieles llamada Iglesia. No al revés. Dicho de otro modo, todo el aparato eclesial, las instituciones jurídicas, la doctrina, las acciones de la Iglesia deben ser consistentes con el mensaje de Jesucristo y servir al Pueblo de Dios, en especial a los marginados. Y eso no gusta a quienes, como modernos fariseos, viven una fe formal y ritualista, añorando los tiempos -no muy lejanos, por cierto- en los que el mensaje evangélico fue eclipsado por la personalidad y la agenda política e ideológica de Juan Pablo II.

A pesar de las innumerables críticas -ya hay quienes entre los tradicionalistas que abiertamente dicen que Jorge Mario Bergoglio fue vetado por el padre Peter Hans Kolvenbach, general de los jesuitas hasta 2008, para ser consagrado obispo debido a “defectos de la personalidad” o quienes consideran que el Papa es sólo discurso con respecto a los abusos sexuales cometidos en Chile, por poner sólo dos ejemplos- Francisco avanza inexorablemente hacia su cometido: devolver el sentido primigenio a la Iglesia, hacer de la caridad el centro de la acción eclesial hacia los marginados, tanto en lo concreto, como en lo espiritual y lo emocional. Y no habla de la caridad en un sentido estrecho, sino en forma amplia, de la caridad como la expresión más alta del amor, la caridad que comprende, que alienta, que no juzga sino que busca integrar a la oveja descarriada desde el corazón, no desde el formalismo.

Por eso, el discurso y las acciones de Jorge Mario Bergoglio escandalizan. Y más escandalizarán cuando se concreten en la práctica.

Pero volvamos al consistorio. Los tradicionalistas sostienen que Benedicto XVI no apoya a su sucesor, ni lo considera doctrinalmente adecuado. El supuesto no parece tener correlato con la realidad, pues Benedicto asistió al consistorio y el lenguaje corporal manifiesta una cercanía entre ambos pontífices. El gesto dijo más que mil palabras y cayó como un rayo fulminante para los conservadores como el cardenal Raymond Burke que dijo que si los divorciados pueden volver a comulgar, él se va a “resistir”. Tendría que ser más explícito en lo que consistirá su “resistencia” ¿se hará lefebvriano o veterocatólico?

Las resistencias son innumerables, especialmente en la Curia, pues es justo ahí donde la defensa de los cotos de poder se exacerba y fue una de las principales razones por las que Benedicto XVI renunció al solio pontificio. Por eso mismo suena ilógico que el Papa emérito y el que está en funciones vivan una situación de enfrentamiento y animosidad mutuas.

El cardenal de Washington, Donald Wüerl, ha explicado la situación de forma sucinta en una entrevista: "El hilo común que unifica a todos los disidentes es que están en contra del Papa, porque el Papa no está de acuerdo con ellos y no sigue sus posiciones". Más claro ni el agua. Los conservadores quieren un Papa funcional a sus intereses y bajo ningún aspecto pretenden ser funcionales a los intereses del Papa…

Por eso mismo, el consistorio fue relevante, pues el Papa tiene poco tiempo, incluso se especula que renunciará al cumplir 80 años y deberá dejar todo el entramado institucional listo para llevar a cabo las reformas. El Colegio Cardenalicio es nodal porque el sucesor de Francisco tendrá que ser alguien con ideas y objetivos semejantes y sólo electores afines podrán ser confiables para dar buen cauce al proceso de reforma. Por lo menos, de los dos consistorios realizados, en los cuales creó 39 cardenales, quedarán 20 electores a partir de 2015. De ellos, habría que descontar a Gerhard Müller uno de los principales rebeldes y que para colmo es el prefecto de la Congregación de la Fe.

Probablemente, el Papa podría realizar dos o tres consistorios más, reemplazando así a los conservadores. El perfil de los nuevos cardenales será menos europeo, más periférico y, sobre todo, menos conservador, pero siempre dentro de los límites de la doctrina. Aún habrá “sorpresas” en este pontificado, pero tendencialmente, la reforma está en marcha, por mucho que les pese a los conservadores. “Casual Frank” como los conservadores norteamericanos le motejan, está a la carga.

