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Los plazos

Las políticas públicas se llenan de intenciones; las campañas convierten en expectativa un ánimo, un despertar, un cambio. Es palestra del desafío, del reto a vencer todos los caminos recorridos por todos los que pisaron la senda del poder, el pasado, el sepulto, el anónimo, el redento, el señalado por sus errores antes que por sus aciertos. Si lo llamamos política, esquinamos su potencial y sumimos en la interpretación subjetiva toda su valía, toda su aportación. Podemos llamarlo de innumerables formas, pero la simulación de todo modelo nos va a situar en la economía tarde o temprano.

El rédito del poder se llama de acuerdo con muchos autores; se ejemplifica desde la paz social hasta la vigilancia impertérrita del Estado, un Estado protector, un Estado que ofrece libertades y garantías, salud, infinitas opciones de bienestar, de vida, de convivencia. Así ha trascendido en la percepción ciudadana, así ha trascendido en todas las fórmulas de concesión de poder desde tiempos inmemoriales: la Tribuna Romana, los Foros de adaptación de oidores y de expositores. La humanidad ha dado cuenta de fórmulas, equivocadas unas, incluyentes otras, amplias las más, totalitarias las menos.

La incesante búsqueda ha sembrado y anulado por igual; las sociedades nunca han satisfecho sus necesidades, no desde la fórmula del poder. Han antepuesto sus propias interpretaciones para dirimir sus diferencias, para escudriñar en los rincones del lucro y la conciencia, para aventajar en el precepto de la oportunidad y finalmente para vencer toda prerrogativa de orden impuesto. Esa iniciativa se conformó en empresa, en iniciativa libre.

Demostrado queda que las oportunidades no son colectivas, los frutos tampoco debieran serlo. Los equilibrios de todas las generaciones que nos preceden ya debieron alertarnos de esta circunstancia. El tiempo lo denominó competencia, lo situó y ubicó en un rango distinto al de las prerrogativas del orden social, entendiendo esto como el terreno que abona a la composición de la labor y no a la dirección, abisma el liderazgo y la consecución de las ideas de unos pocos. Finalmente, el tributo al talento.

Llega el orden gubernamental, a complementar, a coadyuvar, al atisbo de los vientos del progreso, a asimilar los ritmos de los mundos que cambian su veleta para orientar las iniciativas de los que marcan rumbo. Los sellos de los buenos gobiernos simplemente acompañan, establecen las bases de participación justa y la equidad la miden desde la óptica de la administración del esfuerzo, de la acumulación de beneficios, del empleo, de la bonanza que deriva de la inacción en los terrenos del capital.

Los gobiernos abonan en la permanencia, en los plazos que impone la redención de los beneficios y de los riesgos, los que asumen la visión de futuro. Los gobiernos asumen su intemperancia y su cortedad en la vida de una nación. Las democracias han limitado su extensión de inmersión en los asuntos de la nación precisamente para coartar un proceso de hegemonía. La salud de las naciones radica en esa fase perentoria y transitoria en las vicisitudes del poder.

Precisamente es la economía la guía incólume y de estricta disciplina la que rige los plazos, los que debieran ser contemplados por la interposición de gobiernos que saben regirán destinos en plazos restringidos por leyes y por respeto y herencia de historia que honra cualquier transición, paso efímero en la vida de una nación. Dar cabida a la experiencia y al liderazgo de los numerales del país, en la formación de capital, en la ciencia, la cultura, en la investigación y en suma, en la experiencia de la vida privada y pública de la nación, es misión primordial de un gobierno en tránsito.

Es deber de un gobierno respetar el tránsito de las ideas que conformaron nación, de las acciones que conformaron producto, las que conformaron la construcción institucional y aquellas que respaldaron el contrato social.

Los gobiernos son paso institucional; en nuestro caso, seis años conforman mandato, en una nación de siglos de existencia, de siglos de vida independiente y de siglos de trayectoria y paso digno en la vida aunada a otras naciones.

Los plazos de la redención de la vida económica de México se están interrumpiendo, se están acortando las posibilidades de un esquema en marcha, de un esquema progresista; se están sepultando las oportunidades labradas de generaciones. No es cuestión de modelos, no estamos inmersos en descubrimientos alternos de convivencia, ya los teníamos, no estamos en búsqueda de identidad, ya la atesoramos, no estamos en fases de experimentación de alternativas cuando conocemos rumbo de tiempo atrás.

Los plazos los tenemos nosotros, la sociedad adulta, la sociedad formada, la sociedad completa en su fase de madurez y de nacionalismo irredento; la tenemos los que producimos, los que deseamos destino cierto a la contribución y no a la dádiva dispersa. No podemos olvidar que lo que se da tiene origen y el gobierno es un tránsito en nuestra función impositiva pero nunca se le ha conferido el poder absoluto en la distribución, por más intento noble que disfrace sus propósitos.

