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La escasez programada

El desempleo, no el del ciclo productivo, no el del estanco en la producción, el que inevitablemente obliga por circunstancias críticas de la economía a prescindir de mano de obra; a ese no hacemos referencia porque simplemente no existe una crisis en nuestra gran economía. No necesariamente enfrentamos una imperfección de mercado. Enfrentamos un desabasto que sin programa alguno interrumpe el ciclo de gasto gubernamental. Interrumpe programas establecidos desde la función operativa del servicio público, ciclo que inicia con una función conceptual de eficiencia del Estado. El gasto hace lo que siempre ha hecho: acompasar el ritmo de una economía creciente, adecuar el ritmo de la inversión pública y hacerla valer ante la inversión privada, cuidando siempre las bases de su participación para hacer de este ritmo paralelo, una función productiva y alentadora.

La interrupción de esta transición en turno ha cortado innumerables áreas de especialización del servicio público de carrera, lanzando a la calle a profesionales y vocación de antigüedad considerable. El trastorno naturalmente tiene un efecto multiplicador que inicia con el desamparo familiar, el estado de ánimo en el imaginable cambio de rumbo de vidas enteras dedicadas a la actividad pública; el margen de protección que alguna vez amparara diversos órdenes desaparece en un día. Las explicaciones no satisfacen lo abrupto de la tajante decisión. La reacción se espera y aguarda en estéril defensa de una colectividad pasmada ante la ocurrencia y ante la idea de lo perentorio de una decisión que hiere.

La dimensión de lastimar sin necesidad, la decisión de recortar sin programa está cobrando consecuencias inesperadas en las cifras del empleo que desequilibran toda perspectiva de aliento; los despidos masivos del sector público no pueden cubrir la inserción de empleos formales y la falacia de jóvenes recibiendo dinero gratuito para integrar fuerza de trabajo no corresponde a ningún padrón serio de registro. El manejo que pretende el gobierno de cifras en la macroeconomía distorsiona una situación de daño irreparable en el cruento amanecer de familias que sufren este corte tan irresponsable.

El recorte material ya repercute en el lado humano como ciclo perverso. El gobierno en turno ignora los efectos de las economías de escala en los nutrientes y servicios de la administración pública. El primer ejemplo, que se ha tornado inmanejable lo vemos en la salud pública. Es muy sencillo agitar la misma bandera de siempre: la corrupción y con ella justificar las torpezas y atropellos de una administración fallida. No pueden soslayarse las cantidades enormes de medicamentos que requiere todo un sector de salubridad de una nación. En ello habrá que juzgar circunstancias de abasto y habrá que juzgar circunstancias apremiantes como los plazos de entrega. Si una o dos o tres empresas pueden lograrlo, naturalmente serán empresas de dimensión considerable. Esto no necesariamente incide en el juicio pronto del presidente que sentencia una función monopólica o de abuso. El resultado de su interpretación y manejo alterno del abasto ya se encuentra en crisis.

Las dependencias afectadas, todas ya presentan rasgos de incompetencia e insuficiencia de servicio. Pudimos apreciarlo en la afectación al medio ambiente con los incendios forestales. Conafor no pudo atender la premura y la atención de la emergencia. Semarnat, afrontando 16,000 despidos, impedida. Este espacio ha insistido en el modelo del ahorro como premisa equivocada de sustento económico. El ahorro sin el equilibrio de la inversión provoca un rezago en la actividad pública, detiene la marcha de la economía, produce letargo en la eficiencia gubernamental y en los servicios públicos.

El Plan Nacional de Desarrollo que instó el simple cumplimiento por norma institucional deja en la apreciación de su lectura, los renglones de inversión pública abiertos; finalmente ya sabemos adonde apunta la voluntad del presidente: al derroche innecesario en proyectos costosos y envueltos todos sin excepción en una nube interpretativa y amparados por el discurso antes que por la lógica y el conocimiento. Los administradores de recursos públicos, los designados para vigilar estos dispendios producto del ahorro forzado por recortes sin miramiento y sin programa, no merecen consideración en sus trayectorias de servicio público, y dos de ellos, uno agrónomo, emplearán 8,000 millones de dólares en un proyecto de refinación sin horizonte y sin ningún respaldo en materia de retorno financiero. La salud, entre muchas otras carencias inducidas por esta transición, en juego para la satisfacción de un capricho. O de varios.

Las economías de escala ya mencionadas no son más que simples mecanismos de orientación en el manejo eficiente de los recursos. Si las licitaciones, que este gobierno no necesariamente invoca, tienen vigilancia objetiva, la competencia simple de los mercados ajustará la situación de precios. En lo que no puede perderse objetividad es en la dimensión de las necesidades y en la función programática para cubrirlas. La administración está enfrentada con un dilema de reparto y es un juego peligroso cuando el recurso existe y cuando la sociedad percibe que la retención cubre fines no prioritarios. La justificación de actuación pasada y el añadido de una corrupción real, un tanto, y una corrupción imaginada que ya debió ser corregida de facto, con tanta insistencia y mención, alcanzaría a cubrir la expectativa de la sociedad y sus demandas. Dejar en rezago la cobertura del pacto social un día y otro también y diseminar el desamparo de órdenes colectivos, invita a la reflexión de masas, a pesar del terreno de la dádiva. No olvidemos el efecto multiplicador que inunda el ambiente de carencia en las familias, y la salud no concede plazos.

El ahorro no es figura de transmutación contable ni transfiguración económica, es lo que siempre ha sido: un mecanismo disciplinario del gasto programático en cualquier entidad activa. La inducción de esta administración ha hecho del ahorro una función de escasez que repercutirá lamentablemente en innumerables formas de vida y de contemplación del poder como afán de captura y retención mediante una dádiva que, en los pocos meses de esta transición, ya muestra no solamente signos de incongruencia, arroja signos de contracción económica. Escasez, vocablo que acompaña todas las fórmulas del populismo.

