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Tarde de Faena… ¡Rabo y orejas!

El toro corrió hacia el centro del ruedo, dio algunas vueltas, hasta ubicarse. Esperaba salir y divertirse… Al levantar la vista vio el capote “Ahora sí que me voy a divertir” Óleeee… “Sí, esto está divertido, corretear a un trozo de trapo, parece interesante, ¡Nunca imaginé, que la ‘fiesta’ fuera así!”

Empezaba a sentirse cómodo cuando de pronto vio venir al picador… “Esto se pone interesante, ¿será una competencia entre caballeros?” –Se preguntó- “Dos a dos, me parece bien…” -El primer puyazo lo sacó de sus pensamientos- “¡Ay!... Esto no me lo esperaba, seguro mi pareja se distrajo y no me protegió con su trapo…”

¡Ough! –sintió el segundo el segundo pinchazo… Dio unos pasos para atrás, segundos que le permitieron observar el entorno y captar la realidad-… “¡No es posible! De esto se trata, de golpearme hasta matarme… Ingenuo de mí, me lo advirtieron y no lo creí…” –Reflexionó-.

Éste es un relato de alguien que alguna vez disfrutó de la fiesta brava…, hace mucho tiempo era yo pequeña y no recuerdo con precisión la terminología, la intención es compartir con ustedes mi impresión de hoy en día…

“Entonces –Se dijo el toro- todos los que gritan están de acuerdo en lastimarme… ¡Oh!, seguro hice algo malo sin darme cuenta…” –Un golpe más era asestado sobre su lastimado lomo y un agudo tormento inundó su alma-. Ya el dolor era generalizado y la sangre fluía por sus costados… Tuvo que resoplar y respirar profundo… Vio al torero plantarse frente a él, seguro de sí mismo. “¡Sólo a mí me van a lastimar! En verdad: ¿Qué hice mal?” –Repitió-.

De pequeña fui varias veces a la corrida de toros, recuerdo que me gustaba la “Fiesta Brava”. Disfrutaba de las faenas, los bellos trajes de luces, los pases largos, el capote, la muleta, la espada... Después, mi papá nos dejó de llevar, no supe el por qué… Ahora comprendo su razón.

¡Óleeee!, –Escuchaba enojado el toro-. Se fue sobre el torero y en un descuido de éste logró prenderlo con el cuerno… El torero rodó alejándose de él y cuando el toro esperaba lanzarse sobre él, se vio rodeado por capotes y perdió de vista al torero. La plaza quedó en silencio…El torero se levantó cojeando, sacudió su traje y volvió a plantarse frente a SU toro. “Ahora sí, TÚ Y YO, nos vamos a enfrentar” –le dijo el torero-.

De nuevo, entró el caballo, ahora el toro estaba prevenido e inmediatamente se lanzó sobre él. El picador lo volvió a pinchar, una y otra vez… El toro ya agotado se decía: “Ya no puedo ¿Qué más me esperará?”. Entonces apareció el torero, gallardo, erguido, envuelto en su bello traje de luces… ¡Óleee!...

Años después acepté que si bien las luces y los pases son bellos, más importante es el bienestar de un ser indefenso y valoré la magnitud de la frase de Gandhi: “Un país, una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales”.

Después de algunos pases el torero se detuvo… levantó la montera, se paró al centro del ruedo –Mientras pensaba- “¡Que buen ejemplar!” –Y el toro se decía- “¡Me van a indultar!” Se empezaron a ver los pañuelos blancos...y los gritos en la plaza… ¡Torero!...

El torero pidió permiso… Pero los pañuelos blancos no fueron suficientes… El juez ordena la muerte del toro… El torero caminó parsimoniosamente, muleta y espada en mano. Tras unos pases, saca la espada, la coloca frente a sus ojos midiendo, calculando… El toro esperaba…

El toro miraba al torero, de pronto sintió el frío acero cruzando por su pecho… Se doblaron sus cuartos delanteros, cayó hincado mientras el torero mano en alto se paraba frente al toro…, se miraron un instante… Y el toro volvió a preguntarse “¿Qué hice mal?”, mientras cerraba sus ojos ya para descansar… Y el torero dando vuelta al ruedo, salía cargado en hombros.

Hay muchos intereses en juego: empleados, ganaderos, empresarios, empleos secundarios… El hombre es sabio y creativo,  y cuando se lo propone aprovecha los momentos coyunturales para mejorar sus condiciones vida…

El nivel de conciencia se genera poco a poco, reconozco mi gusto por la “fiesta brava”, sin embargo, en algún momento comprendí el sufrimiento del OTRO. Entonces ELEGÍ: ¡AMAR en lugar de maltratar!

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Foto: http://www.davideallegri.com/wp-content/uploads/2013/04/corrida-torero-t...

http://www.donquijote.org/cultura/espana/los-toros/vocabulario

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Fecha: 
Miércoles, 15 de Julio 2015 - 18:30
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De la moda lo que te acomoda

Para seguir en el tenor de la moda, ya que en la entrega pasada nos asomamos al aspecto creativo en los diseños de Coco Chanel, en esta entrega tocaremos apenas los bordes de esta industria desde una perspectiva de comunicación, independientemente del estilo o las marcas que vistamos.

La moda (del francés mode, y éste del latín modus, "modo" o "medida") es el "uso, modo o costumbre que está en boga durante algún tiempo, o en determinado país, con especialidad en los trajes, telas y adornos, principalmente los recién introducidos." Se trata de un conjunto de tendencias en el vestir (ropa, accesorios), en los estilos de vida y en las maneras de comportarse, que marcan o modifican (temporalmente) la conducta de una persona o de un grupo de personas. Las tendencias de la moda dependen de muchos factores: sociales, económicos y políticos, entre otros.

¿Por qué debería interesarnos un asunto para muchos frívolo en un contexto de caos mundial con crisis financieras, guerras, hambruna, pobreza extrema en las regiones más apartadas de la civilización y violencia? Por una simple y sencilla razón: es una forma de comunicación; a través de lo que vestimos, los colores que seleccionamos, las combinaciones que hacemos y las texturas que elegimos emitimos un mensaje a los demás que les brinda información sobre nuestro género, edad, ocupación, posición económica, rol productivo, estilo de vida, pertenencia étnica, convicción espiritual e incluso estado de ánimo y actividad social (vacaciones, trabajo, evento social, etc.)

De forma inconsciente o no y como lo explica el personaje de Miranda Priestly en el filme: “El diablo viste a la moda”, lo que elegimos en una tienda departamental ha sido seleccionado por un selecto equipo de trabajo hasta llegar a nuestro clóset, en un proceso en el que intervienen un gran número de personas y que cuando lo tenemos en las manos quizá dista mucho de lo que un renombrado diseñador de modas presentó en su última pasarela pero al final, es una derivación del original.

La moda, a mi parecer, tiene el inconveniente de volvernos a todos iguales, como “hechos en serie”, pero además no siempre nos queda lo mismo a unos que a otros, por eso el dicho reza: de la moda, lo que te acomoda.

Como industria, la moda será siempre un “negocio redondo” pues al final de cuentas cubre la necesidad básica de vestir y en un mundo globalizado lo mismo encontramos diseños exclusivos que copias fieles con todo y etiqueta.

Como herramienta de la vanidad, hombres y mujeres no podemos evitar ser atraídos por los dictados de la moda pues a través de ella también logramos pertenencia a determinados grupos sociales y conquistamos uno que otro corazón.

Relacionada con la política, la moda es parte del código de vestimenta e imagen de los funcionarios públicos pero también el punto de discordia cuando de forma indiscriminada se utilizan recursos del erario público para los atuendos de los presidentes, las primeras damas o secretarios de estado y en este sentido, también se emite un mensaje pues tan criticado fue el estilo austero para vestir de la señora Margarita Zavala como lo son ahora un escándalo los costosos vestidos de la señora Angélica Rivera e hijas, pues por protocolo se espera que la imagen de la primera dama sea impecable y acorde a cada tipo de evento pero sin llegar al extremo de gastar exageradas sumas de dinero en un vestido para una cena de gala.

Es así que la moda nos da las opciones y nosotros elegimos qué vestir controlando así lo que los demás dicen, esperan y opinan de nosotros seamos o no personas públicas.

¿Y tú, eliges de la moda lo que te acomoda?