Esta transición está traicionando nuestros plazos, los está retrayendo, los está manipulando; son recursos de la nación los que están en juego. El dispendio en unos rubros y el ahorro en otros no respalda actividad de gobierno, el ocultamiento no es permisible bajo ninguna circunstancia; la distracción es materia de responsabilidad legal. Los proyectos que ampara esta transición en turno no son congruentes con las reglas mínimas de inversión. La captura de activos de la nación no debiera permitirse, como no debiera permitirse la consulta popular y como no debiera permitirse el atropello de innumerables manifestaciones anárquicas.

Los plazos son numeralia simple, pero también son llamados al orden y también son reclamo, reclamo de buen gobierno, reclamo al desperdicio, reclamo a la infraestructura esperada, reclamo a la responsabilidad y reclamo por la cancelación de programas y a la sujeción e imposición de proyectos falibles. Los plazos son nuestros y debemos hacerlos nuestros.

Fecha: 
Lunes, 23 de Septiembre 2019 - 11:20
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Fecha B: 
Lunes, 23 de Septiembre 2019 - 13:35
Fecha C: 
Martes, 24 de Septiembre 2019 - 02:35
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Del trabajo fantasma al trabajo virtual

El dinero sigue siendo tema tabú. Nos asusta hablar de cualquier cosa relacionada con ganarlo, gastarlo, ahorrarlo o deberlo. Esto lo he palpado en el grupo de Facebook que administro, en el que pocas personas se han animado a publicar.

Una de ellas me preguntó por qué, ante el deplorable panorama de que muy pocas páginas PTC pagan con puntualidad, seguimos clicando para ellas. Por qué a sabiendas de que la ciberpaga no es importante, puesto que pasan meses antes de que se llegue a completar el equivalente a un salario mínimo, continuamos ahí.

La respuesta es simple, pero nada fácil de externar. Esa ganancia es una oportunidad extra de “picar cantera”. Es un dinero que no se ha hecho para quienes precisan con urgencia de cubrir sus gastos, sino para quienes tienen un modus vivendi ya establecido y pueden distraerse unos minutos clicando en alguna página de trabajo en la web.

Ese “pueden distraerse” significa que el tiempo que dediquen a ello no va a alterarles su tren de vida y no importa entonces cuánto se tarde en llegar el ingreso ni el monto del mismo. Será siempre algo extra que si se tiene, bien y si no, también bien.

Pero no olvidemos que las clases pobretonas imitamos a los ricos sin detenernos a pensar cómo es que pueden tener esa calma para generar, esperar y recibir sus ingresos; de qué manera podemos hacerle para llegar al mismo resultado de serenidad y disciplina que tienen ellos, sin incurrir en tacañerías para con nosotros mismos. En eso estriba la dureza del asunto. Porque como ellos, ¡también queremos ese billete!

En los trabajos presenciales las cosas no son distintas. Oficialmente, mi primer trabajo fue como auxiliar de secretaria en una librería que no tenía atención al público más que a través del trato con agentes de ventas.

Y lo digo así porque fue el primer empleo en donde se me dio Seguro Social y se me tomó en cuenta en Hacienda. Pero para llegar a ese despacho pasé por la cocina de un hotel de lujo, un puesto de jarciería en La Merced y un escritorio público.

Es decir que en realidad fue hasta mi cuarto empleo cuando pude tener un salario mínimo, atención médica y existir como sujeto económicamente activo con derechos y obligaciones.

El hecho de que los ambientes de trabajo dentro y fuera de la web sean escabrosos y tengamos que encontrarnos con jefes avaros obedece a conceptos del dinero que tenemos introyectados, que incluso compartimos con quienes nos explotan pero que no nos atrevemos a llevar a la oralidad y menos a la escritura. Creo que es tiempo de que lo hagamos. Es uno de los caminos para erradicar la pobreza.

Entré a las páginas PTC porque quería un ingreso extra y he permanecido “aunque se gane poquito” porque sí puede ser que se reduzca –si no es que se acabe– el dinero en efectivo. No he descubierto otro modo de empezar a tener un recurso acumulado en esta nueva forma y al mismo tiempo desarrollar la disciplina para verlo crecer y administrarlo.

Independientemente de la situación económica de cada quién, hay que hacer el esfuerzo de entender y aprovechar lo que hay, tal cual es y sacarle jugo a pesar de todo lo malo. Después de todo, eso es lo que hacemos con los trabajos presenciales.

Las páginas PTC brindan dos opciones de celebrar el trato con ellas: una cuenta standard que es gratuita y otras de diferente precio, que ofrecen mayor ganancia.

