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Clicks, Engagement o Impactos, ¿cuál es tu objetivo de marketing digital?

Desde hace 10 años, más o menos, los anunciantes están buscando captar a sus clientes a través de los medios digitales. Con un número creciente de usuarios conectados a estos medios a través de sus computadoras y dispositivos móviles, las empresas saben que su mezcla publicitaria debe de incluir presencia en redes sociales, buscadores, blogs, sitios de noticias, aplicaciones y otros espacios digitales de alto tráfico.

Sin embargo, existe una seria confusión a la hora de evaluar la inversión. Con la novedosa posibilidad de dar seguimiento al número de impactos, clicks y respuestas por cada peso invertido, en ocasiones se hacen juicios incorrectos sobre la eficiencia de este tipo de publicidad.

Sólo basta recordar las épocas en las que la publicidad sólo podía hacerse en medios tradicionales. El anunciante contrataba a una estación de radio que prometía un supuesto de audiencia, sin la garantía de contar con un determinado número de radios encendidos y sintonizados en esa frecuencia. No se tenía la expectativa de recibir likes por ese anuncio y mucho menos producir comentarios en tiempo real. Lo mismo pasaba con televisión, carteleras, volantes y otros medios. Se realizaba la inversión y la empresa se sentaba a esperar que sonara el teléfono o que se incrementara el tráfico en el punto de venta.

A la hora de establecer objetivos y evaluar campañas en medios digitales, cada empresa debe determinar sus indicadores de acuerdo a su situación y campaña particular.

Si se trata de una de las pocas empresas con un sitio de comercio electrónico funcional, entonces un objetivo razonable es que la publicidad produzca la mayor cantidad posible de clicks hacia esta página, buscando que ésta convierta esas visitas en ventas.

Para las empresas que cuentan con un sitio para que el usuario deje sus datos, para posteriormente ser contactados por un asesor de ventas, entonces el objetivo puede ser una combinación de clicks que dirigen hacia el sitio con un formulario, y la producción de contactos directos a través de la sección de comentarios (públicos o privados) de la red social. En estos casos, también hay que considerar que muchos usuarios siguen prefiriendo hacer contacto telefónico, por lo que el anuncio debe incluir un número. Para no perder la capacidad de medir la efectividad de la inverisón, se recomienda publicar un número diferente al de los medios tradicionales.

Otras campañas pueden tener el objetivo de incrementar el conocimiento del producto y generar recordación de marca. En estos casos, la publicidad digital no es tan diferente a la tradicional y lo que se debe medir es el alcance y la frecuencia (cantidad de personas impactadas cierta cantidad de veces), recordando que en redes sociales, una buena forma de producir impactos es logrando que la gente comparta de manera voluntaria el contenido (viralidad).

También es posible obtener recordación logrando que el usuario participe en dinámicas, concursos y sorteos mediante los medios digitales. Esta es una buena forma de capturar la atención del cliente y generar comportamientos específicos. En estas ocasiones, lo que se debe medir es el nivel de participación y de viralidad de la actividad.

La idea es que cualquier indicador puede ser positivo dependiendo de los objetivos de la campaña. Ya sean clicks, impactos, comentarios, compartidos o nivel de participación, hay que usar la herramienta de medición en función de lo que se está buscando con la campaña.

Fecha: 
Miércoles, 13 de Enero 2016 - 18:00
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El Pensamiento Disruptivo. ¿Qué es?

Las empresas disruptivas se han puesto de moda. Derivado quizá de los grandes y sonados éxitos financieros de empresas como UBER ó Facebook, cada vez más, los emprendedores retoman el pensamiento creativo y la innovación como la materia esencial de la puesta en marcha de su nuevo negocio.

Lo disruptivo se ha puesto en la mente de los líderes en los negocios entre otras cosas porque nos sirve para describir en una sola palabra, frases como: “Renovarse o morir” o el “El peor cambio es el que no se acepta” o afirmar máximas como la de Albert Einstein, “En tiempos de crisis la imaginación es más importante que el conocimiento”.

Disruptivo(a) viene de la palabra, disrupción que significa rotura o interrupción brusca. Y se comienza a escuchar cada vez más en los negocios para grandes empresas.

Se usa normalmente para describir a estas empresas (disruptivas) que han realizado un modelo de innovación que ha cambiado el rumbo de sus mercados objetivos. Algunos ejemplos de empresas disruptivas son: Sony, IBM, Apple, Microsoft, Google, Samsung, Facebook o NXP entre muchas otras.

Cierto que el pensamiento disruptivo existe quizá desde siempre pero en los años 20s toma relevancia en los negocios cuando Henry Ford, cambio el sistema de ensamble en línea del modelo T, y con ello puso al alcance de nuevos  compradores, el automóvil.

En los negocios pensar disruptivamente suele estar asociado a la creación y desarrollo de nuevos mercados y de “Market Share” esencialmente se usa para describir las visiones precisas del negocio en donde se desea posicionar a una nueva empresa o a la nueva oferta de productos y servicios.

