Se encuentra usted aquí

cultura

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx

Amo a tus amigos también

-¿Cuánto me amas? –Preguntaste la tarde que marcaba tu ocaso.

No tuve que pensar la respuesta por mucho tiempo, aunque mi respiración entrecortada interrumpía mis palabras, hoy te amo como no te amé ayer y al final qué importa cuánto, ni a ti ni a mí nos importa, ésas son preguntas de chiquillos y los chiquillos en nosotros hoy solo saben reír. Hace tiempo dejamos de hacer tantas cosas, no volvimos a trepar a la rama de aquel árbol, hace mucho dejamos de hacer pastelitos de lodo después de la lluvia y olvidamos revolcarnos en la arena en el último viaje a las playas del sur.

Aún existe un chiquillo dentro de nosotros y nos recuerda cada mañana que el sol viene a acariciar nuestra piel agrietada por el tiempo y que no importan los ralos cabellos blancos que coronan nuestra frente, que los chiquillos se hicieron viejos y los viejos de nosotros siguen riendo como chiquillos entonces, nada importa cuánto te amo hoy, te amo con seguridad como no te amé ayer.

Acuérdate tú, cuando muy joven, llorabas las amarguras de lo no existente, te abrazabas a lo invisible para reconfortarte y te sentabas en un rincón solitario buscando consuelo en canciones, muchas canciones. Me dijiste que al sentirte sola, agobiada y confundida, necesitabas un amigo y ese nunca fui yo, tus amigos eran ellos, los que te palmeaban el hombro con ternura y te decían que todo estaba bien. Tus amigos todos ellos lejanos, todos ellos conocidos míos.

Llorabas cerca de la bocina de tu  tocacintas y repetías sin cesar  las palabras que te decían los amigos desde ahí dentro, yo te contemplaba de cerca y moría de celos, mis manos querían atrapar tu cara y mis brazos protegerte de ése oscuro momento.

No es nada, ni siquiera nostalgia –me dijiste- no te entristezcas conmigo, no vale la tarde de lluvia para eso, es mi turno de llorar por nada. Y por nada y por todo llorabas una lágrima, me parecía a mí, de deliciosa armonía y te dejaba en compañía de esos amigos tuyos que tanto me complicaban la existencia todas las veces.

Puedo escuchar ésos acordes de guitarras solitarias y la voz de un Silvio Rodríguez que te acariciaba diciendo: “…Mi amor, éste amor aguerrido es un sol encendido, por quien merece amor”  tu inclinabas la cabeza sonriendo cuando acurrucada  cerca de la ventana, mirabas al cielo mientras Silvio seguía de tu mano diciendo algo así como: “Tu imagen me cegó, a las seis menos diez, y no pude dormir ni un instante, después, te confundías con mis sabanas, te me enredabas en la sien…”

Ellos que te hacían soñar, que te recordaron siempre que el mundo en el otro lado de la mente es diferente y es mejor a veces. Como cuando escuchabas a Pablo Milanés que decía: “…Mangos y flores te traeré. Mieles y atoles libarás hasta escuchar un llanto más de mi raíz…”.

Debo decirte que alguna vez, en secreto, me hice amigo de Pablo Milanés, me dijo que te dijera: “…Si me comprendieras, tan siquiera un poco, todo cambiaría porque así verías que por ti, estoy loco…”

Fue entonces cuando juntos, le dimos la mano a todos ellos, una tarde cuando embelesada en compañía  de Facundo Cabral me miraste sonriendo mientras cantabas a “dúo” con él; “…Hay medio mundo esperando con una flor en la mano y la otra mitad del mundo por esa flor esperando…”  

Y Juan Manuel Serrat que era capaz de andar junto a nosotros en un paseo por el parque y en cualquier lugar lo encontraba.  Descubriste más amigos; un tal Sabina que no te acompañaba a ti y él no sabe que quien le hacía coros con su Princesa eras tú, una revolución de mensajes, voces y compañías bellas, que me enseñaron a verte sonreír de todas las maneras.

