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La 4T y la claudicación en materia de seguridad

El presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) asumió el costo político de la fallida operación militar que buscaba detener al hijo del Chapo Guzmán, Ovidio Guzmán López, el pasado jueves 17 de octubre, cuando el poder bélico del cartel de Sinaloa, logró poner contra las cuerdas al Estado mexicano y hacerlo claudicar en su misión de garantizar la seguridad pública de sus gobernados. Con este error en el operativo militar se asesta un durísimo golpe, casi fulminante, a la credibilidad del régimen en materia de seguridad.

Aunque la decisión de replegarse fuera correcta al desatarse el caos, y considerando el número de probables víctimas, después del desastre provocado, para la opinión pública no fueron bien vistos los resultados del fracasado operativo. Cuestiones tan inverosímiles como que no existía una orden de aprensión, una adecuada estrategia de extracción del detenido, además de minimizar el poder de reacción del cartel de Sinaloa, en su territorio que domina literalmente como nadie. La catastrófica acción de las fuerzas federales confirmó que el país continúa con importantes zonas de fuera del Estado de Derecho y en dominio total de los grupos delincuenciales y el narcotráfico.

Mal empezaba la semana para el presidente AMLO desde el lunes 14 cuando su “dubitativo” e increíblemente aún secretario de seguridad pública, Alfonso Durazo, expresaba que en materia de seguridad no había nada que presumir ante el incremento de la violencia y asesinatos en el país. Las ligeras tendencias a la baja, no ocultaban la difícil realidad de un país sumido en una espiral incontrolable. El secretario pedía tiempo para ver resultados más palpables, pero la emboscada en Aguililla contra policías estatales de Michoacán y los presuntos enfrentamientos en Iguala, Guerrero dejarían semi noqueada la estrategia en materia de seguridad del gobierno federal.

La política de comunicación social, terminarían por sepultar los intentos de controlar los daños provocados en la primera gran crisis para el gobierno de AMLO. El 17 de octubre pasado, el secretario Durazo afirmaba en un confuso mensaje que se había detenido a Ovidio García luego de un enfrentamiento casual y que el cartel intentaba realizar caos para presionar su liberación.

Posteriormente se corrieron versiones que se le había liberado ante la imposibilidad de mantenerlo a resguardo y de proteger al personal militar que lo capturó. En la mañanera siguiente desde Oaxaca, el presidente confirmó que en realidad fue un operativo fallido del gabinete de seguridad, quien ante lo inminente de un desastre mayor, decidió desistirse de su captura. Ante las versiones contradictorias de lo sucedido por parte de las mismas autoridades, nunca quedó claro si tenían asegurado al hijo del capo sinaloense.

Horas de vacíos informativos fueron llenados por la versión de que el estado había claudicado ante la delincuencia organizada, dejando en calidad de ineptos y ridículos a todo el gabinete de seguridad que no atinó a preparar un operativo con las mínimas posibilidades de éxito.

El golpe a la administración de AMLO es brutal y cargará con el hasta el final del sexenio, representa lo que nunca pudo hacer la oposición fraccionada y hasta ridícula en su actuar. Un operativo mal ejecutado y con consecuencias funestas, pudo haber destruido la credibilidad del régimen, pues otra pifia de estas características será devastadora.

La claudicación en materia de seguridad desnuda lo que la realidad en numeralia expresaba, es una situación grave que se ha descontrolado, el número de mexicanos que muere diariamente en crímenes dolosos asciende a más de ochenta. Con la entrega del hijo del Chapo a su organización criminal, se opacó el reinició con bombo y platillo de los trabajos de la construcción del aeropuerto cívico-militar de Santa Lucía, luego de que se destrabaran los cientos de amparos jurídicos en su contra. Incluso el PAN realizó ante la Fiscalía General una denuncia contra el secretario de seguridad pública y el mismo presidente AMLO.

El desaseo dominante en el gabinete había sorteado muchos desafíos de forma afortunada, se percibía la triste realidad de que en algún momento, tantas cosas hechas con demasiada premura o improvisación, iban a estallarle en la cara al presidente tabasqueño, tan poco afecto a la reflexión o el análisis autocrítico.

Quedará la duda sobre qué era menos devastador, si lidiar con una ciudad hecha un caos, incendiada y con muertos, pero con un alto capo detenido y presentado ante la ley para extraditarle, o haber cedido al terror y las amenazas de grupos delincuenciales que doblegaron a las fuerzas del orden y les dejaron en un ridículo total a nivel mundial, con la salvaguarda de haber evitado un mayor derramamiento de sangre.

Esta herida profunda auto infringida por la miopía y la improvisación, es oro molido para la oposición que desposeída de argumentos sólidos, encontraron en la fallida detención del objetivo, la bola de nieve que intentarán alimentar durante todo el resto del sexenio. 

