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Los famosos y los célebres: Date a desear y olerás a azahar

Decidí hacer mi servicio social en el museo de Frida Kahlo, un lugar que, aunque sea un ícono de la cultura mexicana y universal realmente, resultaba por de más incongruente con mi carrera. Pero me dije: por algo estoy aquí. Me aferré a creer que esto sería algo más que se sumara a mi larga lista de decisiones desafortunadas en mis veinte. Tal vez fue mi fascinación por lo célebre lo que me llevó ahí de manera inconsciente. 

Lo primero que noté fue que el lugar desmerecía en belleza y valor histórico entre turistas y locales igualmente taimados sólo visitando como "tocando base" en uno de los puntos turísticos obligados. El museo reservaba su mejor cara a los tuvimos la fortuna de poder recorrerlo los días que no abría al público. 

Dentro de Casa Azul se intercambiaban anécdotas, relatos y mitos. Para historias de terror ibas con los policías, "…a mí se me apareció una vez en el baño de su recámara, ¡sacó la mano por la ventana y me hacía señas con el dedo para que me acercara, señorita!" Para las historias detrás de las pinturas estaban los guardias de sala, "cada pico de la sandía representa las veces que el panzón desgraciado le puso el cuerno." Yo creo que todos teníamos opiniones encontradas respecto a las obras de Frida y Diego (me gusta pensar que me he ganado el derecho de tutearlos), pero todos coincidíamos en lo más obvio: fueron personas que en su tiempo provocaban intriga y fascinación tanto como lo siguen haciendo. 

En el área de Restauración, nos explicaron a mi compañero y a mí, que todo sería tratado como una obra de arte, vaya, hasta las cosas más cotidianas como papeles del banco, recibos y notas personales. No pasaba un día en el que no me sintiera privilegiada por lo que me tocó ver: los bosquejos de los murales que ahora adornan edificios alrededor del mundo, dibujos pícaros que alguna vez intercambiaron, cartas, etc. Mi trabajo consistía en elaborar guardas (una especie de sobres a la medida con dobleces intricados, hechos con un papel especial para conservar las obras en buen estado); una tarea que podía atormentar hasta la persona mejor intencionada. Admito que después de un tiempo se vuelve una tarea enfadosa hacer una guarda para la enésima copia de un papel que seguramente ni ellos se acordarían de él. 

Lo que más me gustó ver durante mi tiempo ahí eran las cartas personales. Específicamente una que iba dirigida a Diego de parte de un admirador canadiense. No sé si la carta despertó en mí mi lado groupie de clóset o qué, pero me conmovió el saber que Diego la conservó porque la consideró valiosa. Yo la leí y releí imaginando cuál habría sido la respuesta, dando por hecho que  W. Kenneth Hoff tuvo una. 

Creo que el mundo de las personas que son consideradas famosas y/o célebres siempre ha poseído algo de misticismo, nos intriga y fascina, o al menos así lo veo yo, aunque los conceptos "fama" y "celebridad" son muy distintos.

Los célebres cada vez son menos y ahora cualquiera puede ser famoso. Pero, ¿por qué son famosos? ¿Qué los hace célebres? ¿Qué hace que los admiremos? Los motivos son cuestionables y subjetivos, y algunas veces no se debe a lo que hagan. Es decir, hasta Frida se hizo fama al principio por asociación. Leyendo algunas de sus primeras entrevistas perdidas, los periodistas siempre estaban con lo mismo, todo era "Diego esto, Diego lo otro" antes de que sus pinturas tuvieran más exposición.   

Otro roce que tuve con la fama ajena, y que probablemente encabeza mi lista de errores cometidos en la víspera de cumplir veinte, fue conseguir una posición como becaria durante mi primer año de carrera en una casa productora independiente. Si bien me iba era la asistente, muchas otras veces me tocó ser asistente del asistente. Naturalmente tengo muchísimo respeto por las personas que se dedican a esto. En fin, hice de to-do ahí… menos lo que están pensando. 

Algo que definitivamente no entraba en mis actividades era hablar con los fans de cierta cantante mexicana que en algún momento fue considerada el equivalente de la mismísima Britney Spears en nuestro país. En una ocasión se juntó un grupo mediano de sus admiradores afuera de las oficinas exigiendo una explicación por un malentendido respecto a un concurso que ganaron. Viendo que no sólo mis compañeros se burlaron de ellos, sino que mi jefe ni se inmutó, yo tuve a bien bajar y escuchar cada una de sus quejas. Ellos no sabían que yo no tenía poder ni autoridad para solucionarles su problema pero se fueron desahogados y me gusta pensar que un poco satisfechos. 

De regreso encontré a mi jefe incrédulo por lo que había hecho, estaba realmente indignado. "Se me hace muy lindo y muy chingón de tu parte que hayas bajado, güey", me dijo, con esa expresión impasible y robótica que caracterizaba a las personas de esa oficina, "pero si yo no les hice caso fue por algo, no sólo porque sea un mamón, hijodelachingada. Debe haber un halo de misterio alrededor del artista, si tienen mucho contacto, incluso con nosotros, significa que están más cerca del artista y si eso pasa entonces ya no existe la fantasía." ¡Halo de misterio sus calzones, nadie se acuerda de ella!, pensé. 

El resto del día me quedé pensando horrorizada al darme cuenta que él tenía razón. No pude evitar tomármelo personal después de que dediqué gran parte de mi niñez y adolescencia a ser fan por el gusto de serlo. Fue en ese momento  cuando entendí cómo funcionaba todo desde adentro. ¿A eso se reduce el supuesto halo de misterio, entonces? ¿A ser inalcanzable? ¿Un patán? 

Nos quejamos de la gente que es famosa por ser famosa, o de la gente que lo fue y se aferra al recuerdo, pero somos nosotros quienes seguimos alimentando su propia fantasía hasta que ellos y nosotros nos la creemos.   

El contraste es evidente entre el tiempo de Diego y Frida y el de ahorita. Tampoco se puede evitar comparar la manera en la que nos comunicamos en general, pero sobre todo con la gente que admiramos. Antes escribir era la norma, ahora nada pintan los sobres a menos que se trate de un estado de cuenta. En estos tiempos las redes sociales facilitan el alcance con quien sea, pero entorpecen la comunicación. 

Tenemos armas poderosas que nos infiltran en las vidas privadas de las personas haciéndonos sentir que de alguna manera nos hemos ganado el derecho de opinar sobre sus vidas, siempre creyendo que ellos están obligados a responder a nuestras alabanzas, comentarios o ataques. Lo cual funciona a la perfección para ellos porque sólo dejan ver lo que quieren que veamos alimentando nuestra imaginación y fanatismo.

Mientras tanto, Kenneth Hoff, escribió una carta a mano pidiéndole a su ídolo que lo dejara visitarlo la próxima vez que estuviera en su país, Diego guardó la carta y lo más seguro es que lo haya recibido de brazos abiertos, importándole un reverendo pepino si tenía que hacerse el difícil. ¿Quién asegura que no terminó quedándose en el antiguo cuarto de Trotsky? 

 

Fecha: 
Lunes, 04 de Mayo 2015 - 16:30
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