Tus amigos son ahora mis amigos y entiendo porqué la necesidad de esas, que para mí eran Malas Compañías, ahora que te has ido me quedo con tu viejo tocacintas y busco entre todos tus amigos, uno que sepa abrazarme y reconfortarme en tu ausencia.

Son amigos para los que uno no existe, ellos existen para nosotros todo el tiempo y en todos los momentos, los de llorar, los de bailar, los de gritar, los de pensar, los de reflexionar y todos los instantes. Esos amigos de tocacintas y discos son la compañía de la que nunca se debe tener celos. Amo a tus amigos también y nunca debiste haber preguntado cuánto de amor tenemos, eso es cosa de chiquillos, al final, solo sabemos que nos amamos como no nos amábamos ayer.

Autor:

Fecha: 
Martes, 22 de Septiembre 2015 - 16:00
Redes sociales: 
1
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx

La novela de formación

«A falta de sol, se aprende a madurar en el hielo»
Henry Michaux

Después del terremoto que devastó una parte de la ciudad de México en 1985, mi vida dio un giro brusco e inesperado. El terremoto fue, por ponerlo de algún modo, el pretexto para que mi madre, de espíritu profundamente nómada, decidiera nuestra próxima mudanza. Esa vez nos trasladamos al puerto de Tuxpan, al norte de Veracruz, donde planeba hacerse cargo de un edificio y un viejo cine que habían sido de mi abuelo. A mi llegada tenía catorce años y mis únicos amigos eran mis vecinos, algo mayores que yo, con un padre ganadero y gallero, mundos que me eran completamente ajenos, y que más tarde, al casarse dos de ellos con mis dos hermanas, se convirtieron en mi familia. Las calles de la colonia Rodríguez-Cano, donde vivíamos, todavía no se pavimentaban, la vida se hacía en torno a una miscelánea (la tiendita de doña Meche) y conocíamos a muchas personas en la colonia y en toda la ciudad. Frente a nuestra casa, cada tarde, atracaban dos o tres barcos camaroneros. Ahora todo está pavimentado, el muelle donde atracaban los barcos ya no existe y, a la mayoría de la gente de la ciudad, no la conozco. Lo primero, al llegar, para recuperar el año escolar, fue inscribirme en el Instituto Nacional de Educación para los Adultos (INEA). Cada tarde, junto a un grupo de estudiantes mayores que provenían de rancherías aledañas y que también trataban de terminar la secundaria, me sentaba en una rústica mesa de madera, con un refrescos de piña Squeeze y unas galletas saladas Gamesa, a leer unos libros de texto de pésima calidad. No había profesores, sino una especie de consejeros escolares o todólogos que tenían la misión de aclarar nuestras dudas y que, la mayoría de las veces, sólo las enturbiaban. A los quince años entré en un colegio privado y me hice de un puñado de buenos amigos (de los mejores que he tenido a lo largo de mi vida). Mis amigos y yo bebíamos como cosacos, dos o tres veces por semana. Por esa misma época el hermano menor de mi madre me encomendó la tarea de administrar su rancho ganadero, del cuál mi madre poseía una pequeña parte, y mi vida empezó a girar alrededor del trabajo, la escuela y mi manera desenfrenada de beber (a las cervezas algunas veces añadíamos ron Richardson que, según las malas lenguas, podía cegarte si lo bebías en exceso, así que cuidadosamente lo diluíamos con refrescos de cola o de sabores). Así, ingresé en el bachillerato y deambulé por dos o tres escuelas más; algunas, vespertinas, para poder trabajar por las mañanas. Era privilegiado. Nada podía hacerme más feliz que el rancho, un trabajo cargado de experiencias; además de que mi tío me pagaba más dinero del que podía gastar.  

