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Economía en distracción

Lunes, 10 de Febrero 2020 - 09:30

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Manuel Torres Rivera

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Se acumulan los temas de la agenda nacional, todos de suma importancia, desde la seguridad hasta la salud, pero la economía marca un terreno de verdadera preocupación. En este espacio se mencionó una indicación del presidente en cuanto a la formación de un comité o grupo de asesoría para atraer inversiones, o bien para brindar facilidades a la invitación del capital. Desde luego deben ser varios integrantes, pero lo encabezan el secretario Herrera y Alfonso Romo. Preocupan los tiempos, preocupan más los planes, pero la verdadera preocupación radica en los fundamentos de origen, en los inicios de esta tercera transición que gobierna.

Si pudiera revertirse el proceso de cancelaciones, que ha habido sin cesar en todas las áreas de la vida nacional, desde comedores comunitarios hasta albergues contra la violencia y estancias infantiles, y el Seguro Popular, todas sin excepción dan cuenta de cruentas decisiones que han afectado a millones de personas, pero desde luego la que marcará por siempre y  sancionará la historia sin duda, es el despojo de un activo de proyección internacional, la obra más significativa del continente, el aeropuerto de Texcoco. No puede concebirse un castigo tan singular a toda una nación, un agravio a los bienes nacionales y por encima de todas estas aberrantes derivaciones, las señales al exterior. 

El exterior ha lidiado con esta decisión y ha tratado de alimentar la expectativa de inversión y la permanencia del capital en tierra mexicana con las contribuciones de un sector empresarial decidido a soportar alternativas que compensen la caída de la confianza, la pérdida de un ciclo completo de reinversión y la pérdida de horizontes claros en materia económica; precisa revivir la era de un México otrora incluyente, pujante, audaz y competitivo. Un año bastó para recomendar rumbo, un solo año de desperdicio inconmensurable de actividad económica fue suficiente para hacer un ejercicio de recomposición de nuestra economía.

El primer enunciado para lanzar un plan de rescate de la economía mexicana está programado para el fin de mes. Habrá que evaluar las bases del pronunciamiento esperado, porque si tomamos las manifestaciones cotidianas del presidente en sus declaraciones matutinas y las acoplamos a todo un sentir de la expectativa de agentes económicos, la decepción puede anticiparse en la dilución de rondas energéticas, en la supresión de farmouts, en las miras internas de autosuficiencia energética y alimentaria, en la simple interpretación de crecimiento y desarrollo y en los capítulos de bienestar que esta transición utiliza como compendio de certidumbre.

Recomponer una economía sin atender los preceptos que se forjan en las grandes discusiones y en los amplios planteamientos de los desarrollados e industrializados, para asimilar la terminología de los organismos financieros internacionales, se torna en un ejercicio inútil cuando se aplaude e impulsa una economía doméstica, un molino de grano con conocimientos de dos siglos de experiencia con el uso de una mula para molienda, un muro de piedra para estimular el cincel y el marro, un camino que completa un tramo de escaso kilometraje, todo con mano de obra extinta en la modernidad, cuando se cuenta con la tecnología necesaria y bases de sustento gubernamental implementado en décadas.

La promoción de un proyecto estimulante puede apreciarse en comunidades apartadas de las grandes urbes y de las capacidades de apoyo institucional; para ello se ha intentado por generaciones acercar programas, identificar necesidades y afanes comunitarios, desde la educación con el Consejo Nacional de Fomento Educativo, CONAFE, hasta las más elementales representaciones de apoyo agropecuario, en La Financiera Rural, la Aseguradora oficial y otras, sin excluir los programas de salud pública, como el seguro Popular. Todas sin excepción han ejemplificado cobertura. Con esta premisa de inicio, podríamos cuestionar la presencia del presidente de una República en estos menesteres cuando existe personal con verdadero entrenamiento haciendo una tarea que le fue encomendada y ha desarrollado con devoción y servicio.

No se trata de duplicidad de funciones en este precepto mencionado, se trata de un desperdicio del tiempo de un dirigente de una nación. Aunamos los tiempos de preocupación ya mencionados, los incorporamos a una ruta de desenvolvimiento y eficiencia sectorial: si la calificación viene del supuesto dador e impulsor del beneficio, el que sea, da lo mismo, el recipiente convertirá su dádiva en respaldo de su precaria contribución a un producto imaginario, el de un trabajo sin redención. El beneficio de recompensa del atraso en la verdadera contribución a un valor, el agregado, debería originarse en la cúspide del poder para inspirar la adopción de una modernidad irredenta. No hacerlo, es claudicar en la misión de superación de generaciones postradas, por tanto, es renuncia sacrílega al progreso. Es traición a la voluntad, al discernimiento y a la superación. De esto último el presidente es culpable. 

Los grandes temas nacionales de la historia reciente y pasada se han resuelto en la complicidad del silencio, el que otorga los plazos de la reflexión, de la mesura. El hombre de Estado se forja en la soledad, en la virtud de equilibrar esa etérea balanza de los beneficios y los costos. Sopesar los grandes aciertos de los forjadores de ese concepto trascendental llamado Patria, meditar el rumbo sin el ímpetu de la intemperancia, sin el ánimo de la soberbia, sin el ánimo de la revancha de los inefables rumbos del poder, contemplando siempre lo efímero del momento, la fragilidad de las decisiones que una colectividad nunca aprende, pero asimila y en su momento, detona. 

La economía es pilar de construcción, pero los números son y se convierten en pasaje que la historia preservará como aprendizaje o lección, una inicia y la otra finiquita. Distraer su sino indefectiblemente cobrará sus desvíos, sus nimias interpretaciones: las definiciones existen y son de carácter universal en sus acepciones y en sus adopciones. Distraer sus destinos y especular con sus vínculos en una sociedad alerta a las vaguedades y las superficialidades puede convertirse en juego perverso desde una tribuna autoritaria y supremacista, cubierta de banalidad y prepotencia. 

Los distractores de una propuesta se diluyen en las propuestas del poder conferido. En economía no se admiten distractores. Se convierten en juego de perdedores.

 


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Número 35 - Noviembre 2019
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