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Fuentes:

Diccionario de la Lengua Española

http://algarabia.com/ideas/por-que-la-moda-es-mas-que-moda/

http://www.imdb.com/title/tt0458352/trivia?tab=qt&ref_=tt_trv_qu

Imagen

http://modaalaorden.blogspot.mx/2015/06/dejare-un-corto-video-para-poder...

 

 

 

 

 

Fecha: 
Martes, 14 de Julio 2015 - 16:00
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Municipio vs. Ayuntamiento

Frecuentemente hay confusión en la definición de municipio o ayuntamiento.

Qué es Municipio:

El Municipio es la unidad territorial y poblacional, política y administrativamente organizada dentro de los límites de una sección de provincia en la que viven un conjunto de familias en relación de vecindad y con fines comunes.

Un municipio, como tal, comprende un territorio legítimamente delimitado, está constituido por una o varias localidades (ciudades, pueblos, aldeas, poblados o caseríos), sus habitantes y una serie de bienes o patrimonio propio. Los municipios, en este sentido, tienen cuatro elementos fundamentales: territorio, autoridades políticas, población e intereses y objetivos comunes, en torno a los cuales se organizan y articulan.

Qué es Ayuntamiento:

Como Ayuntamiento se denomina el órgano encargado de las funciones de gobierno y administración de un municipio. Es la designación usual de la entidad administrativa local.

Como tal, el Ayuntamiento se compone por la figura de un presidente municipal, que se encarga de las funciones ejecutivas, y sindico o síndicos y regidores, que conforman el pleno municipal, y que gestionan los asuntos legislativos del municipio.

El Ayuntamiento, en este sentido, es el órgano administrativo de menor rango territorial, y, como tal, el más próximo a los ciudadanos: el que se encarga de resolver sus problemas más inmediatos y de velar por sus intereses en la localidad donde viven.

El Ayuntamiento puede recibir diferentes denominaciones, como alcaldía, corporación local, gobierno local o gobierno municipal.

Saludos y hasta la próxima.

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Martes, 14 de Julio 2015 - 16:30
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Presentando un libro

Las presentaciones de libros con formato y en secuencia dentro de las ferias parecen sacrificio humano en tiempos modernos. Los reflectores encandilando y calentando como pollos rostizándose delante de su futuro comprador. También los hay que no alumbran nada y habrá que enfocar la vista y apuntar el libro hacia la luz.

Habla, lúcete, regala la mejor o peor sonrisa, estás en exhibición, así, como los pollos, el de menos pellejo, el de muslos más gordos, que chorreé menos grasa y si acaso el de pechugas gigantes, cualquiera de esos pollos ya se vendió. Antes tuvo que pasar por su proceso de engorda en encierro, o de hambre según se vea por aquello de las hormonas, su tiempo de soledad casi absoluta para no distraer la crianza, la convivencia a través de los alambrados con los otros pollos o las gallinitas ponedoras, todo de camino al matadero en el que se verán expuestos al mejor postor para terminar en el mencionado rosticero al que vuelvo, al sacrificio público de los escritores que han pasado su proceso de encierro, de soledad, de alimentación chatarra e inhibidores del sueño, de comunicación tras los alambrados -llámese en éste caso dispositivos electrónicos- y de deudas.

Mientras sus letras llenaban el ordenador o las libretas, el mundo se movía, las otras personas comían, corrían, se sofocaban, dormían. El escritor empedernido pierde la calma en su espacio reducido y no es posible que salga porque su preparación para el sacrificio aun no termina. Punto Final. Al matadero. A la espera. A la piedra del sacrificio.

Se encienden los reflectores y ahí estás, en una presentación de tu obra. Todos esos, frente a ti, puede ser que te compren, puede ser que solo quieran la foto de ti sudando y encandilado, puede ser que solo quiera robarte un beso, porque después de todo tu peor sonrisa les encantó y poco les importó lo que cuenta tu libro. Otros se quedaron porque al pasar te vieron chistosito o les gustó tu chamarra, que ni al caso porque hace calor, no sé qué pensabas cuando te vestiste.

Ahí viene la fastidiosa sesión protocolaria, aprendida de memoria por el elegante presentador institucionalizado que le borra la sonrisa a cualquiera y por supuesto las ganas de quedarse a escuchar.

Tardas mucho tiempo en romper el hielo porque el maestro de ceremonias lo congela todo.

Ahora la chamba es toda tuya, desde el aplauso que intenta ser el picahielos hasta el grito del que ya quiere preguntarte algo y no sabe quién eres, es solo que vio mucha gente y pensó que eras alguien muy importante.

Cuéntales de qué trata tu historia en el papel y no olvides decirles que el proceso de engorda fue devastador y también diles si quieres que lloraste un poco o te reíste a morir, tú diles lo que quieras, es más, ni les digas de que trata, platícales un chiste muy malo y cuéntales de tu kínder. Lo que sea que al fin el tiempo que tienes son solo cincuenta minutos y pasan rápido, aunque en realidad los primeros veinte parecen eternos y nada agradables, sobre todo cuando tienes antes de ti, otros tres presentadores, el que te conoce y habla bien de ti, el que se tuvo que soplar tu obra para desbaratarla porque no le gustó la estructura o la alaba como perfecta porque no tiene idea del género que tiene en sus manos.

Ya se sabe que vas directo a la guillotina por puritito gusto, bien lo valen los boletos de avión, el hotel y las comidas pagadas. Échale nomás cincuenta minutos y llégale después a la fiesta con tus cuates, esos que ya conocen de ti lo peor y que además tenías abandonados por andar escribiendo libros.

Casi al final de tu majestuosa presentación, con todo el hielo ya derretido y tus espectadores convertidos en amigos te preguntan hasta de qué color son tus calcetines hoy. No te acomodes demasiado y no te sorprendas, no te escapas de un aire gélido como llegado del ártico que viene a estropear tu trabajo y a volverestático tu escenario, como si nunca hubieras empezado.

Sí señor, vuelve el protocolo de cierre ridículo para detenerlo todo, la entrega de tu reconocimiento de la mano de la lectura de toda la leyenda con todo y fecha y firmantes.

Ahora sí, de nuevo, aviéntate tú solo el paquete y carga tu picahielos porque te toca firmar todo lo que vendiste.

Es cierto que hay escritores a los que les apasiona el resplandor de los reflectores y no se conforman con un par, requieren de todos los posibles, será que con ello se ciegan lo suficiente como para no ver y eso les aminora la sensación de ser observados.

A algunos otros no les bastan sus cincuenta minutos y exigen horas o se cuelgan sin pensar que hay alguien más esperando la sala, tanto tiempo confinados a las libretas necesitará de ojos y oídos a la hora del sacrificio.

Otros, tan acostumbrados dormirán con la luz encendida y las ventanas abiertas para sentirse observados todo el tiempo.

Otros que no quieren acompañantes ni presentadores o comentaristas que les eleven el ego con la lectura interminable de sus hechos y sus desechos y prefieren vivir su tiempo de sacrificio, solos a manera de masoquismo.

Cuando los que saben cómo es eso, ya saben qué pedir y qué eliminar dentro de un protocolo institucionalizado inventado por quien sabe quién, muchos no sabemos que podemos pedir y eliminar y nos quedamos con lo que está establecido y nos aguantamos porque luego nos dicen divos, pedantes y mamones, ellos  no entienden que se llama susto, nerviosismo o acato de la norma.

Me gusta que los escritores se salgan de los parámetros y que hagan lo que se les dé la gana, que digan lo que se les antoje, digo, ya lo hicieron mientras escribieron, que se permitan venderlo como mejor les plazca, solos o con la comitiva completa, allá ellos y sus cincuenta minutos, ya suficiente es con el hielo impuesto como para no permitirse un sacrificio público a placer.

Aplauso a los escritores que se enfrentan al ejecutor y que lo hacen con la mejor o la peor sonrisa, con egos o sin ellos a la moda o en fachas, que con todo y la guillotina enfrente lo disfrutan, se divierten igual y además venden.

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Viernes, 10 de Julio 2015 - 17:00
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¿Por qué es importante escribir?