Resulta curioso que, de todos los recuerdos de aquella época, tan agitada y confusa, los primeros que soy capaz de evocar, son los de aquellas noches que empezaba a beber con mis amigos a orillas del río y que terminaba amaneciéndome frente a un depósito de cerveza Carta Blanca, en compañía de mis vecinos. Cuando pienso en esas madrugadas, vuelvo a experimentar las mismas sensaciones de aquel entonces. Mareado y adormecido; con la impresión de estar muy lejos de todo y experimentando una sensación de paz que, conforme avanzaba la madrugada, se convertía en una disimulada angustia.

También es curioso que en ese tiempo me diera por leer, tumbado en las escaleras del Colegio Patria, algunas de mis primeras novelas de formación y que, en medio de mi trabajo, mis borracheras y el arte marcial que empecé a practicar, me haya dado por leer todos los libros de la biblioteca de mi madre, libros que sólo mi hermana mayor, lectora compulsiva, y mi madre, habían leído alguna vez.

Aunque debo aclarar que en Tuxpan también me aficioné a leer Condorito y que en el rancho, con los jornaleros, leía ejemplares de El libro vaquero; historietas de tipo western, ilustradas, que no podías dejar.

El tema de la novela de formación es el desarrollo de la vida de un individuo con rumbo a su autorrealización. En otras palabras, es la transición del protagonista hacia la madurez. El personaje, luego de cometer errores, aprende de ellos, corrije lo que puede y, luego de atravesar por diversas etapas, empieza a conocerse mejor a sí mismo. ¿No es ésa la historia de todos nosotros?

Fue en Alemania donde se utilizó por primera vez el término Bildungsroman (novela de formación o de educación), aunque algunas obras del Renacimiento, dentro del género picaresco, ya tenían características de este tipo. El lazarillo de Tormes, es un ejemplo de lo anterior.

Para muchos, la primera novela de este género es Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister (publicada en 1795), de Goethe. En México hay una novela de la época de la Independencia, que leí durante una de las tantas crisis asmáticas que padecí, titulada: El Periquillo Sarniento, de Fernández de Lizardi, que para muchos es algo así como el Don Quijote mexicano. En todo caso, es una novela notable y muy divertida, con muchos elementos de la novela de formación.   

Pero fueron las novelas de Hermann Hesse (Premio Nobel de literatura, 1946) las primeras obras de este género, propiamente, las primeras que leí: Peter Camenzind, Demian, Siddhartha, Bajo las ruedas, Narciso y Goldmundo. Casi toda la obra del huraño escritor alemán (nacionalizado suizo), Hesse, suelen centrarse en el desarrollo del individuo frente a la sociedad, en medio de una incesante búsqueda de su propia identidad.

En estas historias, la formación del protagonista suele darse después de una revisión retrospectiva que hace a partir de los errores que cometió durante el período en el que, buscando conocerse mejor a sí mismo, torció o equivocó el camino.

Dada su naturaleza, este tipo de obra suele tener una estructura circular.

Quizá una de las novelas que más me han marcado, y que leí algunos años después, al terminar mis estudios de posgrado, sea Hambre, del escritor noruego Knut Hamsun. Se trata de una novela de artista, que para algunos es algo así como un subgénero de la novela de formación. La historia se trata de un escritor que, persiguiendo la perfección artística y negándose a ejecutar otros trabajos que no estén relacionados con la escritura, vagabundea día y noche por Christiana (Oslo) muriéndose, literalmente, de hambre. Clara metáfora del hambre artística que siente alguna vez todo creador.

Quisiera no haber vivido muchas cosas en aquella época. Haber bebido menos, haberle dado menos dolores de cabeza a mi madre. Pero visto en retrospectiva, volvería a vivirlo todo, sin cambiar nada, tal como le ocurre al protagonista, Ivan, en la brillante novela de Ouspensky, La extraña vida de Ivan Osokin. Una historia que es como un espejo y que muestra un proceso circular en la vida del protagonista, que recuerda al Eterno retorno de Nietzche. Según Ouspensky, si viviéramos una y otra vez las mismas experiencias, reaccionaríamos siempre de la misma manera. A menos de que despertáramos (despertar la consciencia) y nos diéramos cuenta de que, a pesar de que tuviéramos que vivir lo mismo una y otra vez, podríamos vivirlo de otra manera (experimentar lo mismo con una actitud distinta).

