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Vaya gran, gran, Gran Premio

El día de Todos los Santos de 1962 se acabó a sus 20 años la vida del mayor piloto nacido en México: Ricardo Rodríguez. Por primera vez los coches Fórmula 1 rodaban en este país, y Ricardo se estrelló en su Lotus 24 no por error suyo (no sabía cometerlos) sino porque se le rompió la suspensión trasera en la curva más emblemática del circuito, la ya inexistente peraltada. Don Gilberto Valenzuela se inspiró en el rapidísimo autódromo de Monza —donde había una peraltada, ya también en desuso— para un sistema modular de autódromos diseñado por él. Una maravilla, irremediablemente alterada para cubrir nuevos requisitos de seguridad.

El día de Todos los Santos de 2015 presenció la vuelta a la vida del Gran Premio de México en su tercera (esperemos que definitiva) época. Sentí un entusiasta contento por que en mi país se haya hecho algo de tal calidad.

El espectáculo del motor ha sido una de mis más duraderas aficiones. Comencé a mis 7 años presenciando la III Carrera Panamericana, donde vi pasar velocísimo un Lancia D24 rojo, número 34, delante de Taruffi y Fangio. Tres horas después falleció su conductor Felice Bonetto en Silao. El 1953 estuvo plagado de accidentes.

En pistas como Avándaro, Lago de Guadalupe y la Mixhuca vi repetidamente a Ricardo Rodríguez y a su muy inferior hermano Pedro. Tengo el privilegio de haber estado en todos los grandes premios de México, salvo 1968 en que vivía en Roma. Vi allí a los finados Jim Clark, Moisés Solana, Jochen Rindt, Lorenzo Bandini, Jo Siffert, Ayrton Senna y al último aficionado auténtico, Carel Godin de Beaufort; y entre los sobrevivientes de las pistas, a los grandiosos Alain Prost, Nigel Mansell, Jack Brabham, Jackie Stewart, John Surtees, Gerhard Berger…

He visto gloria y decadencia, altos y bajos, estupendos éxitos y lamentables ridículos en el GP de México. Recuerdo que en su primera época fue reconocido como el mejor organizado de un año, premiado por el corredor sueco de media tabla Joakim Bonnier, presidente de la Asociación de Pilotos de Fórmula 1. Contra eso, en el último de esa tanda, 1970, Jackie Stewart atropelló a un perro y por gracia divina ningún coche mató a alguien de la chusma de 200,000 irresponsables que invadimos la pista; ni los apremios de Pedro Rodríguez lograron que regresáramos tras la malla. (No había remedio: unos cuantos abusados se iban a vivir días antes al autódromo en una camioneta, privatizaban enormes espacios cercados con alambres y cordones e impedían a cualquiera ver la carrera desde la cerca, cuantimás que casi no había tribunas.) El caso es que ante tal caos, la FIA nos castigó por 16 años.

Nada que ver con la avasalladora calidad demostrada en la tercera época del Grand Prix. Las instalaciones del Hermanos Rodríguez (que se llamó brevemente Ricardo Rodríguez, poco antes de la muerte de Pedro en 1971) son un injerto del Primer Mundo en México. Es impresionante hasta la calidad de las banquetas, inexistentes en cualquier lugar del DF. Y no hablemos del pavimento, que si estuviera bajo la jurisdicción del GDF le pondrían unos cuantos topes.

Algo de tal calidad sólo la empresa privada es capaz de realizarlo sin tirar el dinero. Claro que costó mucho; los boletos generales ajustados por inflación cuestan 13 veces más que en 1992 y 68 veces más que en 1970. En su primera época $40 daban acceso a toda la pista; 21 años después en la última edición ese dinero era $38,130 pero en la tribuna final de la recta había que pagar $200,000 (agradezco a mi hermano Antonio los cálculos). Con reventa y todo, estaban hace poco a 19M de viejos pesos. Aun así las butacas se agotaron y el público estuvo feliz además de que se portó perfectamente, obvia respuesta que automáticamente da un ciudadano cuando se le respeta y se le da entero y hasta de sobra el servicio que compró.