Fecha: 
Lunes, 27 de Mayo 2019 - 13:05
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Lunes, 27 de Mayo 2019 - 15:20
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Martes, 28 de Mayo 2019 - 04:20
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Lecciones del Brexit para México

Cuando me preguntan sobre el Brexit y todo lo que está pasando en Reino Unido a raíz de esto, las preguntas que más frecuentemente me hacen es ¿ Por qué Reino Unido no puede cancelar el Brexit si ya se sabe que es una mala decisión? y ¿Qué podemos aprender los mexicanos de lo que está pasando?

Si bien es de sabios cambiar de opinión hay razones fuertes dentro del contexto que hacen que esta opción sea poco viable. Además de que en México no debemos perder de vista este asunto que, aunque está pasando a miles de kilómetros de aquí, es importante para nosotros  porque el Brexit es una decisión que se tomo por un método que vendría equivaliendo a una consulta popular, que fue la herramienta bajo la cual se tomó la decisión del nuevo aeropuerto, y que de acuerdo a lo dicho por nuestro nuevo presidente, será una herramienta constante dentro su gobierno. 

Ahora bien. Es cierto que nuevos datos han revelado que el Brexit va tener consecuencias costosas y que incluso el resultado del referéndum pudo haber estado influenciado por Rusia. Sin embargo, un segundo referéndum, sería poco viable por la simple razón de que polarizaría a la población más de lo que ya lo está y erosionaría de una manera significativa la confianza en la democracia británica. Porque el mensaje que se estaría enviando, a todos aquellos que votaron, sería el de que su decisión no es lo suficientemente buena y que está debe revisarse para que pueda satisfacer a los deseos de la élite y la verdad no creo que a muchos les guste. Por lo que se puede decir que el mayor problema con el Brexit no ha sido el Brexit en sí, sino, la manera en la que fue decidido. Haciendo que una simple mayoría tomara una decisión tan seria que marcara de una manera profunda el futuro del país.

Finalmente, otro aspecto que no debe de ser olvidado es que la interdependencia económica entre las dos Irlandas y el hecho de que una quede dentro y otra fuera de la Unión ha arruinado el sueño dorado de los euroescépticos, ha dejado a May en calidad de muerto viviente, y han aumentado las posibilidades de que el Reino Unido tenga una salida drástica de la Unión Europea al no llegar a algún acuerdo.

Debido a la situación de las dos Irlandas y de los problemas que emanarían de instalar una frontera dura entre ambas el borrador del acuerdo propone mantener al conjunto del Reino Unido en una unión aduanera con la Unión Europea, y además a Irlanda del Norte regida por las regulaciones del mercado único europeo, mientras no se encuentre una mejor solución. Creando un gran descontento, sobretodo con los norirlandeses, y haciendo que May pierda gran parte de su capital político al posponer la fecha de su votación, hasta el 14 de enero, en busca de un mejor acuerdo. Puesto que recientemente ha sobrevivido a una moción de desconfianza dentro de su propio partido, que ahora también, ha sido retomada por la oposición con miras a hacerla extensiva a todo el parlamento.

El panorama no pinta alentador para el Reino Unido y lo que si bien, nadie escarmienta en cabeza ajena, no debemos perder de vista los mexicanos es que las decisiones importantes no deben ser tomadas a la ligera y que la aun en estos tiempos cibernéticos la economía rige. Por lo que la interdependencia hace difícil la separación.

El último en salir apague la luz.

Fecha: 
Martes, 18 de Diciembre 2018 - 16:45
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Martes, 18 de Diciembre 2018 - 19:00
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Miércoles, 19 de Diciembre 2018 - 08:00
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La pesadilla de los racistas trumpianos

 

Steve King es un republicano de 67 años de edad que representa a un distrito electoral del estado de Iowa ante la Cámara de Representantes de Estados Unidos. Es un metodista que se convirtió al catolicismo, la religión de su esposa, 17 años después de casarse con ella.

En 1996, después de dedicarse a los negocios, ingresó a la política, ganando un escaño en el Senado de Iowa. Desde 2002 es representante de su estado ante el Congreso federal.

Es un conservador que se opone al aborto, al matrimonio de personas del mismo sexo, a los derechos de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales (LGBT), a la investigación de células madre humanas y a los derechos de los animales. Es tan extremo el conservadurismo de este hombre blanco que hasta se opone al matrimonio civil, aceptando solo el religioso como válido, y a que medicamentos como el Viagra sean subsidiados por el gobierno a través de los seguros Medicare y Medicaid.

Cuando Trump lanzó su candidatura presidencial en junio de 2015 dijo, entre otras cosas, que los inmigrantes mexicanos ilegales son narcotraficantes, criminales y violadores. Aparentemente se inspiró en algo que dijo King en julio de 2013, cuando al referirse a los inmigrantes indocumentados dijo que “por cada uno que es el primero en su clase (valedictorian), hay otros 100 que pesan 130 libras - y tienen pantorrillas del tamaño de melones porque están transportando 75 libras de mariguana a través del desierto”. Es decir que, para King, los inmigrantes sin papeles son narcotraficantes.

En 2008, este político racista puso en duda el patriotismo del entonces candidato presidencial Barack Obama alegando que, si éste era electo, “los islamistas radicales, al-Qaeda, los islamistas radicales y sus partidarios, bailarán en las calles en mayor número que lo hicieron el 11 de septiembre”. Esta advertencia racista contenía además una gran mentira, la de que musulmanes habían celebrado en las calles de Estados Unidos los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001.

Casi un años después de afirmar falsamente de que los musulmanes habían bailado en las calles estadounidense, King se retractó. Sin embargo, la mentira fue después tomada y propalada por Trump, quien hasta ahora no se ha retractado.

Steven King comparte la ideología del estratega en jefe de la Casa Blanca, Steven Bannon, quien antes de convertirse en el director de la campaña electoral de Trump, en agosto de 2016, era el presidente ejecutivo de Breitbart News, un sitio web de noticias de extrema derecha que ha sido calificado como un medio que difunde material racista, xenofóbico y antisemita.

