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¡Estamos en recesión!

Al presidente Andrés Manuel López Obrador no le será fácil explicar los datos que sobre el producto interno bruto (PIB) difundió ayer el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Seguramente insistirá en decir que crecimiento económico no es igual a desarrollo económico, lo cual es cierto, pero de ninguna manera podrá argumentar que se puede lograr desarrollo sin crecimiento.

En junio, al presentar la cifra preliminar para el segundo trimestre del año, INEGI reportó un crecimiento del 0.02%, con lo cual la economía se salvó de ser declarada en recesión. Sin embargo, al difundir ayer la cifra revisada, de -0.1%, puede afirmarse que, sin lugar a dudas, estamos en una recesión.

Los números no mienten y menos cuando no solo el INEGI sino diversos organismos internacionales y nacionales concuerdan en su diagnóstico: la recesión de la economía mexicana se inició hace 12 meses en vista de que en el cuarto trimestre decreció 0.1% respecto al trimestre anterior y que en el primer semestre de este año de nuevo disminuyó un 0.1% con respecto al trimestre anterior.

Por si la baja durante tres trimestres consecutivos no representara un gran problema, el INEGI también reportó ayer que en el tercer trimestre del año el crecimiento fue nulo, de 0.00%.

En resumen, la economía mexicana sé ido para abajo desde hace un año y nada indica que la tendencia se revierta en lo que queda del cuarto y último trimestre de 2019.

Ahora bien, si este año la economía registra un crecimiento nulo o de -0.2%, el panorama será menos lúgubre que cuando se iniciaron otros sexenios. Recordemos que durante el primer año del gobierno de Miguel de la Madrid el PIB decreció 3.5% respecto al año anterior, durante el primero de Ernesto Zedillo se desplomó 6.3%, en el primero de Vicente Fox disminuyó 0.4%. O sea, que el país las ha visto peores.

Es probable que durante su conferencia de prensa, además de insistir que el busca el desarrollo de los mexicanos y no solo el crecimiento de la economía, AMLO insista en que las mediciones y cálculos que realiza el INEGI están a cargo de conservadores neoliberales del ITAM, que él tiene otros datos, que la economía está bien y de buenas, que los enemigos de la 4T han utilizado medios legales e ilegales para impedir que se inicien sus obras de infraestructura más importantes, que si gobierno heredó una pésima situación de la pasada administración  y quien sabe que otras cosas para de defender su plan económico que evidentemente ha servido para generar desarrollo entre las clases más pobres pero no el crecimiento que el país requiere.

Andrés Manuel debe dejar de pelearse con los números o creer que los buenos son los otros datos que él tiene y aceptar que sin crecimiento económico se le van a acabar los recursos que su gobierno necesita para sacar de la pobreza a millones de hombres, mujeres y niños.

La 4T rechaza las políticas económicas del pasado, pero en otros países muchas de esas mismas políticas se aplicaron pero cuidando siempre que la riqueza se distribuyera con más equidad y que la corrupción no fuera parte del sistema.

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Martes, 26 de Noviembre 2019 - 09:15
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Martes, 26 de Noviembre 2019 - 18:00
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Miércoles, 27 de Noviembre 2019 - 05:15
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Es la actitud

Recesiones en el país desde luego hemos tenido; todas sin espacio de duda han contraído la demanda interna. Del error de diciembre y la ayuda de Clinton a la recuperación en 1997, 1994 quedó sembrado en la descomposición del ahorro y un franco desequilibrio en la inversión. El manejo irresponsable de 17 de las 18 concesiones de banca en el regreso de la estatización provocó pérdidas irreparables en la consecución del crédito y la pérdida del control accionario de los bancos.

La recuperación, en manos especializadas y en la intención del seguimiento y orden del exterior, empezando por los organismos financieros internacionales interiorizados en situaciones de nuestra región, allegó posibilidades en menos de tres años. La pauta del exterior aunada a la disciplina de la hacienda pública derivó en materia económica sólida; los plazos se extendieron con planes realistas y los vencimientos se acoplaron a las demandas de cobertura en la escena internacional.

Dos recesiones en la misma década, la del 200 y la del 2008 obedecieron a circunstancias ajenas a nuestro entorno económico. No obstante, la alerta que mostraba el escenario europeo y las circunstancias que acechaban nuestro bloque con Norte América, pudo superarse, otra vez, con disciplina, la recomendada desde el exterior y la impuesta en terreno propio. Curiosamente, las recuperaciones de las tres recesiones mencionadas se resolvieron en tres años en cada uno de los casos.