El triunfador Nico Rosberg opinó que había sido el mejor podio de su vida por la calidez y entusiasmo del público en el Foro Sol, adornado por papelillos tricolores como los que echaban en las calles a López Mateos al regreso de sus paseos o cada 1º de septiembre. El supercampeón y superveterano Niki Lauda dijo que había sido el mejor gran premio que recordaba. Y el máximo piloto activo, Fernando Alonso, opinó que este gran premio era el mejor, cuando lo entrevistaron tras apenas rodar una vuelta. (Lástima que ese gran triunfador haya caído víctima de la mala mecánica por casi 10 años; y nunca peor que con un motor Honda que resulta, hasta un nivel ridículo, lento pero malo e inestable pero impotente.)

Aparte del inolvidable entretenimiento y vivencia que ofreció la ciudad a los pilotos (desde la mariachada de Ricciardo en Garibaldi hasta Lewis Hamilton peleando lucha libre con enmascarados) México de nuevo ha elevado una simple justa deportiva internacional hasta un nivel de espectáculo cualitativamente distinto al agregar elementos culturales ricos y complejos, que rebasan el simple ritual de un baño de champaña. Y digo de nuevo porque a partir de la olimpiada de 1968 las inauguraciones y clausuras se hicieron mucho más ricas y complejas, con más show business que deporte. México ha levantado la vara; el año entrante veremos un cambio cualitativo en las carreras.

Los grandes premios de los 60 y 80 eran más emocionantes y desorganizados, más competidos y emocionantes, menos asépticos y tecnificados, más arrojados y mucho más peligrosos. Quien se pasara de largo como ahora hizo Bottas podría acabar en el panteón en vez de sacar el 3er escaño del podio. Con las normas actuales de máquinas y pistas Ricardo Rodríguez no habría muerto.

Sin duda hay que preferir la vida, por más que los grandes premios sean más planos y químicamente puros, políticamente más correctos y menos divertidos, casi sin el arrojo de antes, ése que sigue haciendo admirables las corridas de toros. Los veteranos admiradores del deporte de la velocidad quisiéramos a veces algo de la antigua emoción pero ¿hay alternativa? Pasaron 20 años en F1 desde la muerte de Senna (1994) hasta Jules Bianchi, y en 5 años de la Carrera Panamericana murieron 27. Sin embargo, la Panamericana inspiró la línea Carrera de Porsche y empujó la afición automovilística de más de un tifoso de las carreras, entre ellos los Solana y los Rodríguez. Y entre otros más, este escribidor villamelón…

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Miércoles, 04 de Noviembre 2015 - 17:00
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Qué aprendimos del GP de México

La organización: maravillosa

Lejos quedaron atrás los vergonzosos incidentes de los pasados Grandes Premios mexicanos, cuando la gente se saltaba los enrejados y se situaba peligrosamente a los lados del circuito. Mucho menos los perros atravesándolo con desparpajo. Bienvenido México al primer mundo, por lo menos en la Fórmula Uno.

La gente: lo mejor de todo

330 mil aficionados abarrotaron los tres días de fiesta automovilística, poniendo los ingredientes primordiales al evento: festividad, algarabía, color, sabor, pasión, y, hay que reconocerlo, educación.

Las instalaciones: Inmejorables   

Empezando por el novedoso trazado, que si bien eliminó algunos sectores clásicos en pos de la seguridad –como la mortífera curva peraltada–, la original idea de atravesar el Foro Sol para rodear a los pilotos con cerca de 40 mil frenéticas almas vitoreándolos, fue impactante. La mesa de billar en la que fue convertida la pista y sus nuevas áreas de escape la han convertido en una pista muy segura.

Pero qué decir de las demás áreas, simple y sencillamente de primer mundo.

La carrera: el punto débil

Si bien es cierto que la atmósfera “mexicanizada” que rodeó al Gran Premio de México lo convirtió en único, la carrera resultó ser menos emocionante de lo que pintaba. Algunas escaramuzas por aquí y por allá, pero no pasó a ser más que otra somnolienta procesión de autos incapaces de pasar al de enfrente. Cúlpese al delgado aire del D.F., al poco agarre de una pista recién construida y a la conservadora elección de Pirelli en cuanto a los neumáticos designados para la carrera. Seguramente el año entrante veremos una mejor versión.

Nico Rosberg: el ganador de la nueva era

El piloto alemán resurgió de sus cenizas y se levantó como el primer ganador de esta nueva etapa del Gran Premio de México, y aunque de nada le sirvió para sus fines de ser campeón, cosa que no podrá ya lograr, por lo menos puso distancia entre él y Sebastian Vettel, su más cercano perseguidor en el campeonato.  