El acto de escribir es catártico y no es asunto exclusivo de los escritores. Escribir es en sí una forma de reflexión. Sirve para digerir ciertos hechos. Dialogar con nosotros y al mismo tiempo con el mundo. Ayuda a desenfocar la realidad y, de esta manera, encontrarle aquellos otros significados que solamente, en ocasiones, se guardan en el subconsciente.

El proceso introspectivo que se realiza al escribir, se va desarrollando en cada una de las líneas que vamos dejando en el camino. Este camino que se ensancha a medida en que logramos descifrar el verdadero contenido de nuestras palabras, de lo que queremos decir.

Para escribir no se necesita tener mucha imaginación o ser un sujeto creativo o haber estudiado letras, no, aquello es, acaso, para generar obras literarias, y ese no es el punto ahora. Hablamos de escribir como proceso para resolver preguntas interiores y para ello lo que necesitamos son manos, pluma y papel (o computadora o lo que sea que cada quien use).

Porque escribir es quitarnos las capas de suciedad que se nos van impregnando con el día a día, con el roce de cuerpos en el metro o en el metrobús, con las horas condenándose al tráfico de la ciudad. Escribir es meditación activa. Es ir al encuentro con el sentido de las palabras donde habitamos.

Pensar sobre el papel también es una forma de lectura pues, no solamente logramos darnos cuenta del valor que tiene en sí misma la escritura, sino que seremos testigos de lo beneficioso que resulta leer. Leernos, leer al otro.

Leer al otro es conocerlo, es vivirlo, es conversar con él.

Escribir lo que sea que nos interese sin ningún interés de que alguien nos lea, es una manera de fomentar la lectura, la nuestra. Porque no se puede hablar de lo que no se conoce. ¿Cómo podemos decir que la gente necesita leer si no sabemos la verdadera funcionalidad de la lectura?

Escribir, entonces, para valorar la fuerza de la palabra. Escribir para desnudarnos ante el mundo. Escribir para ser juzgado por los demás. Escribir para quitarse máscaras. Escribir para ser más críticos. Escribir para lograr entendernos. Escribir para llegar al otro lado donde también alguien nos espera.

La escritura es una válvula de escape, el volcán en activo que nos permite seguir siendo para no reventar de un momento a otro.

Habrá que intentar desnudarnos ante la hoja en blanco, valdrá la pena el ejercicio para ver qué es lo que tenemos que decirnos. Hablar claro es lo que exige la escritura. Ante la hoja en blanco no se puede tartamudear ni salirse por la tangente.

El espacio vacío que es la página en la que se escribe, nos invita a regenerar nuevamente nuestro mundo interno. Así, veremos qué es aquello que contenemos.

Escribir para poder hablar con claridad.

Hagámoslo para no quedarnos únicamente con la visión que proyectamos delante del espejo. Con la percepción superficial de nosotros.

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Viernes, 10 de Julio 2015 - 16:00
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De compras por los mercados virreinales

Nicolás Enríquez, El Parian, óleo sobre tela, ca. Siglo XVIII. Colección Banamex

Continuando con el tema gastronómico en la colonia, en el que me he centrado en los últimos artículos, hablaré sobre aspectos de la vida cotidiana enfocados a los mercados, puertos y artículos que se usaban y comerciaban en aquella época.

Durante el virreinato para abastecerse se contaba con unos cuantos mercados principales así como también en todas las plazuelas se establecían diariamente “pequeños mercados al viento”, tipo tianguis. Gracias a pinturas de la época podemos imaginar y recrear tanto el mercado de la Plaza Mayor (siglo XVIII) como la misma Plaza (o Zócalo como hoy lo conocemos), con sus colores, olores y sabores. En la obra que muestro a continuación podemos apreciar todo este movimiento comercial y citadino.

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Anónimo, Vista de la Plaza Mayor de México, Óleo sobre tela, 1797.
Aquí podemos apreciar al mercado El Parián sobre la Plaza Mayor (hoy Zócalo) visto desde el Portal de Mercaderes. A su izquierda se encuentra la Catedral, al fondo Palacio Nacional y a su derecha el Palacio del Ayuntamiento. Lo que hoy es una calle que divide el Zócalo del Palacio del Ayuntamiento (Gobierno del D.F.) en ese entonces, tal como se puede ver, era la Acequia Real. De los pocos canales que quedaban de aquella Tenochtitlán con calles de agua.

Sobre la Plaza Mayor se encontraba el mercado El Parián, inaugurado en 1702 y demolido en 1844, edificio en el que se comerciaba todo tipo de mercancía y además el único en el que se ofrecía la que llegaba en barco desde Filipinas: jarrones de porcelana, tapices de seda, marfiles tallados, vajillas de porcelana, maderas laqueadas, taraceas, especias, en fin, artículos de gran valor que solo la nobleza y la clase más adinerada podía adquirir. La gente de todas clases sociales iba a ver lo que llegaba al mercado. A pesar de no poder pagarlo, era un espectáculo admirar.

A continuación presento una pintura al óleo, encontrada en el interior de un arcón de madera que muestra el puerto de Manila en el siglo XVII.

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Anónimo, Puerto de Manila, óleo sobre madera, siglo XVII. Pintura sobre un arcón de madera, museo Julio Bello y González, Puebla.

La mercancía asiática proveniente del puerto de Manila la cual era esperada durante todo el año arribaba al puerto de Acapulco en el Galeón de Manila después de haber navegado durante 8 meses por largos y traicioneros mares.

A continuación presento un grabado del Galeón de Manila o la Nao de China, como también era conocido, y obra que muestra el puerto de Acapulco en el siglo XVII.

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Anónimo, Galeón de Manila, grabado, ca. Siglo XVI

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Adrián Boot, Puerto de Acapulco en el Reino de la Nueva España en el Mar del Sur, Acuarela, 1628.
“Atlas Blaeu van der Hem”, Biblioteca Nacional de Viena.

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Theodor de Bry, Puerto y Bahía de Acapulco, 1650

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Anónimo, Puerto de Acapulco, grabado, 1671.

Una vez en tierra se transportaba toda la mercancía sobre carretas y animales de carga hasta la Ciudad de México para venderse en el Parián. Los artículos sobrantes, es decir aquellos que no había comprado la nobleza (que era muy gastadora por cierto) junto con la que se apartaba para el rey y la nobleza española, se llevaba por tierra desde la Ciudad hasta el puerto de Veracruz para zarpar en barco en un viaje de tres meses rumbo a España.

Aquí imágenes del puerto de Veracruz y de Sevilla en los siglos XVI y XVII.

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Atribuido a Adrián Boot, Puerto de la Vera Cruz Nueva, ca. 1620. University of Texas

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Anónimo, Puerto de Sevilla, siglo XVI

Volviendo al mercado el Parián, se menciona en escritos que la variedad de productos que se ofrecían en este mercado era enorme. Se habla de “calles” o pasillos enteros de tan solo un tipo de comida o artículo. En el aspecto de comida había de todo, tamales, quesos, leche de cabra y/o de vaca, mantequillas, etc., un sin fin de productos. También había puestos para almorzar, comer o cenar enfocado a forasteros, pero donde podía comer cualquiera.

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Anónimo, Plaza Mayor de la Ciudad de México, Óleo sobre tela, ca. 1766. Detalle                                                                      

A espaldas de los muros del Parián se colocaban cientos de puestos ambulantes, alrededor de la fuente pública, para ofrecer todo tipo de artículos de variados precios. Se vendían alimentos, muebles, telas, vajillas e incluso había puestos para comer. Nada ajeno a nuestros tianguis y mercados al aire libre actuales.

A continuación presento otra pintura que muestra el mercado visto desde otro ángulo en el que se pueden observar los puestos y toda la gente que inundaba la plaza.

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Anónimo, Plaza Mayor de la Ciudad de México, Óleo sobre tela, ca. 1766.
En esta pintura podemos ver el mercado El Parián con vista desde el Palacio Nacional. La Catedral se encuentra a la derecha y a la izquierda se puede apreciar el canal de la Acequia Mayor y el Palacio del Ayuntamiento. Junto al mercado se pueden ver los puestos de mercado ambulante y la gran cantidad de gente que transitaba por sus pasillos y por la Plaza (Al igual que hoy en día).