El incremento de sensores en las cosas cotidianas creará nuevos modelos de compra del cliente y arribarán nuevos servicios incluso, algunos de ellos predictivos sin la intervención de humanos. Nuevas tecnologías como las de geo-localización, telefonía móvil y trazabilidad cambiarán la manera común del comercio actual.

Ya sea a través de nuestra área de marketing o de sistemas; es recomendable  crear un equipo externo o interno de consultores en innovación que nos permitan anticipar el rumbo de nuestros mercados y las preferencias y tendencias de nuestros clientes.

Las nuevas empresas disruptivas cambiarán nuestras vidas. UBER revolucionó por ejemplo el servicio del taxi ejecutivo disminuyendo la incertidumbre. Es un buen ejemplo de cómo usando los servicios gratuitos de GPS de los teléfonos y la geo-localización (TI) a través de una APP (Software) se unió la energía de compra de usuarios potenciales creando este servicio de transportación más seguro, eficiente y con más calidad.

En esta empresa se integraron desempleados o empresarios con capacidad de emprender, (ya que invirtiendo en un auto con un valor aproximado de 250 000 pesos se puede ser parte de la flotilla de autos UBER) y sobre todo de la coyuntura de un mercado con falta de regulación y con un servicio deficiente de transportación con bajos niveles de satisfacción.

Google, Samsung o Apple han descubierto la importancia y lo lucrativo que puede ser “romper” lo establecido, pensar disruptivamente. Industrias enteras como la automotriz cambiarán a nuevas empresas disruptivas que llegarán. En el nuevo modelo de negocio del automóvil ya no será más el objetivo vender un auto como lo más importante, sino poner ese auto más cerca del cliente en el momento oportuno que lo necesita para transportarse.

Hoy en día estamos llenando las cosas comunes con sensores electrónicos, y ya nadie podrá escapar de una pulsera inteligente o de un SmartWatch en pocos años, alguien debe vender estos productos y pensar desde ahora en que servicios se entregarán a esos clientes digitales. Los sensores y las empresas disruptivas han llegado para cambiar nuestra manera de hacer negocios y para crear la nueva era de lo que se llama el internet de las cosas.

Valdría la pena comenzar a preguntarnos si algunos de nuestros negocios estarán activos y vigentes en 8 años (ciclo que se estima tardo el teléfono en reemplazar a la cámara tradicional de fotografía). Hay que pensar si por ejemplo, seremos absorbidos por una competencia disruptiva, alguien que piensa en innovación más que nosotros y que imagina esta nueva era. O dicho más sencillo que: a diferencia de nosotros, quizás, si se preocupó en nuestros compradores, en integrar tecnología amigable y efectiva, en conocerlos mejor, y  que ha comenzado hoy a cambiar y a rediseñar sus procesos para orientarlos al cliente de la nueva era digital.

Fecha: 
Miércoles, 21 de Octubre 2015 - 18:00
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Bloqueadores de la Publicidad Digital

El mercado digital crece de forma acelerada debido al aumento exponencial de los internautas en general, y de los usuarios de celulares inteligentes en particular. Hoy tenemos en el mundo 2,923 millones de usuarios de Internet y 3,600 millones de suscriptores de telefonía móvil.

Una expresión de este crecimiento es el comportamiento de la publicidad digital. Una vertiente que está en franca explosión. Este segmento se ha convertido en una industria multimillonaria. Los datos son impactantes: en 2014 se invirtieron 137,000 millones de dólares a nivel mundial en anuncios en la red de redes.

Por otra parte, gran parte del crecimiento del mundo digital se basa en modelos de negocios a partir del uso de gastos cruzados. Por ejemplo, la publicidad digital ayuda a pagar el uso de la red y el acceso a sus contenidos. Gracias al crecimiento de la publicidad digital podemos tener acceso sin costo a diferentes sitios en Internet.

Bloque de la publicidad digital

Sin embargo, debido a una nueva tecnología que permite el bloqueo de la publicidad digital en los celulares inteligentes esto puede cambiar. ¿Te imaginas que ahora tengas que pagar por los contenidos que visitas en la red? Pues esto puede provocarlo esta nueva tecnología. El 90% de lo que revisamos en Internet está subsidiado por la publicidad digital.

Apple acaba de dar un golpe importante en el bloqueo de la publicidad digital que está creando una gran polémica. La nueva actualización del iOS 9 considera una función de "bloqueo de contenidos". Adicionalmente, puede usarse también para evitar los datos de seguimiento.

En caso de que este tipo de herramientas progresen, habría varios afectados. Empezaríamos con los sitios de contenidos que basan su modelo de negocios en la venta de publicidad en línea. También afectaría al conjunto de la industria de la publicidad digital, al aparecer este nuevo obstáculo generaría una transformación tecnológica importante con el nuevo modelo de la publicidad programada, que utiliza la información de los potenciales consumidores para personalizar y automatizar el envío de anuncios.