 Hay otros trabajos de traducción, de ventas o de dar opiniones en redes sociales –para decirlo con más exactitud, de troll–, pero esas son membresías por un año que se venden, como mínimo, en 60 dólares. En esas también se corre el riesgo de que no se reciba la paga, se pierda el dinero que se entregó por concepto de membresía y si además es un trabajo que requiere de una faena intelectual, de investigación, etc., ¡pues todo eso, al caño y asunto arreglado!

Ese es el riesgo en cualquier trabajo on line. La ventaja en las PTC es que clicar los anuncios para verlos por unos cuantos segundos, no requiere demostración de conocimientos de ninguna índole y si se atiene uno a las condiciones de una cuenta standard, la posibilidad de ganar sin arriesgar dinero es verdadera, aunque no se obtenga mucho.

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Jueves, 14 de Enero 2016 - 16:00
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El mundo está envejeciendo a pasos aceleradísimos

El mundo está envejeciendo a pasos aceleradísimos. En el 2050 los mayores de 60 años serán más del doble de hoy y este grupo de edad pasará de 600 a 2000 millones de habitantes de la tierra. Pero hay más…las personas de más de 80 años aumentarán casi cuatro veces y alcanzarán casi los 400 millones de humanos. Y bueno, habrá más ancianas que ancianos porque fatalmente las mujeres seguimos y seguiremos viviendo más que los hombres. Desde luego será el siglo XXI el de los aumentos significativos de enfermedades como las demencias, el terrible Alzheimer, el cáncer, la diabetes y otros flagelos que conlleva el vivir más y más. ¿De verdad queremos los humanos vivir tanto? ¿Nos gusta eso de vivir para siempre?, ¿En qué condiciones? ¿A costa de qué? Un buen porcentaje de los adultos mayores presentan problemas de movilidad, deterioro general en su salud y requieren apoyo, asistencia y compañía que en los países como el nuestro son cosas casi imposibles de ofrecer a esta población creciente, la mayoría de las veces no productiva y demandante. Hace unos cuantos días el Presidente Peña habló, en la Conferencia Regional sobre Población y Desarrollo de América Latina, de la necesidad de tomar decisiones responsables ante el envejecimiento progresivo de la población en México. Dicho en pocas palabras: ¿de dónde va a salir tanto dinero para pagar cada vez más y más pensiones de más y más adultos mayores? Uno de los hombres más ricos del mundo, Carlos Slim propuso hace unos días en España la jornada laboral de tres días a la semana y la jubilación a los 75 años como fórmula para enfrentar el desempleo y el envejecimiento del mundo. El propio Felipe González, ex presidente del Gobierno español no solo estuvo de acuerdo si no que comentó que en 10 años esta propuesta no se discutirá y será adoptada por todas las naciones. El tema es complicadísimo, por muchas razones, una de ellas la robotización y tecnificación de nuestros tiempos que hace que cada vez se necesite menos mano de obra. ¿Hacia qué actividades se deben orientar jóvenes y viejos para lograr ser productivos y necesarios?, ¿esta propuesta en países como el nuestro bajará aún más la calidad de vida de las clases bajas y medias? Y en el caso de la jubilación a los 75 años…¿qué proporción de los adultos mayores está en condiciones de seguir trabajando después de los 65 años?... El otro tema peliagudo es el aumento de las aportaciones que no se han modificado desde que inició en SAR en 1997. ¿Estará el país en condiciones de elevarlas?, ¿será el Presidente Peña el que tome estás medidas, quizá necesarias, pero terriblemente impopulares?, como decía mi abuelita: el horno no está para bollos. Un comentario final igualmente preocupante, los mexicanos tenemos tasas de ahorro voluntario muy bajas. Esto depende en buena medida de los bajos salarios y los modestos beneficios fiscales que se dan en México a los que ahorran. No existe tampoco un manejo adecuado de las finanzas personales que promueva el ahorro desde la niñez y juventud y desde luego, lo más importante…nunca alcanza. La encrucijada es muy dura y el margen para moverse muy limitado. El envejecimiento poblacional es el gran cambio que está viviendo la humanidad, ojala lo sepamos y podamos enfrentar. Y mejor la recomendación de la semana: si les gusta (como a mí) la comida árabe o libanesa disfrútenla en la Gruta del Ehdén en Lope de Vega 334, en Polanco. Si van a desayunar, no se pueden perder los huevos en cazuela con pan árabe y el jocoque seco. Y para comer el keppe asado o frito, los rollitos de hojas de Parra (¡deliciosos!), el arroz con fideo o con lentejas. En fin…exquisito. Y guarden lugar para el postre, porque hay un surtido de postres libaneses donde la joya de la corona es el knefe, especialidad de la casa. Y lo mejor, tiene terraza para fumar. Besitos a los niños y hasta la próxima. Bye.

