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Ex sindicalista

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A Robles le gustaba abusar del poder

Hace años escribí sobre lo que les tocó sufrir a unos policías federales que tuvieron la ocurrencia de pedirle a Rosario Robles Berlanga y a su pareja de aquel entonces, el empresario argentino Carlos Ahumada, que pasaran por el mostrador de migración del aeropuerto internacional de Toluca, después de que desembarcaran de un avión privado que los trajo desde La Habana (Cuba).

La entonces jefa de Gobierno les dijo a los policías que no se metieran en lo que no les importaba y que ni ella ni su acompañante pasarían por migración.

Los uniformados impidieron que la pareja abandonara el aeropuerto. Acto seguido, la entonces poderosa perredista marcó un número por su celular para denunciar ante quién sabe quién a los policías que solo estaban cumpliendo con su deber.

En cuestión de minutos llegó la orden: doña Rosario y don Carlos podían abandonar el aeropuerto sin pasar por migración y aduana, como tendría que hacerlo cualquier persona que llegue a México desde otro país.

¿Y los policías? Pues fueron castigados por supuestamente no respetar y darle las consideraciones que merecía la primera pareja del entonces Distrito Federal. Por cumplir con su deber pasaron varios días arrestados en algún cuartel de lo que entonces era la Policía Federal Preventiva.

Esta anécdota, cuya autenticidad verifiqué a través de dos diferentes fuentes, la publiqué en varios medios y la comenté en mi programa de radio. Robles nunca me buscó para desmentirla, confirmando así el dicho de que “el que calla otorga”.

Lo que entonces ocurrió en el aeropuerto toluqueño fue solo una muestra, y muy pequeña, de la manera en que abusaba de su poder la política que alguna vez fue de izquierda y que después de traicionar a sus correligionarios, ocupó dos secretarías de Estado durante el gobierno de Enrique Peña Nieto.

Sobre la hoy huésped en el penal de mujeres de Santa Martha Acatitla he comentado y escrito varias veces a lo largo de los años y nunca recibí de ella o de alguno de sus subordinados alguna aclaración o desmentido sobre lo que dije o escribí. Siempre calló, siempre otorgó.

En los últimos 19 años desayuné con ella solamente una vez y también solo una vez la entrevisté en mi estudio de Grupo Fórmula. Con base en esos dos encuentros realizados durante el sexenio peñanietista, en los cuales también hubo otras personas presentes, solo me quedó claro que es una mujer inteligente y con una gran facilidad de palabra. No puedo decir que me cayera bien, pero ella lo mismo puede decir de mí.

A fin de cuentas, lo que conozco de Robles se basa en su desempeño como funcionaria pública y en la información que de ella he recibido de sus aliados y contrincantes políticos, subordinados, amigos y enemigos (de estos últimos hay muchos).

La anécdota con que inicio esta columna la muestra como una mujer que abusaba de su poder, hasta en detalles tan insignificantes como el de no aceptar pasar por el control migratorio de un aeropuerto.

Las acusaciones que enfrenta, de ser probadas por la FGR, podrían mandarla varios años a la cárcel, lo que sería un triste destino para quien empezó su carrera política como una izquierdista comprometida con las causas más nobles, y la terminó como una cómplice de uno de los gobiernos más corruptos de México.
 

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La 4ta Transformación y Rosario Robles

Ex sindicalista, líder universitaria con tendencias maoístas, primera mujer en ser jefa de gobierno de la Ciudad de México, ex presidenta del PRD nacional, exsecretaria de estado en un gobierno priísta, pareja sentimental de Carlos Ahumada, autor de los videoescandalos y ahora probable indiciada en delitos como ejercicio indebido del servicio público y corrupción, ella es Rosario Robles Berlanga, quien nunca en su carrera política dejó de estar en el ojo del huracán. Desde la mañana del martes 13 de agosto espera la conclusión de su proceso jurídico en la cárcel de Santa Martha Acatitla.

En el año 1999 siendo jefa de gobierno, se enfrentaba a grito pelado a una manifestación de policías en un evento en el zócalo, explicaba que sus salarios y prestaciones se habían incrementado. Luego como líder del principal partido de izquierda a nivel nacional se estancaba en el tercer lugar electoral en el año de 2003. Artífice de una campaña en medios de comunicación que ayudó a Andrés Manuel López Obrador a ganar la jefatura de gobierno en el año 2000 (desde donde el tabasqueño catapultó su carrera política a nivel nacional) se distanciaron por diferencias en el gasto en comunicación social. Robles Berlanga pagó por años la jugada sucia de su amante Ahumada en los videoescándalos, se exilió en España y solamente escribía una columna en un medio impreso.

