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filosofía

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El Arte no es función de nada

Es muy común que se defienda que el arte tenga que tener una función social determinada. Así, se busca que las artes, las bellas artes, tengan que cumplir necesariamente papeles sociales o educativos. Cuando se desvían de esos propósitos deben rechazarse. Platón, por ejemplo, cuando habla de ciertos poetas señala:

-Es manifiesto, por tanto, que el poeta imitativo no está destinado por naturaleza a ese elemento del alma ni su ciencia se hizo para agradarle, si ha de ganar renombre entre la multitud, sino para el carácter irritable y multiforme, que es el que puede ser fácilmente imitado.  -Manifiesto. -Con razón, pues, la emprendemos con él y lo colocamos en el mismo plano que al pintor, porque de una parte se le parece en componer cosas deleznables comparadas con la verdad y de otra se le iguala en su relación íntima con uno de los elementos del alma, y no con el mejor. Y así fue justo no recibirle en una ciudad que debía ser regida por buenas leyes, porque aviva y nutre ese elemento del alma y, haciéndolo fuerte, acaba con la razón a la manera en que alguien, dando poder en una ciudad a unos miserables, traiciona a ésta y pierde a los ciudadanos más prudentes (1).

Dicho, en otros términos, que debe de servir para la verdad y si aleja de ella es despreciable. Eso es un tremendo error. En sí mismo las artes no sirven para nada, es decir, no son instrumentos de nada como tal. Cuando se ha intentado instrumentalizarlas se les convierte en esclavas de las ideologías y del poder en turno. Que el arte puede servir para protestar, por ejemplo, es una verdad obvia. De cualquier forma, podemos protestar con lo que sea, sin que por ello convierta el objeto o la acción en el fin propio de ella.

Algo análogo sucede con la Filosofía. Ese intento de hacera pasar como un instrumento para algo le hace flaco favor. La reflexión filosófica es fin en sí misma; busca reflexionar sobre las características últimas de la realidad por el hecho de adentrase en el conocimiento de la misma, sin que se convierta en algo útil. Es inquietante quererla justificar por su utilidad. Es comprensible que para efectos laborales se realice eso, pero estrictamente la filosofía como tal, busca el conocimiento por el hecho de saber. Que lo anterior puede servir para algo, pues es quizás cierto, pero accidental al filosofar.

El arte puede gustar o disgustar, eso no se discute, pero no busca como tal hacer algo para otro fin. En ese sentido a alguien le puede parecer aberrante ciertas manifestaciones del arte contemporáneo, porque “no instruye al pueblo”. Esas son ideas peligrosas. El arte se sirve a sí mismo y puede producir, o no placeres o reflexiones con los que se interactúa. El arte así puede gustar o no, pero no es ningún papel externo al mismo lo que lo justifica.

  1. La República, 605a-b Tomada de: http://www.xtec.cat/~mcodina3/Filosofia2/la%20republica.pdf
Fecha: 
Lunes, 24 de Junio 2019 - 13:10
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Fecha B: 
Lunes, 24 de Junio 2019 - 15:25
Fecha C: 
Martes, 25 de Junio 2019 - 04:25
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Sobre los caminantes y la importancia de ser nadie

La gracia de ser nadie consiste en dejarse llevar por el entorno. Las circunstancias que deambulan alrededor de nosotros, podría decirse que son inevitables y necesarias para construirnos, realizarnos, pero en el caso del caminante, esto no es así.

El caminante es el individuo que va siempre a ninguna parte. Que no le importa llegar a un sitio determinado. No es viajero por obvias razones: éste tiene un destino. El caminante prefiere no saber adónde va, ni mucho menos le importa por qué y para qué va.

Lo entiende de una manera un tanto natural. No tienen el más mínimo interés por conocer y seguir las concepciones básicas que se dictan en las sociedades establecidas. Anula su derecho a ser un ser sociable.

A un caminante lo podemos encontrar vagando por las calles o dormido debajo de un puente para intensificar el lugar común, pero no necesariamente es una persona en situación de calle que decidió rebelarse ante el contexto social actual, que terminó por ahogarlo en todos sentidos, sino que el caminante simplemente ha decidido que el grado de importancia individual, aspiraciones, sobre el que se han fundamentado las sociedades no tienen virtud alguna.

Es decir, aquello lo rechaza el caminante al considerarlo un acto absolutamente de vanidad. El ser alguien en la vida es una frase que le parece tan absurda que no le interesa siquiera desmitificarla. La deja regodearse en su propio concepto, porque aquél entiende que las cosas suceden más allá de la voluntad humana.

Llamarse caminante, pero más que eso, ser un caminante es un logro mayúsculo pues para el ser humano actual es prácticamente imposible aislarse o rechazar en su totalidad, el sistema en el que se vive, después de todo hay que comer, pagar renta, y demás. Sin embargo, los hay quienes han conseguido romper, fracturar, el concreto con el que se ha edificado la modernidad.