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Martes, 20 de Octubre 2015 - 17:30
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Livin' la vida Godinez: Me van a salir hemorroides

Es lunes por la mañana y lo único que puedo ver es un techo tapizado de libros y parte de una pared, probablemente unos mil quinientos, con el lomo apuntando al piso. Sólo se escuchan voces, una que otra risa y el constante golpeteo torpe de tacones en piso de concreto. Abajo un guardia con aires de grandeza y una recepcionista malhumorada me reciben. “Toma”, me dice entregándome un gafete, “primer piso”.  Espero, espero y espero. ¿Será que llegó mi hora de ser medianamente útil para la sociedad?

 En lo que contemplo la posibilidad de tomarle una foto al techo de la manera más  disimulada me  empacan en una sala de juntas y espero otro poco. Cuando por fin me emboscan, digo, me atienden, después de un rápido saludo de mano, soy atacada con instrucciones por tres personas diferentes. La explicación de una hora se extiende a tres y cacho, me preguntan qué me parece, que si creo poder hacerlo. Así, sin entrevista, sin mayor preámbulo y sin  “cuéntame algo de ti”. “¡Sí, todo suena perfecto!”, respondí. Pero lo que realmente quise decir fue “¡vean mi currículum, está en inglés! lo imprimí en papel caro y bonito”. Tal vez estuvo mejor así. Mi currículum es…ecléctico, en el mejor de los casos.

Y así sin más, se terminó la vida de estudiante a medio tiempo y “nini” a tiempo completo para mí, al menos hasta nuevo aviso. Ahora me encuentro viviendo el Godinez lifestyle; haciendo el bonito contacto visual en el baño entre ese espacio de las puertas que nunca se cierra bien, o en pasillos larguísimos, queriendo comer a la 1 de la tarde, cabeceando a las 3 ó 4, tomando en tazas ajenas y demás. No es una exageración decir que paso siete horas seguidas sentada en la misma posición sólo tomando pequeños descansos para ir al baño.

He tenido la suerte de tener un horario flexible y estar trabajando con gente que genuinamente quiere ayudar. Lo bueno de mi área es que nadie se conoce lo suficiente como para ser protagonistas de los famosos chismes de oficina. Algo me dice que no va a ser fácil encontrar al contador manoseando a alguien como ya me pasó en una ocasión en otro lugar.

Tengo que aclarar que no es que me burle del estilo de vida “godín”, agradecida debería de estar…pero bueno, la verdad es que sí lo hago un poco, pero es que sin la burla, ¿qué sería de mí?

En las oficinas casi siempre hay un “Isra” y una señora Lupita, una “Clau”, una “Tere”, y alguien con un nombre poco común, ¿a poco no? Creo que ya he mencionado que soy pésima con los nombres, sobre todo cuando son de esos raros. El primer día me repetí como mantra el nombre de la persona con la que trabajo. Cuando tuve que hacerle una pregunta sólo me podía acordar que terminaba con lí. Tuve que recurrir al viejito pero bonito “oye….”, que nunca falla y esperar a que alguien más diga el nombre. Por suerte, en las oficinas tienen la formalidad de no usar apodos.

Me  acaban de meter un sustote ahorita que estoy haciendo mi mejor esfuerzo por tapar la pantalla para poder escribir. Un cubículo prestado no es el lugar más ideal para estar cuando se está inspirado. En mi panorama visual no hay ni una ventana;  sólo hay papeles, cables, fotos de gatos, plantitas cubiculeras y adornos de Navidades pasadas; en el ambiente hay un ligero olor a comida casera recalentada, café rancio y el ruido de pláticas a lo lejos sobre nuestra entrega inminente, palabras en inglés y teléfonos que pueden sonar por horas.

El trabajo en sí es mecánico pero demandante. De esos que le dan chance a uno de pasar un momento viendo al vacío. Paso sentada tantas horas enfrente de la pantalla que, aparte de las almorranas, siento que ya anocheció.

Sorprendentemente la transición ha sido fácil, sobre todo cuando hasta hace unos días mi única opción era ser maestra, gracias pero no, o mejor dicho, de nada. Claro que sólo el tiempo dirá. Al menos mi curso intensivo sirvió de algo, saludos a mi amiga R. que me recomendó.

Fecha: 
Lunes, 31 de Agosto 2015 - 16:30
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Si yo fuera presidente (primera parte)

Hoy escribo esta nota con muy buen humor, con un optimismo desbordado y una mente soñadora y cándida. Quizá el café que me tomé esta mañana hizo algún efecto extraño en mi estado de ánimo. Quizá el día de hoy quiero alejarme un poco de mis actitudes críticas, de mis constantes inconformidades y mis recurrentes reclamos contra todo lo que sucede en el país.

Hoy quiero soñar. Quiero imaginar que por azares del destino y por extrañas circunstancias, he llegado a la presidencia de la república, y tengo la oportunidad de cambiar, si bien de manera poco ortodoxa, el statu quo que impera en nuestra sociedad.

