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El cerebro en vacío

Anastasia, la joven que presuntamente asesinó a su madre y hermana vive segura ahora en otra cárcel, una real que sus ojos pueden ver. La otra cárcel, la peligrosa está dentro de ella.

La veo, está en un evento en el que se presenta el talento de las internas de la Penitenciaria en la final del concurso anual de Cultura y Deporte, está incluida en la actividad como parte de la observación y cuidado que requiere porque no se sabe en dónde está su cerebro.

Al ser humano se le puede privar de absolutamente todo, encerrarlo,  dejarlo en completo abandono y olvidarlo para siempre. Se le puede inhibir la función de brazos y piernas incluso privarlo de la voz  lo único que nadie puede quitarle a una persona mientras respire es el privilegio de sentir, la libertad de pensamiento y la forma de imaginar un mundo aparte para bien o para mal.

El cerebro de Anastasia es una ciudad de tan compleja construcción que ubica en sí misma el tráfico y la aglomeración de pensamientos, sensaciones y emociones; actitudes y decisiones que solo ella puede maniobrar y nadie tiene acceso a ese lugar de ruidos o silencios permanentes.

Cualquier palabra que pueda pronunciar y la expresión corporal no será nunca parecido al interior, súbitamente su mundo interno cambia de trayecto para instalarse con la mirada en un abismo sin fin, a nada responde, nada suena, nada se mueve. Ella persiste en vivir en ese mundo muy privado y profundo, puede escuchar atenta y responder monosílabos, dentro existe la consistencia en contestar lo que los demás quieren escuchar, no lo que ella piensa.

Quizá haya dejado ir al demonio de cuchillos, tijeras y cucharas quizá lo tenga guardado como reserva para usarlo cuando su mundo imaginario se destruya otra vez, quizá ese demonio en realidad nunca existió.  

La han tenido que privar el derecho de vivir en otra libertad para su protección, para protección de la sociedad, por ley.

Sus ojos azules y su rostro no tienen expresión alguna, sus manos permanecen quietas, su cuerpo erguido siguiendo la línea del respaldo en la silla y solo sus ojos juegan con el movimiento frente a ella, es estar sin estar, su conflicto se estaciona y se direcciona a la nada.

Sus compañeras cantan, bailan se esfuerzan por lograr sus mejores actuaciones, las porras suenan acordes con la alegría que están viviendo, dentro de todo el orden y el régimen que estos eventos requieren la ‘fiesta’ la vive cada una de ellas y me pregunté en un momento: ¿Habrá Anastasia visto una alegría tan sana alguna vez en su vida?

Responde por momentos a la música,  le mueve ligeramente los hombros hacia atrás, la hace respirar profundo sin demostrar emoción. Su única expresión existe en el área entre sus hombros y el cuello debajo de la barbilla, contiene la respiración cuando suena ‘I’ve had the time of my life’, si esa fue una canción que bailó probablemente lo estén recordando los músculos de su cuello y relaja los hombros hacia abajo. Cuando suena ‘Te hubieras ido antes’, sus hombros suben y se mantienen así hasta que termina de cantar la compañera concursante, ella nunca mira a la cantante durante su intervención. Con los acordes de ‘A dónde va nuestro amor’, endereza más su cuerpo y se pierde en otra lejanía extraña. En la entrada de ‘Qué bonito’ empuja los hombros hacia el frente encorvando su espalda con respiraciones lentamente profundas, su mirada sigue perdida en un lejos más abierto y se mantiene igual hasta que termina la música.

Sus movimientos son mínimos. Obedece y cambia de lugar cuando le corresponde para volver a su silla y tomar la misma posición. Le dieron pompones para las porras y los sostiene en la misma mano todo el tiempo que transcurre el evento, aplaude cuando todas aplauden nunca sonríe. Nunca mira a otra parte que no sea el frente que eligió desde el principio. Son tres horas en las que ella paseó por un mundo incógnito y sin expresión, sin intentar siquiera cambiar de posición.