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Lunes, 16 de Febrero 2015 - 18:30
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En Entrevista: Mónica Uribe, Experta en religión

Mónica Uribe comenta sobre la probable remoción del arzobispo cardenal de la Coydad de México, Norberto Rivera.

 

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Lunes, 09 de Febrero 2015 - 19:30
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En Entrevista: Mónica Uribe, Experta en religión

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La mentiras de Ebrard y la línea 12 del metro. La nueva subcuenta del INEGI. Probable remoción de Norberto Rivera

Esta tarde me acompañan en el estudio Antonio Castro y José Luis Romero Hicks y comentamos la falsa información que durante meses proporcionó Marcelo Ebrard en torno a la Línea 12 del Metro del DF; la nueva subcuenta de la industria de la construcción elaborada por el INEGI; la política monetaria que están aplicando muchos países, menos México, para estimular la economía. Hugo González comenta sobre la portabilidad de los números de los celulares. Mónica Uribe comenta sobre la probable remoción del arzobispo cardenal de la Ciudad de México, Norberto Rivera.

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Lunes, 09 de Febrero 2015 - 18:30
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La Iglesia en México y el Mundo

Para Samuel González y Mario Zavala, queridos amigos y compañeros de las andanzas universitarias, con quienes he dialogado sobre estos temas.

Que el Papa Francisco haya recibido a un transexual y que le dijera que es hijo de la Iglesia ha causado conmoción, y mucha, en los círculos católicos conservadores. Tampoco ha gustado que llamara por teléfono a un joven granadino sexualmente abusado por sacerdotes de la diócesis de Granada, para pedirle perdón. También ha caído fatal que el Papa dijese que para ser buenos católicos no hay que reproducirse como conejos, y que reprendiera a una mujer embarazada por no tomar en consideración que será sometida a ¡una octava cesárea!, y que tiene otros hijos que cuidar.

La susceptibilidad de los conservadores ha sido herida por la llaneza del Papa, quien gusta llamar a las cosas por su nombre y no andarse con eufemismo. Incluso, en una editorial del sitio web Traditional Roman Catholic Thoughts le han llamado “un padre mental y verbalmente abusivo” que mientras juega con los chicos vecinos, se la pasa criticando a su propios hijos. Los vecinos son los protestantes, judíos, musulmanes, budistas y los hijos maltratados son los fieles católicos, o mejor dicho los fieles que prefieren seguir la tradición a ejercer la caridad, el sentido común y el respeto por las diferencias. Acusan al Papa -al vicario de Cristo mismo- de dar a los no católicos los argumentos para atacar al catolicismo. ¿En qué estarán pensando los conservadores? ¿Por qué les molesta tanto que el Papa se acerque a la gente y que busque a las “ovejas descarriadas”? Como hijos, tampoco son un dechado de virtud.

Lo cierto es que el Pontífice ha roto con una parte de la tradición y ha incursionado en una pastoral, que a falta de mejor nombre, se ha dado en llamar la pastoral de “los irregulares”. ¿Quiénes son? Los homosexuales, las madres solteras, divorciados, parejas de facto y demás porción del pueblo de Dios, excluidos de la vida litúrgica y sacramental, a pesar de que algunos son sinceros creyentes...

¿Por qué les molesta que el Papa se cuestione quién es él para juzgar? ¿Por qué tanta animosidad contra el sentido común?

La respuesta tendría que verse desde dos perspectivas distintas. Una, la de los laicos inconformes, escandalizados por un Papa que los pone ante las disyuntivas de la vida moderna que no quieren aceptar con el pretexto de mantener la fe. La segunda, sería desde el clero, especialmente el alto clero de la Curia Romana, que no concibe que el Papa esté señalando con tanta atingencia no sólo los errores, sino los pecados internos. Y peor, los está ventilando ante el mundo.

