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La falta de apoyo a los emprendedores por la sociedad mexicana, ¿un problema de cultura, educación y resentimiento social?

Jueves, 20 de Octubre 2016 - 17:00

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Verónica Romero

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En un mundo globalizado como en el que vivimos, la sociedad mexicana ha enfrentado cambios importantes, debido a la influencia del acelerado avance tecnológico que impera a nivel mundial, y a la fuerte competencia en los mercados de consumo de muchos países.

Ambos aspectos, han dado origen a grandes transformaciones en diversos sectores (económicos, políticos, sociales, demográficos, culturales) Por ello, muchas empresas han tenido un impacto trascendental en su estructura y han tenido que luchar contra la resistencia de sus colaboradores para aceptar dichos cambios.

Por un lado, la excelencia y un elevado nivel de calidad en los procesos productivos se han convertido en factores claves para que los negocios sean exitosos, pero por otro lado, existe una creciente desvalorización y resentimiento de algunos sectores de la sociedad hacia los pequeños, medianos y grandes empresarios.

La causa principal que provoca dicho resentimiento en nuestra sociedad, es la falta de educación, ya que genera exclusión. Por eso, es fundamental que el Estado elabore políticas sociales y educativas que ofrezcan oportunidades a la población de bajos recursos y una movilidad social efectiva.

Los valores que se le inculquen a un individuo juegan un papel de gran importancia en su formación.

En una sociedad altamente desigual y consumista como la nuestra, en la que los bienes materiales ocupan un lugar notable, es muy fácil convertirse en un resentido social, pues las exigencias económicas no van de la mano con el poder adquisitivo de la mayoría de los mexicanos.

Definitivamente la educación es un proceso social capaz de transformar a la sociedad. Debido a esto, es necesario que en las escuelas mexicanas, en todos los niveles, se propicie la generación de un ambiente adecuado para formar a los estudiantes bajo una cultura que permita considerar a la excelencia y el esfuerzo como parte de su plan de vida.

En el llamado “milagro japonés” que tuvo lugar de los años sesenta a los años ochenta, el trabajo se convirtió en el único medio para salir de la problemática económica que enfrentaba ese país. El éxito radicó en el cambio de ideología y de cultura por realizar las cosas bien, con calidad y optimizando los recursos.

En nuestro país, las instituciones educativas, los directivos y dueños de empresas no han entendido muy bien éstos conceptos.

Se requieren de programas bien definidos en los cuales se analicen todos los factores que intervienen directa o indirectamente para lograrlos.

Las instituciones educativas en México deben ser las principales promotoras en la formación de estos valores en los niños, adolescentes y jóvenes.

A muchas instituciones gubernamentales y a un gran número de empresas y escuelas no les interesa contar con individuos capaces de tomar decisiones y que deseen ingresar a una cultura basada en el esfuerzo, la competencia, la calidad y la excelencia.

Vivimos en una sociedad en la que juzgar a los demás es una práctica común. Para muchos emprendedores, esto ha sido un freno para desarrollar su creatividad y les genera miedo a equivocarse y a enfrentar nuevos retos.

Generalmente, en México se trabaja de manera individual. Son pocas las personas que saben trabajar en equipo porque no se entiende que el trabajo en grupo hace que todos crezcan y se multipliquen los beneficios para  los participantes y para la sociedad.

Las veces que he tenido la oportunidad de viajar a países europeos como Italia, Francia y Alemania, me ha sorprendido la forma en la que la sociedad apoya a los negocios de su zona. Verdaderamente he visto que los empresarios se apoyan y se recomiendan unos a otros.  Esto haría una gran diferencia si se aplicara en México, porque el crecimiento sería gradual para todos. Además, muchos gozan de una seguridad que no tenemos en nuestro país por la ausencia de un Estado de Derecho.

Cuando yo empecé en éste mundo del emprendimiento me topé con un sinnúmero de problemas, y uno que me llamó mucho la atención es la indiferencia y el coraje con la que fui tratada por muchos de mis vecinos, siendo que en la zona donde está mi negocio es comercial. Con el tiempo y paciencia me fui acercando a ellos y les compartí todo el trabajo personal, profesional y económico que representó para mí abrir mi negocio.

Mucha gente cree que una persona abre un negocio porque tiene mucho dinero, por tener algo que hacer y que es muy fácil. Nada más alejado de la realidad.

Existen personas que se quejan de su infortunio, y sin embargo no se involucran en actividades que requieran cualquier tipo de acción.

En México hay una falta de reconocimiento al éxito ajeno, en vez de que haya un acercamiento a personas que están triunfando, e incluso para pedirles trabajo o consejos para impulsar sus negocios.

La respuesta generalizada frente a cualquier opinión distinta a la nuestra, muchas veces deriva en desaprobación.

También existe un gran sentimiento de impotencia, ya que se piensa que nada de lo que hagamos va a hacer que cambien las cosas y por eso no se hace nada.

Por otro lado, el miedo al fracaso hace que mucha gente no intente alcanzar sus metas, cuando el fracaso debe ser visto como parte del proceso de aprendizaje en cualquier actividad y hay que sobreponerse y seguir adelante.

El emprendimiento puede ser una poderosa herramienta para combatir la pobreza y crear empleos.

Es tarea de nuestro gobierno retener, atraer y apoyar a los emprendedores para generar en las empresas innovación y crecimiento en la productividad y por ende un mayor desarrollo económico en el país.

Una buena preparación educativa dará mayores posibilidades de éxito a los desafíos de nuestro tiempo y favorecerá la disposición a implementar las transformaciones a afrontar en una sociedad cambiante como la actual.



Número 30 - Junio 2019
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