Lewis Hamilton: Sin nada que demostrar

El campeón del mundo se dedicó a saborear su tercer título de maneras muy peculiares, incluso se “aventó” un round cuerpo a cuerpo con el famoso luchador “Místico”, entre otras actividades. La verdad sea dicha, llegó a la Ciudad de México muy relajado y con nada que demostrar.

Sergio Pérez: como Rockstar

Pero seguramente el que más disfrutó el Gran Premio Mexicano fue nuestro “Checo” Pérez, que desde que arribó al Distrito Federal fue tratado como una verdadera estrella de Rock. La afición tenía muchas expectativas con respecto al tapatío, sobre todo después de sus impresionantes actuaciones en los anteriores GP's. Al final de cuentas, la arriesgada estrategia elegida no le funcionó como él esperaba, terminando en un insípido octavo lugar.

Sebastian Vettel: la peor carrera de su vida

Y si no es la peor, por lo menos es una de las peores que se le hayan visto al tetracampeón. Una pésima arrancada, un manejo errático durante su estancia en la carrera, digno solamente de un piloto novato y su final despiste que lo dejó fuera de la justa remarcan su actuación como una de las peores en su haber.

Valtteri Bottas: tú me la haces, yo te la hago

El incidente de carrera más serio fue el que protagonizaron el finlandés Valtteri Bottas y su coterráneo Kimi Raikkonen, muy similar al que los dos pilotos vivieron en el GP de Rusia. En aquella ocasión, el segundo le robó la posibilidad de podio a Bottas, que quedó muy molesto con la actitud de Raikkonen, que ni siquiera se disculpó.

En esta ocasión, fue el “Iceman” el perjudicado, mientras Valtteri pudo proseguir su camino hacia el podio, dejando a Raikkonen con un gran sabor amargo en la boca. Ojo por ojo…

Esteban Gutiérrez: segunda oportunidad

Otro suceso digno de mencionar en el GP de México fue el anuncio oficial del regiomontano Esteban Gutiérrez como piloto oficial de Haas F1 Team, el nuevo equipo estadunidense que debutará en el 2016. Aunque la noticia era ya un secreto a voces, Gene Haas, dueño del equipo, se encargó de hacer el anuncio de manera formal en el Museo Soumaya. Esta será la segunda oportunidad para Esteban, que antes fue volante del equipo Sauber, con el que no terminó en muy buenas migas.

Red Bull: tic tac, el tiempo se acaba

Por último, no se podía dejar de lado la grave situación del equipo austriaco, que aún no consigue motor para la próxima temporada. Primero el rompimiento con su actual proveedor, Renault. Después la negativa de Mercedes y Ferrari para surtirle sus motores, y ahora, el bloqueo de Ron Dennis y Mclaren para evitar que Honda le provea de máquinas, hacen que el equipo del toro colorado se vea cada vez más cerca de anunciar su retiro de la máxima categoría, a pesar de que el Gerente del equipo, Christian Horner, insiste en que todo se arreglará en los próximos días. ¿Tendrá algún as bajo la manga? 

Muchas felicidades a todos aquellos que contribuyeron a que éste, nuestro Gran Premio, haya resultado el espectáculo que todos esperábamos que fuera, y más.

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Lunes, 02 de Noviembre 2015 - 16:00
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De 1957 - El piloto argentino Juan Manuel Fangio gana su quinto título mundial

Durante el Gran Premio de Nurburgring en 1957 el piloto argentino Juan Manuel Fangio tiene la oportunidad de obtener su quinta corona mundial. Debe llegar con su Maserati 250F a la meta antes que las poderosas máquinas de la escudería Ferrari conducidas por Hawthorn y Collins. Obtiene el primer lugar en la largada, pero en la vuelta 11 ingresa a boxes para cambiar neumáticos. Aunque lleva casi 29 segundos de ventaja, los mecánicos tardan más de lo previsto y las Ferraris alcanzan la punta. Fangio se lanza a la pista en la mejor carrera de su vida. Acelera en la curva que sigue a la recta principal y vuela, literalmente, hasta el tramo siguiente. Quedan 11 vueltas y Fangio logra el milagro: en cada giro obtiene segundos de ventaja que le dan el triunfo al bajar la bandera a cuadros. El record de quíntuple campeón será superado por el alemán Michael Schumacher en 2002.

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Viernes, 28 de Octubre 2016 - 09:20

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