Incluso hay quienes piensan que los "bloqueadores" pueden afectar al mismo comercio electrónico, que depende en gran medida de los anuncios digitales para crear demanda.

Por otro lado, quienes pueden aprovechar esta situación son los proveedores de acceso a la red, pues los "bloqueadores" les otorgan la gran oportunidad de entrar al mercado de la publicidad digital, del cual a la fecha sólo ha beneficiado a empresas como Google, Facebook y demás actores que venden publicidad en Internet. Mientras las empresas de telecomunicaciones invierten importantes cantidades de recursos en infraestructura y recursos técnicos, los vendedores de publicidad en línea obtienen para ellos los beneficios de un mercado más grande gracias a la mayor cobertura y calidad de banda ancha.

Conclusiones

Aunque falta mucho por saber qué sucederá con los "bloqueadores" ante las reacciones de los afectados y el análisis de las consecuencias para el desarrollo de Internet, lo que sí es cierto es que la publicidad ha abusado e invadido la privacidad de todos con demasiados anuncios.

Es probable que esta nueva tecnología no prospere por el impacto económico que tendría en el mundo digital, pero sí ayudará a plantear los límites de la publicidad, la necesidad de compartir sus beneficios con otros jugadores como las empresas de telecomunicaciones, y también puede ayudar a darle mayor poder a los usuarios de la red para decidir qué quieren recibir en materia de anuncios.

Internet sigue en evolución y en discusión. Las innovaciones tecnológicas pueden hacer ganadores a algunos y afectar a otros. Es un mundo del que tenemos que estar siempre pendientes, pues de lo que ahí suceda puede depender parte de nuestro futuro.

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Fecha: 
Martes, 20 de Octubre 2015 - 16:30
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Facebook nos conoce muy bien

Actualmente cuatro de cada 10 habitantes del mundo participamos en Internet, ya sea a través de consultar la web, intercambiando correos electrónicos o interactuando en las redes sociales. En paralelo a esta participación, sin darnos cuenta, vamos dejando rastros digitales de nuestros gustos, preferencias y relaciones. Algunos llaman a esto la “huella digital”.

El uso de Internet se ha vuelto una de las principales actividades humanas, y prácticamente nuestras vidas se desarrollan impactados con las nuevas tecnologías. Las usamos para trabajar, para comunicarnos, para informarnos, divertirnos, hacer negocios y hasta para conocer nuevos amigos o parejas.

¿Pero qué puede significar esta huella digital? ¿Qué dice de nosotros y cómo puede ser aprovechada al explotar el cúmulo de información que dejamos en nuestras interacciones en las redes sociales, por ejemplo?

Facebook nos conoce muy bien

Facebook es la red social más importante con más de 1,490 millones de usuarios activos (aquellos que se conectan a la red al menos una vez al mes) el segundo trimestre de 2015. El crecimiento sigue siendo importante, pues al primer trimestre esta red contaba con 1,440 millones de usuarios, y creció con 50 millones de participantes más (3.5%) a junio de este año.

¿Hasta dónde se puede interpretar nuestra participación en esta red social? Recientemente las Universidades de Stanford y Cambridge publicaron un estudio donde aseguran que, por medio de la aplicación de ciertos algoritmos a nuestras participaciones en Facebook, se puede conocer la personalidad de los usuarios.

Pero además sorprende el hecho que lo pueden lograr con poca información: con 10 “me gusta”, el conocimiento que se obtendría equivaldría al que tiene de nosotros un compañero de trabajo; con 70 “me gusta” sería un conocimiento similar al de un amigo; con 150 “me gusta” se iguala el conocimiento al de un familiar; y con 300 “me gusta” es el mismo conocimiento que tendría nuestra pareja. Sorprendente.

Este estudio deja en evidencia que nuestra huella digital tiene implicaciones muy serias, tanto éticas como legales, en materia de privacidad o violación de nuestros derechos básicos. Unos cuantos me gusta, compartir, comentarios, fotos y videos dejen al descubierto nuestra personalidad.

¿Y cómo es posible? Pues lo autores de las investigación dicen que es gracias a la capacidad de cómputo existente y al uso de la inteligencia artificial que permite procesar millones de operaciones en segundos.

El estudio de las Universidades de Stanford y Cambridge se realizó con una muestra de 86,000 voluntarios que contestaron una encuesta de 100 preguntas. Esta encuesta estaba diseñada para identificar cinco grandes rasgos de la personalidad: la apertura, la escrupulosidad, extroversión, amabilidad y neuroticismo. A partir de ahí analizaron los compartimiento en la red y lograron desarrollar un modelo predictivo que permite identificar las personalidades de quienes son usuarios de Facebook. Llama la atención el promedio de 227 "me gusta" de las personas participantes en la investigación.