Hace dos años, en un evento en que participó en el Vaticano, Bannon resumió sus creencias así:

“Ciertamente creo que el secularismo ha socavado la fuerza del oeste judeocristiano para defender sus ideales, ¿verdad? Si ustedes regresan a sus países de origen y proponen defender el oeste judeocristiano y sus principios, a menudo, especialmente cuando tratan ustedes con las élites, se les ve como alguien que es bastante extraño. Por lo tanto, ha disminuido la fuerza. Pero creo firmemente que, cualesquiera que sean las causas del actual impulso al califato -y podemos debatirlas y la gente puede intentar desconstruirlas- tenemos que enfrentar un hecho muy desagradable. Y ese hecho desagradable es que hay una guerra de guerra importante, una guerra que ya es global. Va a la escala mundial, y la tecnología de hoy, los medios de hoy, el acceso de hoy a las armas de destrucción masiva, va a conducir a un conflicto global que creo que tiene que ser enfrentado hoy”.

Para Bannon, los únicos valores que importan son los de la civilización occidental, la de los blancos, la que hay que defender del islam, la de los cafés y negros.

Lo mismo piensa King. Hace unos días, al referirse al ultraderchista Geert Wilders, candidato puntero en las encuestas de las elecciones parlamentarias que hoy se realizan en Holanda, el gringo escribió en Twitter: “Wilders entiende que la cultura y la demografía son nuestro destino. No podemos restaurar nuestra civilización con los bebés de otra persona”. Al mencionar a los bebés de otra persona, el congresista aludía a los bebés no blancos, incluyendo latinos, que nacen en Estados Unidos y otros países.

Donald Trump, aunque no lo admita, como sí lo aceptan Bannon y King y muchos como ellos, tiene una pesadilla: que los no blancos y latinos sí lleguen a ser minoría a mediados de este siglo. Están aterrados y por eso insultan y agreden a mexicanos, árabes y otras minorías.

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Fecha: 
Miércoles, 15 de Marzo 2017 - 12:00
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Miércoles, 15 de Marzo 2017 - 20:45
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Jueves, 16 de Marzo 2017 - 08:00
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Ganar elecciones, perder gobernabilidad

Si bien hay países que se encuentran en mayores problemas que el nuestro, la situación económica, política y social de México dista de ser la mejor posible.

La Federación, los estados y municipios enfrentan problemas cada vez más complejos y muy pocos funcionarios demuestran ser capaces de resolverlos. Los legisladores federales y locales anteponen sus intereses personales, políticos y partidistas a los de quienes supuestamente representan. Los impartidores de justicia son incapaces de acabar con la corrupción que prevalece en la mayoría de los juzgados y tribunales del país.

Las consecuencias de la falta de capacidad de la mayoría de quienes conforman los tres poderes, tanto al nivel federal como el local, explica en gran medida la realidad que vivimos los mexicanos: la mala calidad de los servicios públicos, el dispendio, desorden y opacidad del gasto público, la creciente e insultante desigualdad económica y de oportunidades, los bajos salarios que percibe la gran masa trabajadora, el auge de la economía informal y de la delincuencia organizada y no organizada, los elevados niveles de inseguridad, las cotidianas e incontroladas protestas y manifestaciones ciudadanas.

Para empeorar las cosas, muchos de los que gobiernan al país, además de ser incapaces, carecen de los principios y valores éticos necesarios para actuar con probidad.

Y así seguirán las cosas mientras los partidos políticos sigan postulando candidatos con altas probabilidades de ganar una elección aunque los mismos no tengan las cualidades necesarias para realizar con eficiencia y honradez el cargo para los que sean electos. Y seguirán mientras los legisladores federales ratifiquen los nombramientos de funcionarios pensando solamente en cuotas e intereses partidistas. Y seguirán mientras los ciudadanos nos guiemos más por el corazón que por la razón al elegir a nuestros gobernantes y representantes.

No es casual la llegada al poder de individuos como Jaime “El Bronco” Rodríguez, Cuauhtémoc Blanco y otros más que no cuentan con la experiencia y la preparación adecuadas para realizar satisfactoriamente los cargos que ocupan. Sus triunfos en las urnas obedecen al rechazo que cada vez más mexicanos sentimos hacia la clase política que tanto nos ha fallado y hacia los partidos que han postulando candidatos solamente con base en las encuestas de opinión sin considerar si poseen o no los atributos necesarios para desempeñar exitosamente sus responsabilidades.

Todos los partidos parecen empeñados en ganar elecciones sin pensar en que lo más importantes es mantener y afianzar la gobernabilidad del país. Si siguen actuando con esa lógica es altamente probable que los tres niveles y poderes de gobierno sean rebasados por las circunstancias y el país se vuelva francamente ingobernable.

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Fecha: 
Miércoles, 20 de Enero 2016 - 12:00
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México, un país sin utopías

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En el bachillerato trabajé como escritor fantasma durante el curso de filosofía, sólo que como en aquel entonces no sabía lo que era un escritor fantasma y tampoco tenía la menor idea de que éstos cobrasen tanto dinero por su trabajo, no cobré un solo centavo por mi perversa y oculta actividad. Pero a cambio de eso gané algo que no se compra ni se vende en ninguna parte, y me refiero al gusto por la filosofía. Y si digo que me convertí en un escritor fantasma es porque hice el trabajo final de filosofía para mí y para muchos de mis compañeros de clase. Nuestro profesor era un sacerdote. El Padre L. Un hombre culto y carismático, que no sólo sabía mucho de filosofía, de psicología, teología y otros temas, sino que sabía lo más importante: enseñaba a aprender por uno mismo. A causa de los cursos del Padre L., sobre todo en lo que a los presocráticos se refiere, quise estudiar la carrera de filosofía. Sin embargo, cuando se lo dije a algunas personas, me dijeron que estudiar filosofía era una insensatez, ya que como filósofo terminaría siendo, como mucho, profesor universitario. De manera que realicé estudios “serios”, como estas personas me aconsejaron y, luego de dar muchos tumbos por la vida, y veinte años después, terminé siendo profesor universitario.