El cerebro humano y su complejidad desvirtuada también vive en las calles, en los hospitales psiquiátricos, en las cárceles, en miles de hogares.

Estudiar a Anastasia como principio de un entendimiento a su personalidad, elaborar un detallado examen de observación y corroborar la ciencia, la psiquis y la legalidad en un solo individuo puede ser el inicio de un proceso en el que quepan muchos individuos más además de ella.

Me parece que sería un error pensar en enviarla a un hospital de salud mental y darle tratamiento medicado, sería como haber leído el libro y cerrarlo sin haber entendido su contenido.

No soy psicóloga de academia y entrenamiento y no es necesario serlo para ver que ella vive en otra parte, mi sentido común funciona como avispero cuando algo diferente está frente a mis ojos y se empeña en descubrirlo aun cuando solo quede en letras la descripción de un objeto llamado persona o de una persona que puede convertirse en objeto sin dejar de respirar.

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Fecha: 
Viernes, 14 de Agosto 2015 - 17:00
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La decadencia tiene muchos rostros

Cuando al desorden lo silencia la muerte, queda solo una voz que puede asegurar cómo fue. Habrá que creerle, o no. Los muertos no tienen voz ni voto, ni alcances, ni defensa. Los traspatios de una tragedia tienen tantos rincones como preguntas sin respuesta.

Dicen que el desorden físico de casa y la elegancia de quienes la habitan, define la situación real de cada miembro de la familia, aseguran que si las cosas están fuera de su lugar y excede la cantidad de basura y de pertenencias inservibles, es que la estabilidad emocional y familiar no existe. Apariencias pues. Realidades quizá.

En el caso de la joven Anastasia Lechtchenko se pudo predecir claramente la tragedia antes de la tragedia. Dice ella que mató a su Mamá y a su hermana porque eran brujas, en su testimonio/confesión primera asegura y detalla cómo lo hizo, sanguinaria confesión, fría, desfasada casi increíble. Tan increíble que la única voz testigo fue acallada, deformada, ahora ya no se sabe porque en el momento que la ley metió la mano, como siempre la verdad queda distorsionada.

Creer en una sola voz no tiene más relevancia que escandalizarse por la acción, impactarse porque existan personas capaces de realizar un acto tan fuera del alcance mental, las especulaciones y el morbo inician en el momento que los abogados pretenden cambiar las declaraciones sin razón aparente.

La consternación inicia cuando a Anastasia le sugieren –dice ella los policías o ministeriales- que se culpe para que no pase nada grave. ¿Qué no pase nada grave? Qué más grave puede pasar. ¿Quiere decir que alguien sabe quién mató a la señora Masney y a la pequeña Valeria? Solo que ¿para qué inculpar a la hija mayor?

Después le sugiere un abogado que aparece a defenderla, que diga que la torturaron y la violaron, otra vez -los policías o ministeriales- y que la obligaron a confesar.

Se retracta de su confesión inicial y repite las palabras del abogado.

Ni fue torturada, ni fue violada queda establecido legalmente.

Su amiga comparece y asegura que Anastasia le dijo que mató a su mamá y a su hermana, dice que le mostró los cuerpos, que le contó y la llevó a su casa, que le pidió ayuda para llevar los cuerpos desmembrados al cerro para quemarlos. Y la amiga confirma su declaración como si contara un cuento de princesas y príncipes, sonriendo. ¿Cómo no puede cualquier ser humano “normal” impactarse al haber visto de cerca pedazos de un cuerpo dentro de una bolsa para basura?

Todo lo que se diga, lo que yo escriba, son solo especulaciones ya se sabe, los muertos no tienen voz aunque sus cuerpos indolentes estén aun gritando. Nadie tiene la versión exacta.

En investigaciones se sabe que la chica desaparece de su casa constantemente, vende su cuerpo, se droga, se pelea con su mamá. Los vecinos se acostumbran a los gritos constantes entre ellas.

