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México y su Programa alejado del Entorno Económico Mundial

Miércoles, 10 de Abril 2019 - 13:35

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Manuel Torres Rivera

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Bruselas dicta sentencias implacables; las potencias temen sin una expresión tácita y certera, una recesión. Las palabras y las paráfrasis encuentran modos de dispersión de las malas noticias y si no lo son o no se conforman del todo, encuentran el convencimiento de sus decisiones en una Unión Europea retada por separatismos no previstos en una isla aliada de toda una vida, ligada a la reconstrucción derivada de una invasión victoriosa, nada que pueda desechar la historia, en esa liga incólume con el mundo que propugnaba el orden democrático y el monetario cifrado en las conferencias de Bretton Woods.

El mundo es de dúctil memoria cuando las circunstancias que amparó una libertad de décadas y tres generaciones al menos, son contestadas para adquirir en el terreno de lo no planteado por el orden, nuevas expectativas de vida, de futuro, el cimentado en la propuesta de rescate de lo que nunca ha sido área amenazada: el redencionismo, esa expresión vaga, etérea, hundida en los valores de una nación que con denuedo ha logrado fronteras, oportunidades y una actividad global para que nada falte, en un espíritu de igualdad de oportunidades en los costos y en los precios.

El discurso atemporal, el redencionista, se gesta desde los umbrales de la impotencia de los mercados y las incongruencias del desorden de unos cuantos, y por decir unos cuantos, se hace referencia a los países que en su anacrónica fundacional de preceptos arcaicos, hacen resurgir fórmulas del pasado para emular una percepción de revisión de conceptos que rayan en un fundamentalismo abandonado en la historia. Todo aspecto fundacional ha sido debidamente incorporado al pensamiento moderno, en todos los órdenes, desde el repaso de la historia mismo, hasta el cultural y el de pertenencia a la tierra, al origen.

El revisionismo desde la enciclopedia y la cobertura e inscripción en la memoria histórica siempre ha constituido acervo y en las arcas de cualquier nación, radica su conocimiento como un prevalente en la enumeración de bienes y raíces de fundamento sólido.

El viejo continente no abandona sus pendones en el rigor de su estructura de pensamiento, mal haría en claudicar en su textura y corteza añeja en el fragor de las ideas. El problema es ese despertar a la apertura de una novedosa interpretación del proceso de revisión cuando la introspección choca con la premura de un país sumergido en siglos de transición y en un compás de voluntades, mismas que presumen haber afrontado la carencia, la confrontación, la gallardía y la derrota por igual, para al término de toda jornada adquirir la cordura de la convivencia, y la pacífica transformación del intercambio.

La historia nunca ha sido muestra, la historia alecciona y perfecciona, es veraz y contundente. En el mundo actual, flota un aire revisionista, revive conceptos anacrónicos, para redimir circunstancias que el orbe circunscribe a una actuación de participaciones activas. El extremo ha tocado funciones totalitarias, y los modelos de amplia participación han sido contestados con prerrogativas de exilio forzado, entre otras. La defensa natural de lo conferido por línea fronteriza no ha diluido el problema. La enunciación adscrita a esta defensa territorial en esencia ha desarrollado un precepto que hemos denominado populista por no encontrar otra acepción al llamado de una supuesta afrenta que contempla el acecho de los mercados, interpretados como invasivos. La afrenta en esencia es del capital.

La primera confrontación ideológica de esta supuesta defensa hace de un modelo de sustento económico uno de asistencia, pero sin la prerrogativa de creación de capital, naturalmente encuentra la barrera de la permanencia. Los modelos populistas que hasta ahora conocemos, han resultado fallidos en la consecución de sus propósitos. Cuba es por principio de estudio económico el principal promotor de la supresión de todos los órdenes. Venezuela, es la falacia del mundo moderno y la interpretación de todo lo erróneo que pudiera plantear un modelo que no llega a serlo, por su desafío a la apertura de la individualidad. La preponderancia del orden económico desde una cúpula de pensamiento desordenado ha provocado una crisis humanitaria sin precedente en el mundo moderno.

México reúne todas las prerrogativas de la pasividad y la negligencia económicas. Se está convirtiendo en sujeto de contingencia internacional sin un verdadero espectro de posibilidades. Los agentes económicos del orbe están alertas, reunidos, en conferencia y diálogo constante. Se avecinan cuestiones que retan el crecimiento y la consecución de proyectos, de ventajas comparativas de los países y mano de obra adquirida por fenómenos migratorios en ese círculo vicioso derivado de las imposiciones de gobiernos alguna vez cimentados en el radicalismo que hereda la idea de la tierra falsa, de la cuna que cimbra valores y redenciones comunitarias. Se convierte en un reciclaje de convicciones totalitarias, adopciones de gobiernos teóricamente incluyentes, para capturar eventualmente todo precepto de convivencia y agotar todo recurso de existencia.

La senda mexicana no dista de ese totalitarismo, de esa función redentora, de ese falso llamado a la cobertura de toda necesidad sin la necesidad misma, creando la cobertura antes de la oportunidad que crea la comunión de capitales, los que aporta el Estado en su infraestructura y los privados que corren con afanes de especialización, riesgo y competencia.

México no viaja, no hace presencia en foros internacionales, no se sienta en las mesas de ganadores, no activa mercados, no hace por conservar el sitio logrado en décadas de esfuerzo. México repasa sus puntos de campaña de éxito, sus puntos de adhesión electoral, sus puntos de exaltación del discurso fácil, del discurso que sitúa todo margen de protección y paternalismo. Ese México no avanza en las preocupaciones de Bruselas, en las preocupaciones que tenemos en una frontera ligada a nuestra existencia, en las preocupaciones de países hermanos que México ignora con una arrogancia inédita en nuestra vida diplomática.

México se aleja del entorno económico mundial en una ruta alarmante y desconcertante.



Número 30 - Junio 2019
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