Pero volviendo al Padre L., lo cierto es que me tomó algún tiempo darme cuenta de que no había elegido estos dos libros (aparentemente contradictorios) para el trabajo final al azar, sino que quería confrontarnos a dos postulados opuestos que forman parte de lo mismo. Los libros eran El Príncipe de Maquiavelo, una obra crudamente realista, y Utopía, de Tomás Moro, la obra del idealismo por antonomasia.

 

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MÉXICO se ha convertido en una fosa común desmesuradamente grande. Más de 27,500 asesinatos en lo que va del sexenio de Enrique Peña Nieto; 24 cada día, 2 cada hora. La cifra nos sobrepasa. Y eso, sin contar el número de homicidios que no contemplan las cifras oficiales, ni a todos los desaparecidos que, seguramente, yacen bajo tierra o calcinados. Atroces imágenes en la prensa. La violencia es cotidiana y, de alguna manera, esperable; un día sin violencia sería una fábula. Las imágenes: cadáveres colgados de puentes peatonales (de la misma manera que en la Edad Media y en el Renacimiento temprano se colgaban las cabezas de los enemigos en las puntas de los árboles para ahuyentar a los bárbaros); dentro de coches y de camionetas, rociadas de balas, inertes cadáveres perforados y ensangrentados; a orillas de calles y carretras coches quemados y abandonados; y, por si esto no fuera ya estremecedor, cuerpos mutilados, degollados y decapitados en todas partes. Una violencia desmesurada, una brutalidad. Alcaldes, periodistas, extranjeros, gente común y corriente; nadie se salva, todos pueden convertirse en blancos de la violencia, de la perversidad. Matar por matar, a un ser humano, a diez, a cincuenta, ¿qué más da? Acabar de un chispazo con el milagro de la vida, y hacerlo con una vehemencia feroz. El individualismo, la falta de interés por el bienestar ajeno, la nulidad de emociones de los criminales es desgarradoramente desconcertante. El regreso a la estupidez, el retorno a la barbarie. No hay cultura, ni educación, no hay arte posible para humanizar a estos deshumanizados seres que han perdido su compasión. Las almas muertas no hacen sino engrosar esas cifras que se convierten en estadísticas dentro de las páginas de los diarios. Porque se han convertido sólo en eso: en cifras, fríos números sin nombres, sin historias, sin rostros. Números oficiales y números de cálculos extra oficiales. De tanto escuchar y ver las mismas noticias; los asesinatos y las desapariciones, nos hemos habituado, nos hemos todos insensibilizado. Los gobernantes hacen alianzas con los criminales u optan por la demagogia: «Combatiremos a la delincuencia con mano dura»; «No daremos marcha atrás en la lucha contra el crimen organizado». Palabras vacías. Palabras que se lleva el viento. ¿No dicen que a grandes males, grandes remedios?, pero aquí sólo hay grandes males y remedios insuficientes. ¿Qué tiene que pasar para que el gobierno y las fuerzas del orden público limpien sus letrinas y se pongan a actuar de verdad?

 

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Resignada parece la sociedad al enriquecimiento ilícito de tantos políticos incapaz de hacer nada. Junto con las noticias sobre la violencia, nos enteramos de las riquezas que, mientras los criminales se matan y la sociedad lucha por vivir en un país que nada más no levanta (o que levanta sólo para algunos), esos políticos acumulan más dinero y bienes a su patrimonio y, por si fuera poco, quedan impunes. Son la indiferencia y el urgente deseo por enriquecerse, los dos signos más abyectos de nuestro tiempo. La sociedad se cae dentro de un precipicio ético. El que pudiendo enriquecerse no lo hace, el que tiene amigos en el gobierno y no consigue contratos, el que no busca el bienestar económico, el que no pone al dios dinero por encima de otros dioses, es un estúpido. Ya nadie confía en los políticos, se han convertido en una clase despreciada por todos. Pero no les importa, los políticos, desde siempre, siempre han sido cínicos. A su retiro se van a administrar sus fortunas, a vivir como reyes con el dinero que otros ganaron. No hay arrepentimiento, no hay conciencia; sólo voracidad y cinismo. Y los pocos honestos, son asesinados o detenidos, no vaya a ser que arruinen el lucrativo negocio de la política.

Soborno, malversación, tráfico de influencias, abuso de funciones, enriquecimiento ilícito, blanqueo de capitales, encubrimiento, obstrucción de la justicia, corrupción política, trato de blancas; es claro que no sólo los políticos son responsables de la corrupción, lo somos todos los mexicanos, la sociedad en general. De una manera u otra, todos participamos y toleramos esa forma de vida. ¿Quién no ha sobornado a un policía? ¿Quién no ha pagado por un trámite? ¿Quién no ha tolerado que sus gobernantes le roben? ¿Quién no se ha conformado con el gobierno mediocre que tiene? ¿Quién ha acusado de corrupto a un amigo o al padre de un amigo, que todo el mundo sabe que se ha enriquecido con un cargo público o de la obtención de un concurso público amañado?  

¿Es posible detener la corrupción cuando ha llegado a esta magnitud? No lo sé, pero hay que empezar pensando que sí. Las utopías de hoy, son las realidades del futuro.