Lo anterior, me hace suponer que la vida consiste en vivir cada etapa con lo que se tiene, pero también con lo que no se tiene. Para Nietzche hacía falta vivirla con estoicismo, pero creo que Ouspensky, de manera más sencilla, va todavía más lejos.   

Siempre he pensado que hay libros que deben leerse en una época determinada, y las novelas de formación son algunas de ellas, aunque la mayoría de éstas las leí más tarde, de lo cual no me arrepiento: El guardián entre el centeno, de Salinger; El retrato del artista adolescente, de Joyce; La Montaña Mágica, de Mann; En busca del tiempo perdido, de Proust ; La edad de la punzada, de Xavier Velasco (escritor mexicano contemporáneo); Juventud, de J.M. Coetzee; y una novela que es muy diferente a todas las anteriores y cuyo personaje es un antihéroe: Malebolge, de Pablo Soler Frost, un extraordinario escritor de culto, discreto y de altos vuelos. 

Al final, como escribió Schwanitz, la literatura no es otra cosa que el arte de escribir la historia en forma de vivencias y experiencias personales que se cristalicen en determinados personajes literarios.

Mi madre me decía que no es necesario andar buscando siempre la literatura en los libros, ya que la literatura está en la vida misma. «Si pasas todo tu tiempo en los libros, corres el riesgo de perderte la vida».

Fotografía: Hermann Hesse

Autor:

Fecha: 
Viernes, 18 de Septiembre 2015 - 16:00
Redes sociales: 
1
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx

Un bonito discurso presidencial

Me parece que Peña Nieto en su discurso se armó de frases y opiniones dichas por los ciudadanos en diferentes foros y muchas aseveraciones apuntadas por la sociedad durante los tres últimos años fueron material para su discurso.

Sabiéndose informar, es muy sencillo darse cuenta de la situación general del país por medio de los foros electrónicos, el señor puede no leer libros o mensajes, sin embargo es claro que tiene a un equipo de personas que sí lo hacen y tienen la tarea de elegir lo más elegante que dice la gente por eso, su discurso sonó “socialmente bonito” en algunas partes.

Habló de lo que debe hacerse no dijo nada que no supiéramos y faltó escuchar lo que no sabemos, los números y las estadísticas de todas las dependencias necesarios en el reporte,  los indicativos importantes y las cifras económicas sonaron más a relleno y que se parece mucho a las novelas en libros gordos de 400 páginas que están llenas de detalles de cada una de las cosas que se encuentran en el escenario que construyen, que si se saltan diez páginas en las que se describe la rama de un árbol no pasa nada y la historia sigue, así el informe de gobierno y es vergonzoso además, ver que existen tantos lambiscones aplaudiendo la decadencia, la falsedad y el relleno, no se olvidan de aquella vieja expresión: ¿qué hora es? –la que usted quiera Sr. Presidente-.

Se dijo desde el principio que Peña Nieto no lee y será la etiqueta que lo persiga el resto de su vida, con ese detalle cientos de miles de mexicanos exculparon su propia ignorancia. No es necesario leer tres libros, con leer textos completos en internet y entenderlos es suficiente para empezar a ser buen lector, eso sí, habrá que reconocerle a Peña que se haya hecho un experto en la lectura del telepromter, mientras que muchos que se presumen lectores informados no son capaces de leer completa ninguna información y asumen el contenido en las tres primeras líneas.

Habló Peña de las necesidades y la grandeza de la población, dijo que conoció gente muy valiosa y entregada, es verdad los vemos por todos lados, quienes se informan y pasean el México nuestro de cada día lo saben aunque para Peña Nieto estas realidades sean solo adornos para enganchar, la carencia de su gobierno con la necedad de sus decisiones y la ineptitud de las dependencias.