A la Plaza Mayor llegaban trajineras (balsas de madera) que venían de sembradíos y de chinampas (sembradíos sobre agua de infraestructura prehispánica conservada durante la colonia) de los alrededores de la ciudad como Xochimilco por ejemplo. Llegaban navegando por las acequias, es decir, por los canales que aún perduraban de lo que antes habían sido calles de agua. Para ese momento habían dos principales canales: uno que cruzaba la ciudad de norte a sur y otro de este a oeste. Se puede apreciar la Acequia Mayor en la pintura anterior, al costado del mercado. Las balsas llegaban llenas de colores, con fruta, verdura y flores, mercancía tanto de orígen prehispánico como europeo. Chayotes, ejotes, quelites, flores de calabaza, jitomates, hongos, coles, rábanos lechugas, zanahorias y coliflores, en fin, una gran diversidad de alimentos para depositar en los mercados ofreciendo artículos frescos para el consumo de los habitantes de la ciudad.

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Anónimo, Puesto de Mercado, Óleo sobre tela, 1766, Museo Nacional de Historia, INAH.
Aquí podemos ver un ejemplo de la variedad de productos que podía ofrecer un solo puesto.

En la Plazuela de la Paja se ubicaba otro mercado en las calles de Flamencos y Cerrada del Parque del Conde (cerca de Palacio Nacional), ahí se colocaban jacales de tablas y petates que además de servir como tiendas le daban cobijo por las noches a los mercaderes indígenas (tipo “viviendas”). Lo destacable de este mercadito es que ahí se vendían tortillas y atole, algo que no se encontraba en todos los mercados. Otro cercano a la Plaza Mayor estaba en en la Plaza de Jesús Nazareno, frente a la Iglesia y Hospital de Jesús (hoy Pino Suárez y República del Salvador). Este mercado se volvió más importante durante el siglo XIX pero ya desde la colonia ofrecía variados artículos. Había un mercado a la altura de Vizcaínas y San Juan de Letrán (hoy Mesones y Eje Central) enfocado a los comestibles. Y en la Plaza de Santa Catarina Mártir se construyó un edificio para alojar un mercado en 1794 el cual se destruyó cuando se construyó el Mercado de la Lagunilla (1905).

El mercado El Volador se construyó a finales del XVIII inaugurándose en 1792 y se volvió el más importante para el siglo XIX. Este se encontraba junto a Palacio Nacional, en el terreno que actualmente ocupa la Suprema Corte de Justicia (Pino Suárez y Venustiano Carranza) y fue destruido a inicios del siglo XX. En este mercado se vendían desde animales hasta menajes.

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Anónimo, plano de la Plaza Mayor, ca. siglo XVIII.
En este plano podemos observar la Plaza Mayor desde arriba, con la Catedral a la izquierda y al centro el mercado El Parian. Atrás de este todos los puestos ambulantes y a la derecha el canal de la Acequia Mayor. Junto a Palacio Nacional se pueden ver los puestos ambulantes que serán después reemplazados por la construcción de el mercado el Volador.

El Parián y el Volador, mercados con poca distancia entre sí, formaban el centro del abastecimiento citadino más importante.

A continuación se puede apreciar en un mapa del siglo XIX la ubicación del Volador y una foto de este a principios del siglo XX.

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Julio Popper Ferry, Plano del perímetro central. Directorio Comercial, 1883, detalle.

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Anónimo, mercado el Volador, fotografía, ca. inicio siglo XX.

En los recetarios antiguos coloniales a menudo en las instrucciones de las recetas se ofrecen opciones para sustituir un ingrediente por otro “en caso de no tenerlo a mano” redactan en las recetas. Este aspecto nos sugiere que no siempre había todo lo necesario en estos mercados y que no era cuestión de buscarlo en otro, sino había era por que venía de lejos o por alguna otra razón por lo que se requería de alternativas para elaborar las recetas.

También hay condimentos o ingredientes en los recetarios que se mencionan no por medida sino por precio, lo cual indica que había costos pactados o estabilidad en ciertos alimentos o ingredientes. Un ejemplo de estas menciones es: “un real de…”. El real era un tipo de moneda, por lo que sería como hoy decir “un peso de …”. Por ejemplo, picar un peso de ajo”.

Otro aspecto interesante acerca del abastecimiento de ciertos condimentos gastronómicos es que se adquirían en su mayoría en las boticas o farmacias, por ser relacionadas también con fines medicinales. Ejemplo de algunas de estas: jengibre, salvia, mejorana, tomillo, yerbabuena, toronjil, clavo, perejil, cilantro, nuez moscada, almendras dulces y amargas. Para hacer chongos zamoranos o queso, por ejemplo, se adquiría el cuajo de cabrito en la farmacia. Así como la grenetina de cola de pez (proveniente de Holanda), las esencias de jerez o anís, los colores vegetales y la vainilla en vaina con la que se perfumaba el chocolate.

CONTINUARÁ…

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BIBLIOGRAFÍA

1. Barros, Cristina, Los libros de la cocina mexicana, México, CONACULTA, 2008.

2. Castelló Yturbide, Teresa, Libro de cocina del hermano fray Gerónimo de San Pelayo, México, CONACULTA, 2003.

3. Gemelli Careri, Giovanni Francesco, Viaje a la Nueva España, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2002.

4. Marco Buenrostro y Cristina Barros, La cocina prehispánica y colonial, México, Tercer Milenio, 2001.

5. Mónica Lavín y Ana Benítez Muro, Sor Juana en la cocina, México, Editorial Grijalbo, 2010.

6. Novo, Salvador, Cocina mexicana. Historia gastronómica de la Ciudad de México, México, Editorial Porrúa, 2013.

7. Revista Artes de México, Los espacios de la cocina mexicana, México, núm. 36, 1997.

8. Revista Centro guía para caminantes, Una historia de aromas, colores y sabores: la tradición gastronómica del Centro Histórico, México, núm. 34, año V, octubre de 2006.

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Miércoles, 08 de Julio 2015 - 16:00
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Sobre los caminantes y la importancia de ser nadie

La gracia de ser nadie consiste en dejarse llevar por el entorno. Las circunstancias que deambulan alrededor de nosotros, podría decirse que son inevitables y necesarias para construirnos, realizarnos, pero en el caso del caminante, esto no es así.

El caminante es el individuo que va siempre a ninguna parte. Que no le importa llegar a un sitio determinado. No es viajero por obvias razones: éste tiene un destino. El caminante prefiere no saber adónde va, ni mucho menos le importa por qué y para qué va.

Lo entiende de una manera un tanto natural. No tienen el más mínimo interés por conocer y seguir las concepciones básicas que se dictan en las sociedades establecidas. Anula su derecho a ser un ser sociable.

A un caminante lo podemos encontrar vagando por las calles o dormido debajo de un puente para intensificar el lugar común, pero no necesariamente es una persona en situación de calle que decidió rebelarse ante el contexto social actual, que terminó por ahogarlo en todos sentidos, sino que el caminante simplemente ha decidido que el grado de importancia individual, aspiraciones, sobre el que se han fundamentado las sociedades no tienen virtud alguna.

Es decir, aquello lo rechaza el caminante al considerarlo un acto absolutamente de vanidad. El ser alguien en la vida es una frase que le parece tan absurda que no le interesa siquiera desmitificarla. La deja regodearse en su propio concepto, porque aquél entiende que las cosas suceden más allá de la voluntad humana.

Llamarse caminante, pero más que eso, ser un caminante es un logro mayúsculo pues para el ser humano actual es prácticamente imposible aislarse o rechazar en su totalidad, el sistema en el que se vive, después de todo hay que comer, pagar renta, y demás. Sin embargo, los hay quienes han conseguido romper, fracturar, el concreto con el que se ha edificado la modernidad.

En caso de conseguir esta ruptura, se logra la neutralidad absoluta y a partir de ahí, alcanzar la nulidad: habremos logrado la vacuidad (sensible) en vida. La mayor experiencia poética (el todo es poético) que puede experimentar el alma.

El ya no tener que salir de equis lugar para llegar a alguna parte, no nada más nos libera de la carga impuesta por la maquinaria social mundial, sino ayuda a mantener un equilibrio significativo desde el que podemos alcanzar la felicidad.

No la felicidad de fuegos artificiales, obviamente, que se disipa muy rápido una vez logramos estar frente a ella, sino la esencia de ésta, es decir, la verdadera.