 

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Estamos divididos. La sociedad mexicana siempre ha estado fragmentada. Desde la conquista. La independencia fue el primer gran sueño utópico; la llevaron a cabo los criollos y, como siempre, los indígenas pasaron de ser explotados por la corona, a ser explotados por los criollos. La revolución fue el segundo gran sueño utópico; al final sólo se cambió una tiranía por otra. La realidad es ésta, por más que contradiga la otra cara del mexicano, la del hospitalario, el amable, el generoso, que también lo es. Los mexicanos somos buenas personas, pero nos metemos el pie entre nosotros. Hay un desprecio generalizado de unos por otros. “Güeritos” y “morenitos”. “Hijos de papi” y “nacos”. “Hijos de españoles y europeos” y “mestizos”. Los “de coche” y los “de a pie”. Los “políticos” y los “ciudadanos”. Los “poderosos” y los “pordioseros”. Los “cultos” y los “incultos”. Los “ricos de siempre” y los “nuevos ricos”. Los de arriba explotan a los de abajo, los de abajo roban y matan a los de arriba. Todos están resentidos. Las élites culturales dicen quien puede formar parte de ellas y quien no. Siento escribir esto: México, como nación, no es una nación unida, en el país imperan el odio, el menosprecio y el resentimiento. En México ya no se valora el trabajo, se valora el dinero. Y eso explica en gran medida el descontento social y la violencia que se ha generado. Los mexicanos (buscando siempre mostrar nuestros orígenes extranjeros) somos malinchistas. No somos ni nacionalistas, ni patriotas. El enemigo de México es su clascismo, su falta de unidad, la ineficacia y corrupción de su gobierno. No podemos convivir en paz entre nosotros mismos, porque los mexicanos estamos en guerra.

 

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La utopía consiste en el rechazo de la realidad actual y en la construcción imaginaria de otro lugar mejor, que muchas veces está ubicado en un tiempo mejor. La utopía permite confrontar la realidad actual con esa realidad alternativa. Y esa comparación debería de permitir encontrar una mejor realidad, ajustada a las circunstancias y al contexto actual. Las sociedades prehispánicas han sido idealizadas. No obstante, no constituyen las sociedades perfectas en las que a veces se piensa y, sin embargo, el pasado, con esa alegoría que ilumina a las sociedades primitivas, son necesarias para recuperar el presente y perfilar un futuro (tomar lo mejor del pasado y actualizarlo). El problema de vivir sin utopías consite en la falta de una verdadera visión de pasado, presente y futuro.

La utopía moderna siempre ve hacia delante y pone los sueños en una vida colectiva mejor.  

En su ensayos titulados Las cinco grandes utopías del siglo XX, el escritor Pedro Paunero escribió que «en la mayoría de las utopías o distopías, los ciudadanos están inmersos en un socialismo marcado por la igualdad y la negativa a acumular riquezas materiales, la tolerancia religiosa, la agricultura como el trabajo más deseable, los sabios como detentadores del poder (el gobierno de los mejores) y la uniformidad en las vestimentas y la educación». La utopía moderna aspira a lo mismo, pero en un contexto dentro del cuál se tiene claro que las utopías totalitarias, de izquierda y de derecha, tuvieron estrepitosos fracasos y sólo condujeron a la creación de sociedades controladas que vivieron vidas infelices. La utopía moderna no propone una sociedad igualitaria, sino una más libre, basada en los principios de felicidad individual y, al mismo tiempo (lo uno debería llevar a lo otro), de la felicidad social a la que toda utopía debe aspirar.

 

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«La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces, para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar», escribió ese soñador de mundos mejores que fue Eduardo Galeano.

Me temo que los políticos y los partidos políticos, de tan ocupados que están en obtener nuevos puestos y en dar puestos a sus amigos más leales, en ganar elecciones, en repartir espejitos y espejismos a la población y en ajustar sus sueldos de acuerdo al incremento de los precios de sus lujos, no tienen tiempo para construir utopías.

México es un país sin utopías. O, mejor dicho, México es una distopía.

Tal vez, a muchos políticos les hubiera venido bien un maestro de filosofía como el Padre L., que no sólo les hubiera enseñado a aprender filosofía, sino que les hubiera recomendado la lectura de algunos pensadores utópicos aunque, como yo, hubieran tenido que volverse escritores fantasmas en lugar de funcionarios fantasmas.

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Fecha: 
Viernes, 08 de Enero 2016 - 16:00
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La batalla por el Mando Único

Empezando por el gobernador Graco Ramírez, toda la clase política morelense está de cabeza alrededor de dos temas: el asesinato de la presidenta municipal de Temixco, la perredista Gisela Mota, y la instauración por decreto del mando único policíaco en la entidad. Es claro que esta confusión, a la que ha contribuido el propio Graco, beneficia diversos intereses locales que se empalman con los del crimen organizado.

Los opositores al mando único no representan una corriente homogénea, los hay que por principio no están de acuerdo con escamotear al municipio una de sus atribuciones constitucionales. En los hechos, argumentan, eso sería anular a los municipios como un nivel de gobierno. Se dice que el mando único no será la panacea que pregonan sus propagandistas. En lugar de esto, proponen que se discutan fórmulas que blinden a los municipios, es decir que los fortalezcan, en lugar de simplemente anularlos. Sin embargo, la clase política nacional no parece interesada en iniciar siquiera una reflexión en este sentido.

El gobernador Ramírez, como la mayoría de los mandatarios estatales, está de acuerdo con la solución del mando único, algo que prometió como parte de su campaña. Sin embargo, ha arribado al cumplimiento de su propuesta de manera chapucera. En primer lugar, ha atribuido el asesinato de su correligionaria Gisela Mota al crimen organizado y ha asegurado que se debió a que esta apoyaba el mando único. Al mismo tiempo, integrantes de su gobierno han asegurado que quienes se oponen al dichoso mando único son ignorantes o cómplices del crimen organizado. Ambas afirmaciones deberán probarse.