Digo de manera poco ortodoxa, porque al ser esto un simple sueño guajiro, estoy suponiendo que puedo hacerlo sin tener que depender de nadie, sin tener que pedir permiso a nadie, y sin sufrir las consecuencias por meterme con los innumerables intereses de todos aquellos que mueven los hilos del país de alguna manera o de otra.

Por supuesto ustedes dirán: ¡Ahhh, otro dictadorzuelo! Y sí, en mi sueño me permito serlo, porque, después de todo, es mi sueño.

Pero, ¿y qué haría siendo presidente? Primero que nada debemos entender que el  mundo se mueve por y gracias a la economía. Un país inviable económicamente es un país fallido, y la economía la crean, la desarrollan y la estimulan las empresas. Por lo tanto la primera actividad sería estimular a las empresas. Grandes, medianas y pequeñas, todas gozarían de estímulos fiscales, productivos y de capacitación para sus empleados. Por ejemplo, el crear programas en los que las empresas contraten becarios recién salidos de las universidades para que estos empiecen a obtener la experiencia y los conocimientos necesarios para poder colocarse ya sea en esas mismas o en otras empresas, a cambio de beneficios fiscales (algo parecido a la propuesta del PVEM). Otro estímulo podría ser bajar el precio de los servicios como agua, luz, gas y otros combustibles para que las empresas pudieran invertir más en productividad y menos en el pago de servicios. Sin embargo obtendrían asimismo beneficios fiscales si adoptaran el uso de energías sustentables.  La contratación de personas de la tercera edad y discapacitados sería asimismo motivo para otorgar beneficios fiscales.

Estos beneficios podrían ser desde descuentos en el pago de impuestos hasta extensiones en el plazo de los mismos, o ambos. Aquellas empresas con certificaciones en materia de calidad (ISO 9000, ISO 14000, empresa limpia, etc.), empresas exportadoras, y aquellas que registrasen patentes y desarrollaran tecnología también serían beneficiadas. 

La lógica es que empresas más eficientes y con mayores recursos, generarían asimismo mayores empleos, trabajadores mejor pagados y por ende una mejor economía. En pocas palabras, haría exactamente lo contrario a lo que está sucediendo ahora.

Como ya me emocioné, en mi próxima entrega hablaré de lo que haría en cuestión de educación, otro rubro medular para el desarrollo del país.

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Jueves, 13 de Agosto 2015 - 17:30
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Lo que vale y lo que cuesta

Todos necesitamos el dinero, pero muchos de nosotros no sabemos relacionarnos con lo que implica, en tiempo y esfuerzo, el hecho de ganarlo, gastarlo, ahorrarlo y deberlo. Esto obedece a que fuimos educados en principios que reprobaban cualquier pensamiento acerca de la obtención de medios para sobrevivir. 

Si no me creen, fíjense nada más en cómo pregunta la gente cuánto cuestan las cosas en un sitio comercial. Esa interrogante no se pronuncia de igual manera en un puesto callejero que en una tienda establecida, y en las tiendas, no es lo mismo una de lujo que un botadero de saldos o un supermercado. También observen si la gente, al preguntar, se siente de verdad cómoda. Verán que esas personas son las menos. Y son más hombres que mujeres.

La misoginia ha jugado en esto un papel preponderante. De mi propia experiencia les puedo decir que en casa el dinero era tema tabú. De él no se hablaba más que para ajustar cuentas y a veces, en forma violenta. Parte de esa violencia consistía en etiquetarse mutuamente de ladrones.

Era entonces impensable hacerse preguntas tales como, ¿cuánto está la gente dispuesta a pagar por mi trabajo? ¿a qué tipo de personas me debo dirigir para encontrar un empleo? ¿cómo debo reaccionar a las ganancias de otros, que hagan el mismo trabajo que yo? ¿puedo ofrecer un trabajo de mejor nivel que los demás? ¿encontré la manera de decir cuánto dinero aspiro a ganar sin sentir que atropello a  alguien? ¿sin que me miren de arriba abajo? ¿le he dado al empresario que busca gente para completar su equipo, una razón para que me contrate a mí y no a cualquier otro? ¿y para que me pague más?

Créase o no, en cuanto mostraba interés en responder a esas preguntas, lo primero que me decían los adultos de mi casa era “no pienses en eso”.

Por consiguiente mis correrías en el mundo oficinesco transcurrieron sin que pudiera entender por qué unos ganan más que otros o progresan más aprisa, ni de dónde me venía la idea de que un trabajo es importante y cualquier idea de malestar había que desecharla, sin importar si se debía al hecho de estar laborando en la empresa y con la gente equivocada.

Tampoco me pasaba por la mente que hubiera alguien que se beneficie con que tengamos una relación de amor–odio con el trabajo que desempeñamos.