En caso de conseguir esta ruptura, se logra la neutralidad absoluta y a partir de ahí, alcanzar la nulidad: habremos logrado la vacuidad (sensible) en vida. La mayor experiencia poética (el todo es poético) que puede experimentar el alma.

El ya no tener que salir de equis lugar para llegar a alguna parte, no nada más nos libera de la carga impuesta por la maquinaria social mundial, sino ayuda a mantener un equilibrio significativo desde el que podemos alcanzar la felicidad.

No la felicidad de fuegos artificiales, obviamente, que se disipa muy rápido una vez logramos estar frente a ella, sino la esencia de ésta, es decir, la verdadera.

La actitud del caminante (los hay, y estos se saben así desde el nacimiento, otros, desde la reflexión, optan por ello) es el de un creyente ferviente en la nada. Un cruzado que no va contra nadie en particular, sino contra el funcionamiento finito de las cosas. Es el que va por el camino a la espera de que algo le suceda, ese algo que lo haga desaparecer.

Nada de esto es nuevo. Los budistas chinos entendieron a la perfección la virtud en la no-funcionalidad del ser como medio para alcanzar la iluminación.

¿Habrá quiénes se atrevan a ser caminantes? ¿Hay ahí afuera, personas que quieran desprenderse de su función social? Y es que el caminante al no llevar ningún peso, incluso el suyo (no se toma la menor importancia como individuo), se vuelve un inútil que al serlo, se aparta del mundo y el mundo mismo lo desechará de su contexto, ya que al no tener funcionalidad, quedará nulificado.

En esta época en la que vivimos, iniciarse en el sentido del caminante, es por lo menos tentador. En un mundo torcido, vulgarizado, enfermo, vertiginoso, desesperanzador y oscuro, para los que creen en las ideas de futuro, pinta bien ser caminante.

Suena bien salvarse por propia cuenta, buscar la verdadera felicidad que se halla en la inexistencia, en la no-consciencia, en el nulo recuerdo.

Sin embargo —aquí entra lo paradójico, y al mismo tiempo, nos reafirma que su sentido esencial de ser, el del caminante, está justificado—, el caminante pone el dedo en la llaga (sin quererlo y con esto también reafirma que las cosas simplemente suceden por razones ajenas o inentendibles para el hombre), con respecto al tema del tiempo; es decir, lo expone, porque al conseguir su máxima felicidad, su nulidad, elimina la fantasía del tiempo; me refiero a que disipa al futuro: el punto de referencia ilusorio de éste que es el tiempo.

Y sin el concepto “tiempo” se anula todo funcionamiento social.

Vemos que el caminante, después de todo sí logró tener cierto sentido de función universal, sí consiguió ser revelación. ¡Resultó ser un ilustrado! ¡Antorcha! Terminó por dar luz a una de nuestras partes más oscuras, nuestros inventos imaginativos. Nada más que al mundo práctico, no le interesa que se desvelen conceptos que tienen que ver con la mera imaginación del hombre, como lo es el tiempo y las infinitas cosas que han salido de la mente humana para edificar su entorno y manera de vivir.

Entonces, ¿quién se ánima? ¿Quiénes están dispuestos a seguir iluminando este oscuro mundo? ¿Quién está dispuesto a dejarlo todo a cambio de nada? ¿Quién está dispuesto a ir a ninguna parte?

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Fecha: 
Viernes, 26 de Junio 2015 - 18:00
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La libertad de ser libres

La artista y fotógrafa surrealista Meret Oppenheim dijo que “la libertad no se concede, uno tiene que tomársela”. Thomas Hobbes, filósofo inglés, al mismo respecto, afirmó que el hombre libre “es aquel que, en aquellas cosas que puede hacer en virtud de su propia fuerza e ingenio, no se ve impedido en la realización de lo que tiene voluntad de llevar a cabo”.

Este par de citas son valiosas porque coinciden, aun con las diferencias en la forma de llegar a tales afirmaciones, me refiero a aspectos meramente del pensamiento fundamentados en distintas formas de ver y llegar al mundo, en el hecho de utilizar la voluntad para ser libres, porque la voluntad no es otra cosa que la puerta a nuestra libertad.

La felicidad bien puede medirse por nuestra capacidad a ser libres –dejemos a un lado el debate filosófico metafísico sobre si en verdad el hombre tiene voluntad; es decir, si en realidad somos seres individuales y libres y no parte de un todo que se mueve un tanto de forma mecanizada para fines que competen únicamente al universo.

Dicha libertad que hemos tenido que ceder en función de la formación de sociedades, se ha puesto de manifiesto con distintas corrientes artísticas a través de la historia, éstas corrientes en sí mismas son rupturas: se desprenden de la tradición del pasado para ser algo que podríamos catalogar como moderno o nuevo que, a su vez, tal modernidad estará condenada a fracturarse. De esta forma, la modernidad es una infinidad de mosaicos dispuestos a encajar en alguna parte del futuro de la historia.

