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delitos en mexico

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¿Por qué no pueden ser capturados tantos prófugos?

En la página recompensas.gob.mx aparecen los nombres o apodos de 131 personas, la mayoría de ellos hombres, por los cuales la Fiscalía General de la República (FGR) ofrece una recompensa a quienes hagan posible su captura. Para cada uno de ellos se anotan los delitos que supuestamente cometieron y por los cuales son buscados.

Entre ellos están Juan José Esparragoza Moreno “El Azul” e Ismael Zambada García “El Mayo”, capos del Cartel de Sinaloa y ex socios del hoy encarcelado Joaquín Guzmán Loera “El Chapo”. También Nemesio Oseguera Cervantes “El Mencho”, jefe del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG). La recompensa por la captura de cada uno de ellos es de 30 millones de pesos.

Luego aparecen individuos por quienes se ofrecen 15 millones, 10 millones y montos cada vez menores hasta llegar a los 500 000 pesos. La mayoría de ellos son delincuentes peligrosos: homicidas, narcotraficantes, secuestradores, lavadores de dinero, traficantes de personas.

Muchos de ellos llevan años prófugos y ninguna autoridad federal o local ha sido capaz de capturarlos. Es más, algunos de ellos pudieran ya estar muertos sin que la FGR esté enterada.

No aparecen en la lista otras personas que también evitaron ser arrestadas y que en un momento dado fueron personajes en la vida política del país: exgobernadores priistas como César Duarte (Veracruz) o Eduardo Marín (Puebla); y el exdirector general de PEMEX Emilio Lozoya, su esposa y su hermana.

También el narcotraficante Rafael Caro Quintero que indebidamente fue liberado el 9 de agosto de 2013 por el Primer Tribunal Colegiado en Materia Penal del Tercer Circuito en Jalisco; el sacerdote pederasta Eduardo Córdova Bautista; y el empresario José Kamel Nacif Borge “El Rey de la Mezclilla”.

El número de prófugos de la justicia es alto y debe preocuparnos a todos porque demuestran, una vez más, el fracaso de nuestras autoridades.

Debemos preguntarnos por qué no han sido capturadas estas personas que, en su mayoría, ponen en riesgo a la sociedad. Es muy posible que algunos de ellos son protegidos por quien sabe que funcionarios federales y estatales. Otros, como Duarte, Lozoya, Marín y Karem, aparentemente escaparon después de acordar quién sabe qué con altos funcionarios de pasados gobiernos.

Desaparecer de la faz de la tierra, como la mayoría de estas personas lo han hecho, no es cosa fácil. Estar permanente escondido es muy complicado. Lograr salir del país para vivir en otro bajo otra identidad implica tener una alta capacidad de organización, contactos influyentes y muchísimo dinero. Vivir aislado de sus familias y amistades es un verdadero infierno para muchos de estos prófugos.

La FGR informó recientemente que 63 mexicanos, entre ellos varios de los arriba nombrados, son buscados en 194 países para ser juzgados su probable responsabilidad en lavado de dinero, narcotráfico, fraude, secuestro, peculado, tortura, tráfico de personas, robo de niños, asesinato y violación de menores, entre otros delitos.

Para cada uno de ellos existe una orden de captura con fines de extradición a México y otros países en donde supuestamente cometieron sus fechorías.

Estén en nuestro país o fuera de él, insisto en preguntar: ¿Por qué no pueden ser capturados?

Twitter: @ruizhealy

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Miércoles, 08 de Enero 2020 - 08:15
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Miércoles, 08 de Enero 2020 - 17:00
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Jueves, 09 de Enero 2020 - 04:15
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Abrazos y algo más

Hay libros que resultan intemporales. Exponen principios universales que tendrán total vigencia, en diversos escenarios, a lo largo de distintas épocas.  Tal es el caso de la obra de Platón, que ha llegado hasta nuestros días. Contiene elementos que siguen siendo válidos, veintitrés siglos después de publicados, -por cierto, como sucedió con los evangelios, las obras del filósofo griego fueron plasmadas en papel por otros, ya que Platón nunca se sentó a escribir.   Dentro de su vasto pensamiento, en estos tiempos viene al caso una reflexión, que señala que antes de soñar con reformar el mundo o modificar aquello que nos rodea, vayamos primero a nuestro propio corazón a establecer orden, armonía y paz.