Antes que seguirse lamentando porque en la vida productiva las máquinas se vuelven obsoletas en un abrir y cerrar de ojos y nuestras destrezas se vuelven innecesarias, hay que ocuparse en entender los cambios que están viniendo.

Para no quedar a la zaga se requieren conocimientos sofisticados; un curso de manejo de los programas de cómputo es el desglosamiento de esa sofisticación, un conocimiento que en realidad no es fácil ni barato adquirir.

Internet ha venido a revolucionar las comunicaciones, las relaciones, el trabajo, la contratación de servicios, ¡Bueno, hasta la funcionalidad de los electrodomésticos! La marginación, entonces va a ser mucho más insidiosa.

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Jueves, 30 de Julio 2015 - 16:30
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Traiciones del gobernador de Oaxaca. La pobreza en México. Tere Vale explica cómo comportarse en un campo nudista

Esta tarde me acompañan Tere Vale y Mónica Uribe y comentamos: las traiciones del gobernador de Oaxaca, Gabino Cué, un tipo de cuidado; la pobreza en México; el planeta hermano de la Tierra. Tere explica la manera correcta de comportarse en un campo nudista. Tomás Ramírez Reynoso, director de Encuestas Regulares en Hogares del INEGI nos explica los resultados de la encuesta de Ocupación y Empleo de junio 2015. El presidente de la Comisión de Desarrollo Social de la Cámara de Diputados, Alejandro Montano (PRI-VER) comenta los datos de pobreza en México.

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Viernes, 24 de Julio 2015 - 18:00
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Mi programa:

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Inútil presentarse con experiencia

Es increíble la falta de oportunidades en el mercado laboral, y peor aún, la mediocridad de la mayoría de las ofertas económicas. Con todo y esto el gobierno se vanagloria diciendo que la economía va en aumento y que el país se está moviendo. ¡Me caigo de risa!

Les platico que desde hace algunos meses estoy en busca de trabajo. De unos años para acá me he desarrollado de manera independiente, inicié un negocio y he freelanceado en varias áreas, pero la situación económica actual no me permite continuar de esta manera y me veo en la necesidad de buscar un ingreso fijo, de godinear, pues.

Como es normal en estos casos, día con día entro a las diferentes páginas de bolsas de trabajo para buscar las vacantes publicadas y enviar mi CV. Por supuesto que también hablo directamente a las empresas ofreciendo mis servicios y buscando una oportunidad, pero en más de una ocasión he sentido más bien que entro a un juego de prostitución y subasta en la que me vendo al mejor postor. No ha llegado.

He acudido a un sinfín de entrevistas y recibido propuestas que dan risa y muchas otras que son insultantes. En esas andaba esta semana. Tengo una lista de contactos a quienes periódicamente les actualizo mi CV para ver si se abre una vacante. Uno que otro contesta de vez en cuando para decir que no tienen nada, otros prometen agendar una entrevista dando atole con el dedo y al final lo dejan a uno esperando, la gran mayoría no se toma la molestia de contestar.

“¿Cómo vas?” -me ha preguntado mi hermano una y otra vez preocupado por la situación-. “Pues igual” –le contesto- “sin mucho movimiento”. Y me recomienda que amplíe mi panorama a diferentes áreas. Créanme, lo he hecho, de ninguna manera estoy encasillado en algo, lo mismo busco en agencias, empresas, medios y ventas, pero la cosa está igual en todos lados. “Entonces baja tus pretensiones económicas” termina por aconsejar. También lo he hecho. Nada.

Si bien es cierto que en los últimos años he trabajado por mi cuenta y he estado alejado del sector empresarial, esto no quiere decir falta de experiencia, por el contrario (creo) he desarrollado habilidades y adquirido conocimientos que el trabajar de esta manera te obliga a aprender para poder sobrevivir.

Pues a mediados de semana me habló por teléfono uno de estos tantos contactos con los que me he presentado.

  • “Hassy, te habla X de la empresa Tal. Veo que llevas tiempo buscando  trabajo y quiero ofrecerte algo. Platícame un poco de tu experiencia”.

A decir verdad desde que soltó la primera palabra hubo muchas cosas que no me gustaron, empezando porque el tipo no sabía hablar y, no conforme con soltar una serie de palabras y expresiones inexistentes, noté que estaba comiendo mientras hablaba conmigo y dejaba salir unos desagradables sonidos cada que abría la boca.

Después de resumir en dos minutos mis últimos años de trabajo me pregunta papa en boca la razón por la que no lo he encontrado.

  • “La verdad es que he rechazado algunas propuestas por la oferta económica”.
  • “Entiendo. Veo que tienes experiencia y me gusta mucho tu currículum, quería saber cómo está la industria porque me extraña que lleves tanto sin colocarte. No te puedo ofrecer más de cinco mil pesos mensuales, sin contrato y no te puedo dar prestaciones, pero me encantaría que te integres a mi equipo”.