Pero dichas modernidades son producto precisamente de esa libertad que algunos ejercen y han ejercido a través de la historia. Sin tales rupturas, sin esos ejercicios de libertad consciente, seguiríamos viviendo en la Edad de Piedra, porque para seguir caminando hacia adelante –y no dar vueltas sobre nuestro propio eje (después de todo somos incapaces de detenernos)— es necesario el rompimiento con lo establecido, que puede traducirse en maneras de interpretar el mundo, de crear arte; cuestiones que tienen que ver con la moralidad, etcétera.

Por eso es importante conocer la obra de aquellos hombres y mujeres libres que siguieron, ya no sus sueños, sino el de los demás. Que decidieron pensar por separado. Hacer lo que les venía en gana aceptando las consecuencias que acarrearía dicha decisión, pero con la idea clara de querer ser diferente, de hacer las cosas de manera distinta, de lograr cambios tangibles.

Un ejemplo del poder de la libertad (pensamiento y acción) es Pablo Picasso: “Cuando yo era pequeño mi madre me decía: si te haces soldado llegarás a general, si te haces cura, llegarás a ser Papa. En cambio de todo eso decidí ser pintor y me convertí en Picasso”; es decir, que al separarse de lo normal, lo cotidiano o la tradición, consiguió su independencia.

Este mundo necesita personas que tengan la voluntad de ser libres, y no sólo quedarse en esa falsa forma de libertad que creen ejercer muchos –el pregonar cierta libertad, pero al mismo tiempo quedarse callado ante el contexto social o no cumplir metas personales por la inmensa cantidad de pretextos que se generan por la comodidad, por ejemplo. Se podrá decir en favor a la tradición que es el hombre y sus circunstancias, pero tales hechos también se van formando; es decir, por supuesto que es mucho más difícil ser libre con hijos a cuestas, pero, en ese sentido, será mejor pensar en no tenerlos, en buscar vías para prevenir embarazos no deseados, en fin, el hecho es que nuestra libertad empieza a gestarse desde muy temprana edad— y que sólo ayuda a aquellos que les interesa y conviene que las cosas sigan igual.

Por ello, es necesario que seamos libres para obtener nuestra individualidad, para separarnos de las masas que se la pasan girando sobre sí mismas.

Sólo al tener dicha individual podremos generar los cambios que nos empeñamos en dejar sobre las espaldas de otros, que ya es sabido, no han ni podrán con tal peso.

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Viernes, 12 de Junio 2015 - 16:00
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El oficio de pensar

Martin Heidegger nos dice que en la errancia –de los caminos— se aprende el oficio de pensar. Sí, pensar es inevitable y todos podemos hacerlo, pero ejercitarlo y ponerlo en práctica requiere saber cómo y para qué utilizarlo, saber cuál es su funcionamiento, su razón de ser y de qué forma puede aplicarse lo que genera el pensamiento.

No hay una manera o estructura general para pensar; es decir, cada persona tiene una forma de estructurar ideas y sentidos. El desarrollo de tales ideas con estructura definida tienen que ver con una proceso individual, así, esto es que el vientre donde se gesta el pensamiento es único.

No hay una fórmula infalible para pensar “mejor” o enseñar determinada estructura para desarrollar un mejor pensamiento. Cada uno de nosotros debe crear su propia arquitectura.

Sin embargo, todos de buena o mala manera, pensamos, el problema es que no todos saben por qué se piensa ni mucho menos se ejercita dicho músculo sensible. Esto es que no basta con saber que se piensa, sino utilizar ese pensar. El cuestionarse, el hacerse preguntas, el generar ideas nuevas a partir de otras; tomar decisiones, aceptar o rechazar distintas cosas con base en las circunstancias, son algunas de las maneras en que lograremos adquirir el oficio de pensar.

Así, vamos, eventualmente, a adquirir nuevas y más herramientas que, no sólo nos ayudarán para estructurar mejor nuestras ideas y los sentidos de éstas, sino que llegaremos al punto de entender y saber la importancia de su utilidad y aplicación práctica de acuerdo al contexto social, por ejemplo.

Con tal conocimiento acerca de nuestras herramientas con las que contamos para pensar y su funcionalidad, podremos entonces utilizarlas. Con dicho oficio podemos disipar dudas internas, y también, cuestionar y preguntar, por ejemplo, al gobierno local o federal, a tal presidente municipal en turno que esté gobernando de mala manera; podremos señalar a malos funcionarios o exigir el desarrollo de alguna obra o el impedimento de otra, en fin, cualquier demanda, porque verteríamos ideas claras, razonadas, entendiendo la sustancia real de las cosas, sabedores de que lo dicho ya lleva las respuestas al por qué, para qué, cómo y la viabilidad de lo que se está demandando o señalando —no hay que olvidar que “aprender a pensar es también aprender a hablar” como dijo Augusto Monterroso.

Tales contestaciones derivarán en planes concienzudos que se sostendrán firmemente ante cualquiera que intente soslayar o demeritar tal petición o acusación: las armas más infalibles no se manufacturan en una fábrica, sino en el pensamiento.