En rompimiento total con la cúpula perredista y sumándose a la cargada priísta que logró recuperar la presidencia a manos de Enrique Peña Nieto, regresó a los primeros círculos de la política nacional en 2012. Primero desde la extinta Secretaría de Desarrollo Social, luego en la SEDATU, operó impunemente en el desvío de recursos para combatir la pobreza y los redirigió a las campañas del PRI en varios procesos electorales, siendo la más significativa y cuantiosa la operación millonaria conocida como “la estafa maestra”.

En dicho modus operandi 5 mil millones de pesos eran triangulados a empresas fantasmas mediante la otorgación de contratos a universidades, en operaciones que eran totalmente inexplicables y cuyos cuantiosos recursos económicos son difíciles de localizar y justificar. Ni la voz de alerta del entonces Auditor Mayor de la Federación, Juan Manuel Portal, hizo ruborizarse a la ex secretaria, ni al mismo presidente Peña o a la Comisión de Vigilancia Legislativa quienes fueron informados del saqueo perpetrado desde los más altos círculos del poder.

Amparada legalmente y en la estricta formalidad de que ningún contrato estaba firmado por ella, pretendió que su exoficial mayor Emilio Zebadúa fuera quien pague los platos rotos y quien también se ha amparado ante una posible orden de aprehensión. No fue hasta que la Fiscalía General de la Nación a cargo de Alejandro Gertz Manero, destrabó las investigaciones congeladas en los tiempos de la tapadera PGR, que la polémica política acostumbrada a los bandazos, fue llamada a enfrentar a la justicia.

El pasado jueves 8 de agosto, Robles Berlanga pasó del “no te preocupes Rosario” sentenciado por Peña Nieto, al ocúpate y ampárate para acudir a su audiencia al Reclusorio Sur. Impecablemente vestida de blanco trató de verse altiva, sin embargo, su rostro preocupado al retirarse a bordo de su camioneta, fue augurio de la noticia que vendría en las portadas de revistas, periódicos y medio digitales.

El lunes 12 de agosto regresó la otrora súper secretaria del clientelismo priísta, para saber sobre su estatus jurídico pero sus “faldas bien puestas” ya no pudieron evadir a la justicia. El juez Felipe de Jesús Delgadillo Padierna decidió en la mañana del martes 13 de agosto que Robles Berlanga fuera vinculada a proceso y que debería estar en prisión preventiva ante el riesgo de fuga de la imputada. Este mismo juez tiene otro caso emblemático en sus manos, el expediente de Emilio Lozoya Austín y el caso Odebrecht.

Independientemente del resultado del proceso jurídico, la destrucción de la imagen pública de Rosario Robles salpica directamente al ex presidente Peña Nieto y a toda la cleptocracia que fue ese mito genial de “la nueva generación de políticos”. La impunidad lacerante que se dio desde las instancias de justicia y que hundió en las preferencias electorales al otrora partidazo, tienen una pieza clave en los millonarios desfalcos al erario nacional.

La estafa maestra no deja títere sin cabeza de importantes personalidades priístas del primer círculo político del ex presidente Peña Nieto, el prófugo Emilio Lozoya de PEMEX, el gobernador del Estado de México, Alfredo del Mazo Maza que fue extitular de Banobras, Emilio Chuayffet exsecretario de Educación Pública, el execrable exsecretario de Comunicaciones, Gerardo Ruiz Esparza, así como Ildefonso Guajardo de la Secretaría de Economía.

Además del villano favorito en el pasado sexenio, el exgobernador de Veracruz, Javier Duarte, los exsecretarios de la Función Pública, Virgilio Andrade y Arely Gómez, incluso el fallido candidato presidencial, José Antonio Meade, en su paso por la Sedesol y a quien la defensa de Rosario Robles señala de haber informado sobre las irregularidades señaladas por la Auditoria Superior de la Federación.

Las irregularidades detectadas e informadas a la PGR por el auditor Portal se trasladan hasta los tiempos del ex presidente Felipe Calderón, quien incurrió en severas irregularidades en la construcción de la estela de luz, que provocó sobre precio y retrasos en su construcción, sin que ningún procurador moviera un dedo en tan escandalosos casos de corrupción. Con la vinculación a proceso de Rosario Robles el régimen del presidente López Obrador logró una histórica victoria en materia de combate a la corrupción, bandera de su exitosa campaña presidencial que fue acogida por millones de votos en las urnas.

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Martes, 13 de Agosto 2019 - 13:00
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