No debemos olvidar que la calificación de una recesión para que merezca ese apelativo debe considerase en su dimensión más baja, sin salida por decirlo de alguna manera. No es solamente la reducción del producto el elemento más significativo, pero la pérdida de fuerza del abasto interno ya es medida de caución y para muchos analistas es significativa por la contraparte, la oferta que pierde terreno en la función competitiva, interpretada como pérdida de producción. Ahí empiezan los problemas. Ahí se inicia el proceso que la economía moderna reduce a recesión.

México no está en recesión, no al menos en la rígida interpretación del orden de caída de todos los signos de correspondencia de valor. Las exportaciones mantienen cierto ritmo de acompañamiento de la actividad industrial y todavía contamos con renglones fuertes en ingresos de divisas, siendo las remesas de nuestros connacionales el primer sitio. Nada que festejar en este rubro. Derivados del petróleo y turismo secundan este margen, cuando naturalmente deberían haber sepultado las remesas mucho tiempo atrás.

La ronda del cero en la ruta del crecimiento de la nación no ampara recesión en términos formales, no al menos en los plazos que manejamos como economía emergente con salvaguardas en la situación de corto plazo y la captación de capitales que toman ventaja del diferencial de ahorro. Eso no quiere decir gran cosa si el daño se considerara atemporal o atípico. Por desgracia no lo es, no es atemporal ni atípico. Lo que actualmente experimentamos es simple provocación interna de política económica errada.

La transición en turno recibió una economía en crecimiento. Nada espectacular desde el punto de vista de las oportunidades del orbe, pero finalmente el producto mantenía una tasa promedio superior al 2%. La correspondencia con nuestro principal socio comercial mantenía un ritmo acompasado de algún modo, situación esperada cuando se comparte un Tratado de Libre Comercio. Las expectativas de uno y otro estaban atentas a la situación cambiante del mundo, no necesariamente del antagónico, simplemente el de una orilla del mundo que contempla las cosas de un modo muy diferente. Nada nuevo en el espectro Oriente-Occidente.

Si examinamos las recesiones mencionadas, que en su momento anunciaban momentos de sombra económica para México, y si ahondamos en los plazos de recuperación, cortos, sin duda, en el estimado de vida económica de las naciones, encontraremos un común denominador: amplia participación de las autoridades con el exterior, amplia disposición de seguir regulaciones y preceptos de foros y naciones con experiencias similares o mejor aún, naciones resurgidas de la recomposición de su infraestructura más elemental y necesaria.

El concierto de las naciones no es una figura poética, no es un derivado del romanticismo y mucho menos un ejercicio retórico, es cúmulo de experiencias, de soluciones, de vías de entendimiento. México ha mantenido una trayectoria reconocida en ese campo. Hoy la pierde, por decisión de un solo hombre: el presidente.

Vivimos un ostracismo internacional, un alejamiento de toda prerrogativa de beneficio de la comunidad a la que pertenecemos y de la que estamos por desechar del todo, con la excepción de la renovación de nuestro tratado comercial con el bloque del norte. No reúne la contundencia ni el ímpetu de un G 20. No reúne la unificación de criterios de naciones progresistas dispuestas a compartir planes, ideales, futuro.

Esta transición apuesta al pasado, a fórmulas superadas en las décadas del aprendizaje de nación en etapa de desarrollo, a las autosuficiencias emanadas de las políticas proteccionistas de la posguerra, a la recomposición de glorias sepultas en la captura del subsuelo, riqueza etérea cifrada en patrimonio sin destino.

Desde luego hacemos referencia a la economía, hacemos un llamado a la cordura en el retiro de proyectos improductivos, y haríamos una recomposición para borrar la decadente trayectoria de la economía mexicana en los últimos trimestres. Todo eso apuntaría al crecimiento, a la invitación al capital. No existen fórmulas alternas al capital, a la inversión, al camino de la especialización y las ventajas comparativas y a los agregados de valor.

Los intentos de cierto acomodo de recursos para Pemex, alguna recomposición de ductos de gas natural y otras manifestaciones de capitalización de renglones productivos, se dan tarde y se dan con medida cautelar en la retención como simulación de ahorro. Así no se persigue una ruta de crecimiento, así no se invita al capital privado, no con reglas cambiantes, sin programas sólidos y metas claras, no aislando a México de foros internacionales.

Tenemos un problema serio con nuestra economía, pero mayor lo tenemos en actitud.

Fecha: 
Lunes, 07 de Octubre 2019 - 12:15
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Lunes, 07 de Octubre 2019 - 14:30
Fecha C: 
Martes, 08 de Octubre 2019 - 03:30
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¡Por un pelito!