¿Algunas formas para ejercitar el pensamiento? La filosofía por ejemplo, que entre otras cosas, es el arte de hacer preguntas (a nosotros y a nuestro entorno), éstas nos sirven como elementos para ejercitar lo dicho. Leer también ayuda y mucho, al igual que levantar la cabeza y mirar el contexto en el que se vive, pero sobre todo, contemplarlo —“entender y ver”—, es otra opción para llegar a adquirir eventualmente el oficio de pensar.

Hay un ejemplo de ejercicio del pensamiento en la actualidad: los memes. Estas imágenes cumplen con la funcionalidad de hacer reír, y la risa es “protesta y aceptación al mismo tiempo” como dijo W. H. Auden (poeta y ensayista británico). Es decir, al reírnos de un hecho o suceso no solamente estamos riéndonos en un sentido superficial, sino que estamos entendiendo del porqué de nuestra risa, ese entender es en sí mismo el aceptar que tal cosa es cierta, y enseguida, a través del meme, de tal válvula de escape, protestamos ante lo que se hace referencia —con los memes contemplamos la realidad—: las preguntas surgen y al mismo tiempo se contestan.

Entonces, pensemos para pensar mejor, porque así obtendremos resultados diferentes. Abriremos nuevos caminos, y con ello, ampliaremos nuestro abanico de opciones con relación, en este caso, a la situación social e individual en la que vivimos.

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Fecha: 
Viernes, 05 de Junio 2015 - 18:00
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De 1472 - Fallece el rey filósofo y legislador Nezahualcóyotl

(o Netzahualcóyotl; Texcoco, México, 1402 - 1472) Soberano chichimeca de Texcoco. Nezahualcóyotl era hijo del sexto señor de los chichimecas Ixtlilxóchitlo "flor de pita", señor de la ciudad de Texcoco, y de la princesa mexica Matlalcihuatzin, hija del rey azteca Huitzilíhuitl, segundo señor de Tenochtitlán. Al nacer, le fue impuesto el nombre de Acolmiztli o "puma fuerte", pero las tristes circunstancias que rodearon su adolescencia hicieron que se cambiara el nombre por el de Nezahualcóyotl que significa "coyote hambriento".

En el siglo XV, la ribera del lago Texcoco se hallaba densamente poblada, a causa de la facilidad de comunicaciones que permitía este lago. Por contra, tan alta densidad poblacional comportaba la escasez y el agotamiento de las tierras aptas para el cultivo, por lo cual algunas tribus iniciaron una política de expansión territorial hacia zonas con mayor rentabilidad agrícola. Dicha política desató un sinfín de guerras y hostilidades entre las tribus del lago, destacando la llevada a cabo contra la ciudad tepaneca de Azcapotzalco. Esta ciudad, situada en la ribera noroccidental del lago Texcoco, había agotado sus tierras comunales y, ante la imposibilidad de alimentar a sus gentes, ocupó el territorio perteneciente a la vecina Texcoco.

Cuando contaba dieciséis años de edad, el príncipe texcocano Nezahualcóyotl tuvo que hacer frente a la invasión tepaneca, encabezada por Tezozómoc, señor de Azcapotzalco, cuya intención era asesinar a su padre, el rey Ixtlilxóchitl, y a toda su familia para apoderarse del trono. El heredero del trono quiso luchar y repeler el ataque, pero su padre, que conocía la superioridad de los atacantes, prefirió huir y mantenerse oculto hasta conseguir la ayuda de otros pueblos. Así, mientras las huestes de Tezozómoc rastreaban los alrededores de la ciudad para encontrar al rey y al príncipe texcocanos, éstos se refugiaron en las cuevas de Cualhyacac y Tzinacanoztoc. No pudiendo ocultarse allí por mucho tiempo, Ixtlilxóchitl ordenó a su hijo que se adentrara en el bosque, mientras él y unos pocos hombres leales trataban de detener sin éxito el avance de sus captores.

Nezahualcóyotl logró escapar y se encaminó a Tlaxcala, ordenando a algunos de sus partidarios que abandonaran la resistencia mientras él veía la manera de liberarlos de la tiranía. Tezozómoc ofreció recompensas por su captura, pero, con su innegable astucia, consiguió burlar a sus perseguidores hasta que, en 1420, las esposas de los señores de México y Tlatelolco convencieron a Tezozómoc de que lo perdonara.

Maxtla, que había sucedido a Tezozómoc a la muerte de éste (1427), le tendió varias emboscadas, de las que consiguió zafarse. Con gran habilidad diplomática, consiguió atraerse los favores de otras ciudades descontentas con la tiranía tepaneca y organizó un frente común, cuyo peso principal recayó en los tlaxcaltecas y los huejotzincas. El ejército aliado de más de cien mil hombres logró la conquista de Otumba y de Acolman y tomó Texcoco. Pero ante el sitio de México y Tlatelolco por los tepanecas, liberó ambas ciudades y, en una cruenta batalla, destruyó Azcapotzalco después de un sitio de ciento catorce días. Maxtla murió a manos de Nezahualcóyotl, quien, dispuesto a inaugurar una época de esplendor en el valle de México, selló un pacto confederal, la Triple Alianza, con Itzcóatl, de Tenochtitlán, y Totoquiyauhtzin, señor de Tacuba.