México vive en un permanente caos sosegado.  O bien, ya nos hemos acostumbrado al crimen y a la violencia que se manifiesta a diario en distintos puntos del país.   Delitos que en otras sociedades serían motivo de alarma, para nosotros se han convertido en parte de ese imaginario “cultural”, del que pareciera que nunca vamos a desembarazarnos.   En forma ocasional, como sucedió en días pasados, esa corriente subterránea emerge como un gran geiser, para volver a aplacarse poco después. Y, contrario a la teoría del caos, que lo considera como un preámbulo para llegar al orden, nuestro caos sosegado y permanente sigue ahí, esperando otro momento para manifestarse como un potente chorro que a todos alarma.

Regresando a las palabras de Platón, podemos inferir que el estado de cosas que priva en el exterior no es más que un reflejo de lo que sucede dentro de cada uno de nosotros, justo en nuestro corazón.  Que el desorden en el que se encuentran las relaciones entre individuos, grupos o naciones, es resultado del conflicto que cada uno tiene bullendo en su interior.  Y que mientras no demos un enfoque distinto a los problemas que derivan en inseguridad, nada va a mejorar.

A raíz de los acontecimientos ocurridos en Culiacán, surge una primera conclusión.  Se corrobora –una vez más—que los asuntos de seguridad de un país, nunca van a resolverse colocando un uniformado en cada esquina.   En los casi veinte años transcurridos, desde que inició la llamada “guerra contra el narco”, el número de elementos armados en las calles ha ido aumentando de manera progresiva, y, aun así, la percepción ciudadana para nada apunta a señalar que nos sintamos más seguros.  Las cosas se mantienen en una relativa calma para, en cualquier momento, salirse de control, justo como sucedió hace unos cuantos días.

Las finanzas que manejan los carteles de la droga son impresionantes.  Pudiera decirse que constituyen un ejemplo de funcionamiento organizacional. Hay grandes cantidades de dinero para cubrir un sinfín de actividades delictivas asociadas a la producción, empaquetado, distribución y venta de diversas sustancias psicotrópicas, amén de otros giros en los que estos grupos están involucrados.  La realidad se reviste con sus trajes domingueros para aparecer en redes sociales, y así vender la idea de que el mundo del narco está constituido por una elite privilegiada, que puede darse los grandes lujos jamás soñados.

“Vayamos primero a nuestro propio corazón”, sugiere el sabio griego, y así haremos para preguntarnos: ¿Qué es lo que nos falta dentro de él, que nos lleva a buscar fuera del mismo, elementos para tratar de satisfacerlo?

Por diversas razones la familia actual se ha ajustado a un modelo distinto del que privaba en épocas pasadas.  Muchas familias son monoparentales, y en diversos casos con un solo hijo. ¿El resultado? Ese niño pasa buena parte de su tiempo solitario, ya sea solo en casa, o rodeado de adultos con otros intereses, que difícilmente satisfarán sus necesidades infantiles de apego, atención y pertenencia, que la familia de mediados del siglo pasado sí cubría.  Los arquetipos que todo niño requiere para su formación, los toma de donde puede, y no siempre son los más sanos. Ahí inicia la espiral que va avanzando hasta resultar en jóvenes desorientados, que se dejan deslumbrar por esas imágenes seductoras.  Como no identifican un valor intrínseco a la vida, muchas veces se manejan bajo la consigna de vivir la vida al máximo, sin importar cuánto tiempo dure.

Con miras a hallar una solución efectiva para los problemas de inseguridad del país, y conforme a lo anterior, no habría yo de sugerir  retirar las fuerzas del orden de su función de contención. En lo personal no soy partidaria de la idea de “abrazos, no balazos” del presidente López Obrador.  No del modo como parece interpretarlo él: Elementos de seguridad inermes, a merced de grupos delincuenciales fuertemente armados, que toman las calles por cuenta propia.