De la primera perspectiva, se puede decir que está focalizada en los sectores de laicos conservadores norteamericanos que ven con espanto que todo el discurso que los ha sostenido por siglos como minoría religiosa está siendo cuestionado. La identidad católica en los países de habla inglesa está fundada en la distinción frente al protestantismo opresor y se ha expresado en el mantenimiento de la tradición en las formas litúrgicas, y en una visión de la vida cuyos valores contrastan con la posición más secular de otras denominaciones cristianas. Al respecto, hay mucho que analizar, sobre todo porque el conservadurismo laical si bien tiene puntos en común, especialmente en lo que atañe a moral sexual y liturgia, en todo el orbe católico, también presenta enormes diferencias culturales. Por ejemplo, no es lo mismo el conservadurismo que se vive en América Latina, que está más vinculado a la emergencia de movimientos como el Opus Dei o Legionarios de Cristo, que el que se vive en Estados Unidos y que se relaciona con la identidad étnica y religiosa de comunidades migrantes.

Lo que hoy resulta sorprendente es que el discurso laical conservador que cuestiona al Papa Francisco sea tan parecido en cuanto a la nostalgia por Juan Pablo II y el renovado aprecio por Benedicto XVI. En ello, seguramente, las redes sociales han jugado un papel determinante. Hay sitios web en varios idiomas, como Rorate Caeli o el señalado al inicio de este texto, que continuamente están difundiendo las noticias procedentes de la Santa Sede y cuestionando su impacto sobre lo que ellos consideran la auténtica doctrina católica.

En la segunda vertiente, es el alto clero, molesto por los cuestionamientos a una pastoral anquilosada y distante de los fieles, el que se expresa críticamente contra el Pontífice. Por un lado están los obispos diocesanos, cuya voz no se hace sentir tanto como la de los curialistas, que muchos de ellos están verdaderamente apanicados porque los cambios propuestos por el Papa van en contra de sus intereses, tanto del grupo de Sodano, como del llamado lobby gay, como de los conservadores  - Gerhard Müller, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe,; Walter Brandmuller, presidente emérito del Pontificio Comité de Ciencias Históricas; Raymond Burke, ex prefecto de la Signatura Apostólica y hoy dirigente de la Orden de Malta, y los italianos Carlo Cafarra, arzobispo emérito de Bolonia y teólogo cercano a san Juan Pablo II, y Velasio De Paolis, presidente emérito de la Prefectura de Asuntos Económicos -. Estos últimos publicaron un libro Permanecer en la verdad de Cristo-Matrimonio y comunión en la Iglesia Católica, que salió a la venta en Italia y Estados Unidos en octubre pasado y dónde cuestionan todas las propuestas en torno a la aceptación de los divorciados y vueltos a casar en la vida sacramental.

No conformes con ello, tienen un vocero en la prensa: Vittorio Messori, un periodista italiano cercano a Juan Pablo II y a Benedicto XVI, más papista que los dos antedichos y que no ha tenido empacho, incluso en cuestionar la legitimidad de la elección de Francisco.

Cada mes en su colaboración para el diario Il Corriere della Sera, Messori diserta sobre las acciones y los dichos del Papa Bergoglio, arrojando sombras acerca de cada uno de sus movimientos. Que si está condicionado por su experiencia exclusivamente latinoamericana, que sí dice una cosa un día y al otro lo niega, que si el discurso papal es para la prensa, que sí las periferias hoy son privilegiadas, que si la barca de la Iglesia carece de timón, que porqué va a Filipinas y no a España, etcétera, etcétera.

Da la impresión de que Messori es el vocero de quienes desean que siga oculto el desastre interno de la Iglesia. Que se queme la casa pero que no salga el humo. Lo que no entienden es que no se puede tapar el sol con un dedo, y justo, lo que el Papa quiere es que se purifique la casa a la luz de todos, porque la Iglesia es santa y pecadora, y sólo aceptando que ha pecado, será capaz de redimirse.

De ahí la importancia de que hoy, 9 de febrero, la comisión sobre la pederastia -integrada por 17 miembros entre los que hay laicos y laicas, sacerdotes, religiosos, especialistas, etc.- haya entregado los informes de los equipos de trabajo y las recomendaciones para convertir a la Iglesia en un lugar seguro para los fieles vulnerables por edad -  niños y adolescentes -, discapacidad o situación personal.

