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Aversión al riesgo

Lunes, 07 de Enero 2019 - 14:10

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Manuel Torres Rivera

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El principio de la diversificación al que hemos recurrido en muchos órdenes monetarios, desde la administración de un portafolio de inversiones hasta decisiones de la macroeconomía, en este 2019 se ve desafiado por la simple herencia de los números que vienen arrastrando selección de activos susceptibles de rendimientos favorables. En la eurozona los activos de renta variable han mostrado un comportamiento muy alejado de las expectativas de otros años. Para individuos y gestores de profesión resulta difícil interpretar el endurecimiento de la política monetaria de la Reserva Federal, el disminuido activismo del Banco Central Europeo y la resultante depreciación de dos dígitos de los índices bursátiles. Los obstáculos a exportaciones de las empresas derivadas de las tensiones comerciales provocadas por Estados Unidos, la clara reducción de beneficios empresariales y el aumento de la deuda privada y global, ya merman el rendimiento anual esperado. 

La consideración de estos factores ya reduce la expectativa de crecimiento de la economía mundial. En este año; Al parecer, en la escena global, todas las economías crecerán a menor ritmo, incluyendo a las potencias y a la gran economía China. Esta última deberá sortear su nivel de endeudamiento y su estrategia para diluir de la mejor manera el desafío norteamericano y ese claro pronunciamiento bélico del presidente Trump. La ausencia de compras de títulos de deuda como principal episodio del Banco Central Europeo y otros problemas específicos como la adaptación a la normalización de la política monetaria del mismo Banco, el hasta hoy incierto desenlace del Brexit, no favorecen planes de plazo de las empresas y tampoco arrojan una luz clara sobre la salud bancaria. Todo esto hace de la inversión un escalón difícil de ascender: la información disponible no es alentadora, la apuesta compradora no está del lado de la oferta, y la volatilidad y el comportamiento errático de precios de acciones y bonos sientan un horizonte incierto. El papel de atender situaciones pasadas de deuda en cuanto a servicio y renovación de la misma, hace de los agentes económicos un planteamiento de pasividad y poco ejercicio de dinamismo en la recuperación de planes de mayor rédito.

La escena del totalitarismo en otros escenarios del globo no impulsa la expectativa del apetito por el riesgo, y esto hace de la inversión un fenómeno alejado de su natural función promotora. El control de las variables económicas en el sentido estricto que se menciona, sin las bases de sustento de la libertad de acción del ahorro y la inversión como reguladores de equilibrio económico, cierran toda posibilidad de invitación a las reglas de las economías abiertas. La confusión que plantea el gasto público en la redención de la cobertura del contrato social, margina el potencial de cobertura del robustecimiento de los mercados internos como verdadero estímulo del crecimiento del producto. El simple hecho de ligar al gasto un factor de consumo interno no repercute en la gran economía como detonador e incentivador de mercados. El costo de oportunidad de creación de capital se pierde en ese mar de dispendio de recursos. Esa función de gasto se convierte en función distributiva. La aparente contribución al empleo se pierde por simple derivación del origen del recurso. Si viniera de la empresa privada, cumpliría un ciclo de integración en la creación de utilidades una vez superado el riesgo y una vez superada su competencia. Inyectar recursos en una economía sin el cumplimiento estricto de etapas de la función del capital, es regresión económica sin límites y en algún momento colapsan las expectativas del reclamo social y las posibilidades de dádiva gubernamental.

La anterior es observación clara del modelo mexicano que inicia esta administración. Nutrir satisfactores desde la óptica de acaparamiento de recursos, empezando por el ahorro de la senda institucional, es ahogar desempeño frontal y eficiencia del Estado. El resultado puede resultar costoso y el factor de empleo en riesgo estabilizador. Si el contrato social domina la escena pública, la economía pierde en acción territorial y pierde en oportunidades de inversión del exterior. El planteamiento que precede este texto en una globalidad sin miras de retorno, brinda a las economías emergentes como la nuestra oportunidades que se anuncian hoy, para tomarlas como lo hemos venido haciendo en décadas de construcción de confianza. Si el inicio de esta administración rechaza elementos de juicio internacional y cancela un proyecto de estatura mundial como es el aeropuerto internacional situado en Texcoco, poco podemos esperar en política económica de verdadero aliento. El juego del reto a la escena internacional y el franco desafío a las reglas de las economías abiertas es un juego peligroso. El error de inicio de esta administración en la cancelación mencionada se convertirá en recordatorio de plazo no solamente en lo interno, vienen las calificadoras a hacer su oficio y la provocación puede conducir a aislamiento. Las oportunidades tocan a la puerta una sola vez. La aversión al riesgo sigue su camino, lo elude en las naciones que lo brindan y lo eliminan de la mejor manera que pueden en las economías abiertas a las opciones de inversión, las que califican en grado de confianza de sus gobiernos y en la estabilidad. Sin estos dos elementos críticos, las posibilidades de inversión se diluyen y las de crecimiento se alejan. Se instala el riesgo como barrera infranqueable y la función totalitaria anula toda expectativa de resguardo económico.



Número 26 - Febrero 2019
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