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decálogo

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Pendientes Navideños

Todo indica que el caso Ayotzinapa se resolverá de la peor manera posible; el tiempo lo convertirá en una fecha para recordar, como el 2 de octubre o el 10 de junio. Más allá de que grupos como la CETEG y políticos como López Obrador tratan de aprovechar el tema, lo cierto es que el caso deja muchas dudas, a pesar de la narrativa oficial, sólidamente construida. La razón de este cuestionamiento está en la historia y en el comportamiento de la clase política. ¿Por qué creerle al gobierno emanado del PRI si en el pasado nos ha mentido?, ¿por qué creerle a quien ocultó una casa millonaria en Las Lomas?, ¿por qué creerles al PAN o a los demás partidos si hemos visto su corrupción y privilegios?

En segundo lugar está el decálogo de Peña Nieto. El presidente tardó en presentarlo y cuando lo hizo utilizó un tono urgente, de medidas que era necesario implementar a la brevedad. El hecho de que el Congreso de la Unión termine el periodo ordinario de sesiones sin haber aprobado una sola de las medidas del decálogo sólo puede ser interpretado como un fracaso político para el presidente Peña. Más aún si se toma en cuenta que fue el PRI quien se negó a un sistema anticorrupción autónomo y con amplias facultades. Será hasta febrero cuando el decálogo comience a ser discutido.

El tercer pendiente que queda es el de la economía. De acuerdo a las tendencias de los anteriores trimestres, 2014 cerrará con un crecimiento de alrededor del 2%. Queda a deber el gobierno el impulso a una economía que dé mejores salarios y más empleos. Por supuesto, quedan otros muchos pendientes de aquellas cosas que no se resolvieron o no fueron respondidas cabalmente.

Es posible que este gobierno no sea peor que otros, pero también es cierto que ninguno había soportado un asedio mediático y político como el que todos los días vemos. Dicho asedio es tan fuerte que hasta los priístas parecen haber dejado solo al presidente. No se diga el gabinete, cuyos titulares pasean por el país como fantasmas, con unas cuantas excepciones: Osorio Chong, Murillo Karam y Robles Berlanga.

Apunto un último pendiente muy importante: el de la seguridad. Si bien los homicidios han bajado en los últimos años, todavía están muy altos los números, al igual que los secuestros y el cobro de piso. Otro tipo de violencia se abre paso: el de la violencia polpotiana de grupos extremistas que, con impunidad, golpean policías, queman vehículos y edificios y secuestran periodistas a los que deben “reeducar”. Mientras, la clase media ilustrada y algunos intelectuales denuncian, con razón, la violencia innecesaria del Estado, callan ante esta otra violencia porque sería políticamente incorrecto señalarla. Ojalá que estos sectores nunca sufran el proceso de una “revolución cultural”. 

Fecha: 
Martes, 16 de Diciembre 2014 - 17:30
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El decálogo o apuesta por el olvido es un grave error

El jefe del Gabinete, Aurelio Nuño, informó de la decisión del Ejecutivo federal de obviar las demandas ciudadanas de combatir la ilegalidad, la impunidad y la corrupción. Dijo tajante a El País “que la urgencia de los cambios que pide la opinión pública no va a marcar el rumbo… «No vamos a ceder aunque la plaza pública pida sangre y espectáculo ni a saciar el gusto de los articulistas. Serán las instituciones las que nos saquen de la crisis, no las bravuconadas»” (07/12/14). ¿Qué instituciones? ¿Cuál es el entorno en el que el equipo del presidente Enrique Peña decide ignorar la catástrofe moral, de credibilidad y de legitimidad de su administración?: los aliados políticos del jefe de gobierno parecen darle la espalda; empresarios y clases medias están irritados por los impuestos y la colusión; la plutocracia está dolida porque hirió a sus intereses; asoma una crisis por la caída del petróleo.

A la unificación de los contrarios, por efecto de las reformas y de los errores del gobierno federal, se suma la descomposición de casi todas las instituciones públicas: los partidos políticos, los poderes Legislativo y Judicial y los órdenes de gobierno municipal y estatal. Sin leyes que normen y guíen la conducta ciudadana, con el desastre de los partidos como medio para conducir pacíficamente el conflicto social, con una mayoría de gobiernos estatales y municipales disfuncionales, sin un sistema judicial que imparta justicia y provea seguridad… puede crecer la violencia y conducir a la ingobernabilidad. Ignorar esta crisis sistémica es un desatino. Cuando las instituciones se colapsan el remedio contra el desorden es la fuerza bruta o la calidad moral de sus líderes. Así, la disyuntiva es autoritarismo o la legalidad y legitimidad del liderazgo.

Por si no fuera suficiente el marasmo institucional, tenemos la crisis petrolera. La pérdida de ingresos por la caída del precio se compensará en 2015 con el seguro y el abaratamiento de la gasolina, pero no hay garantía contra un embate especulativo. Explico: las petroleras que extraen crudo de la fractura hidráulica (fracking) pueden quebrar por el desplome de los precios y la posible alza de las tasas de interés del banco central estadunidense (Fed); a su vez, los bajos precios pueden causar la bancarrota de Venezuela y quizá de Rusia. Se vislumbra un desorden financiero que hundiría al peso (la reserva de divisas es una ilusión: su mayor parte es capital golondrino). Acecha la tormenta perfecta. Presidente: no haga caso a los columnistas sino a los signos ominosos de alarma. Para conservar el mando ofrezca una disculpa (por casa blanca) y abata corrupción e impunidad. No apueste al olvido.

Fecha: 
Jueves, 11 de Diciembre 2014 - 17:00
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