La actitud del caminante (los hay, y estos se saben así desde el nacimiento, otros, desde la reflexión, optan por ello) es el de un creyente ferviente en la nada. Un cruzado que no va contra nadie en particular, sino contra el funcionamiento finito de las cosas. Es el que va por el camino a la espera de que algo le suceda, ese algo que lo haga desaparecer.

Nada de esto es nuevo. Los budistas chinos entendieron a la perfección la virtud en la no-funcionalidad del ser como medio para alcanzar la iluminación.

¿Habrá quiénes se atrevan a ser caminantes? ¿Hay ahí afuera, personas que quieran desprenderse de su función social? Y es que el caminante al no llevar ningún peso, incluso el suyo (no se toma la menor importancia como individuo), se vuelve un inútil que al serlo, se aparta del mundo y el mundo mismo lo desechará de su contexto, ya que al no tener funcionalidad, quedará nulificado.

En esta época en la que vivimos, iniciarse en el sentido del caminante, es por lo menos tentador. En un mundo torcido, vulgarizado, enfermo, vertiginoso, desesperanzador y oscuro, para los que creen en las ideas de futuro, pinta bien ser caminante.

Suena bien salvarse por propia cuenta, buscar la verdadera felicidad que se halla en la inexistencia, en la no-consciencia, en el nulo recuerdo.

Sin embargo —aquí entra lo paradójico, y al mismo tiempo, nos reafirma que su sentido esencial de ser, el del caminante, está justificado—, el caminante pone el dedo en la llaga (sin quererlo y con esto también reafirma que las cosas simplemente suceden por razones ajenas o inentendibles para el hombre), con respecto al tema del tiempo; es decir, lo expone, porque al conseguir su máxima felicidad, su nulidad, elimina la fantasía del tiempo; me refiero a que disipa al futuro: el punto de referencia ilusorio de éste que es el tiempo.

Y sin el concepto “tiempo” se anula todo funcionamiento social.

Vemos que el caminante, después de todo sí logró tener cierto sentido de función universal, sí consiguió ser revelación. ¡Resultó ser un ilustrado! ¡Antorcha! Terminó por dar luz a una de nuestras partes más oscuras, nuestros inventos imaginativos. Nada más que al mundo práctico, no le interesa que se desvelen conceptos que tienen que ver con la mera imaginación del hombre, como lo es el tiempo y las infinitas cosas que han salido de la mente humana para edificar su entorno y manera de vivir.

Entonces, ¿quién se ánima? ¿Quiénes están dispuestos a seguir iluminando este oscuro mundo? ¿Quién está dispuesto a dejarlo todo a cambio de nada? ¿Quién está dispuesto a ir a ninguna parte?

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Viernes, 26 de Junio 2015 - 18:00
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De sazones y fogones

Agustín Arrieta, Cocina poblana, Óleo sobre tela, 1865.

Cuando pensamos en otras épocas rara vez nos preguntamos cosas acerca de lo más cotidiano como, por ejemplo, cómo era la alimentación y gastronomía, qué recetas se preparaban, cuáles eran los ingredientes que se usaban, sus técnicas de preparación e incluso cómo era ir al mercado. Preguntas y detalles que nos dan una mayor claridad de la época y de la manera de vivir de la gente de entonces.  Es por ello que decidí indagar más en recetarios, documentos y pinturas de la época colonial (ya que es el periodo del que he estado hablando en los últimos artículos) para mostrar y relatar los detalles de la vida cotidiana de aquel México a través de su gastronomía.

Adentrémonos entonces al olor a madera y ocote quemándose, inundando las cocinas de entonces. Humo de bosque, vapores de ollas de barro y destellos de especias picadas y maceradas. Aromas mezclando lo prehispánico con lo europeo. Sazones de dos mundos unidos entre hervores y vapores.

Técnicas y utensilios gastronómicos

En las cocinas tanto de españoles como de criollos en la Nueva España, los fogones (lo que podríamos considerar hoy como una estufa) estaban adosados a los muros y a la altura de la cintura de las personas (tal como hoy en día) lo que permite mayor movilidad y menor fatiga. Los indígenas en la Nueva España no compartirán esta “modernidad” que los europeos trajeron. Continuarían con su tradicional fuego u “hogar” al centro de la casa y al nivel del piso. Esto, utilizado en varias culturas del mundo, remite el origen de la palabra hogar, “lugar donde se hace fuego en las cocinas o casas” lo cual remite al calor, a la seguridad, a la casa, a la familia (también de aquí viene la relación con las chimeneas u “hoagares”).

A continuación presento una obra del pintor viajero Carl Nebel quien recrea una casa indígena, en el sigo XIX, en la que podemos apreciar el “hogar” al centro, el cual además de servir para cocinar es donde la familia se reúne y convive. Las mujeres cocinan a la vez que todos comen lo que se va preparando.

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Volviendo a las cocinas de españoles y criollos y a los “fogones” los cuales funcionaban con el uso de leña. A estos no se le podía regular la intensidad de la llama, aspecto que hoy nos parecería catastrófico, pero gracias a la técnica que se usaba que consistía en poner mayor o menor cantidad de leña logrando un “fuego manso” o “fuego fuerte” (nombres como se les llamaba en la época) resultaba de gran utilidad ya que al tener varios fogones con variados fuegos (pensemos en hornillas de una estufa) dependiendo del calor que necesitara cada olla para evitar que los guisos se quemaran o demoraran demasiado se iban cambiando de fogón.

Los fogones elevados o adosados al muro, fueron un avance tecnológico significativo. Esto, a pesar de haber sido empleado por los romanos, es hasta el siglo XVII que se generalizará su uso en la cocina.

Para ejemplificar los fogones y las cocinas coloniales he añadido el siguiente detalle de la pintura que encabeza este artículo y dos fotografías de cocinas coloniales que perduran hasta nuestros días.

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Agustín Arrieta, Cocina poblana, Óleo sobre tela, 1865. Detalle

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Anónimo, detalle de la “hornilla” del fogón (se encuentra en la esquina inferior izquierda de la imagen).

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Anónimo, detalle de fogones en cocina colonial.

Otra técnica usual en la Nueva España era cocinar “a dos fuegos” o “en horno”, la cual consistía en dar calor en la base de la olla por el fogón y a la vez sobre ella colocando un comal con carbón encendido, creando con esto un efecto parecido a un horno actual y una cocción muy distinta a la que daba solamente el fogón.

Entre los utensilios que se usaban podemos encontrar el uso de espátulas, duyas, embudos, coladores, metate, comal, tablas para picar, machetes para aplanar la carne, ralladores y molinos. Para las medidas usaban pozuelos; las masas se extendían con palos, y se utilizaban plumas de ave mojadas en yema de huevo para mojar o “barnizar” masas o lo que se requiriera.

A continuación presento un dibujo que muestra la variedad de utensilios europeos empleados en la colonia virreinal.

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Ejemplos de utensilios gastronómicos españoles, que se emplearon en la Nueva España.

Aspectos relevantes en la cocina novohispana

Era importante para aquella época ofrecer una amplia variedad de platillos. Contar con diversidad de sabores en especias e incluso pluralidad de colores, usando a veces hasta grana cochinilla. Esto iba de la mano con privilegiar la presentación final del platillo llamándolo en la época, “hermosear” el guiso o postre. Esto nos habla de una gastronomía muy similar a la que manejamos hoy en día, en la que se cuida por igual el sabor como la apariencia del alimento.

La gran variedad de recetas que encontramos en los recetarios coloniales caseros y conventuales de los siglos XVII y XVIII (solamente se han encontrado de estos siglos y en su gran mayoría pertenecen solo al XVIII), nos remiten a un gusto por la comida y la abundancia de esta en la época. Por ejemplo, se sabe que para la hora de la comida en una casa de familia noble se llegaban a servir hasta 25 diferentes platillos diariamente, lo que hoy nos representaría un banquete inimaginable, ya que ni en la recepción de una boda actual ofrecemos tanta diversidad de alimentos.

En relación a los tiempos de platillos se menciona en recetarios a los platillos “para el principio”, descritos de la siguiente manera: “aquellas cosas comestibles que se ponen en las mesas para empezar a comer: como es el melón, los bizcochos en vino, y otras cosas semejantes…”.