Poco después de finalizada la contienda, Tacuba desapareció de la escena, pero la cooperación perduró a lo largo del siglo XV entre las dos restantes ciudades aliadas. Nezahualcóyotl, que había perdido el trono a manos de los acolhuas sublevados y se había refugiado en los bosques de Chapultepec, lo recuperó en 1429, aunque cedió su anterior posición dominante en el lago en favor de Tenochtitlán, ciudad que se convirtió en estado independiente.

Cuando en 1472 falleció Nezahualcóyotl, subió al trono su hijo Nezahualpilli, quien gobernó la ciudad hasta el año 1516, continuando la política expansiva emprendida por su antecesor.

El legado cultural y literario de Nezahualcóyotl

Miembro de la realeza prehispánica y poeta de delicada percepción sobre los fenómenos transitorios del mundo, Nezahualcóyotl encarnó el prototipo del estadista y humanista de gran sensibilidad, en contraposición a la rigidez militar de los conquistadores españoles. Antes de que su padre fuera expulsado de Texcoco, este príncipe recibió una educación muy completa, dirigida a permitirle gobernar a su pueblo con valentía y sabiduría; una vez que hubo recuperado el trono, demostró toda su sapiencia en el campo de las ciencias, las artes y la literatura. Así, su amplia formación intelectual se traducía en una elevada sensibilidad estética y en un gran amor por la naturaleza, que quedaron reflejados no sólo en la arquitectura de la ciudad, sino también en sus manifestaciones poéticas y filosóficas.

Conseguida la paz, Nezahualcóyotl emprendió una magna obra constructiva en Texcoco, donde edificó diversos palacios, monumentos, acueductos, y jardines, siendo su creación más esplendorosa un soberbio palacio que disponía, entre otras numerosas dependencias, de baños tallados en la roca, así como el acueducto que construyó en el Bosque de Chapultepec para abastecer de agua potable a Tenochtitlán.

Respecto a la obra literaria de Nezahualcóyotl, se conservan alrededor de treinta composiciones poéticas suyas en numerosas colecciones de manuscritos de cantares prehispánicos. Su poesía no sólo aprovecha la belleza de la lengua náhuatl, sino que posee una profundidad filosófica que ya en su tiempo le valió el epíteto de "sabio". Las poesías de Nezahualcóyotl tocan temas esenciales para la lírica de todos los tiempos; no están exenta de referencias históricas y elementos autobiográficos que hablan de su trayectoria como guerrero, consciente de su desamparo en un mundo cuya comprensión lo supera. Canta a la primavera, celebra el nacimiento de las flores y la llegada de la temporada de lluvias, pero al mismo tiempo se aflige por el carácter transitorio de lo mundano. Anhela la persistencia más allá de la muerte, y ruega porque las criaturas vivas no se marchiten. Por momentos parece dirigirse al dios de una religión monoteísta. La delicadeza del lenguaje empleado tiene la facultad de conservar un enorme peso lírico y simbólico, incluso en otros idiomas.