Tuiteé ayer en la mañana: “La economía creció 0.1% en el segundo trimestre. Ahora @lopezobrador_ se está burlando, y con razón, de quienes pronosticamos que iba a decrecer y, por lo tanto, estaríamos en recesión. Estas son cifras preliminares y habrá que esperar hasta el 23 de agosto para que el INEGI dé las cifras definitivas. Curiosamente, @lopezobrador ahora cree en las cifras proporcionadas por el @INEGI_INFORMA al que califica como neoliberal. Ni modo, a aceptar, por el momento, que nos equivocamos, aunque el crecimiento haya sido mínimo. Ojalá el 23 se corrobore”.

Poco antes, el presidente Andrés Manuel López Obrador inició su conferencia matutina diciendo: “Amanecemos con una buena noticia. Dio a conocer el INEGI los resultados del crecimiento económico en el segundo trimestre y, contrario a lo que pronosticaban algunos de que se iba a caer la economía y que íbamos a entrar en recesión, afortunadamente la economía creció, de acuerdo a los datos del INEGI. No les funcionó su pronóstico a los expertos (…) insistir tanto en la recesión sí lleva a crear dudas, cierta incertidumbre…”.

Acto seguido explicó de nuevo en qué consiste su política económica: “Se insiste mucho en que no hay crecimiento porque no hay gasto. Esto demuestra de que sí, con austeridad, gastando bien, se puede crecer. ¿Qué es lo que ha habido? Gasto, pero bien orientado, a los que más lo necesitan. Es también reactivación de la economía, nada más que abajo, porque lo que queremos es una modernidad surgida, forjada desde abajo y para todos. Esto no lo alcanzan a entender los tecnócratas neoliberales, ellos nada más apuestan a lo de arriba (…) [a] grandes inversiones de capital con empresas automatizadas de poca generación de mano de obra…”.

Antes de aceptar la primera pregunta, AMLO habló durante poco más de 15 minutos y medio. Casi al final de su intervención mencionó otros factores positivos: “Inflación también a la baja, aumento en el consumo popular, incremento de salario en términos reales (…) el promedio del salario de los asegurados en el IMSS es de los más altos en los últimos tiempos, y en empleo también, muy bien, sobre todo por los programas que se están impulsando [Jóvenes Construyendo el Futuro y Sembrando Vida]”.

Como era de esperarse, en las redes sociales se dio una fuerte discusión entre quienes apoyan al presidente y sus detractores.

Los primeros criticaban a los segundos por no creer en el presidente y desear que fracasara, y estos intentaban, inútilmente, convencer a aquéllos de que un crecimiento del 0.1% es raquítico.

Imposible que se pusieran de acuerdo, como ha ocurrido desde siempre cuando dos o más personas analizan u opinan sobre el presidente, sus dichos, actos y gobierno.

Nos guste o no, la economía no está en recesión, por lo menos según la Estimación Oportuna del Producto Interno Bruto que difundió ayer el INEGI, que en su comunicado explicó que “las estimaciones oportunas proporcionadas en este comunicado podrían cambiar respecto a las cifras generadas para el PIB trimestral tradicional, las cuales se publicarán el próximo 23 de agosto”.

El presidente nos ganó esta vez, aunque sea por un pelito, y aunque el crecimiento del PIB haya sido insignificante, mejor eso a que haya decrecido.
 

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Jueves, 01 de Agosto 2019 - 12:55
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Jueves, 01 de Agosto 2019 - 21:40
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Viernes, 02 de Agosto 2019 - 08:55
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Economía sin mano alzada

El G 20 no levantaría la mano para votar, la OCDE no lo hace, las calificadoras jamás recurrirían a ese método antagónico y primerizo en concepción de consenso. Lo hace un presidente que rompe todas las reglas de avenencia, todas las de respeto a la opinión encontrada con su único propósito: la captura electoral; la dádiva por encima de cualquier precepto económico que dicte la razón y más allá de ella, lo que tal vez es demasiado exigir, el sentido común.

Aislar a México no es logro de política pública, celebrarlo con una verbena popular, se convierte en un insulto, es constitución de una exogamia perversa al ignorar los dictados de una experiencia cifrada en la doctrina y el acervo de generaciones que nos preceden. El hartazgo de “los datos” ya no es circunstancial, la amenaza de cancelaciones de objetivos de carácter económico no reúne materia neoliberal como tampoco emana o irradia tonos o matices de conservación para denostarlos en conceptos de historia, a la que de tanto en tanto recurre el presidente, como manto inequívoco de cobijo para su rebeldía itinerante, la que sembró en los pozos petroleros, en innumerables muestras de incivilidad hasta ahogar la principal arteria de nuestra ciudad. El problema es que ahora se trata de nuestra economía. Ahogó una ciudad, reventó la actividad económica de una ciudad. Del país, no puede permitirse.