En este universo de ignorantes o cómplices, cabe el exfutbolista y flamante presidente municipal de Cuernavaca Cuauhtémoc Blanco, quien considera que la imposición del mando único equivale a un “golpe de Estado”. Otro alcalde, Enrique Alonso, de Tlalquitenango, asegura que fue amenazado por el comisionado estatal de seguridad, Alberto Capella, por oponerse al mando único. Más aún, el propio Graco ha señalado que algunas personas cercanas a Blanco son parte del crimen organizado y que el hermano del cantante Joan Sebastian es parte de esa mafia. Ambos personajes han salido a los medios a exigir que se prueben los dichos del mandatario estatal, que nos ha resultado tan boquiflojo como el propio Cuauhtémoc Blanco.

En esta guerra de declaraciones temerarias y confusiones, el gobierno federal sólo ha dicho que apoya a Graco en el tema del mando único. Esto es lógico, el mando único es una propuesta hecha por el presidente Calderón en su momento y retomada por el actual presidente Peña Nieto, pero que no ha logrado concretarse en el Congreso y en la vida real. Curiosamente, todas las chapucerías morelenses podrían estar decidiendo el éxito o el fracaso del famoso mando único. 

Fecha: 
Miércoles, 06 de Enero 2016 - 17:00
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Temixco: inicia el año con el maniqueísmo de siempre

Mal inicia la semana para quien matan en lunes, dicen por ahí, y mal las cosas empiezan en el año para Morelos. En efecto, el asesinato de la alcaldesa electa de Temixco, la perredista Gisela Mota, subraya varios fenómenos a los que no se ha querido dar carta de plena existencia. El primero, es la situación de inseguridad que se vive en el corredor Guerrero-Morelos, que hace mucho rebasó a las autoridades locales, sean municipales o estatales. Ni Héctor Astudillo ni Graco Ramírez parecen asumir la situación y se dedican a responder con lugares comunes ante los hechos sangrientos que suceden cotidianamente. Las autoridades federales también están rebasadas, pero de diferente manera. Los gobiernos locales no parecen saber qué pasa, tampoco parecen poder contra el crimen organizado que está enquistado en esferas de poder. Además, da la impresión de que no quieren sumarse a una lucha a la que temen. No saben, no pueden, no quieren.

En cambio, el gobierno federal sí sabe y sí quiere, pero no puede. Son tantos los asuntos en los que los policías federales y las fuerzas armadas están involucrados que no se dan abasto. Ahora no sólo se dedican a mantener la seguridad y combatir el crimen, además de ayudar a la población en casos de emergencia, sino que custodian a los maestros que tratan de cumplir con la evaluación. Son muchos pequeños incendios (algunos no tan pequeños) y los guardianes del orden no son tantos. Han estado más de ocho años en las calles, han muerto muchos de sus elementos, ¿cuánto tiempo más se puede mantener este esquema?

Por lo pronto, el gobernador Ramírez ha dado su explicación de lo que sucedió tras la muerte de la presidenta municipal de Temixco: se trató de un intento de frenar el mando único. Por esa razón, ayer en la tarde decretó que todos los municipios de la entidad estarán regidos por ese mando. Mientras, algunos personajes como Javier Sicilia reprochan al gobernador lo imposible: que le brinde protección a los presidentes municipales, a todos ellos. Los medios y las autoridades explican que la zona está bajo control del grupo delictivo de Los Rojos, quienes se oponen a que las autoridades tomen el control.

Esta narrativa en términos de buenos y malos niega algo esencial: no hay manera de que las bandas criminales subsistan si no es a través de una vasta red en donde están involucrados funcionarios y población civil, quienes obtienen ganancias a cambio de proteger los intereses de dichos criminales. Los personajes críticos debían también encaminar sus palabras para exigir que todas las personas involucradas paguen por sus delitos. Estos delincuentes pasan por ciudadanos honorables y en realidad son cómplices de los peores crímenes en la historia reciente de nuestro país. 

Fecha: 
Lunes, 04 de Enero 2016 - 17:00
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Futurismo distractor

Platicaba con un buen amigo mío hace un par de días y me explicaba cómo desarrolló exitosamente su carrera profesional dentro de la misma organización. Recién egresado de la universidad fue contratado por una importante corporación trasnacional para ocupar un cargo de bajo nivel y mínima responsabilidad. Trabajó duró y lentamente fue ascendiendo hasta llegar a ser uno de los vicepresidentes con más poder y personal bajo sus órdenes. Después de casi 40 años de servicios se jubiló y hoy vive rodeado de comodidades y sin ningún problema económico. No fue presidente porque ese cargo siempre ha sido para un extranjero oriundo del país sede de la empresa.

Mi amigo me dijo que siempre se concentró en hacer su trabajo de la mejor manera posible, sin pensar si por ello lograría ascender dentro de la jerarquía corporativa. Le quedaba muy claro que la empresa para la que trabajaba premiaba a la gente con base en sus méritos y que solo los que mejor se desempeñaban tenían oportunidad de avanzar dentro de la organización. Ahí no servían de mucho las intrigas contra compañeros trabajadores, las actitudes serviles ante los jefes ni la politiquería barata. Lo único que se tomaba en cuenta para ascender al personal era la excelencia en el trabajo. La competencia era contra uno mismo y los demás. En resumen: una verdadera meritocracia que ha contribuido a que esta empresa sea una de las más importantes y poderosas del mundo del mundo.

La historia de mi amigo es similar a la de muchas mujeres y hombres que han accedido a los más altos cargos dentro de empresas profesionalmente administradas, en donde los ascensos se dan por los méritos y logros individuales.

También, la historia de mi amigo contrasta mucho con las de tantos funcionarios que, siendo unos ineptos e incapaces, han llegado ha ocupar cargos de alta jerarquía y responsabilidad dentro del sector público, sea dentro del poder ejecutivo, legislativo o judicial, sea al nivel federal, estatal o municipal.