Entre los aspectos incluidos están: una pastoral para los supervivientes y sus familiares, la construcción de líneas para la formación de agentes pastorales en el tema; la difusión de las normas eclesiales y civiles que regulan las denuncias de abuso y la definición de los alcances de responsabilidad de los agentes pastorales al Iglesia al afrontar casos de abuso, por comisión, omisión o por hallarse en un cargo de autoridad.

Aún no es la propuesta final pero se trata de un avance considerable. Habrá que ver cómo reaccionan los conservadores a esto, pues en su respuesta a este tema se verá si su compromiso con la auténtica doctrina de la Iglesia es genuino o simplemente pretenden preservar el rito y la tradición sin una visión autocrítica y sin caridad para el prójimo.

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Fecha: 
Lunes, 09 de Febrero 2015 - 17:00
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De 337 - San Julio I electo Papa

San Julio I fue el papa 35 en la historia de la Iglesia Católica, inició su cargo el 6 de febrero de 337 D.C. Dos cosas caracterizaron en conjunto su pontificado: la defensa de la ortodoxia católica frente a las impugnaciones y tergiversaciones de los arrianos (cristianos primitivos), y la protección decidida de San Atanasio (predicador del evangelio), víctima de toda clase de vejaciones y calumnias de parte de los mismos, por ser considerado como la columna más firme de la fe de Nicea (antigua ciudad en Asia menor). En todo ello mostró San Julio I una firmeza extraordinaria, fruto del temple elevado de su espíritu y del intenso amor que sentía por la Iglesia y la verdad.

 

 

Fecha: 
Lunes, 06 de Febrero 2017 - 09:20

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La Iglesia en México y el Mundo: ¿Por qué no viene el Papa a México?

Muchas personas en el país quedaron desilusionadas porque Francisco no vendrá México en 2015, a pesar de que viajará a Estados Unidos y a otros países de América Latina en los próximos meses.

Las razones para no visitar México son varias, algunas de índole logística, otras de racionalidad eclesial, y otras, naturalmente, políticas. Empecemos por las logísticas.

La visita a Estados Unidos el próximo comprende tres etapas: asistir al octavo Encuentro Mundial de las Familias en Filadelfia, una alocución ante la Asamblea general de la ONU en Nueva York y una visita oficial al presidente Obama y al Congreso en Washington, D.C.. Con ese itinerario, se llenan los ocho días que se destinan a una gira internacional. La gira a Sri Lanka y Filipinas duró una semana, desde la salida de Roma el lunes 12 de enero por la tarde, hasta el regreso exactamente al siguiente lunes, 19 de enero. La semana siguiente, las actividades del Papa se redujeron al mínimo indispensable. Obvio, el Papa Francisco es un hombre de 78 años, sin un pulmón y que si bien goza de una salud aceptable para su edad, está consciente de que no debe extralimitarse si quiere cumplir con todos sus objetivos de reforma.

En el caso de la visita pastoral a Ecuador, Bolivia y Paraguay, programada para fines de año, no hay modo de incluir a México, simplemente por distancia.

Vamos al segundo aspecto, al eclesial. Una parte de la jerarquía católica mexicana parece ser el modelo de lo que Francisco critica y que quedó magistralmente resumido en la alocución a la Curia del 22 de diciembre pasado, cuando habló de las quince enfermedades que “debilitan el servicio de Cristo”. No es porque en México no existan agentes pastorales positivos y con gran vocación, sino porque la parte más visible deja qué desear. Para muestra, el expediente de los Legionarios de Cristo y su relación con los poderes fácticos locales, independientemente de las atrocidades cometidas por su fundador; o personajes como el obispo emérito Onésimo Cepeda que se refirió al tema de Ayotzinapa en términos poco delicados por decirlo de una manera suave…

