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La economía nacional a seis meses

Lunes, 24 de Junio 2019 - 13:20

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Manuel Torres Rivera

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No hemos superado la confrontación del análisis de nuestra economía; persiste el ángulo de observación de un solo hombre, el presidente, enfrentado con todo un esquema nacional e internacional que señala las consecuencias de políticas públicas erróneas. El afán de convencimiento y reflexión ya quedó atrás. Las muestras de inflexión y de imposición afloran en el monólogo matutino y en la voz enardecida y estentórea en las poblaciones seleccionadas conforme a la memoria electoral que remarca la ruta de campaña que no termina su itinerancia.

El análisis financiero es claro y contundente, en cualquier ente económico que maneja números, la insolvencia es claro reflejo de los plazos; desde luego en las finanzas públicas no existe una relación de circulantes como tal, pero existen prerrogativas presupuestales que adelantan acción de gobierno. Esta transición ha atropellado todas las circunstancias posibles de atención, de promoción y de circunscripción institucional. Las cancelaciones de partidas asignadas se interrumpen sin programa alterno. Las consecuencias de interrupción del pacto social en la ausencia de protección al individuo, a la función educativa, sobre toda la comunitaria, al enfermo, al niño, a la madre trabajadora, a la mujer en peligro, ya alerta el brote de una comunidad alguna vez cautiva en el voto de la dádiva que se ahuyenta por semana.

La aritmética simple muestra la intemperancia de un régimen que no contempla los plazos de una economía del tamaño de la mexicana. El despido de un millón de personas del sector público ignora el efecto de daño al núcleo familiar; este naturalmente habría que multiplicarlo por tres o por cuatro para llegar a millones de afectados por una sola decisión: el despido tajante. Si abundamos en el tema de afectaciones, la mujer trabajadora no enfrenta sola el problema de la ausencia de estancias infantiles, la repercusión familiar es seria. El efecto multiplicador inunda la escena nacional en la salud pública, en el turismo, en la ciencia, en la cultura, en el deporte y en innumerables actividades frenadas de golpe.

Una de las últimas confrontaciones de datos radica en el empleo; el INEGI destaca un desplome en las cifras de empleo. El presidente desafía las cifras formales como hace siempre para incluir a becarios, a cargo del erario y en supuesto entrenamiento para aspirar a un empleo. El próximo uno de julio está dispuesto a desafiar el pronóstico de crecimiento del país, en franco desacato al orden internacional y a la experiencia de calificadoras y mercados con una trayectoria generacional. Seguramente insistirá en aspectos cualitativos como su combate a la corrupción, tema ya descontado en todas las circunstancias internacionales e incorporado como política interior al menos de inicio en su administración. Si no es un tema erradicado, entonces la política adoptada en su combate ha resultado ineficiente.

La recurrencia a la inversión como prerrogativa total en la administración pública ya la asumió el sector privado como iniciativa que invita al trabajo en paralelo a un gobierno disperso en la función de ahorro. El esfuerzo hace eco en la tramitación de defensa judicial para reorientar el cauce de los recursos públicos en el llamado a la cordura que no provoca asiento, reflexión menos aún. Será por la vía obligada de un juez, para que el gobierno actual redima sus errores y sus cancelaciones ominosas. No es lo ideal, pero el diálogo que pregona el gobierno no existe, existe el pronunciamiento, pero es la coerción la que corrige el rumbo. Lo vimos con Trump.

En economía no se puede apostar a la intención, se apuesta a la planeación, a la aplicación de la certeza jurídica de inicio y a la semblanza de órdenes de mercados nacionales e internacionales. La escena del exterior no la contempla el presidente en turno; opta por su mapa electoral, en el que encuentra acomodo y micrófonos ajustados a un discurso incontestable. La escena internacional reclama diálogo y eso no forma parte de su plan de gobierno. Vendrían las recomendaciones y lo sabe. Sabe bien que recomendarían devolver un activo capturado ilegalmente, el aeropuerto de Texcoco. Sabe también que lo invitarían a cancelar Dos Bocas y sabe también que recibiría innumerables proyectos de energía renovable, y no los acepta. Hasta ahora los espacios internacionales los ha llenado el presidente de El Salvador, con una retórica verdaderamente penosa, en tanto el G 20 reserva un asiento de auténtica valía para México y su jefe de Estado. El Salvador no aporta y se le considera. Así no se abren las puertas de un país ávido de inversión. Así se abren las del dispendio, ahora sin frontera.

El día uno de julio habrá pronunciamiento con otros datos, parafraseando el lenguaje mañanero; los conoceremos. Ese día se cierra un ciclo trimestral y la expectativa de crecimiento sería aliento para todos, adherentes, adversarios, inversionistas y trabajadores por igual. La sombra de la recesión económica enlaza trimestres sin crecimiento y eso constituye no solamente áreas de revisión, ya dicta señales de rumbo equivocado. El rumbo ya tiene guía: lo respaldan 32,000 millones de dólares de inversión del empresariado mexicano. La respuesta de esta transición debería ser congruente a ese llamado, a ese esfuerzo.


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Número 33 - Septiembre 2019
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