Hable con cualquier funcionario de alto nivel de cualquier gobierno estatal, incluido el Distrito Federal. La mayoría de los miembros del gabinete del gobernador o jefe de gobierno del DF se ven como los sucesores al cargo de sus respectivos jefes y son capaces de todo con tal de lograr su objetivo: desprestigiar a los colegas, intrigarlos con el jefe, hacer alianza con el mismísimo diablo; todo, menos realizar su trabajo de la mejor manera posible. Sus actuales responsabilidades las delegan a los subordinados que consideran como los más fieles e incapaces de traicionarlos mientras ellos se dedican a perseguir el jugoso hueso que representa el puesto de gobernador o jefe de gobierno. El problema es que esos subordinados también están concentrados en ver cómo heredan el cargo de su jefe. Y así, hasta los niveles más bajos de la burocracia.

Claro que dentro del sector público hay algunas excepciones que confirman la regla, pero la verdad es que los méritos, la excelencia y el profesionalismo de un funcionario rara vez son los ingredientes que explican su éxito.

Para los funcionarios ambiciosos el futuro es lo que importa y el presente no. Este futurismo los distrae de sus responsabilidades y por eso no debe sorprendernos de que en nuestro país el gobierno sea tan ineficiente e ineficaz. Es más, debería sorprendernos de que haya gobierno cuando los principales responsables del mismo están dedicados en cuerpo y alma a buscar el siguiente cargo dentro de la jerarquía del poder.

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Miércoles, 09 de Diciembre 2015 - 12:00
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¿Por qué será recordado Peña Nieto?

Mientras más trascendente sea la obra de un gobernante más de lo que hizo quedará grabado en la memoria de sus gobernados y será conocido por los descendientes de estos.

Al final de cuentas, la historia recuerda a los gobernantes por muy poco de lo bueno y lo malo que hicieron. Lo que hoy es noticia será una mera anécdota dentro de algunos años y después de algunas décadas o siglos una mínima parte de lo que hizo un presidente, primer ministro, rey, emperador, gobernador, presidente municipal o tlatoani aparecerá en los libros de historia que entonces se escriban.

Hagamos un breve ejercicio para corroborar lo anterior. ¿cuál es el detalle que más recuerdo de los gobiernos de los presidentes de México que me han tocado durante mi vida adulta? Veamos.

A Gustavo Díaz Ordaz (1964-70) lo recuerdo por la matanza de Tlatelolco, a Luis Echeverría (1970-76) porque endeudó al país y lo llevo a la quiebra, a José López Portillo (1976-82) porque siguió endeudando al país y lo llevo a otra quiebra, a Miguel de la Madrid (1982-88) porque que no supo qué hacer después de los sismos de septiembre de 1985, a Carlos Salinas (1988-94) porque suscribió el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, a Ernesto Zedillo (1994-2000) por el error de diciembre que llevó al país a otra quiebra, a Vicente Fox (2000-06) porque sacó al PRI de Los Pinos, a Felipe Calderón (2006-12) por las decenas de miles de muertos - 110,000 según algunos cálculos- que durante su sexenio dejó la guerra contra la delincuencia que declaró sin consultárselo a nadie.

Claro que la gestión de cada uno de los ocho expresidentes no se reduce ni define por lo que más recuerda uno de ellos, pero la realidad es que la mayoría de las personas ya se olvidaron de casi todo lo que realizaron durante sus respectivos sexenios.

Por ejemplo, entre algunos de los aspectos positivos de estos expresidentes, dudo que muchos recuerden que el gobierno de Díaz Ordaz construyó las primeras líneas del Metro de la Ciudad de México y supervisó la impecable organización de los Juegos Olímpicos de 1968. O que Echeverría ordenó la creación del Infonavit. O que durante el mandato de De la Madrid México se adhirió al GATT y empezó a abrir su economía al mundo. O que Salinas decidió reestablecer las relaciones entre el Gobierno y la iglesia católica y reconocer los derechos de las iglesias. O que gracias a Zedillo se consolidó la apertura política del país. O que durante el sexenio de Fox se respetó como nunca la libertad de expresión de los periodistas. O que Calderón amplió la base de contribuyentes, de 24 millones en 2007 a 37.5 millones en 2012.

Durante los últimos días mucho se ha escrito y dicho sobre los primeros tres años del gobierno de Enrique Peña Nieto. Para mí, dentro de años o décadas el actual presidente de México será recordado por haber logrado el Pacto por México y las reformas que emanaron de éste, muchas de las cuales rendirán beneficios a mexicanos que ni siquiera han nacido.

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Jueves, 03 de Diciembre 2015 - 12:00
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De Liberal a “liberal”

El pasado cinco de noviembre, la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación otorgó el primer amparo para el autoconsumo lúdico de la marihuana, excluyendo cualquier posibilidad de venta y comercialización. Múltiples voces han hecho hincapié en el talante liberal de la decisión de la corte, argumentando que la raíz y el fundamento del proyecto del Ministro Zaldívar radican, esencialmente, en la defensa de la libertad y de la iniciativa individual, fomentando la tolerancia entre particulares. 

Reflexionando acerca del tema en una tertulia efectuada en casa durante los días pasados, y, en efecto, buscando algún punto para propiciar el debate abierto, opté por cuestionar a los presentes si podían ubicar, temporalmente, el punto exacto en el cual los principios del liberalismo y la república, fundamentada en ellos, habían logrado actuar de manera sincrónica, coordinada, teniendo un sendero y un destino aparentemente comunes. O, al menos, en qué momento ambos habían estado más cerca de lograrlo. A pesar de las muy diversas argucias que esgrimían periodos y épocas distintas a modo de respuesta, el gobierno juarista y las leyes de reforma resultaron ser las más numerosas. 

-Falso, puntualicé en aquel momento, tal y como lo hago ahora.  

Jamás, a lo largo de la historia de nuestro país, los ideales liberales y La República, han transitado sendas más distantes, e incluso contrapuestas, como lo hizo bajo la presidencia constitucional de Benito Juárez García. La resolución de la corte y su carácter liberal, mismas que nos ocupan hoy día, le deben más a un monarca europeo y a sus colaboradores. Explico.

