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Razones de una economía

Lunes, 20 de Mayo 2019 - 13:10

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Manuel Torres Rivera

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La economía tiene fundamentos, disciplina y dirección. Los preceptos adoptados en la era moderna pueden ser interpretados en su época y en su entorno, pueden ser motivo de adjetivos y pueden merecer reinterpretación para situar o sortear cuestiones apremiantes, cambiantes, pero el ritmo de las economías no altera doctrina y esencia. Los llamados organismos financieros internacionales, los constituidos en 1944 para la reconstrucción de los países dañados por la guerra, como también para instituir orden monetario, han seguido la pauta de toda nación adscrita al progreso, hasta desembocar en el libre comercio y en la globalidad.

De esos días hemos aprendido en la unión de voluntades y de esfuerzos compartidos, base incólume de aliento y avance económico. Las imperfecciones manifiestas en el magro combate a la pobreza han desatado retos en la configuración de fórmulas políticas, unas totalitarias y alejadas del control del capital, otras regresivas para buscar en el pasado la escondida poción de valores y nacionalismo redentor. La alternancia de fórmulas sociales, de democracia con socialismo, de democracia libre, de absolutismo, han mostrado todas, que al final de todo camino, la esencia de la invitación a la participación activa del capital es la única capacitada para adentrar en las capas sociales, una fórmula de progreso.

El reto abierto a las prerrogativas probadas en la historia económica del mundo moderno, demostrado ha quedado, aísla. Los países al margen de los preceptos actuales han claudicado en la protección de su entorno social y lo han capturado en una retención de libertad y de acción. Estos países en franco declive, no merecen consideración como tampoco aceptación y la condena global debe imperar por sobre toda consideración comercial o de conveniencia económica.

La transición actual de nuestro país no lo contempla de esa manera. El simple hecho de aceptar como presidente de Venezuela a Maduro, infame dictador, lo dice todo en esa perspectiva equivocada de este régimen. En lo económico las cosas se vuelcan en un equívoco tras otro. Analicemos la escena internacional: Davos pasó y la oportunidad de compartir la mesa de discusiones con ganadores, para México quedó desierta. Viene en junio la reunión de los países que reúnen el 75% del producto interno bruto del mundo entero, el Grupo G20, en donde las economías más activas del orbe, 19 para ser exactas más la Unión Europea, unen metas y ambiciones. Tres economías emergentes han logrado asiento e invitación en esa conformación: Argentina, Brasil y México.

No existe nada concreto en el asiento de México. Habrá representación seguramente. Seguramente se ocupará el lugar que corresponde a una nación que, tras décadas de inclusión en los planes del orbe, ha merecido respeto y consideración. El problema es la presentación de planes domésticos amparados en la imaginaria de un solo hombre, sin respaldo del juicio de la economía que impera en la mente de todos los que integran ese gremio singular. Habrá cuestionamientos para los que se esperan respuestas. Seguramente esperarán una adecuación de nuestra economía que cancela la mayor obra de infraestructura de nuestra región, como también esperarán una justificación para amparar una refinería cuando el mundo que orienta sus recursos a proyectos alternos ha dejado de hacer refinerías desde hace más de doce años.

Las reglas no las impone un Grupo de naciones, simplemente orienta conveniencias y ayuda a dirimir la rentabilidad que finalmente incide en todo país miembro de una comunidad que vela por intereses comunes. Ganar es prerrogativa de progreso. La economía nunca ha hecho otra labor que no siente sus acciones en la sensatez; la diversidad geográfica y otras consideraciones han hecho de las economías de los países una práctica abierta de competencia para de ese modo calificar ventajas de unos y otros. Si un país como México, insiste en una desviación de normas y prerrogativas que no reúnen ventajas ni para la nación ni para su territorio de influencia y no alcanza visos de aceptación universal, no será sancionado, el clima de libertad de las naciones más avanzadas precisamente por eso ha avanzado más que las totalitarias, por su tolerancia y por su inclusión. El problema es el aislamiento.

No asistir al G20 o hacerlo sin jefe de Estado o Gobierno, es desdén a un universo que muchos países desean, pero sus dimensiones de todo orden se los impide. Las excusas pueden redundar en asuntos domésticos, y pueden ser aceptables en épocas de crisis, desastres naturales como ejemplo, pero en tiempos de paz, la invitación no debe ser rechazada.

Llevar una cartera bajo el brazo, con proyectos fallidos de origen, puede ser la causa del rechazo a asistir, sabiendo que ninguna nación cancelaría Texcoco, sabiendo que una refinería no está en los planes de las naciones más prósperas del planeta, sabiendo que la sede alterna de Santa Lucía no llena los requerimientos de vuelos internacionales y sabiendo que el Tren Maya es una concepción innecesaria para un turismo que primero habría que revivir con un Consejo de Promoción cancelado.

En el tema de cancelaciones, el terreno es fértil y poco adecuado para presentar como modelo económico. El supuesto modelo de ahorro ha provocado una contracción económica al haber sustentado partidas esenciales de actividades gubernamentales recortadas, no con función programática, con recorte sin miramiento, haciendo del Estado un endeble sostén en materia de eficiencia. La inversión pública ha caído en estos meses y no ha acompañado el ritmo de la inversión privada. Las señales de nuestra economía y su errónea dirección, no está para un examen de los países industrializados, los ganadores del orbe. Merecería aplausos de los perdedores, los de nuestra región, y por encima de todos, Venezuela, país sin destino si Maduro continúa al frente.

Es difícil concebir la presencia de México en el G20 en estas circunstancias. Es difícil concebir que estemos tan apartados de la congruencia económica del orbe y tan apartados de las razones fundamentales de la economía.



Número 30 - Junio 2019
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