Más allá de los datos, que cansan, agobian por decir lo menos, la economía nacional sufre por malas decisiones, ya de eso no existe ninguna duda; la contracción de la gran economía es una realidad. No estamos frente a un esquema de percepción, nos encontramos con el franco y crudo espectro del fracaso económico. El mundo entero se pronuncia, el sector empresarial hace un esfuerzo singular para apostar por el terreno de lo ganado en la certidumbre generacional. En la mesa de nuestro territorio hay 32,000 millones de dólares que empeñan la palabra de valía, la de los hombres que han construido nación. Del otro lado, amanece el rumbo inesperado en las cancelaciones con el exterior, cancelaciones amparadas por un par de personajes oscuros en un sector clave en el que el mundo confió, el industrializado, el del riesgo, el de la experiencia, el del rumbo moderno de la energía renovable, el mismo que jamás haría una refinería en esta época.

Los datos otra vez, los que desviarán la ruta de la experiencia de un mundo atinado, los que se expondrán en forma irresponsable esta misma tarde en la gran plaza de la nación. Harán eco en la estridencia y en la descalificación, como ya es consabido, como ya es rutina, como ya es previsible. Harán eco de la división ya absorbida y latente, harán eco de la simulación que nunca convence, pero inserta en el autoritarismo la redención sectaria que un día colapsará, como colapsan la intemperancia y la autarquía siempre.

Los datos que aguardan la custodia de un solo hombre, los datos que confunden la bonhomía del poder con la imposición, los datos que la razón refuta y que inunda las calles de las ciudades, las nuestras y del mundo, para allanar la sinrazón y la dictadura. El llamado ya no es a la cordura, no la hay, es exigencia de lo nuestro, de recuperación de lo interpuesto por esta transición exultante de beneficios, de primicias ganadas con denuedo.

No podemos seguir amaneciendo en un compás de espera, no podemos seguir amaneciendo sin proyecto económico sólido, no podemos conceder un logro a un reacomodo de pasivos de una petrolera sin rumbo, reacomodo que no responde a un proyecto de ingeniería financiera, no podemos amanecer sin aeropuerto, no podemos amanecer con un tiradero de dinero en proyectos inútiles, no podemos amanecer con vecinos incómodos, como tampoco podemos amanecer tirando el dinero de los mexicanos en un puerto sin remedio como los es El Salvador. El dispendio tiene límites y los bolsillos de los que no aportan se llenan, los de la ciencia, la cultura, el deporte y los de las madres humilladas se vacían. La política económica de esta transición en turno está equivocada. Completamente equivocada. La disciplina económica no frena la inversión, la disciplina pública no sistematiza el ahorro, lo programa, la disciplina pública no interrumpe el gasto irrenunciable en todo esquema de crecimiento. La disciplina pública no basa sus requerimientos en el despido masivo cuando los signos heredados fueron de crecimiento.

Los datos, de donde procedan, no alientan cuando las señales se pierden en la nebulosa inmensidad de la incertidumbre y la desconfianza. Los gobiernos son firmes en sus posiciones cuando la absorción de las ideas ha satisfecho todos los esquemas sociales; un gobierno veleidoso, como esta transición, confunde pronunciamiento con destino, el pronunciamiento de corto plazo por la obstinación de una meta incierta. Las interpretaciones o sanciones como quieran verse ya dan cuenta en el costo que tendrá el futuro de nuestras cuentas, en el petróleo por no explorar y producir crudo, en la electricidad y el gas natural por interrumpir contratos sanos con ideas redentoras y antagónicas de auto suficiencia.

Del crecimiento económico ya las páginas de todo lo que se ha redactado en seis meses da cuenta de lo inútil del recorrido por los campos de la experiencia y juicio, para enfrentar la descalificación puntual de un solo hombre con una cartera fallida bajo el brazo, cartera llena de preceptos que ya debieron abundar en la supuesta vorágine mundial que pretende acabar con ese juicio y prejuicio, el del ataque sistemático para que todo revierta en el singular esfuerzo del derroche justificado para aislar el avance educativo serio y la prescripción inequívoca de conocer lo que requiere una sociedad inmersa en la supuesta estulticia de un mundo en contra de la voluntad redentora del pensamiento singular y mesiánico.  

Agregar al tema del crecimiento sería un agregado al anuncio de esta tarde, un agregado a una disminución tácita y a la sombra que pretende ignorarse en la recesión que enlaza en forma irredenta dos fracasos trimestrales consecutivos. Esperemos anuncio, sin mano alzada.

Fecha: 
Lunes, 01 de Julio 2019 - 13:10
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Lunes, 01 de Julio 2019 - 15:25
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Martes, 02 de Julio 2019 - 04:25