Conclusiones

Esta investigación deja en claro el poder de la interpretación de nuestra información en el mundo digital, misma que puede predecir nuestros gustos y preferencias, nuestros temores e ideas políticas o religiosas. Mucho poder de conocimiento, lo cual abrirá una gran debate de los límites y condiciones para su uso. Por lo tanto, las grandes redes sociales tienen acceso a los mismo y seguramente estarán haciendo uso no regulado del mismo.

Es urgente abrir un debate de los nuevos derechos, límites y usos de la información personal que se comparte en el Internet. Aquí hay elementos de carácter ético que deben de considerarse, pues gran parte de la información que damos puede ser desviada a fines inmorales como la manipulación y el engaño. Aquí hay un gran reto que ya debemos enfrentar: ¿hasta dónde, quién y para qué?

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Fecha: 
Martes, 29 de Septiembre 2015 - 16:00
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"LIKE": Lo que podría estar detrás de mucho de lo que compartimos y de los likes de Facebook.

Algunas veces, cuando utilizo Facebook, tengo miedo de convertirme en una especie de ratoncito del Flautista de Hamelin, que es dirigido hacia un gigantesco entramado, gobernado por el mundo de las multinacionales y de la publicidad. Paso mucho tiempo en las redes, leyendo y compartiendo información y preguntándome si, en medio de tantos datos e imágenes, que pasan con una rapidez trepidante, no corro el riesgo de convertirme en un ¿aprendiz de todo y maestro de nada? Por ejemplo, leer una frase de Oscar Wilde (y otra de Kafka y otra de Steve Jobs) en las redes, no me convierte en un lector de Oscar Wilde. Me cuestiono si no sería mejor emplear todo ese tiempo leyendo textos completos. Las redes son un reflejo de la sociedad postmoderna, caracterizada por la fragmentación. Pero, ¿cuánta de esa información está descontextualizada? ¿Y cuánta de ésta es desinformación? Hace algunos días se estuvo compartiendo una imagen del filósofo francés, Claude Lévi-Straus, junto con el anuncio de su muerte. Encontré en Facebook un comentario tan absurdo como éste: «Acabamos de perder a un gran pensador. Descance en paz, Lévi-Strauss». Poco tiempo después, mi amigo, el escritor y biólogo Pedro Paunero, publicó un post, recomendando a sus amigos de Facebook leer bien las noticias y no sólo los encabezados antes de compartirlos. Lévi-Strauss murió en 2009. El problema en Facebook es que muchas veces las fuentes no se verifican.

Después de publicar mi situación emocional en Facebook y luego de no pocos inconvenientes relacionados con Facebook y mi vida personal, me he preguntado si escribir: «Me siento triste», por ejemplo, sirve realmente de catalizador para aliviar esa tristeza o si sólo muestra un aspecto de mi vida que a los demás no les interesa en lo absoluto. Tal vez, tras la publicación de mi estado emocional, reciba varios likes y algunas palabras de aliento en los comentarios (nunca, una llamada telefónica o una visita personal de apoyo). ¿Esos likes y comentarios, algunas veces demasiado simplistas, harán que me sienta menos triste? En todo caso, ¿quién es el destinatario real de esos mensajes? Todos y nadie. Quizá, yo mismo. He leído estudios psicológicos a favor y en contra de los efectos que tiene la publicación, en las redes sociales, de las emociones y de los detalles de la vida íntima en la salud mental.

¿Por qué son populares tan las redes sociales? La respuesta tiene que estar en la soledad.

En junio, Umberto Eco, uno de los mejores escritores contemporáneos, arremetió contra las redes sociales y sus usuarios, diciendo: «Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los necios».

Con todo lo que he publicado en Facebook, debo de ser ya el mayor idiota del planeta.

Pero Umberto Eco no ha de estar tan equivocado. No dudo que su comentario tenga más fondo que forma. Aunque también podría ser rebatido. ¿Por qué la cultura y la información tienen que estar en manos de las élites únicamente? ¿Qué no son propiedad de todos, de la humanidad? ¿No son las redes socials, precisamente, una especie de revolución, una forma de quitarle todo el poder a esas élites? Dicho de otra manera, ¿no son un nueva forma de ejercer la democracia, capaces de dar voz a quienes no la tenían?  

El gran escritor mexicano, Juan Villoro, escribió que una cosa es tener una idea sobre algo; otra, disponer de información sobre eso; y otra, tener autoridad sobre el tema. Creo que a eso se refería Umberto Eco. Muchas veces opinamos sobre temas que no conocemos a profundidad, como si fuéramos una autoridad en la materia, de manera que terminamos por desinformar, informar a medias o banalizar la información y el conocimiento.

El periodista y catedrático de la Universitat Ramon Llull de Barcelona, Josep Lluís Micó, dice1 que la mayoría de los motivos que tienen los internautas para compartir y dejar constancia en la red de aquello que les ha gustado son obvios.

Pero eso no es todo.