También encuentro importante (y divertido) resaltar que la dieta de esta sociedad buscaba y enfatizaba ser rica en azúcares y grasas, ya que los cuerpos robustos eran el ideal de la belleza en la época (yo hubiera sido feliz en la colonia, je). Este concepto va de la mano con la relación entre salud y un cuerpo bien alimentado.

A continuación presento más imágenes de cocinas coloniales que pueden ejemplificar y ayudar a la imaginación para adentrarse a los espacios culinarios de la época.

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Anónimo, pintura costumbrista, ca finales XVIII- inicios XIX.

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Anónimo, pintura de castas, ca finales XVIII. Detalle

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Anónimo, pintura de castas, ca finales XVIII. Detalle

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Anónimo, pintura de castas, ca finales XVIII.

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Anónimo, cocina colonial.

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Anónimo, cocina colonial.

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Anónimo, cocina colonial.

Religión, cocina y vida cotidiana

En el caso de los conventos y sus cocinas es interesante saber que no todos tuvieron una habitación de este rubro de uso general. A los inicios de la colonia en los primeros claustros, como el de la Concepción, las religiosas decidían cada una su alimentación y ordenaban por la mañana a su sirvienta que cocinar. Comía cada monja en una pequeña cocina dentro de su celda. (Toda monja de familia adinerada contaba con una sirvienta para su atención diaria y personal). La vida dentro del claustro, al inicio de la colonia, era muy individualista ya que no existían espacios de uso común. Esto cambia a finales del siglo XVII cuando se decreta, por orden real, que en todos los conventos se establezca la vida comunitaria.

Como dato curioso mencionaré la respuesta que tuvieron las monjas concepcionsitas ante esta nueva e impuesta forma de vida: se negaron declarando que sus constituciones no las obliga “a comer de la misma olla”. Al final no les quedó más remedio que aceptar la orden y ceder ante este nuevo cambio. Pero con este dato podemos comprender por que no se han encontrado recetarios de conventos y monasterios anteriores al siglo XVII. La vida comunitaria se refleja en los recetarios, en el uso de cantidades numerosas en relación a ingredientes y en el paso de mano a mano de estos libros, es decir un uso común.

Esta nueva manera de coexistir dentro de conventos y monasterios afecto también los espacios ya que se construirán dependencias comunitarias que antes no existían, como cocina, refectorio (comedor comunitario), enfermería, provisoría y ropería.

La religión y la Iglesia no solo tenían efecto dentro de los claustros sino que también afectaban y regían la vida de toda la sociedad. Los campanarios de la Catedral y de las múltiples iglesias, por ejemplo, servían de reloj para toda la ciudad. No solo para saber si ya era hora de misa, sino que se sabía por el tipo de repique si alguien había muerto, si había alguna emergencia o peligro, festejo e incluso para las actividades diarias.

En algunos recetarios del siglo XVIII se pueden leer instrucciones de preparación y de tiempos en base a las horas que marcaban las campanas. Aquí un ejemplo: “…se cuela a las once y a la oración (seis de la tarde, hora del Angelus) se toma un vaso endulzado con azúcar…”. Con este ejemplo podemos conocer hasta donde influenciaba el ritual religioso en la vida cotidiana de las personas.

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Anónimo, monjas en cocina colonial, fotografía actual.

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Miguel Cabrera, Retrato de Sor Juana Inés de la Cruz, Óleo sobre tela, siglo XVII.

CONTINUARÁ…

 

Para no cortar tan abruptamente este texto comparto a continuación dos recetas de la época, pertenecientes a un recetario atribuido a Sor Juana Inés de la Cruz. Estas se encuentran transcritas, es decir, escritas tal como viene en el recetario original, por lo que a veces puede resultar difícil seguir o comprender la instrucción. Debido a ello añadiré junto a la transcripción una versión más fácil de seguir, que incluye porciones e instrucciones más claras. Estas son sacadas del libro “Sor Juana en la cocina”, publicado por editorial Grijalbo.

Para obtener el recetario completo conformado por los 39 variados guisos y postres, atribuidos a Sor Juana (finales del siglo XVII), sugiero consultar o adquirir el libro “Sor Juana en la cocina” escrito por Mónica Lavín y Ana Benítez Muro ya que además de novelar de manera maravillosa la vida de Sor Juana y su época, aporta la transcripción completa del recetario e incluso ofrece la versión “actualizada” de las recetas que menciono y tomo para compartir en este artículo.

En la bibliografía (al final de este artículo) viene el dato completo de la publicación.

También recomiendo para quienes prefieren no cocinar y solo deleitar las recetas, probar el Manchamanteles o cualquier opción del menú del restaurante Zéfiro de la escuela de gastronomía del Claustro de Sor Juana. Es estupendo y realiza varios de sus platillos con recetas originales. (Restaurante Zéfiro ubicado en calle San Jerónimo #24, Centro Histórico. Tel. 5709-7983 / 5130-3300).

Dos recetas de la cocina de Sor Juana

Leche quemada (versión original del recetario atribuido a Sor Juana).

A un real de leche, echa 10 o 12 yemas, cuartilla de arroz crudo y molido, colado con la dicha leche, una cáscara de limón, su dulce correspondiente, y puesto al fuego se está meneando que tome punto de manjar blanco. Vacíalo en un platón luego que enfríe, azúcar molida por encima y canela, y luego por encima un comal con fuego para que queme.

Receta de Leche quemada “actualizada”

(escrita por Mónica Lavín y Ana Benítez Muro en el libro “Sor Juana en la cocina”).

6 porciones.

Ingredientes.

  • ½ taza de harina de arroz o de arroz molido en crudo (aprox. 40 gramos)
  • 1 limón (la cáscara)
  • 1 litro de leche
  • 8 yemas
  • 1 taza de azúcar
  • 2 cucharadas de azúcar morena o quemada
  • 1 cucharadita de canela
  • ¼ taza de almendras limpias y cortadas en tiras (opcional)

Modo de preparar.

Haga hervir la leche con el azúcar y la cáscara de limón durante 10 minutos. Reserve ½ taza y añada al resto el arroz y cocine por 15 minutos. Disuelva las yemas con la leche y páselas por un colador. Agréguelas a la leche y cocine cinco minutos más sin dejar de mover. Vacíe en un platón refractario y adórnelo con las almendras, el azúcar y la canela. Métalo en el asador cinco minutos para que dore.

 

Manchamanteles (versión original del recetario atribuido a Sor Juana)

Chiles desvenados y remojados de un día para otro, molidos con ajonjolí tostado, y frito todo en manteca, echarás el agua necesaria, la gallina, rebanadas de plátano, camote, manzana y su sal necesaria.

Receta de Manchamanteles “actualizada”

(escrita por Mónica Lavín y Ana Benítez Muro en el libro “Sor Juana en la cocina”).

6 porciones.

Ingredientes.

  • 1 pollo entero o 6 piezas al gusto
  • 3 chiles anchos desvenados y hervidos
  • ½ taza de ajonjolí tostado
  • 2 tazas de jitomate asado, molido y colado
  • 1 cebolla partida a la mitad y asada
  • ½ cucharada de canela molida
  • ½ cucharada de clavo de olor molido
  • ½ cucharada de pimienta negra molida
  • ¼ de taza de pasas
  • 2 cucharadas de manteca
  • ¼ de taza de almendras limpias
  • 1 plátano macho
  • 2 rebanadas de piña
  • 2 cucharadas de azúcar (opcional)
  • ½ kilo de camote cocido y rebanado
  • 1 manzana ligeramente cocida

Modo de preparar.

Cueza el pollo en agua necesaria durante 40 minutos; añada sal y pimienta y unas hierbas de olor si lo desea.

Resérvelo con su caldo.

Muela los chiles anchos, el ajonjolí, los jitomates, la cebolla, la canela, el clavo, la pimienta, la taza de pasas y fríalos en la manteca durante 10 minutos. Agregue tres tazas de caldo de pollo y cocine cinco minutos más. Si gusta, añada el azúcar y sazone. Agregue el pollo y déjelo cocer cinco minutos más, manteniéndolo caliente. Sirva con las frutas y las almendras.

