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A LOS POBRES, LOS COSTOS SOCIALES DEL CORONAVIRUS

Miércoles, 06 de Mayo 2020 - 10:30

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Xavier Ginebra Serrabou

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Las crisis ponen al descubierto situaciones mundiales o nacionales que ya existían, pero que quizá por exceso de acostumbramiento, estábamos habituados a ver como normales. En México 62 millones de personas viven en pobreza y el 0.46% posee el 44% de la riqueza pública (datos de Oxfam, 2018). El Covid-19 que ha pegado a ricos y a pobres, aunque seguramente a estos últimos la muerte les ha pescado recluidos en su caso, mientras los primeros tenían tratamiento en los hospitales. 20 millones de personas están en seria situación de incurrir en pobreza adicionales a los 62 que ya existían en cuestión de un mes si los gobiernos –federal, estatales o locales– toman  decisiones radicales para protegerlos. Las medidas de créditos para PYMES –única decisión imaginativa– de muchos gobiernos estatales, sumados a la lentitud en las ayudas, han hecho que como siempre en nuestro país, los que paguen los platos rotos sean los pobres.

La capacidad de supervivencia de una empresa informal es de unos cuantos días –viven con dos dólares al día–, López Obrador desmontó muchos de los programas asistenciales eficaces “neoliberales”, como el Progresa y el Seguro Popular –que entre los dos daban cobertura a cerca de 50 millones de personas– a cambio de “regalos en efectivo asistenciales”, que no han llegado a cubrir de forma eficaz a los anteriores –los nuevos sin control ni mecanismos para hacerlos eficaces, como las estancias infantiles y los hospitales del Instituto Mexicano del Seguro Popular–, “tirando dinero a la basura a PEMEX” y fomentando obras faraónicas como las pirámides egipcias necesarias para “su desarrollo” (supongo que Dos Bocas tendrá la forma de la Pirámide de Giza pero con el rostro de López Obrador). Y para colmo, resultó más neoliberal en cuanto a la contención del gasto y a la búsqueda del superávit de peor forma que el Ministro de Finanzas de Angela Merkel en 2010.

Es verdad que la “vertiente social” de un gobierno que se dice de izquierda ha brillado por su ausencia. Pero como me dijo un importante exlíder de los banqueros, en México el dinero lo manejan los grandes empresarios –en especial los reunidos en el Consejo Mexicano de Negocios–, a  lo que yo añadiría que sobretodo los banqueros que han tenido rentabilidades superiores a los 100 mil millones de pesos anuales por décadas, cobrando  tasas de interés usurarias, sin canalizar el crédito a las pequeñas y medianas empresas que crean el 70% del empleo, haciendo pingües utilidades en operaciones especulativas. ¿Qué pasaría en México si desaparecieran los banqueros que son perseguidos como defraudadores fiscales en España? Quizá nos harían un favor, ya que los contribuyentes no tendríamos que pagar con nuestros impuestos sus costosísimos rescates por cantidades superiores cercanas al 20% del PIB por los “errores y abusos” de la gran delincuencia de “cuello blanco” financiera. Salvo algunas muestras de “humanidad” en la “espera” absolutamente discrecional para el pago de los intereses de algunos créditos, han vuelto otra vez a reiniciar “el terrorismo telefónico” para que los usuarios paguen sus cuentas, los que se encuentran confinados en sus casas por el coronavirus, teniendo que pagar muchos gastos ordinarios y quedándose en la calle por la pérdida de empleos. Y nuestros 99% de microempresarios cuyos dueños se encuentran endeudados con altas tasas de interés por sus tarjetas de crédito, vuelven a la amenaza legal para que paguen sus créditos. Nuestros banqueros son los reinos de la codicia. Son tan impresentables como López Obrador, y la poca solidaridad mostrada por nuestros multimillonarios de Forbes.

Para colmo, todavía actúan como aves de rapiña, de modo que, extinguido el coronavirus, tendrán suficiente “carroña” como cuervos de lo que queden de los 80 millones muertos en combate para cobrarse sus garantías. ¿Qué harán después? Buscarán otros mercados más voraces a través de la  protección que AMLO les ha prodigado desde el inicio de su gobierno, para volver a hacer “negocios” con más utilidades, repitiendo la eterna película tras el enorme rescate de los Estados en la crisis de 2008: sale águila gano yo, sale sol pierdes tú; la casa nunca pierde. Con razón tardó tanto tiempo la Iglesia Católica en prohibir el cobro de tasas de interés: quizá predecía lo que vendría después.

1 Máster y Doctor en Derecho económico, Profesor investigador en Economía de la Facultad de Negocios de la Universidad De La Salle Bajío, asesor de varios gobiernos estatales en la crisis postcoronavirus y miembro nivel I del Sistema Nacional de Investigadores. 

 


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Número 35 - Noviembre 2019
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