Algunas veces es difícil saber qué hay detrás de estos movimientos ejecutados por personas comunes, convertidas en «distribuidores eficientes de contenidos». Dice que una de las respuestas podría estar en la Teoría de los usos y gratificaciones (TUG)2.

A grosso modo, esta teoría investiga la comunicación en masa. Mientras que otras teorías estudian el alcance de los medios de comunicación en las personas, la TUG investiga qué efectos tienen las personas en los medios de comunicación. Según esta teoría, es la audiencia la que elige los contenidos que presentan los medios, de acuerdo a sus deseos y a sus necesidades, con el fin de conseguir una gratificación (satisfacción). Lo anterior implica que los medios tengan que competir entre ellos para ganarse a la audiencia.

En las redes sociales y, en concreto, en Facebook, el medio de comunicación no aporta el contenido; los usuarios hacemos al medio. Todos opinamos, difundimos, juzgamos y criticamos.

Aquí es donde el asunto se pone más interesante.

Por ejemplo, antes de las redes sociales, los medios de comunicación y las empresas encuestadoras podían afirmar que algún candidato o gobernante gozaba de una popularidad determinada. Ahora, con las redes sociales, se puede «palpar» de qué manera, una gran parte de los internautas (o de los idiotas de los que habla Umberto Eco) percibe a dicho gobernante. Si los datos no coinciden es porque algo extraño está ocurriendo. Podría presumirse que alguien los está manipulando. Por otra parte, las redes sociales permiten que información relevante se conozca en muchas partes y a gran velocidad (por ejemplo, cuando se han robado a un niño). Hay sucesos que nunca se conocerían si las redes sociales no existieran (p.e. el maltrato a los animales que se dio recientemente dentro de una tienda de mascotas en México).

Si la prensa es conocida como el cuarto poder, ¿en qué se convierten las redes sociales? ¿Comparten una parte ese cuarto poder, en qué proporción? ¿Son un quinto poder, el poder de la masa? ¿Son un contrapeso a todos los poderes existentes? ¿Son una especie de vigilante de los demás poderes?

Lo cierto es que compartimos y damos likes a los contenidos de Facebook que nos interesan, a los que llaman nuestra atención, a lo que nos entretienen, satisfacen nuestra curiosidad o nos dan algún tipo de beneficio (o gratificación).

Compartimos para buscar vínculos emocionales con los demás, a través de nuestros gustos e intereses.

Pero hay más.

Un estudio del New York Times reveló que el 68% de los usuarios de las redes sociales comparte aquella información que lo ayude a definirse de una manera determinada frente a los demás.

Es decir, nos proyectamos e intentamos revelar nuestra personalidad o, más bien, lo que quisiéramos que los demás vieran de nosotros en Facebook. Rompemos la línea que dividía lo público y lo privado.

En la vida real, ¿a cuántas de las personas que tenemos de amigos en Facebook invitaríamos a nuestras casas, les mostraríamos lo que comemos y lo que bebemos, les contaríamos chistes, les hablaríamos de cómo nos sentimos, de nuestras relaciones amorosas y les mostraríamos nuestros álbumes de fotos?

No lo sé.

Lo anterior es materia de otro debate.

Habrá que seguir atentos a la retórica de Facebook y de las redes sociales en general. Están aquí. Y forman una parte insospechada de la nueva forma que tenemos de comunicarnos. 

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http://www.lavanguardia.com/opinion/temas-de-debate/20130324/54370608811...

http://catarina.udlap.mx/u_dl_a/tales/documentos/lco/menendez_g_pi/capit...

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Fecha: 
Lunes, 27 de Julio 2015 - 16:00
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Facebook 2015

Según Wikipedia, una red social es una estructura compuesta por un conjunto de actores (individuos u organizaciones) que están relacionados de acuerdo a algún criterio (relación profesional, amistad, parentesco, etc.).

Las redes sociales parten de la teoría de los seis grados de separación, según la cual, toda la gente del planeta está conectada a través de no más de seis personas. Las redes sociales unen a nuestros conocidos.

Lo que cambió la historia fueron la aparición de las redes sociales en Internet. Este fenómeno social surge a finales del siglo pasado a través del concepto Web 2.0, que buscaba fomentar la comunicación y enfoque entre usuarios. En 2002 comienzan a aparecer sitios web promocionando las redes de círculos de amigos en línea.

En 2004 aparece Facebook, la red social más importante de la historia del ser humano y uno de los fenómenos social y económico más impresionantes. Las ganancias de Facebook son exponenciales y siguen impresionando a especialistas financieros e inversionistas.