En su casa, su entorno familiar es un desorden y ella, ella es toda perfección físicamente, se cuida y se viste a la moda, tiene amigos que la quieren y chicos que hacen fila para estar con ella.

La apariencia de su mamá es toda distinción, culta –dicen- toca el piano, es bailarina y acróbata. De rostro hermoso, cuerpo escultural –así le llaman a las flacas hoy- y siempre pulcramente vestida.

A la pequeña Valeria la vestían como muñequita de pastel, pienso que por su incapacidad por hablar y moverse les era sencillo mantenerla limpia y muy bonita siempre. Será por ello que Anastasia la llamaba ‘títere’.

La casa no estuvo resguardada durante los primeros días y me acerqué a ver. Una vivienda en completo desorden, llena de basura, tiradero de juguetes rotos, ropa sucia en el patio, acumulación del tiempo no de un par de días.

Un lugar que huele a descomposición en el tiempo, no a partir de la tragedia. La tragedia ya estaba siendo vivida –imagino- como forma de vida, una diaria rutina.

El desorden y la basura tantas veces hablan de la forma de vida interna, íntima y de convivencia familiar. Las ciencias hablarán del tema y las personas proclamarán que hay razón absoluta, sin embargo de frente a la razón y de espaldas a su entorno es donde la incongruencia hace su aparición. Es más ciego el que no quiere ver, son más los ojos cerrados que ven lo que no existe y tantos ojos abiertos que sencillamente no ven nada.

No se justifica el crimen y tampoco se entiende por lo tanto es muy fácil juzgar y especular. La muchacha tenía problemas es cierto, no se sabe desde cuándo y cuál habrá sido su punto de partida hacia sus alucinaciones.

Cuántas veces se sabe que los indigentes que viven su locura en la calles fueron expulsados del seno familiar porque llegó el momento en que nadie pudo con ellos, la familia misma los echó a su suerte. Habrá que ver el martirio y la zozobra que vivieron antes, los días y las noches que esperaban un casi milagro. Finalmente deciden no hacer caso. Muchos se quedan en casa y arruinan el entorno familiar, no tienen remedio. Después viene el asesinato, el suicidio, la tragedia y la recriminación de la sociedad.

Si las tragedias y los horrores sociales no aparecen de la noche a la mañana, muchos se construyen día a día durante mucho tiempo. La mente criminal no amanece criminal, se construye y se alimenta con la basura y desorden mental. Siempre habrá un peligro latente cuando la posibilidad de ayuda se dio por vencida.

Las voces silenciadas por la muerte, aun cuando pudieran hablar no tendrían la justificación ni la razón suficiente para acreditar porque aceptar su forma de vida, les causaría de nuevo, la muerte.

Y las drogas como quiera que se les llame, no siempre causan el mismo efecto y daño en todos los organismos, algunos adquieren los daños de inmediato y muchos más siguen por años usando drogas y parece que no les pasa nada.

El peligro radica en no saber de qué forma reaccionará cada cerebro y cada cuerpo. Igual que los medicamentos, los de venta en mostrador o los controlados hay quienes no resisten una sola toma de penicilina porque pueden morir, hay quienes ni la penicilina les ayuda, por ejemplo.

Hay definitivamente seres que resisten todo y hay también ‘los que caen a la primera’

Anastasia al menos, no será un peligro latente para la sociedad, habrá que cuidar que no exista riesgo para sus compañeras en la penitenciaría. Dicen los psicólogos que no porque ya no tiene frente a ella lo que más odiaba que eran, su madre y su hermanita. Parece que cruelmente cabe la frase ‘muerto el perro se acabó la rabia’ Está ahora en la cárcel y no se sabe hasta dónde esta joven podrá recuperar la cordura  y si es que algún día la tuvo. Tantos como ella aun en ciernes ya sea de redimirse o continuar con su caída.  

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Martes, 11 de Agosto 2015 - 17:00
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