Entre otras, se le ocurre ahora enviar al Congreso la iniciativa para crear una Secretaría de la Cultura, si no se han resuelto los problemas existentes con lo que hay, crear otro organismo solo integrará desajustes a los desajustes que no han sido ordenados hasta hoy. Con seguridad el creador del discurso se metió en todas las entradas de internet que decían “Cultura en México” y de ahí surge la idea de poner atención a este rubro adornándolo, otra vez, con las pertinentes  palabras de la sociedad. Por supuesto que Rafael Tovar y de Teresa levantó la voz de inmediato y alabó la iniciativa como adelantándose a ocupar un puesto en cuanto el Congreso apruebe la Secretaría y desparezca Conaculta.

En cada  transición de administraciones hay cambios radicales, el papeleo y la función se “renueva” con la consigna de hacer más ágil y productivo el desarrollo de la cultura, lo único que esto provoca es mantener a los funcionarios atrás del escritorio imposibilitándolos a hacer su trabajo de campo y a los artistas en la espera de que ellos se organicen, cuando ya todo está entendido y en orden la gestión cambia y nada se alcanzó a hacer, son pocas las acciones que quedan de una administración a otra y las que pudieron ser importantes se borran porque el color del partido cambió. Se parece a la tecnología, apenas aprendemos el funcionamiento de un teléfono y llega otro totalmente diferente.

Al gobierno le gusta entrometerse en las acciones de la sociedad civil no para ayudar y respaldar, sino para adelantarse y proponer las ideas de otros lo que lleva al ‘robo’ del presupuesto y el dinero que le corresponde a la organización civil se lo lleva el gobierno, es decir,  saludan con sombrero ajeno. Cuando las ideas y las demandas de la sociedad  que se mueven, hacen ruido y requieren de un recurso gubernamental, entonces el gobierno las toma opacando el trabajo de la gente.

Habló Peña de las exposiciones importantes que se ofrecen como parte de la cultura, esas son una obligación dentro de su programa no un regalo para la sociedad y la gente no acude como se esperaría no porque no les interese, la sociedad simplemente ha dejado de creer en el trabajo de los organismos no importa de cuál estemos hablando. La gente asiste a lo que la gente hace y que no tiene ningún color. Aunque el gobierno se adelante a crear la Gran Secretaría para beneficio de la población, mientras ésta no crea cualquier cosa seguirá sin funcionar.

Así puede el gobierno seguir inventando programas y reduciendo presupuestos que mientras no trabajen en reconstruir la credibilidad de la sociedad hacia las dependencias las cosas nunca van a ser mejores.

Y el discurso bonito de Peña Nieto, debe ser aplaudido enfáticamente porque lo que dijo es la repetición de las opiniones de miles de mexicanos, incluyendo el populismo.

Autor:

Fecha: 
Martes, 08 de Septiembre 2015 - 17:30
Redes sociales: 
1
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx

6. El santo que expulsó a las serpientes

Westport, County Mayo, Irlanda – El monte sagrado Croagh Patrick lleva el nombre del gran santo del siglo V, Patrick (Pádraig). Según la tradición, allí pasaba largas jornadas de penitencia y oración. Hoy ese monte no es el más alto (764 m) pero sí el más sagrado de Irlanda, y lugar de peregrinación además de deporte alpino.

El santo patrono de Irlanda es el más patrono de todos los santos patronos de un país: san Patricio viste de verde y de tréboles a medio mundo en la parte occidental de este planeta, venturosamente cuajada de descendientes de irlandeses, que cada 17 de marzo recuerdan con justificado orgullo el linaje de sus ancestros (por caprichos de la genealogía, as far a I know, no me cuento entre ellos).

El trébol de tres hojas, el shamrock, según reza la tradición, sirvió a san Patricio para explicar el misterio de la Trinidad: tres personas distintas que sin dejar de serlo forman un solo Dios verdadero. Y si bien el arpa es símbolo oficial en la heráldica irlandesa desde el siglo XII y figura en los blasones de esta república, el verdadero distintivo popular es el trébol, que llena de color verde el imaginario mundial cuando se recuerda a san Patricio en esa fecha de marzo. Trinity es el nombre de su principal escuela del país, como lo es de la novela sobre Irlanda que así se llama, de Leon Uris.