Mina de Oro

  • Recientemente el sitio TICBeat.com elaboró un análisis de los resultados del primer trimestre del año de Facebook. Los ingresos de los tres meses de 2015 alcanzaron los 3,540 millones de dólares, cifra superior en 42% al mismo período del año anterior, pero menores a 72% de 2014.
  • Esto se debe al cuantioso gasto de la empresa en investigación, desarrollo y capital humano, para mejorar la expriencia del usuario e incorporar nuevas funcionalidades, como es el caso del comercio electrónico. Además, impulsa proyectos tan ambiciosos como Internet.org, que busca proporcionar acceso a la red a quienes no lo tienen, o el rediseño integral de sus centros de datos.
  • Seguramente también impactó las inversiones realizados en la denominada “familia de apps”: WhatsApp (adquirida en 2013) e Instagram (en 2012).
  • Esto puede ser coyuntural, pues el número de usuarios sigue creciendo: actualmente tiene 1,440 millones de usuarios activos mensuales, contra 1,280 millones de 2014. 1,250 millones de ellos son móviles, lo cual confirma que el futuro de Internet y de las redes sociales será totalmente móvil. Si hay dudas, este dato lo confirma: 73% de los ingresos publicitarios de los 3,320 millones de dólares de publicidad del trimestre provinieron de la públicidad móvil.
  • La actividad en la red social también aumentó: 936 millones de usuarios se conectan diariamente a Facebook (21% más que en 2014), y 798 millones lo hacen desde un dispositivo móvil.
  • A este gigante tecnológico de la nueva comunicación mundial, hay que sumarle los usuarios de su lista de apliacciones: 800 millones en WhatsApp, 700 millones en Grupos, 600 millones en Messenger y 300 millones de Instagram.
  • Otro dato que habla del futuro de Internet, es que día a día se producen en su plataforma 4,000 millones de videos, de los cuales 75% provienes de dispositivos móviles.

Conclusiones

Sin lugar a dudas Internet ha sido el fenómeno más destacado del siglo XX, como las redes sociales lo son en este siglo. La comunicación directa entre las personas de todas partes del mundo cambia las reglas de la economía, la política y la sociedad. Facebook es el gran actor de este cambio.

A lo anterior, hay que sumar una tendencia creciente hacia el uso de los dispositivos móviles y de los videos. Las personas de este siglo paracen acercarse cada vez más a la hiperconectividad y a encontrar nuevos códigos para comunicación en un mundo saturado de información.

Seguramente, el poder de cambio e innovación de las redes no se detendrá, por lo que tendremos más sospresas en los años por venir.

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Martes, 12 de Mayo 2015 - 18:30
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Multimillonaria multa del PVEM. Robotización y automatización de bienes raíces. La mujer en México

El vocero del PVEM y lider de los diputados federales, Arturo Escobar, comenta sobre la multimillonaria multa que le impuso el INE. En el estudio me acompañan Liliana Alvarado y Juan Azcárraga y comentamos sobre la robotización y automatización de los edificios y demás bienes raíces y; la situación de la mujer en México. Carlos Velasco habla sobre la explotación de los jornaleros en Baja Californiana. Luis Enrique Mercado analiza los diversos pronósticos de crecimiento de la economía nacional. Marco Paz Pellat presenta datos que muestran la inmensidad de Facebook.

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Martes, 12 de Mayo 2015 - 19:00
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Mi programa:

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En tiempos de la paranoia mexicana

En nuestros días, es cada vez más común escuchar la palabra “paranoia” para referirnos a un comportamiento maniático o exagerado de una persona. De acuerdo al RAE la definición de paranoia es: 1. f. Perturbación mental fijada en una idea o en un orden de ideas.

Ciertamente, somos asertivos al usarla.

Nuestro país ha vivido diferentes sucesos fatídicos y violentos a lo largo de sus 205 años de historia, hechos que se han vuelto “noticia” y, que a través de los años, han impactado a la sociedad por generaciones; no obstante, nunca antes, estas noticias habían sido tan visibles, alcanzables y expeditas para las personas como ahora; todo, gracias a los medios masivos de comunicación que existen en la actualidad; y por supuesto, las cada vez más presentes: redes sociales, destacando por supuesto a Facebook y Twitter.

Cada hecho, cada declaración, cada movimiento, cada escándalo, es posible ser conocido en tiempo real; a cualquier hora y en cualquier sitio en el que nos encontremos.

Esa condición de estar enterados de todo lo que pasa en nuestro país y fuera de él, ha hecho, que la gente cada vez comprenda más y mejor, los porqués de las situaciones que afectan a la nación; cuestionándose cada vez más y con toda razón, acerca del desempeño de los legisladores: rendición de cuentas, transparencia, legalidad,  etc…, debido, desde luego, a los vergonzosos episodios de corrupción por parte de nuestros representantes; escándalos siempre existentes pero más manifiestos que nunca.

El conocer todos estos casos deshonrosos, en un país en vías de desarrollo como es México, en donde 27 millones de personas viven con menos de USD 4.00 al día, es por demás, indignante. Nombres como: Elva Esther Gordillo, Humberto Moreira, Andrés Granier y una larga lista de otras figuras públicas al frente de gobiernos, sindicatos o instituciones gubernamentales, han estado en el ojo del huracán, por sus sonados casos de desvío de recursos del erario para sus intereses particulares (entre muchos otros delitos no menos graves). Hechos que sin duda alguna, viven en la memoria de todos los mexicanos.