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Bibliografía

1. Barros, Cristina, Los libros de la cocina mexicana, México, CONACULTA, 2008.

2. Castelló Yturbide, Teresa, Libro de cocina del hermano fray Gerónimo de San Pelayo, México, CONACULTA, 2003.

3. Marco Buenrostro y Cristina Barros, La cocina prehispánica y colonial, México, Tercer Milenio, 2001.

4. Mónica Lavín y Ana Benítez Muro, Sor Juana en la cocina, México, Editorial Grijalbo, 2010.

5. Revista Artes de México, Los espacios de la cocina mexicana, México, núm. 36, 1997.

6. Revista Centro guía para caminantes, Una historia de aromas, colores y sabores: la tradición gastronómica del Centro Histórico, México, núm. 34, año V, octubre de 2006.

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Viernes, 26 de Junio 2015 - 16:00
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De la memoria del retrato a la memoria de la selfie

Como cada cinco semanas, nos asomaremos al ropero de la abuelita, esta vez para recorrer el paso de la fotografía como un objeto especial de recuerdo cuyo concepto se ha transformado hasta convertirse en lo que hoy conocemos como selfie.

A partir de su llegada a México en el año de 1840, la fotografía ha sido utilizada como memoria histórica no sólo del contexto social y político de la época, sino de la élite que entonces contaba con el recurso suficiente para realizarse retratos individuales o familiares en los estudios fotográficos que empezaron a pulular en la Ciudad de México y que con el paso el tiempo, constituyeron el archivo histórico en imágenes del acontecer de nuestro país, tal como lo exhibió la muestra “Nosotros fuimos. Grandes estudios fotográficos en la Ciudad de México” que alberga el Museo del Palacio de Bellas Artes hasta el 28 de junio.

Seguramente todos hemos visto o incluso guardamos un álbum fotográfico en el que encontramos las clásicas imágenes familiares que dan cuenta de los grandes momentos compartidos en la playa, en el parque, festejando a la mamá, las navideñas, las ceremonias y festivales escolares de los hijos, las fiestas de cumpleaños, los bautizos o las bodas porque era la forma en la que se inmortalizaba el recuerdo y las historias de familia.

Y todavía más, hace algunas décadas dar un paseo por la Alameda o el Eje Central (antes llamado San Juan de Letrán) significaba ser retratado de forma instantánea para luego comprar la fotografía y agregarla al álbum de recuerdos, los novios solían regalar retratos suyos a las novias con alguna dedicatoria de amor y viceversa, lo mismo pasaba con las madres a quienes hijos y nietos también obsequiaban retratos propios con alguna dedicatoria especial como recuerdo. En las casas, solían existir los retratos de boda de los hijos e hijas, así como los retratos de caritas de los bebés en pose de llanto, risa, enojo o cualquier otra. Tampoco podían faltar las fotografías grupales de graduación a lado de los títulos académicos.

Era común en alguna reunión familiar y después de la comida para compartir tiempo con los asistentes, pasar un buen rato mirando fotografías en los álbumes que se iban acumulando uno tras otro y así, era posible apreciar la forma en que las familias construían sus propias historias.

La fotografía como actividad, hasta hace poco era un pasatiempo costoso pues implicaba un largo proceso de revelado e impresión y había incluso que esperar al menos uno o dos días para poder disfrutar de las imágenes capturadas con la cámara. Quien tenía acceso a una cámara fotográfica podía decirse que tenía cierto estatus y que al menos era aficionado, también existían las Polaroid que revelaban de forma instantánea (antecedente cercano de la selfie) pero no tenían la precisión ni la calidad de las capturadas con la réflex.

De la mano de la tecnología llegó la fotografía digital y el proceso se automatizó además de que se puso al alcance de la mano de casi cualquier persona que pudiera adquirir una cámara digital, lo cual significó una oportunidad de oro para capturar gran cantidad de imágenes y poderlas manipular en la computadora. Fue entonces que las fotografías dieron un salto del álbum al ordenador y aún más, si no era posible adquirir una cámara, el simple hecho de contar con un teléfono celular hizo posible tomar fotografías en cualquier momento, lugar y hora.

Actualmente, capturar imágenes no tiene límites y contamos con una gran gama de herramientas para corregirlas o incluso podemos cambiar el fondo y el paisaje donde fueron originalmente tomadas; es posible compartir las imágenes que tomamos de forma instantánea a través de un mensaje por celular o bien en las redes sociales y qué decir de la selfie, esa fotografía que podemos tomar de nosotros mismos en cualquier instante sin tener que recurrir a un tripié para usar el auto disparador de la cámara fotográfica o a un tercero para que la capture.

Mi percepción es que tenemos más pero quizá disfrutamos menos porque quien no tiene acceso a la tecnología queda fuera del encanto de la inmediatez. ¿Cuántos no tenemos decenas o cientos de fotografías almacenados en el disco duro de nuestra computadora o en la memoria del celular y nunca hemos vuelto a revisarlas o lo que es más, no las hemos compartido con nadie más que no sean los más cercanos? Pareciera como si hubiéramos cambiado lo perdurable de la memoria en un álbum por la instantaneidad fugaz que nos ofrecen las cámaras y celulares actuales.

La sensación de mirar el paso del tiempo, de revivir los momentos compartidos y las fechas especiales, el olor, la textura y la magia particulares que tiene el disfrutar las fotografías impresas en papel una a una no lo obtenemos en las digitales de hoy y quizá sea buen momento para traer a valor presente aquélla magia especial de las impresas y crear nuestro propio álbum familiar, lo cual significará también una buena actividad lúdica en la que podemos incluir a los niños y abuelos; técnicas como el scrapbooking nos permiten hacer uso de lo digital combinando con el papel, los colores y las figuras, la única limitante es nuestra creatividad.

La fotografía, como fiel testigo de nuestro paso por la vida está presente en todo momento, la rapidez del ritmo de vida de hoy nos brinda las herramientas necesarias para no dejar fuera ningún acontecimiento especial así que sin abandonar la tendencia que tenemos de fotografiarlo todo, demos un paso más para que nuestra travesía por esta vida sea apreciada en el futuro por las generaciones que nos siguen.

¡Felices recuerdos!

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Fuentes: http://www.mexicodesconocido.com.mx/hitoria-de-la-fotografia-en-mexico.htmlhttp://cuartoscuro.com.mx/2015/03/nosotros-fuimos/

Imagen tomada de Google

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Martes, 23 de Junio 2015 - 16:00
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A quien NO corresponda:

O no acabo de entender, o no sé utilizar el buscador, o el portal del Instituto Federal de Acceso a la Información -ifai.gob.mx- tiene la finalidad de que los datos requeridos, sean sencillamente imposibles de encontrar o decididamente las Instituciones no quieren publicar sus datos.

Después de la pugna por el presupuesto a la Cultura, y en la que muchos mexicanos se sintieron ofendidos por el recorte para el ejercicio 2014. Me doy a la tarea de ir, paso a paso físicamente a preguntar qué hacen, cómo hacen y en qué se ocupan ellos, los servidores públicos. En el territorio que le corresponde a mi persona, Tijuana y entre puertas cerradas. Personal “muy ocupado” o el bien conocido “date una vuelta más tarde” decidí ingresar  al portal mencionado, sin información, igual que en las oficinas seguramente “muy ocupados” y por supuesto y para no variar “sin presupuesto para nada”

“El Presupuesto Público Federal para la FUNCIÓN RECREACIÓN, CULTURA Y OTRAS  MANIFESTACIONES SOCIALES, 2013-2014 es de: 18 mil 347 millones de pesos según http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2013/11/19/presupuesto-2014-para-cultura-aumenta-3-4-mas-de-600-millones-shcp-2763.html  de 18,676 millones de pesos según www.milenio.com/politica/Comparando-presupuesto-Ejecutivo-reducciones-cuestiones_5_187831227.html entre muchas otras publicaciones que hablan de la reducción en porcentajes y ninguna con una cantidad exacta, que lo anterior resulta irrelevante, lo que confiere a mis intereses como ciudadana, artista y emprendedora social es saber en qué se utilizarán los fondos a niveles municipales o estatales. Las experiencias de los artistas en general, evocan más a un trabajo gratuito que más parecería un pasatiempo por el que nadie quisiera pagar. Esto compromete al artista a laborar en otro entorno quitándole la posibilidad de crear con más regularidad. ¿Que bajaron el presupuesto? ¡Qué bien!

