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El Guión de la Nueva Temporada de la 4T… ¿Qué tan Negro es el Panorama?

Jueves, 23 de Enero 2020 - 08:40

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Enrique Rodríguez-Cano Ruiz

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Por Enrique Rodríguez-Cano Ruiz

 

Un guión​​ es un texto que expone, con los detalles necesarios para su realización, el contenido de una película, de una historieta, o de un programa de radio o televisión. Es decir, un escrito que contiene las indicaciones de todo aquello que la obra requiere para su puesta en escena. 

 

Al estilo de las populares series de Netflix y similares, este sexenio (2019-2024) estará compuesto por seis temporadas — ni una más, asegura el presidente de México. De esa manera el pasado diciembre de 2019 dio comienzo la segunda temporada del sexenio que preside Andrés Manuel López Obrador. 

 

Serán doce capítulos por demás interesantes, llenos de sorpresas y con el deseo que, de acuerdo con la definición de la Cuarta Transformación que difunde el insigne Porfirio Muñoz Ledo y que le gusta es: “La 4T es el rescate de las prácticas y valores republicanos, mediante la primacía de la justicia, la revolución de las conciencias y la transformación de las instituciones”.

 

La revolución de las conciencias y la transformación de las instituciones solo se dará y me parece que es condición sine qua non, sólo contando con políticas públicas a prueba de fuego, sismos y calamidades que, al parecer, solo dependen del que guía el barco hacia puerto seguro, penosamente como en tiempos añejos: del presidente de la República. Implicaría que haya estudiado con los expertos que sus proyectos no sean inventos, ocurrencias o latidas como algunos parecen ser. ¡O sea, que se haya escrito un buen guión para que esta temporada sea todo un éxito!

 

De esta manera, los capítulos que vienen, o sea los que veremos venir después de la moribunda segunda década de este siglo que empezó a tambor batiente —las conferencias mañaneras nos dejan con la boca abierta— y sin querer debatir mucho, según la Real Academia Española (RAE) este año estará terminando la década comprendida en 2011-2020. ¿Una década perdida? Sí, se perdió pues la pobreza en que viven millones de compatriotas es vergonzante y si los programas diseñados por la 4T no “rescatan las prácticas y valores republicanos” seguirá la marginación lacerante.

 

Así pues, para esta segunda temporada los principales retos de la 4T siguen siendo el combate de la impunidad y la corrupción que se deriva de ella —que no parece prestar atención a tantas denuncias de adjudicaciones directas, licitaciones a modo y empresas que simulan operaciones—. Y sobre todo a la inseguridad rampante, que corre a todo galope. También se suman los desafíos de la Reforma Educativa, pues sin un sistema educativo eficiente no vamos a ningún lado y la imperiosa necesidad de contar con un Sistema de Salud digno y que funcione con eficacia: tenerlo pronto, como el de Dinamarca o Suecia es un sueño guajiro. Cuando menos no tendremos resultados en estas dos prioridades en el plazo cercano, pues implican una inversión multimillonaria en instalaciones, suministros y personal calificado lo que puede tomar muchos años, es decir, exige una “auténtica revolución de las conciencias para transformar las instituciones” y… muchísimo dinero. 

 

Para decirlo fácil, el Sistema de Salud es un desastre: el desabasto generalizado de medicamentos, la falta de personal calificado, etcétera, ha hecho que ocho gobernadores no se quieran adherir, por de pronto, al nuevo “Instituto de Salud para el Bienestar (INSABI)” que sustituyó al Seguro Popular y del cual el director del mismo, Juan Antonio Ferrer Aguilar, quién tiene cero años de experiencia en el sector salud y que trabajó en Arqueología por muchos años (INAH),  no se atreve a contradecir al presidente López Obrador, quien asegura en sus mañaneras que no se cobra por los servicios prestados en los centros de salud del Instituto; cuando sí se exige una contraprestación, cuando menos una cuota de recuperación pues así lo permite la Ley vigente. Es una buena aspiración que los mexicanos tengamos un sistema de salud gratuito y eficiente: difícil de implementar.

 

Lo que es un hecho es que los programas prioritarios de este sexenio ni al trote caminan. El Sistema Aeroportuario de la ciudad de México, del cual su planteamiento me sigue pareciendo un craso error que no corresponde al país al que aspiramos: todo el proyecto es mediocre; el Tren Maya debatido y rechazado por EZLN que sigue teniendo una influencia enorme en Chiapas, no estoy seguro que lleve la prosperidad que requiere la región; el desarrollo del llamado Corredor Transístmico entre los puertos de Salina Cruz, en Oaxaca, y Coatzacoalcos, en Veracruz, es un proyecto planteado hace décadas y sigue siendo un deseo; la refinería de Dos Bocas de la cual los expertos tienen sus dudas y ahora, la ambiciosa propuesta del Banco del Bienestar (Bansefi) del cual construir miles de pequeñas sucursales (2,700)  a lo largo y ancho del país se me hace una necedad en esta época digital del Siglo XXI. ¿Qué no basta con la simple instalación de cajeros automáticos? Teniendo internet y un sistema seguro y eficiente para que cuenten con recursos suficientes para que los habitantes de poblados remotos puedan tener acceso a el dinero que los programas sociales están repartiendo. ¿O qué, van a hacer otro tipo de negocios? Un tema que hay que revisar es conocer cómo está contratado el personal de esa institución pues al parecer el 85% lo hace por medio de outsourcing. ¿Quiénes serán los socios de esa empresa que provee los servicios? 

 

Es claro, como me dice un querido amigo, siempre interesado en los temas nacionales, tendremos que darle un tiempo para realmente poder evaluar todos estos proyectos; sus avances y resultados, para que el negro panorama que muchos presienten se aclare.

 

El presidente es un hombre honesto, muy idealista y tal vez “un poco ideático”, —cualidades que también tiene el que esto escribe— y le encanta “placear” los fines de semana. El equipo que tiene para reunir público que lo aplauda trabaja a la perfección. Lo aplauden en casi todos los eventos, en los cuales pide que hay que levantar al elefante —mañoso y reumático — que le dejaron 36 años de los gobiernos neoliberales y también, últimamente, solicita la unidad de todos los mexicanos. ¿No sería mejor liquidar al elefante y sustituirlo por caballos Pura Sangre…?

 

Al parecer Andrés Manuel va comprendiendo que todos los mexicanos estamos en el mismo barco y es deseable que sus “adversarios” deberían ser los primeros en sentarse a desayunar con él.  Para debatir, para escuchar, para convencerlos. Es un hecho es que sin escuchar al pueblo —a sus representantes: diputados, senadores y gobernadores de la oposición, líderes de organismos empresariales y a la sociedad civil organizada que manifiesta sus desacuerdos, los gobiernos se vuelven autoritarios y francamente en las redes sociales que frecuento, sea dicho, el panorama es negro. 

 

Valiéndome de la definición del epígrafe, lo que pretendo en este texto es reflexionar y preguntar sí el guión redactado por el equipo de expertos de la 4T para esta temporada está bien evaluado —para que sea exitoso— y no resulte una película de terror. Ojalá que el texto que resulte se llame “La Unidad de los Mexicanos, Primera Condición para Progresar”. 

 


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Número 35 - Noviembre 2019
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