¿La  consecuencia? un óptimo caldo de cultivo para la paranoia colectiva, en donde la desconfianza, es protagonista.

Si existen traumas psíquicos en lo individual, ¿por qué no pensar en lo colectivo? ¡tiene lógica!, los habitantes de este país en su conjunto, padecen de severos traumas que los han convertido en un grupo social evidentemente desconfiado, con una férrea postura defensiva. Lo interesante es determinar si su actuar es justificado o no.

Es innegable, que la sociedad mexicana, ha sido herida por demasiadas malas acciones y decisiones de parte de quienes nos gobiernan.

Recordando las palabras del presidente Enrique Peña Nieto hace unos días, en su visita a la Riviera Maya, Quintana Roo:

A veces pareciera que no quisiéramos o nos negáramos a reconocer los avances y a registrar las buenas noticias, estamos en búsqueda de ellas, y cuando las tenemos frente a nosotros pareciera que no las vemos” (…).

Está claro que al mismo presidente Peña le indigna la paranoia social y la denuncia a los cuatro vientos, pero todos sabemos que la cura para que la sociedad pueda recobrar la credibilidad, el optimismo, la confianza y la certidumbre, es en resumidas cuentas, la tan ansiada justicia social, cuestión, que es suma de voluntades de muchos frentes.

Dicha paranoia colectiva, juega indudablemente, un papel importante en la actual carrera electoral, en la mayoría de los ciudadanos, abunda un hartazgo generalizado por las acciones proselitistas y las votaciones y los partidos políticos lo saben; por lo que nunca antes habían tenido que pagar precios tan altos por sus malas acciones.

Por otro lado, qué pasa si no sólo consideramos la paranoia “negativa”, sino, la paranoia “positiva”, refiriéndome a los numerosos casos de personajes controversiales que se han visto involucrados en situaciones extremas, que han causado ecos inusitados dentro y fuera de nuestro país, considerados por algunos como “héroes; desde el plano social hasta el periodístico o humanitario, han sido sólidamente defendidos y apoyados; por mencionar algunos: el conocido líder de las autodefensas en Michoacán, José Manuel Mireles preso en algún lugar de Sonora, los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa y sus familias, la periodista Carmen Aristegui o el Padre Solalinde, defensor de los migrantes.

El poder de la gente es su expresión en las redes sociales, y es a mi pensar, un desahogo legítimo.

Nunca hay que olvidar que a toda acción, una reacción, después de todo, estoy segura, que en algún momento de nuestras vidas, cada uno de nosotros ha sido un “paranoico”.

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Referencias:

http://buscon.rae.es/drae/srv/search?val=paranoia

http://es.wikipedia.org/wiki/Pobreza_en_M%C3%A9xico

http://www.milenio.com/politica/EPN_avances-EPN_buenas_noticias-EPN_turi...

Fecha: 
Lunes, 04 de Mayo 2015 - 18:00
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Redes (Anti)Sociales

“Temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad, el mundo sólo tendrá una generación de idiotas”. Albert Einstein.

Tenía meses queriendo escribir sobre esto, pero ya saben, que si el trabajo, que si la falta de tiempo, que si el cansancio, que si los pretextos. Pero hoy por fin me he decidido.

Como comunicólogo a veces parece incongruente que no haga uso de las redes sociales. Critico demasiado a los que viven inmersos en ellas como si de ello dependiera su vida. No saben cuántas discusiones he iniciado por el tema y, por supuesto, siempre salgo con alguna mentada de madre. Pero es que la verdad no puedo con ésto. Entiendo que estamos en tiempos de tecnología y que ésta avanza diariamente, que es importante y necesaria, que nos hace la vida más fácil y que la información se vuelve accesible para todos. Pero hay una enorme diferencia entre el uso de tecnología y la enajenación por la misma. Y eso es justo lo que nos está pasando.

Mucha gente fatalista habla de una “conspiración” mundial ejercida por las grandes empresas y gobiernos para mantener a la sociedad en un bajo perfil para poder aprovecharse de ella y seguir manteniendo un control. No estoy de acuerdo con la teoría, sin embargo sí creo que la misma sociedad se ha encargado de auto idiotizarse con el uso excesivo de la tecnología.

Es cierto que en nuestros días es importante ser localizables y estar comunicados todo el tiempo. Los smartphones son una herramienta que se ha hecho casi indispensable, sobre todo para quienes trabajamos y necesitamos estar en contacto con clientes, proveedores, etc. Pero hemos caído en el abuso y llegado al extremo de la pateticidad.