Y mientras me platica su propuesta se da tiempo para hacer pausas, sacar las papas de la bolsa y llevarlas a la boca, masticar y seguir hablando.

  • “Además de esto no te puedo asegurar un horario, no hay comisiones y necesito que tengas total disponibilidad de tiempo para mí”. (No para la agencia, no para el trabajo, para él). “Yo trabajo mucho en fines de semana y si un sábado en la noche o domingo se me ocurre que quiero pelotear ideas contigo, necesito que tengas el día disponible (…)”.

A estas alturas ya sentía yo que tenía pedazos de papa en la oreja y tenía que despegar el teléfono para esquivar los proyectiles.

  • “Mañana salgo a Monterrey –continuó- pero me gustaría reunirme contigo cuando regrese ¿qué dices?”

¿Qué digo? ¡¿Es neta?!

  • “Mira, agradezco tu oferta, pero la verdad no es lo que estoy buscando. No te puedo dar disponibilidad 24/7, principalmente porque los sábados estoy en diplomados y tengo compromisos. Por supuesto entiendo que hay eventos los fines de semana o situaciones extraordinarias y estoy dispuesto a cubrirlas, pero dedicarte mi tiempo entero por esa paga no lo puedo aceptar”.
  • “¿Qué necesitas para aceptar la propuesta?”
  • “Que me ofrezcas al menos lo que pido” (En verdad no es tanto, créanme).
  • “Ya te dije lo que ofrezco, si quieres, ahora entiendo por qué no te has colocado”.

Y se dio el lujo colgarme indignado.

¿A qué voy con todo esto? Entiendo perfectamente la situación económica del país, sé muy bien los tabuladores de los sueldos y no deja de ser indignante.

Lo que las empresas están buscando es gente para explotar, quieren pagar poco y recibir mucho a cambio, y esto no tiene nada que ver con la economía, sino con la cultura corporativista en que vivimos. ¿Una empresa baja el precio a sus clientes? ¿Vende barato su trabajo? ¿Acepta menos dinero por el mismo o mayor esfuerzo? No. Entonces ¿Por qué piden esto a los empleados?

Si uno se asoma a las bolsas de trabajo se encuentra con disparatadas incongruencias. Buscan gente joven, de preferencia recién egresados con al menos dos años de experiencia ¿cómo va a ser eso posible? Por supuesto, los que tienen la experiencia no son candidatos porque son grandes. Que yo sepa la experiencia se gana con el trabajo y con los años. Pero parece que esto las empresas no lo ven.

¿Cómo puede un joven aceptar 3 mil pesos mensuales en un trabajo que le queda del otro lado de la ciudad, sin coche, con horarios eternos y sin prestaciones? Es evidente que se tiene que empezar desde abajo, pero no creo que nadie merezca algo tan miserable después de fletarse cuatro o cinco años de estudios profesionales para recibir un sueldo que se le va a ir en transporte y comidas, y al final del mes quedará debiendo.

Parece que prepararse día con día, ya no es suficiente, hay que estar dispuestos a muchas otras cosas. No sé, tal vez el que está mal soy yo, pero no es mi objetivo de vida estar en una oficina de sol a sol y olvidarme de mis intereses, de mi vida, de mis gustos a cambio de un sueldo miserable. Creo firmemente en que se trabaja para vivir, pero la mayoría lo aplica al revés. Es absurdo, indignante, ofensivo. Y al final uno apechuga y termina aceptando porque es lo que hay.

A ver si no terminamos pagando por trabajar.

Voy vengo.

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Fecha: 
Viernes, 10 de Julio 2015 - 16:30
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Camellos para cibernauta

Esto de trabajar desde casa, con una conexión a Internet y una computadora en la que se puede obtener en segundos la información que todavía cuando era niña llevaba meses, de verdad que tiene las dimensiones que debió tener la Revolución Industrial Inglesa.

Por lo menos la crudeza sí que existe, porque los ingresos, convertidos a moneda nacional, no son realmente un sustento, a menos que se tengan referidos, es decir, gente que se haya inscrito en las páginas con un enlace proporcionado por nosotros y que la empresa previamente nos da. Como por ejemplo este http://www.neobux.com/?r=Agriana o este otro http://www.clixsense.com/?4515578.

Los trabajos más accesibles, es decir para los que se necesita solamente saber manejar la computadora, son ver anuncios y leer e-mails. Estos oficios son proporcionados por los Portales Paid To Click y Paid To Read, respectivamente.

Hay páginas Paid To Search en las que el trabajador-usuario al registrarse sabe que recibirá una paga por realizar búsquedas en la web. Si además de saber computación se es cuidadoso, se tendrá que echar mano de conocimientos extras para catalogar la información que se encuentre de acuerdo con el tema que se esté investigando.