El así llamado Apóstol de Irlanda es un santo tan grande, que para los ortodoxos orientales resulta paralelo a los 12 apóstoles de Jesús. Y para Irlanda, aparte de su labor civilizadora y evangelizadora, es autor de una beneficiosa hazaña: dice la tradición que desde ese monte —el Croagh Patrick— luego de un ayuno de 40 días en que el santo estaba siendo atacado por serpientes, decidió arrojarlas al mar para que ya nunca más hicieran daño al pueblo irlandés. Esa historia me recuerda la parábola evangélica de una piara de cerdos endemoniados que se precipita al mar, así mandada por Jesús. Y sí: en Irlanda no hay serpientes, a diferencia de la cercana Escocia.

Ni modo: hay que decirlo. Según los paleontólogos nunca hubo serpientes en Irlanda, y tampoco aparece alguna mención directa de san Patricio asociado con la anécdota de la Trinidad y los tréboles durante ¡1,200 años! ¿Pero qué importan los hechos, ante tan bonitas historias?

Irlanda no se acaba en Patricio, que es solo el mayor en una tierra de amplia espiritualidad cuajada de santos y de videntes. Un país predominantemente católico, aunque no tanto como antes. La vidente Christina Gallagher, nacida en 1953 (nada que ver con un personaje homónimo de la serie House of Cards) desde 1985 tiene visiones sobrenaturales y recibe mensajes espirituales, principalmente de una advocación de la Virgen María, Nuestra Señora de la Paz. Christina misma presenta los estigmas de la pasión de Jesucristo, como los tuvieron San Francisco de Asís y el padre Pío de Montalcina, y también Therese Neumann (1898-1962), beneficiosa ella para cierto momento crítico en mi familia. Mi padre se lo agradeció años después personalmente en su casa de Konnersreuth, Baviera, cerca de la frontera checa.

Christina, por instrucciones recibidas, ha abierto desde 1993 una casa de oración en la isla marítima de Achill, más allá de Westport y de Newport, County Mayo, ya muy al oeste de la isla. Cuando la visitamos estaba repleta de orantes y pudimos oír a María pero no verla, porque estaba convaleciendo de una cirugía en la garganta. Una de las cosas que dijo fue que, según había oído en varios mensajes, Irlanda había sido una joya brillante de la corona de la cristiandad, pero ahora esa joya ha perdido brillo. Y pide lo de siempre en las apariciones marianas, que por lo visto son constantes para Christina: oración y más oración, novenas, rosarios; y la protección del arcángel Miguel. Por ello ha establecido una casa de oración en ese lugar.

Me dicen que Christina, como vidente, habla de cosas que han de ocurrir en el mundo pero las da como advertencia, no como predestinación de un hecho inevitable. Habla de que viene una gigantesca crisis económica. Y de algo que seguramente vendrá pegado a la debacle monetaria, financiera y económica de que muchos hemos hablado desde hace años: una guerra mundial. ¿Será? Las guerras casi siempre tienen origen económico y no es nada improbable que haya una, pero no sé si en este momento una guerra brutal, mutuamente destructiva, sirviera para tales intereses... Si los malosos que hacen guerras son sensatos para cuidar sus negocios las harán no mutuamente destructivas. En fin.

No sabíamos de la existencia de esta vidente, como tampoco de que en la ciudad irlandesa de Knock, cerca de Claremorris, también en el County Mayo, el 21 de agosto de 1879 (cosa reconocida por la Iglesia) ante 15 jóvenes y viejos se apareció durante dos horas María, acompañada de san José, san Juan Evangelista, y una cruz en un altar con un cordero, y ángeles alrededor. Tan ha sido corroborado eso por la Iglesia que Juan Pablo II viajó allá en el centenario de tal suceso. Ha sido proclamada reina de Irlanda, así como Guadalupe lo es de México y es emperatriz de América.