Un aspecto que resulta poco conocido son las diferencias entre el clero diocesano y el regular en México, en especial, la distancia que hay entre los obispos y los jesuitas. En el particular caso mexicano, la Compañía de Jesús desde la guerra cristera (1927-1934) ha asumido una posición crítica al gobierno frente a la posición más colaboracionista de los obispos a partir de 1938. Y justamente en las negociaciones para los cambios constitucionales de 1992, la jerarquía impidió que los religiosos participaran del diálogo con el gobierno, lo que derivó en que éstos cuestionaran cómo y para qué los cambios. Los obispos atribuyeron a los jesuitas haber promovido los cuestionamientos internos y desde entonces, puede hablarse de una especie de veto sistemático a los jesuitas, de forma en que no ha habido en México un obispo jesuita desde el fallecimiento del último obispo prelado de la Tarahumara, Mons. José Llaguno, en 1992. A ello hay que añadirle la animadversión que Juan Pablo II tenía en contra de la Compañía… y que Jorge Mario Bergoglio es jesuita y se le nota…

Lo de que sería grosero no visitar a la Virgen de Guadalupe, tiene algo de verdad y algo de retórica …. Benedicto XVI no estuvo en la Villa y no pasó nada, pero fue una forma elegante de Francisco para excusarse frente a tanta invitación gubernamental y eclesiástica.

El Papa Francisco conoce México, ha estado tres veces en el país, y lógicamente tiene una buena idea del sistema político mexicano no sólo como parte de la cultura general de América Latina, sino porque su secretario de Estado, el cardenal Parolin, conoce al dedillo la lógica de la clase política y de la Iglesia en México, pues le tocó ser testigo presencial de los intríngulis de las negociaciones de los cambios constitucionales en materia eclesiástica.

En las actuales condiciones de México, la necesidad de legitimación es muy fuerte, provenga de dónde provenga. Por eso, el Papa Francisco claramente dijo que no es el momento de hacer una visita pastoral a México: primero, precisamente porque no quiere que su imagen sea utilizada para convalidar un gobierno que él percibe fuera de la lógica de la doctrina social de la Iglesia, cuyos postulados son semejantes a los keynesianos en lo económico, pero con una agenda moralizante en lo político y lo social. Segundo, un elemento que pudo haber influido en la decisión del Papa es la percepción internacional del gobierno peñista. En ese sentido, diferentes publicaciones de alto impacto entre las élites mundiales -The Wall Street Journal, The Economist, The Guardian, The Washington Post, entre otras-  han dado cuenta no sólo de los casos relacionados con la violencia y el narcotráfico (Ayotzinapa y Tlatlaya) sino también de la corrupción, uno de los temas que más preocupan al Papa y al cual se ha referido en varias ocasiones, diciendo que es normal ser pecador, pero corrupto, no.

Un tercer aspecto son los informes que recibe de la Conferencia del Episcopado Mexicano y de la Nunciatura Apostólica, los cuales, a juzgar por lo expresado en la visita ad limina de mayo de 2014, no deben ser particularmente halagüeños con respecto a la gestión gubernamental, máxime si tomamos en cuenta el número de sacerdotes asesinados -nueve- por el crimen organizado de 2013 a la fecha, así como la crítica situación económica en la que destaca la alta concentración de la riqueza.

Un cuarto aspecto es que el Papa ha expresado su interés por acompañar a los migrantes y claramente dijo que le gustaría cruzar la frontera de México a Estados Unidos, al igual que los migrantes. Sin embargo, ese un tema de la agenda bilateral de los gobiernos de Obama y de Peña Nieto, cuya negociación es bastante espinosa y una acción pontificia, como la antes señalada, podría entorpecer la negociación política entre republicanos y demócratas en el Congreso Norteamericano, en detrimento de los migrantes mexicanos y centroamericanos. Como lo ha demostrado en distintas ocasiones, Jorge Mario Bergoglio es políticamente sensible y si no puede ayudar, tampoco estorba…

En suma, la prudencia política, tanto en términos civiles como eclesiales, indican que no es el momento apropiado para que el Papa argentino visite México. Tal vez en 2016, si las condiciones son favorables.

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Lunes, 26 de Enero 2015 - 17:00
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