Las páginas de anuncios conectan a los usuarios con portales Paid To Sign Up, en los que se completan ofertas y registros. Suelen ser tareas sencillas, pero el riesgo es que las páginas en donde uno se registra pueden no abrigar mayor interés pero de todas maneras se tienen que atender.

Los sitios Paid To Think son algo que no sé cómo calificar porque sería mentirosa si dijera que me gustan. Son los que mandan encuestas por e-mail para saber la opinión acerca de un nuevo producto que se lanzará al mercado y en realidad son preguntas de opción múltiple, que a la tercera “encuesta” se termina aburrid@ de poner lo mismo.

Además tienen un protocolo en donde hacen siempre las mismas preguntas acerca de la situación económica, modo en que está la casa de uno, si es de lujo o modesta, de verdad si no se cuenta con paciencia a prueba de interrogatorios tipo KGB con buenos modales, es mejor no meterse en ese trabajo porque ahí lo que menos se hace es pensar.

Quienes no me crean y laboren ahí, que prueben a cuestionar a la empresa o a demostrar que se han molestado por algo. Por sutilmente que lo hagan, su registro se viene abajo y la paga también, ¡pero seguirán recibiendo correos para instarlos a participar en la nueva encuesta del año!

Hay otra modalidad, la de aquellas que pagan al usuario que pone opiniones en las redes sociales. Es ahí de donde salen los famosos trolls, que tienen cometidos específicos, así como los agitadores en una asamblea sindical. Eso suele ser mejor pagado que todo lo demás pues son trabajos encargados por empresas, partidos políticos, círculos en donde se mueven cantidades grandes de dinero.

Por último están los portales Get Paid To. Ahí hay información de las actividades para ganar dinero en Internet, aunque es difícil hallar algo en lo que no termine uno sintiéndose  poco más que un galeote.

Retomo aquí la idea que tuve al principio de comparar este fenómeno con la Revolución Industrial, porque pese a las circunstancias tan adversas para el trabajador de ese tiempo, era lo que había y con eso poco, las comunidades obreras salieron adelante.

Estos son tiempos en que vienen grandes cambios y uno de esos es la probable desaparición del dinero en efectivo. Si no adquirimos aquí y ahora un poco de experiencia en las nuevas ocupaciones y formas de obtener ingresos y administrarlos, quedaremos al margen. Y créanme, un marginado del futuro va a envidiar al marginado de hoy.

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Jueves, 25 de Junio 2015 - 16:30
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De miedos al compromiso, estafas, ¡y es que la vida sigue!

Hace unos días leía un libro de Steven Carter y Julia Sokol que habla acerca de la fobia al compromiso en las relaciones de pareja y no pude evitar fijarme en algo que ahí se cita como un síntoma de que la persona está afectada negativamente en sus emociones, cosa que le impide amar pero que para el maestro Kiyosaki es una sana costumbre a la hora de celebrar tratos de dinero.

Según lo que afirma, en toda negociación se debe poner clara, en primer lugar, la salida. Las personas con fobia al compromiso, ni siquiera entablan una relación de noviazgo si no visualizan antes de qué manera podrán salir huyendo.

Del mismo modo que nuestra sociedad nos insta a contraer matrimonio a pesar de que las posibilidades son cada vez más remotas, nos motiva a consumir y consumir a pesar de que las oportunidades de obtener ingresos decentes escaseen día con día.

El mundo del trabajo en Internet es tan difícil como en una empresa presencial. Para dar con una o dos páginas que no son estafa y que sean puntuales para pagar, hay que llevarse el chasco por lo menos con unas diez o quince direcciones web.

Es entendible entonces que mucha gente esté una temporada y después se vaya, que no ponga entusiasmo y que exprese, para todo tipo de trabajo, una filosofía parecida a la canción de Juan Gabriel, que dice: “No me vuelvo a enamorar/ totalmente, ¿para qué?/ Si la primera vez/ que entregué mi corazón/ me equivoqué. /”

Para elegir una página PTC en la cual trabajar, hay que proceder del mismo modo que debería hacerse para decidir cuál prospecto será la mejor pareja, es decir investigarla. Y seguir algunas reglas básicas.

Una de ellas es no invertir tiempo, ni energías, ni dinero en un sitio que tenga menos de un año en la web. La segunda es comprobar si el administrador de la página no es un scammer serie. Para ello es necesario indagar siempre la opinión de la gente en los respectivos foros de los sitios o en Google. Si la empresa web aparece en domicilios como

http://www.ptc-investigation.com/ o enlistada aquí http://bux-monitor.pp.ua/ptci/notrec_ptci.htm, es mejor seguir la letra de la canción de Lupita D’alessio: “Déjalo pasar de largo,/ que otr@ tont@ se haga cargo./”

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Jueves, 11 de Junio 2015 - 18:30
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