Muy desagradable resulta ver:

  • Festivales. La mayor parte del presupuesto para estos desperdicios, se va en la renta de carpas, mesas, sillas y accesorios de los módulos. Visitados por las comunidades para ir a ganar los aparatos que se rifan, por un corte de pelo gratis, porque los llevaron bajo alguna promesa. Además de promover la obesidad con venta de cualquier tipo de comidas chatarras o las llamadas “gourmet” que para el caso da lo mismo. Todo menos un festival de artes culturales. En donde las evidencias que se buscan son solo la fotografía con la multitud y detrás, por supuesto las mantas y letreros que solo son para una vez y después quedan embodegadas para que la siguiente administración las critique y las deseche. (Si al menos las regalaran a la gente que necesita cubrir sus casas durante la temporada de lluvia)

 

  • Programas. Llenos de requisitos en algunos casos imposibles de cubrir para los artistas interesados porque hace falta tiempo, porque se tiene que ausentar de su trabajo alterno, porque la economía del artista no alcanza para cubrir a veces, ni el transporte o sus alimentos. Cuando los programas los llevan a cabo las instituciones culturales no hay resultados efectivos para la población ni directa ni indirectamente. Se cubre el programa en tiempo y forma, más nunca se muestran los resultados a corto o largo plazo o se le da seguimiento ni extensión.

 

  • Eventos Institucionales en los que la “entrada” es gratuita, y adentro todo se vende a precios excesivos (entrada entrecomillado porque hablamos de parques públicos). Cuando el evento resulta una kermés escolar más que una muestra de la actividad cultural. O la incapacidad de las instituciones para abrir los eventos a todo el público, porque requieren más de imagen que de asistencia. La difusión para estos eventos no existe como tal con antelación, se sabe de ellos el día mismo, y varios días después, ¿la intención? Que no asistan indeseables, solo invitados especiales. Cuando se contratan artistas extranjeros por cantidades indecibles, se cobran las entradas y asiste la gente que quiere presumir de poder pagar, no porque sean realmente aficionados al artista o artistas en cuestión. Resulta triste ver que ese dinero pudo haber pagado la presentación de nacionales con talento y que ellos mismos pagaron tuvieron que pagar su entrada.

 

  • Difusión. Llámese mantas gigantes, carpas con logotipos, basura promocional en las calles, perifoneo innecesario, el uso de jóvenes en servicio social (uso, en término usar) La sobrecreencia de que las redes sociales son suficientes para promover eventos interesantes, importantes y de gran relevancia, y dejan el evento del artista colgado de una red, literalmente. El artista no puede confiar en la difusión de las instituciones porque éstas no hacen el trabajo que deben hacer. Sabiendo que es el Artista quien da valor al trabajo de las instituciones culturales, no al contrario.

 

  • Remodelaciones y mejoramientos. En donde el dinero del presupuesto corre como rio sin cauce. Haciendo cambios solo por el gusto del servidor encargado, porque le gusta blanco, porque le gusta negro, porque no le gusta lo que hizo el anterior. Porque la afición del encargado en turno es el piano habrá que llenar de pianos aun cuando no haya pianistas. O cambiar y deshacer espacios destinados a usos múltiples y convertirlos en un espacio específico para una sola disciplina. No les han hecho saber a los “servidores” que son encargados solamente, no dueños del puesto que se les asignó.

Gran parte del presupuesto destinado a la cultura, deberá ir a los ARTISTAS que son quienes hacen que la cultura exista en la comunidad. Pagar sus presentaciones, sus aportaciones a la sociedad, su trabajo continuo. Remunerar el esfuerzo que entregan con sus creaciones y el beneficio que constantemente aportan a la sociedad.

El dinero no debe ser de la Institución, debe ser de y para los Artistas porque todos ellos tienen mayor compromiso con ellos mismos y con la comunidad. Y todo esto sin fotos, sin mantas, sin presumir.

Las instituciones de Cultura, no acaban de darle forma a sus sillas, no terminan de acomodarse al nuevo sistema que en realidad es lo mismo solo que al revés y con más papeles. Y al revés se encuentran todos y todos. Los artistas tratamos de adaptarnos a sus cambios y lo hacemos de forma rápida y aceptamos a veces, inconvenientes. Terminamos sintiendo que pedimos limosna, que tenemos la obligación de  hacerle un favor a la institución y casi rendidos, seguimos sin cobrar porque queremos creer que en verdad, no hay presupuesto. Cuando no se habla es porque son amigos de esos que dirigen, y mientras uno no habla por esa razón, muchos, que no son amigos de nadie, son los que se quedan en aire y quizá sean mucho más talentosos que los demás.

¿En qué está gastando IMAC? ¿En qué está gastando ICBC? ¿Cuántos artistas quedaremos fuera de funciones en ésta administración, por gusto o por disgusto, por decepción o desesperanza, por frustración o por enojo? Luego no digan que los mexicanos que triunfan en el extranjero triunfaron porque son Mexicanos.

Luego no digan que los artistas urbanos solo pintan guerras y enfados. Luego no pregunten por qué los cantantes mexicanos quieren cantar en inglés. Luego no digan que los actores triunfan en Broadway porque se entrenaron en México. Luego no le aplaudan al mexicano cuando sea parte del ballet más importante del mundo porque es mexicano. Luego no se quejen cuando alguien publique, porque si hacen enojar a los escritores esos sí, lo dirán todo.

Quien cultiva al país, no son las Instituciones, son los Artistas, la gente con sentido de la cultura, los lectores, los filósofos, la gente. Sin gente, simplemente las instituciones no funcionan por mucho dinero que tengan. Y el artista sigue funcionando sin las instituciones y sin dinero.- Luisa Ruiz 2014

…Y continúa. A mitad del año 2015, el Portal de Transparencia sigue sin mostrar actualizaciones, los números se quedan en el año 2013. A nivel local, las paramunicipales muestran poco trabajo, reducido apoyo a la comunidad. Se llena de actividades “de a peso” y esto solo justifica su programático porque de resultados no existe más que una foto con una sala, salón o parque rellenado a fuerza, el cumplimiento.

Entre otros muchos aspectos, la XXXIII Feria del Libro de Tijuana es otro cumplimiento más en su fracasada administración, si fuera de ganas IMAC no haría nada solo que están obligados a participar, ésta vez parece encabezarlo el CECUT con presupuesto federal y el hijo bastardo, mal portado y terriblemente mal administrado que es IMAC, tiene que agarrarse de la mano para que su programático no quede sin datos.

Dice IMAC que no tiene presupuesto, no tienen presupuesto para nada, yo me pregunto entonces ¿para qué existe IMAC en esta administración? Toda la función pública municipal es una total falta de respeto para los ciudadanos, la respuesta para absolutamente toda su ineficiencia es la falta de recursos. Los dineros están siendo reservados para pagar la nómina y de ahí en adelante nada, ni resultados y sí, mucho ruido, escándalo, fotos y más fotos sin resultados. 

Llevó una ridícula contienda a la Feria del Libro de Colombia, no solo escritores, llevó comida, música y una cantidad absurda de gente, solo gente que nada tenía que ver con libros y lectura, además se enfundó en la apariencia de la celebración del 125 Aniversario de la Ciudad, que fue otro verdadero fracaso, entre estos dos eventos de kermess barata se comieron el dinero.

Supongo que será cosas de evasión de impuestos o alguna treta escondida, hay pagos para artistas que se hacen por medio de fundaciones o asociaciones civiles. Imac deposita a dichas cuentas y ellas a su vez le pagan a los aristas o personas en cuestión. No entiendo esta parte, es una apariencia que no explican, uno solo recibe su cheque y lo demás deja de ser importante.

Como no hay actualizaciones en el portal correspondiente, la ciudadanía tiene derecho de pensar lo que sea, de especular, de criticar y quizá lo más acertado sea entonces. Denunciar.

Se acerca la Feria y este año, con esta administración fallida se acerca temerosa, a fuerzas, a empujones por la obligación. Tristemente porque siempre ha sido una verdadera fiesta, estoy esperando que en esta ocasión no tengamos que ir a visitar la tumba de los libros y esperar que resuciten algún día, cuando la administración municipal completa se vaya a lamer las heridas en el rincón de sus guaridas.

Esperando con optimismo que en 2016 no aparezca una continuación…

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Martes, 23 de Junio 2015 - 17:30
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