La noche del 17 de junio de 1867, un extranjero que respondía al nombre de Fernando Maximiliano Jose Maria de Habsburgo y Lorena y a quien le correspondieron primero, el titulo de archiduque de Austria y después, el de Emperador de México, se hallaba recluído en una celda del convento de las monjas capuchinas en el primer cuadro de la ciudad de Santiago de Queretaro, capital del estado del mismo nombre. Su efímero periodo al frente de la nación mexicana había llegado a su fin. 

Dejaba tras de sí, sin embargo, un copioso legado legislativo que sentaba las bases de un estado institucional. El emperador de origen austriaco, motivado tanto por su educación como por el compromiso adquirido de someter la monarquía al mandato constitucional, promulgó el Estatuto Provisional del Imperio Mexicano el 10 de abril de 1865, el cual tuvo validez jurídica y sentó los precedentes de una importante legislación de carácter prioritariamente social (e institucional) que garantizaba los derechos del hombre y del trabajador. Dicha legislación, generada por una asamblea de notables, misma que fue creada entre los meses de junio y agosto del año de 1863 y derivada del estatuto provisional, constituyó más un esfuerzo por crear una herramienta de gobierno que una constitución en sí misma, sin embargo, su visión y alcances, nos permiten resaltar algunos puntos tales como: 

  • La creación de una ley orgánica que dividía el territorio nacional para una más eficiente administración, una ley sobre la administración de justicia y de la organización de tribunales y juzgados al servicio del Imperio, una ley sobre lo contencioso administrativo y su respectivo reglamento. Aun más relevantes, al menos en cuanto al tema que nos atañe, resultan aquellas de carácter social e individual: Una ley de garantías individuales, un decreto de libertad del trabajo, liberando a los indígenas que trabajaban como peones y que proponía la extinción de deudas contraídas con sus empleadores, eliminando los castigos físicos en las haciendas que involucraban la prisión, azotes, y cualquier otro tipo de sanciones corporales, moneda corriente en el gobierno juarista. 

Nunca, y menos en tan poco tiempo, gobernante alguno elaboró una legislación tan extensa, con un enfoque prioritariamente apegado a los principios del liberalismo como lo hicieron Maximiliano de Habsburgo y su corte. Los conservadores, por otro lado, sector que había apoyado la decisión (francesa) de llevar al noble europeo a tierras mexicanas, desencantados por su talante político y sus propuestas, muy pronto se desentendieron de él y de sus intentos gubernamentales.

Más que a cualquier otro, la cruzada emprendida por el bando liberal mexicano con Juárez a la cabeza, en contra de aquel regente, apeló al discurso (del déspota) de la amenaza de un enemigo extranjero. La monarquía, a pesar de sus características, ideales, propuestas y anhelos progresistas, debía ser derrocada. Cualquier injerencia de carácter externo en los asuntos del país, representaba una afrenta. Con ello, el concepto de la república en sí mismo se situó por encima de los ideales liberales que supuestamente esgrimía (e irónicamente, compartía con el monarca nacido en Viena). El emperador, abandonado a su suerte por Francia, que requería las tropas de vuelta en la Europa continental y por sus aliados conservadores, decidió mantenerse en México hasta que, sitiado por el ejército republicano, debió entregar su espada de rendición al General Ramón Corona y ponerse en manos de sus oponentes. Mientras el regente europeo esperaba pacientemente su fatal porvenir, Victor Hugo, el renombrado autor de Les Misérables y Notre-Dame de Paris, escribió de su puño y letra y remitió a Benito Juárez una carta solicitándole, de liberal a liberal, respetar la vida del regente europeo, consiente ya de la derrota del imperio:

“(…) Hoy pido a México la vida de Maximiliano, (…) Maximiliano le deberá la vida a Juarez ¿y el castigo?, preguntarán. El castigo, helo aquí, Maximiliano vivirá, por la gracia de la república”. 

La gracia de La República, en manos del jurista oaxaqueño, decidió ignorar la petición del literato francés y la mañana del 19 de junio de 1867, Maximiliano de Habsburgo y Lorena, junto con Tomás Mejía y Miguel Miramón, fue fusilado en la cima del Cerro de las Campanas, tras un juicio sumarísimo cuya sentencia fue dictada por un tribunal militar compuesto por un teniente coronel y seis capitanes del ejercito liberal, sin derecho a apelaciones. 

Con lo anterior, nuestra nación retrocedió a pasos agigantados durante las décadas posteriores a la muerte del hijo de Francisco Carlos de Austria y Sofía de Baviera, dejando de lado las propuestas y leyes creadas por él. Cuarenta y tres años más tarde, serían precisamente la falta de garantías individuales, la ausencia de libertad en el trabajo, la acumulación de deudas por parte de los trabajadores y el enrarecido clima político, entre muchos otros, los elementos que servirían de tierra fértil para que germinara el estallido social denominado como La Revolución Mexicana de 1910. En aquel episodio, La República había renegado de los principios que la habían constituido, buscando su prevalencia y con ello, se negó a sí. 

Los próximos meses nos permitirán visualizar, en su justa medida, los alcances de la resolución emitida por la Suprema Corte considerando tanto el precedente de acción como, elemento que se obvia, la jurisprudencia que sentará. Las diversas posturas que de ella emanan deberán, necesariamente, atraer al debate aspectos tales como: la postura prohibicionista, la salud pública, la criminalización del consumidor, el dominio y libertad propios así como la postura intervencionista y regulatoria del Estado, entre muchos otros. Hoy, La República a través de sus instituciones, y las premisas liberales, deberán decidir ante la disyuntiva de converger en un mismo fin, la mejora social y civil, es decir, si son fieles mutuamente o por el contrario, optan por separarse y seguir senderos distintos, como aquel no tan lejano año de 1867.

Veremos. 

Foto: www.mexicoenfotos.com

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Fecha: 
Martes, 24 de Noviembre 2015 - 19:00
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