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Desafiando el Éxito Económico

Lunes, 11 de Marzo 2019 - 13:25

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Manuel Torres Rivera

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Desde la cancelación del aeropuerto de Texcoco, las medidas económicas de esta transición de gobierno, una tras otra, retan la lógica de las finanzas no solamente domésticas, parámetros internacionales y recomendaciones por igual. El primer costo ya se anunció en una contracción del producto, por vez primera en muchos años. Los tres primeros meses de esta administración, tercera transición de nuestra historia moderna, detuvieron el crecimiento de la economía y razones para ello, sin tomar en cuenta el servicio de la deuda, que vendrá en los plazos de redención de los bonos emitidos para respaldar la construcción del aeropuerto, deuda que nunca debió existir en la cuenta pública, se cuentan en forma muy sencilla: el desabasto de gasolina, el bloqueo ferroviario, la parálisis de actividades clave del sector público por ahorros forzados, cancelaciones de organismos reguladores, y ejercicio desordenado del gasto en ese afán solucionador de problemas heredados que la milagrosa función de ahorro cancelará como imaginaria de ejercicio presupuestal. Lo que no se gasta en partidas del pasado deviene en presupuesto y recursos frescos. Una concepción errada, y concebida como política pública.

La segunda fase del desafío de esta administración radica en ignorar la opinión de expertos y voces autorizadas y el renglón que más preocupa es el de energía. La idea de un gobierno populista siempre es la mira interna, y en este caso, como el de otras naciones que conciben la riqueza natural como símbolo más que como medio de cambio y transformación, simulan fortalezas en la prerrogativa de la no dependencia y olvidan la perentoria fase de uso de un producto y una visión de futuro. Las energías, todas sin excepción son renovables y la adopción de políticas regresivas en pleno siglo XXI, interrumpen el paso de la modernidad y la globalidad que aportan en cada caso, participaciones activas en el mundo moderno.

Pemex ha sido señalado una y otra vez para dirigir sus esfuerzos a la perforación y la producción, actividades propias de su entorno, actividades redituables y en las que su experiencia ha sido valiosa y apreciada en mercados del exterior. Refinar es un paso al pasado, engorroso, costoso y con fines de abasto de un mercado a futuro y distante, futuro sembrado de opciones de energía alterna. En la CFE no hemos dado un solo paso de apreciable progreso; se ha distraído una función de una multinacional con proyección de futuro en la energía renovable a base de subastas que no deben ser descuidadas, en pronunciamientos vacíos de contenido para revivir y denostar fórmulas de otras administraciones. Pretenden dar la impresión de una CFE que se formó sola y alcanzó dimensiones de respeto mundial sin criterios profesionales y sin guías de expertos en la materia.

El pronunciamiento que no cesa por parte del presidente y en el que el reparto de culpas al parecer no tiene fin, llena los espacios de la duda, al menos en la imaginaria popular, porque en la arena de la certidumbre económica y en la de recepción de programas y ocurrencias, no avanza. La administración que encabeza el presidente López Obrador está a la búsqueda de ideología que acomode sus imposiciones y su pensamiento de guía de una nación que resultó de dimensiones colosales. Acomoda en la izquierda ciertos preceptos, en la derecha conservadora otros tantos. Y cuando da cuenta de su percepción y de sus errores, existe el pasado conveniente para acomodar en él todos los vicios y abusos que en el mundo han sido. Su retórica matutina no le alcanza para convencer de su proyecto, las cuentas no están siendo favorables. Los recursos se están evaporando a una velocidad vertiginosa, el neoliberalismo carga con culpas un día y el conservadurismo el siguiente. La presunta definición de términos y la involución de la vida diaria de la gran economía un día lo dejará sin argumentos. Sería conveniente que tuviera una idea clara de su proyecto de nación y lo arrancara, para conocerlo, para bien de todos. Un proyecto de verdadero futuro que deje de culpar al pasado.

Del exterior existe materia importante para comentar. Las calificadoras han resultado un tema central y las versiones de su intervención han situado opiniones en cuanto a la marcha de la economía. Esta administración no se percata que no existe otra manera de contemplar las cosas. Las miras internas y los sueños de auto alimentarse y auto abastecerse pertenecen al pasado. Es la economía el centro de atención de todos los países del globo. Es la economía la que centra los puntos álgidos de atención, de participación y de crecimiento. Las calificadoras hacen lo que deben hacer: rendir cuentas con objetividad y buen juicio para eliminar riesgos. No pueden considerar factores cualitativos porque su apreciación es fundamentalmente cuantitativa. La corrupción es una apreciación como cualquier otra imperfección, como existen en mercados, en intercambios, en acaparamientos, en alteraciones de precios. Ningún factor cualitativo es disculpa para no atender preceptos de orden internacional. Las calificadoras tienen un propósito y no tienen obligación de hacer excepciones en movimientos y juicios del uso del capital. México reprueba, reprueban las iniciativas de este régimen, de eso no existe duda.

El orbe es complejo y las economías son dinámicas y cambiantes. México ha cerrado sus opciones al exterior desde su ausencia en Davos y en los grupos afines al sentimiento de condena a un régimen por demás señalado por todo menos por su protección a su propia población. El régimen dictatorial de Maduro ha violado todo lo que un gobernante puede violar, demostrado ha quedado ante el mundo entero. México ha cerrado la puerta a la objetividad de los hechos, sin ningún beneficio.

Cien días de gobierno de esta transición número tres. Sin perspectivas de crecimiento, sin aliento de recepción de verdadero proyecto de nación, sin metas económicas que respalden tareas logradas con anterioridad en la educación, en la energía y en la estabilidad y el crecimiento. Nada que celebrar, nada que aplaudir, nada en este intento fútil de transformar.


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