Fecha: 
Jueves, 04 de Junio 2015 - 10:00

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Ser en el Café

Tal vez, uno de los lugares de la tierra en donde el hombre todavía puede sentirse enteramente feliz es en un café, hablando, leyendo un libro u hojeando anárquicamente el periódico. Ignoro si la felicidad es un deber. Leí en alguna parte —o tal vez lo imaginé—, que los momentos más felices de nuestras vidas son aquellos donde no pasa nada, ni bueno ni malo. En lo personal, esos instantes de inadvertida felicidad me han llegado casi siempre durante algún viaje o sentado en la mesa de algún café. Ningún político, de izquierda, centro o derecha y, por supuesto, ningún gurú, podría ofrecerme algo que pudiese otorgarme semejante grado de felicidad. Antonio Muñoz Molina, uno de los mejores escritores españoles que existen y un escrupuloso anatomista del instante, escribió en esa gran novela híbrida que es Ventanas de Manhattan un capítulo relacionado con los cafés que visitaba en Nueva York. «En el café la vida es descansada y lenta, casi gratuita». A caballo, entre la novela y el ensayo, hace una descripción muy poética de cómo podía pasar más de dos horas sentado en la mesa de un café sin que nadie le reprochase el tiempo que transcurría sin consumir más y, cómo podía también comprar el diario New York Times o, simplemente, tomarlo de una mesa vacía donde otro cliente lo había dejado, ahorrándose los setenta y cinco centavos de su costo. En el mundo moderno, donde se nos cobra hasta por respirar, la observación de Muñoz Molina es pertinente. Por otra parte, le parecía que del otro lado de los ventanales de los cafés, la ciudad era agresiva y la vida inmisericorde y áspera, a diferencia de lo que ocurría en los límites de los locales donde vendían café, donde se sentía en completa seguridad. De los cafés también podría decirse algo similar a lo que Roberto Bolaño, el escritor de culto chileno, escribió sobre las librerías: «Todos tenemos el café que nos merecemos, salvo los que no tienen ninguno». De mis días vagabundos en la ciudad de México, lo que recuerdo con mayor alegría, son las tardes que pasé en aquellos cafés que frecuentaba en La Condesa, en Polanco y en Coyoacán. Creo haber pasado más tiempo que en ningún otro lugar, en el de la librería Rosario Castellanos, del Fondo de Cultura Económica, rodeado de aquel universo inagotable de libros que podía leer sin que nadie me obligase a comprarlos, aunque siempre terminaba por comprar alguno para agregarlo a mi larga lista de libros que quería tener, aunque muchos de ellos no los leyera hasta mucho tiempo después o nunca. En 2009, cuando llegué a Bélgica, lo primero que hice fue echar raíces en un café de la Grand Place de la ciudad de Mons. También visité dos de los más emblemáticos cafés de Bruselas, donde Carlos Marx, por cierto, escribió una parte de su obra. Los establecimientos donde se beben café y otras bebidas ha tenido una interesante evolución histórica. Si bien, en un principio, en los siglos XV y XVI, en La Meca, sus mesas fuesen ocupadas sólo por hombres sabios, místicos y religiosos, con el tiempo y después de haber sufrido una persecución ─hacia mil quinientos y tantos, las autoridades religiosas pensaban que estos lugares robaban tiempo a la religión─ abrieron sus puertas para personas cada vez más diversas. Durante muchos años los cafés se convirtieron en las ágoras de la modernidad, donde los pensadores se mudaban para practicar la filosofía en medio de la gente. Actualmente, son significantes espacios de la vida pública, social y cotidiana, y lugares favorables para el pensamiento, en la vida moderna. Pero a lo que yo intento aproximarme es a una idea, muy modesta, de la experiencia individual que consiste en entrar en un café para hacer una pausa en el día y pasar tiempo tan sólo siendo o, dicho de manera más pretenciosa, cobrando cierta conciencia de la dimensión humana o del ser, esa palabra tan difícil de definir y, sobre todo, de conocer. Con los años he tenido que reinventar mi forma de estar en el mundo. Mi lucha por la existencia consiste en salir a caminar después de la lluvia, olfatear la hierba húmeda y llenar de aire mis pulmones; pasar por el pequeño cine del barrio y sentirme atraído por una película de la cartelera que, de pura casualidad, está por comenzar; sentarme en un café para charlar con mi mujer o para estar solo y leer un libro. Manuel Vicent ya lo escribió mucho mejor de lo que yo podría hacerlo: «Al final de todas las religiones y filosofías, en medio de tantos dioses, héroes y sueños, resulta que la vida no es sino un conjunto de chismes y un nudo de aromas, una pequeña costumbre cuyos pilares tan sólidos son de humo y salen de ciertas tazas frente a las cuales uno ha sido feliz».

Foto: Edouard Boubat, Saint-Germain-des-Prés, 1953.

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Fecha: 
Jueves, 07 de Mayo 2015 - 18:00
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De 1818 - Nace Karl Marx

Karl Marx, conocido también en castellano como Carlos Marx (Tréveris, Reino de Prusia, 5 de mayo de 1818-Londres, Reino Unido, 14 de marzo de 1883), fue un filósofo, intelectual y militante comunista alemán de origen judío. En su vasta e influyente obra, incursionó en los campos de la filosofía, la historia, la ciencia política, la sociología y laeconomía; aunque no limitó su trabajo solamente al área intelectual, pues además incursionó en el campo del periodismo y la política, proponiendo en su pensamiento la unión de la teoría y la práctica. Junto a Friedrich Engels, es el padre del socialismo científico, del comunismo moderno, del marxismo y del materialismo histórico. Sus escritos más conocidos son el Manifiesto del Partido Comunista (en coautoría con Engels) y El Capital.

Marx es normalmente citado, junto a Émile Durkheim y a Max Weber, como uno de los tres principales arquitectos de la ciencia social moderna, y ha sido descrito como una de las figuras más influyentes en la historia humana, en 1999 una encuesta de la BBC fue votado como el "pensador del Milenio" por personas de todo el mundo.

Nacido en una familia de clase media acomodada en Tréveris, Reino de Prusia, fue a estudiar en la Universidad de Bonn y en la Universidad Humboldt de Berlín, donde se interesó en las ideas filosóficas de los jóvenes hegelianos. En 1836, se comprometió con Jenny von Westphalen, casándose con ella en 1843. Tras la finalización de sus estudios, escribió para un diario radical, la Gaceta Renana (Rheinische Zeitung), donde comenzó a utilizar conceptos hegelianos de la dialéctica para influir en sus ideas sobre el socialismo. Se trasladó a París en 1843 y comenzó a colaborar con otros periódicos radicales, como los Anales Franco-Alemanes (Deutsch-französische Jahrbücher) y Vorwärts!, así como una serie de libros, algunos de ellos coescritos con Engels. Fue exiliado a Bruselas en Bélgica en 1845, donde se convirtió en una figura importante de la Liga de los Comunistas, antes de regresar a Colonia, donde fundó su propio periódico, la Nueva Gaceta Renana (Neue Rheinische Zeitung). Se exilió una vez más, en 1849 se trasladó a Londres junto con su esposa Jenny y sus hijos. En Londres, la familia se redujo a la pobreza, pero Marx siguió escribiendo y formulando sus teorías sobre la naturaleza de la sociedad y cómo creía que podría mejorarse, así como una campaña por el socialismo y convirtiéndose en una figura destacada de la Primera Internacional.