El régimen si bien se mantiene fuerte por su conformación de mayorías legislativas y aún mucha popularidad en torno a la figura presidencial, después del desastre en Culiacán, es vulnerable ante los ataques políticos de la jauría de opositores que han olido la sangre de la incompetencia. Se está a tiempo de recomponer las falencias en su estrategia pacifista, sería un suicidio pretender que después del operativo fallido, todo sigue igual y se pretenda minimizar la tragedia ocurrida.

Lo más grave es el mensaje imperante de que los grupos delincuenciales son amos y señores en amplias zonas del país y el Estado mexicano (aunque ya se presuponía) no es capaz de hacerlos entrar en orden, lo que provoca una percepción de vulnerabilidad generalizada, desde los mandos superiores castrenses hasta los ciudadanos comunes que se saben indefensos en un contexto de violencia infernal.

Dedicado a “Kriszta”, gracias por tu tenacidad y hacer realidad una historia fantástica. Eres mágica y bella en todo sentido.

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Fecha: 
Martes, 22 de Octubre 2019 - 12:00
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Martes, 22 de Octubre 2019 - 14:15
Fecha C: 
Miércoles, 23 de Octubre 2019 - 03:15
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Así piensa el presidente de México

El concepto de realidad proviene del latín «realitas» y hace alusión a todo lo que efectivamente existe, a lo real; es decir, a todo lo que no forma parte de la imaginación o la fantasía y que tiene la propiedad de existir porque puede ser percibido por alguno de los sentidos o por la razón.

No debemos sorprendernos cómo se comporta —como actúa, como piensa— el presidente de México: Andrés Manuel López Obrador. Mi conclusión es que es congruente con la forma que tiene de pensar desde hace muchos años y con lo que sostiene hoy en día. ¡Está convencido hasta la médula de los huesos de lo que está haciendo, es para la bienestar de los mexicanos!

Prueba de ello, es el debate que sostuvo hace mucho tiempo, en el año 2000 con el famoso Diego Fernández de Cevallos —“el Jefe”— en presencia del periodista Joaquín López Dóriga y que se puede ver en esta liga. Es muy interesante verlo y escucharlo. Sus ideas son claras y hasta habla de corridito. Asimismo su pensamiento se revela en la gran cantidad de libros que ha escrito y en los que expone su forma de pensar y su idea de cómo solucionar los graves problemas nacionales. ¡Toda una filosofía!

Ahora, el presidente “amenaza” con la publicación de un libro nuevo, que estará disponible en las librerías en diciembre, y que se llamará “Hacia la Economía Moral” y en el cual promete que expondrá muchos temas. El éxito editorial que auguro no tendrá precedente y ni los libros de Harry Potter han obtenido.

De esta manera, podemos constatar que el presidente no sólo se levanta al alba, para presidir la reunión con el gabinete de seguridad, en donde todos los días constata la gran cantidad de confrontaciones que diariamente se dan entre las distintas fuerzas de seguridad pública y las del crimen organizado —de las que la calidad del armamento con que cuentan es impresionante—.

Seguramente la gran cantidad de muertos de la contabilidad diaria no lo dejan dormir y por ello se levanta tan temprano. Así continúa con dos horas de sus conferencias de prensa y luego visita los fines de semana distintas zonas del país en donde escucha a la población y según él, constata el estado de las regiones que visita, en donde no creo que encuentre algo nuevo.

Antier presidió la inauguración de una de las obras emblemáticas de su gobierno: el aeropuerto de Santa Lucía —con fanfarrias y un espectáculo que ya hubieran querido armar los gobiernos neoliberales que lo antecedieron. La austeridad se hizo de lado y la fuerza del estado se dejó sentir para que a los opositores y observadores nos les quepa duda alguna de quién manda. El sistema judicial le permitió desechar los amparos que había interpuesto ese grupito de malosos de sus adversarios: la exmafia del poder. ¿Habrá habido mano negra?

Dentro de algún tiempo —no mucho— me parece que “la realidad” se va a imponer y sabremos si la decisión de construir el “Sistema Aeroportuario de la Ciudad de México” fue la correcta. De hecho, no sólo en este tema, sino de la realidad para el crecimiento económico, el combate a la inseguridad pública y a la corrupción que, para muchos dejan “harto qué desear”.

Esperemos que “todo este deseo no forme parte de la imaginación o la fantasía” y pronto podamos constatar que el proyecto de la Cuarta Transformación es una realidad para la prosperidad de todos los mexicanos.

Fecha: 
Viernes, 18 de Octubre 2019 - 09:35
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Viernes, 18 de Octubre 2019 - 11:50
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Sábado, 19 de Octubre 2019 - 00:50