Las redes sociales han hecho de la comunicación y socialización algo verdaderamente de lamentar. Hoy parece que para ser alguien importante, aceptado o influyente debes pasar la mayor parte de tu tiempo atrás de una pantalla publicando lo que haces de tu vida (que es nada en el momento que vives en las redes) y esperando la aprobación de los demás. Parece increíble, inaceptable e imperdonable el no contar con perfil en al menos una de todas las redes existentes.

Y no trato de satanizarlas ni mucho menos. Hasta celebro la importancia que tienen o han tenido en algunas situaciones. Gracias a ellas se logran dar noticias de forma directa e inmediata. Ha sido por medio de las redes que se han organizado movimientos como el que ayudó a la toma de conciencia y liberación en Egipto. Por medio de Facebook se han realizado grandes campañas publicitarias, campañas sociales; han ayudado al crecimiento de las micro y pequeñas empresas e incluso han servido para el rencuentro de amigos y familiares perdidos que de no ser por estos medios no se habrían vuelto a ver nunca en sus vidas.

Esto lo acepto y hasta lo puedo admirar. Pero lo que no entiendo es que la gente desperdicie todo su tiempo en ello. ¿Qué en verdad a alguien le importa si el perico de quien sea dijo una nueva palabra, si el tipo del coche de al lado se saca el moco mientras maneja, si el compañero de alguien se queda dormido en clase o en el trabajo o si la forma del cereal que se comieron en la mañana parece la cara de algún conocido? Porque estupideces como esta son las que en realidad se publican en la mayoría de los perfiles. La gente no pierde oportunidad para sacar su teléfono y gritarle al mundo cualquier tontería. Hemos llegado al punto en que la privacidad está cayendo en decadencia por privados que sean los perfiles de cada uno (valga la rebusnancia). Y lo peor de todo es que los que viven en estas comunidades han caído en un estado de egocentrismo tan grande que creen que tienen la verdad absoluta de todo y atacan a quienes no están de acuerdo con ellos. Ese caso lo vimos con las pasadas elecciones, donde lo twiteros y facebookeros atacaban a Peña Nieto y López Obrador de manera fulminante y quien se atreviera a defenderlos podría casi sufrir un destierro mediático.

¡Como si en verdad representaran una mayoría!

Pero este no era mi punto. El tema aquí es la falta de comunicación en los Tiempos de la Comunicación; el aislamiento en los tiempos de las mal llamadas Redes Sociales.

Todos hemos estado en alguna comida, fiesta o reunión en la que más de uno se aparta de los presentes para clavar la nariz en su teléfono. Antes era molesto que en medio de una plática sonara el celular de alguien ¡pues ahora lo hace segundo a segundo! La gente no puede estar apartada de su Twitter, Facebook o WhatsApp un solo momento. Teclean cientos de letras por minuto compartiendo con los que no están con ellos si la fiesta está aburrida, si alguien llegó con tal persona, si el grupo que toca suena bien o si los hielos del chupe no duran. Comparten todo, platican todo, pero si alguien que está con ellos le pregunta cualquier cosa se limitan a contestar (después de varios segundos de procesar las palabras) “eeeh… ¿mandeee?”. Están completamente idiotizados, no se enteran de lo que pasa a su alrededor, si caes muerto junto a ellos en ese instante ni cuenta se dan.

Llega un momento en toda reunión en el que todos los presentes están metidos en sus teléfonos, no se hablan entre ellos, no se voltean a ver, incluso hay veces en que aún estando en la misma mesa se comunican por mensajes. Y, por supuesto, si te atreves a pedir que dejen los celulares puedes sufrir graves daños físicos y emocionales. Pregunto ¿si no quieren estar en una fiesta para qué van? O si prefieren estar en sus celulares ¿no sería mejor que se queden en sus casas chupando y publicando en sus perfiles? Al menos ahorrarían una lana.

Tal vez no soy el más autorizado para hablar de socializar, pero aún con todo lo antisocial que soy, es indignante estar en una reunión rodeado de personas que no piensan, que no opinan, que se les acaba el mundo cuando se quedan sin batería.

Es increíble preguntar a alguien por algo interesante porque ya no tienen nada que decir, pedir una opinión porque no la tienen, ya no se diga preguntar qué es lo último que leyeron porque (a menos que sea una mujer y “50 shades of Grey”) eso es prácticamente un insulto. Pero si quieres saber cuál fue el trending topic de la semana o quién cortó con su novio, estos entes son las mejores fuentes de información.

En fin, que esta sociedad ya de por si en decadencia, se acerca rápidamente a su fin.

Publicado desde mi iPhone (…)

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Fecha: 
Viernes, 17 de Abril 2015 - 18:00
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En Entrevista: Marco A. Paz Pellat, Especialista en Estrategia Digital y Redes Sociales

Desde Hermosillo, Marco Paz Pellat compara a Facebook con Twitter.

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Martes, 28 de Octubre 2014 - 19:30
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En Entrevista: Marco A. Paz Pellat, Especialista en Estrategia Digital y Redes Sociales

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