Las teorías de Marx sobre la sociedad, la economía y la política, que se conocen colectivamente como el marxismo, sostienen que todas las sociedades avanzan a través de la dialéctica de la lucha de clases. Fue muy crítico de la forma socioeconómica vigente de la sociedad, el capitalismo, al que llamó la "dictadura de la burguesía", afirmando que se llevaba a cabo por las acaudaladas clases dueñas de los medios de producción, para su propio beneficio. Y teorizó que, como los anteriores sistemas socioeconómicos, inevitablemente se producirían tensiones internas, producidas por las leyes dialécticas, que lo llevarían a su reemplazo por un nuevo sistema a cargo de una nueva clase social, el proletariado. Sostuvo que la sociedad bajo el socialismo, sería regida por la clase obrera en lo que llamó la "dictadura del proletariado", el "Estado obrero" o "democracia obrera". Creía que el socialismo sería, a su vez, eventualmente reemplazado por una sociedad sin Estado y sin clases llamada comunismo puro. Junto con la creencia en la inevitabilidad del socialismo y del comunismo, Marx luchó activamente para la implementación del primero (el socialismo), argumentando que los teóricos sociales y las personas desfavorecidas debían realizar una acción revolucionaria organizada para derrocar el capitalismo y lograr un cambio socioeconómico.

Aunque Marx se mantuvo como una figura relativamente desconocida durante su vida, sus ideas y la ideología del marxismo comenzaron a ejercer una gran influencia sobre los movimientos socialistas poco después de su muerte. Lenin fue el primer teórico-práctico que intentó desarrollar el pensamiento de Marx en la práctica. Los llamados gobiernos revolucionarios socialistas, tomaron el poder en una variedad de países a lo largo del siglo XX, llevando a la formación de Estados como la Unión Soviética en 1922 y la República Popular China en 1949, con diversas variantes teóricas desarrolladas, tales como el leninismo y el maoísmo.

Fecha: 
Viernes, 05 de Mayo 2017 - 09:40

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De 1980 - Fallece Jean-Paul Sartre

Filósofo y escritor francés. Precoz lector de los clásicos franceses, en 1915 ingresó en el liceo Henri IV de París y conoció a Paul Nizan, con quien inició una estrecha amistad. Al año siguiente, el segundo matrimonio de su madre (considerado por Jean-Paul como «una traición») lo obligó a trasladarse a La Rochelle; hasta 1920 no regresó a París. En 1924 inició sus estudios universitarios en la École Normale Supérieure, donde conoció a Simone de Beauvoir, con quien estableció una relación que duraría toda su vida.

Tras cumplir el servicio militar, empezó a ejercer como profesor de instituto; en 1933 obtuvo una beca de estudios que le permitió trasladarse a Alemania, donde entró en contacto con la filosofía de Husserl y de Heidegger. En 1938 publicó La náusea, novela que pretendía divulgar los principios del existencialismo y que le proporcionó cierta celebridad, al tiempo que se convertía en símbolo de aquel movimiento filosófico. Movilizado en 1939, fue hecho prisionero, aunque consiguió evadirse en 1941 y regresar a París, donde trabajó en el liceo Condorcet y colaboró con A. Camus en Combat, el periódico de la Resistencia.

En 1943 publicó El Ser y la Nada, su obra filosófica más conocida, versión personal de la filosofía existencialista de Heidegger. El ser humano existe como cosa (en sí), pero también como conciencia (para sí), que sabe de la existencia de las cosas sin ser ella misma un en sí como esas cosas, sino su negación (la Nada). La conciencia sitúa al hombre ante la posibilidad de elegir lo que será; ésta es la condición de la libertad humana. Eligiendo su acción, el hombre se elige a sí mismo, pero no elige su existencia, que le viene ya dada y es requisito de su elección; de aquí la famosa máxima existencialista: «la existencia precede a la esencia».

Por esa época, Sartre inició una fluctuante relación con el comunismo, hecha de acercamientos (uno de los cuales provocó su ruptura con Camus en 1956) y alejamientos motivados por su denuncia del estalinismo o su protesta por la intervención soviética en Hungría. En su última obra filosófica, Crítica de la razón dialéctica (1960), se propuso una reconciliación del materialismo dialéctico con el existencialismo, al cual pasó a considerar como una ideología parásita del marxismo, y trató de establecer un fundamento de la dialéctica marxista mostrando que la actividad racional humana, la praxis, es necesariamente dialéctica.