Abrazos sí, en casa, a los niños, a los adolescentes. Padres más presentes, en lo físico, en lo emocional y en lo espiritual, para el fomento de valores humanos.  Grupos familiares apoyándose unos a otros.  Ciudadanos generosos con su tiempo, buscando incrementar la calidad de vida de esos chicos que muy en el fondo, por debajo de la capa de indiferencia y conducta antisocial, están buscando ansiosos cómo llenar su corazón.

Abrazos sí, como una solución de fondo al terrible problema que tenemos encima. De manera colateral, con el apoyo de las fuerzas de inteligencia militar para la salvaguarda de todos los mexicanos, que es lo suyo.

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Lunes, 21 de Octubre 2019 - 14:15
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Lunes, 21 de Octubre 2019 - 16:30
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Martes, 22 de Octubre 2019 - 05:30
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Un defraudador fiscal no es igual al Chapo Guzmán

Como porcentaje del producto interno bruto (PIB), los ingresos tributarios del gobierno federal son muy bajos. En 2017 apenas representaron el 13.1% del PIB.

Entre los 37 países de la OCDE, nuestro país está en el último lugar en lo que este porcentaje se refiere. Para Chile, que ocupa el penúltimo lugar, la cifra es del 20.16%.

De acuerdo con la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), México podría aumentar la recaudación hasta el 22% del PIB

En marzo pasado, la secretaría de Hacienda informó que la evasión fiscal equivale a entre tres y cuatro puntos del PIB, lo que representa un billón de pesos. De combatirse exitosamente la evasión y elusión fiscales los ingresos tributarios podrían representar entre el 16 y 17% del PIB.

Con el propósito de acabar con los evasores fiscales, la fracción de MORENA en el Senado presentó un proyecto para reformar diversas leyes y códigos.

De aprobarse, serán considerados como miembros de la delincuencia organizada los que cometan el delito de “defraudación fiscal (…) defraudación Fiscal Equiparada… exclusivamente cuando el monto de lo defraudado supere tres veces lo dispuesto en la fracción III del artículo 108 del Código Fiscal de la Federación (…) y Actos ilícitos en contra del fisco federal…”.

La propuesta propone la “prisión preventiva oficiosa” para los que sean acusados de los delitos arriba anotados así como para quienes sean sospechosos de participar en “la expedición, venta, enajenación, compra o adquisición de comprobantes fiscales que amparen operaciones inexistentes, falsas o actos jurídicos simulados…”.

Es decir que será encarcelado sin derecho a fianza y enfrentará su juicio en prisión, sea culpable o no, quien sea acusado de defraudarle al fisco siete millones de pesos o más, o de estar involucrado en el tráfico de facturas falsos.

Esa persona recibirá el mismo trato que un capo del narco, un jefe de una banda de secuestradores o de un grupo de sicarios o cualquier otro criminal que pertenezca a la delincuencia organizada que ha corrompido a la mayoría de las instituciones nacionales, causado cientos de miles de muertos, decenas de miles de desaparecido y cometido incontables delitos contra la integridad física y el patrimonio de los mexicanos.

Quien comete los delitos considerados en la propuesta morenista dañan al país, pero no de la misma manera en que lo hacen quienes pertenecen a la verdadera delincuencia organizada; deben ser castigados, pero no se les debe dar el mismo trato que a los criminales más violentos.

La legislación fiscal vigente hace que pagar impuestos en México sea complicado y es muy probable que por un error propio o de un contador un causante acabe en la cárcel sin derecho a fianza. Aún más: la mayoría de los delincuentes fiscales, aunque sean culpables, tampoco merecen ser tratados como si fueran el Chapo Guzmán.

Antes de arriesgar ir a la cárcel muchas personas preferirán llevar sus negocios a otro país o de plano dejarán de invertir y generar la riqueza y los empleos que el país requiere.

Será un grave error si los senadores morenistas aprueban su proyecto tal como lo presentaron. Solo los peores evasores fiscales deben enfrentar su juicio en prisión.
 

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Martes, 03 de Septiembre 2019 - 12:55
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