En 1964 rechazó el Premio Nobel de Literatura para no «dejarse recuperar por el sistema»; decididamente contrario a la política estadounidense en Vietnam, colaboró con Bertrand Russell en el establecimiento del Tribunal internacional de Estocolmo para la persecución de los crímenes de guerra.

Tras participar directamente en la revuelta estudiantil de mayo de 1968, multiplicó sus gestos públicos de izquierdismo, asumió la dirección del periódico La Cause du Peuple y fundó Tout!, de orientación maoísta y libertaria. En 1975 se inició el progresivo quebranto de su salud; la ceguera lo apartó de la lectura y la escritura durante los últimos años de su vida, tras haber completado su postrera gran obra,El idiota de la familia (1971-1972), dedicada al tema de la creación literaria, fruto de diez años que dedicó a la investigación de la personalidad de Gustave Flaubert.

Fecha: 
Viernes, 15 de Abril 2016 - 09:40

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De 1986 - Fallece Simone de Beauvoir

Pensadora y novelista francesa, representante del movimiento existencialista ateo y figura importante en la reivindicación de los derechos de la mujer. Originaria de una familia burguesa, destacó desde temprana edad como una alumna brillante. Estudió en la Sorbona y en 1929 conoció a Jean-Paul Sartre, que se convirtió en su compañero durante el resto de su vida.

Se graduó en filosofía y hasta 1943 se dedicó a la docencia en los liceos de Marsella, Ruan y París. Su primera obra fue la novela La invitada (1943), a la que siguió La sangre de los otros (1944) y el ensayo Pyrrhus y Cineas (1944). Participó intensamente en los debates ideológicos de la época, atacó con dureza a la derecha francesa, y asumió el papel de intelectual comprometida. En sus textos literarios revisó los conceptos de "historia" y "personaje" e incorporó, desde la óptica existencialista, los temas de "libertad", "situación" y "compromiso".

Fue fundadora junto a Sartre, A. Camus, y M. Merleau-Ponty, entre otros, de la revista Tiempos Modernos, cuyo primer número salió a la calle el 15 de octubre de 1945 y se transformó en un referente político y cultural del pensamiento francés de mitad del siglo XX. Posteriormente publicó la novela Todos los hombres son mortales (1946), y los ensayos Para una moral de la ambigüedad (1947) yAmérica al día (1948).

Su libro El segundo sexo (1949) significó un punto de partida teórico para distintos grupos feministas, y se convirtió en una obra clásica del pensamiento contemporáneo. En él elaboró una historia sobre la condición social de la mujer y analizó las distintas características de la opresión masculina. Afirmó que al ser excluida de los procesos de producción y confinada al hogar y a las funciones reproductivas, la mujer perdía todos los vínculos sociales y con ellos la posibilidad de ser libre. Analizó la situación de género desde la visión de la biología, el psicoanálisis y el marxismo; destruyó los mitos femeninos, e incitó a buscar una auténtica liberación. Sostuvo que la lucha para la emancipación de la mujer era distinta y paralela a la lucha de clases, y que el principal problema que debía afrontar el "sexo débil" no era ideológico sino económico.

Fundó con algunas feministas la Liga de los Derechos de la Mujer, que se propuso reaccionar con firmeza ante cualquier discriminación sexista, y preparó un número especial de Tiempos Modernos destinado a la discusión del tema. Ganó el Premio Goncourt con Los mandarines (1954), donde trató las dificultades de los intelectuales de la posguerra para asumir su responsabilidad social. En 1966 participó en el Tribunal Russell, en mayo de 1968 se solidarizó con los estudiantes liderados por Daniel Cohn-Bendit, en 1972 presidió la asociación Choisir, encargada de defender la libre contracepción, y hasta sus últimos días fue una incansable luchadora por los derechos humanos.

Sus abundantes títulos testimoniales y autobiográficos incluyen Memorias de una joven formal (1958), La plenitud de la vida (1960), La fuerza de las cosas (1963),Una muerte muy dulce (1964), La vejez (1968), Final de cuentas (1972) y La ceremonia del adiós (1981).

Fecha: 
Viernes, 14 de Abril 2017 - 10:00

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Nuevas enfermedades por cambio climático. Relaciones EE.UU.-Cuba. Reducciones presupuestarias de PEMEX

El diputado Luis Espinosa Cházaro (PRD-DF) nos explica en qué consiste la iniciativa de una ley anticorrpción presentada por su partido. En la cabina me acompañan Liliana Alvarado y Juan Azcárraga y hablamos sobre las nuevas enfermedades que trae el cambio climático; las perspectivas económicas para 2014; las relaciones EEUU-Cuba. Luis Enrique Mercado critica las reducciones presupuestarias de PEMEX. Marco Paz Pellat nos dice que opinan algunos filósofos del internet. El Dr. Fidel Ruiz-Healy A. nos explica en qué consiste el agujero macular y como curarlo.

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Fecha: 
Martes, 17 de Febrero 2015 - 18:30
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