En ese lugar hay una excelente capilla, perfectamente establecida y con todos los servicios (incluso baños limpios y bien avituallados, cosa frecuente en las iglesias irlandesas y en las abadías y panteones) y tuve el gusto de ver a mi ahijado concelebrar una misa, con coros extraordinarios, música bien tocada, la aromática delicia del incienso, y sencillas pero solemnes ceremonias.

La religión es tan importante para los irlandeses que hasta su país fue dividido en dos en función de ella. En el norte había más protestantes y se lo quedaron los ingleses para su Reino Unido de Gran Bretaña a Irlanda “del Norte” (término geográfico que agregaron en 1922, cuando se independizó la República de Irlanda). Ya había platicado de una región católica rica, la de Belfast, que no quisieron perder; realpolitik en acción.

Hasta una cruz de especial diseño tienen, la cruz celta, una especie de mezcla de un antiguo rito de adoración al sol. Es un círculo (el sol) en cuyo centro se encima una cruz con sólo el vástago vertical inferior largo. En toda tumba, iglesia o monumento aparece esa cruz irlandesa, angosta y esbelta, a veces fabricada en artículos artesanales de una derivación dura del carbón (turba) autóctono de Connemara.

En Galway, importante ciudad portuaria al sur del County Galway, la catedral es producto del reciclaje: antes fue una prisión. (En México a los apandos, calabozos y mazmorras los llaman “Centro de Readaptación Social”, pues readaptan a la sociedad; como los reos peligrosos siguen ejerciendo adentro, los liberan o se escapan, logran ellos que la sociedad se vaya readaptando a la situación carcelaria de adentro y se parezca cada vez más a lo que ocurre en esos “centros”.)

Pero ¿dónde andaba? Ah, sí: la prisión de Galway la convirtieron en catedral, por allí de 1939; la terminaron hasta 1965. Ya había dicho que los ingleses acabaron con casi todos los lugares de culto católico a partir del rey de las 6 esposas, de su pirática hija Isabel y del Lord Protector (sic) Oliver Cromwell (1599-1658), de modo que como Galway no tenía catedral y no encontraron mejor manera que aprovechar lo que estaba a la mano, usaron las paredes donde imperaba la tristeza en muros de una catedral algo gris-negra con cierta solemnidad, buena luz, discutible arquitectura y bonitos vitrales. En una capilla lateral hay un mosaico redondo con el rostro de perfil de un hombre de saco y corbata, rubio, con tres siglas: JFK. ¡Curioso! El único presidente católico de Estados Unidos, descendiente de emigrados a Boston por la hambruna y de pura sangre irlandesa tanto por Fitzgerald como por Kennedy (Ó Cinnéide), está representado orando en la catedral de Galway.

En todas partes nos enfrentamos con el lenguaje gaélico, que está muriendo y pretenden conservar, con letreros viales en ambos lenguajes y en alguna parte un ordenamiento con multa de 3,000 € sin traducción al inglés, lo cual resulta peligrosísimo... Por ejemplo, Dublín en gaélico es Baile Átha Cliath, nada que ver con cómo se pronuncia: algo así como Baya Oja Clia.

No es usual en los pubs la cerveza embotellada, bebida cuyo proceso de pasteurización altera no sólo el sabor sino las cualidades metabólicas con que el cuerpo la procesa. Se metaboliza mucho más aprisa y se puede beber en mayor cantidad, pues es menor efecto del alcohol. El verdadero bebedor de cerveza prefiere la draft beer, cerveza tirada (España), birra a Spina (Italia), o de barril (México). En Irlanda es lo que se bebe en los lugares respetables, como los pubs.

Bebí la Murphy (un stout un chirris más amargo que Guinness) en el pub llamado The King’s Head, significativo nombre. Ese sitio fue propiedad de un natural de Galway apellidado Gunning, que atendió la invitación del inefable Cromwell luego de buscar voluntarios en Irlanda, Escocia y Gales para verdugo del rey Carlos I, pero con esa ración de hipocresía de los regicidas, no querían que fuera un inglés quien hiciera ese dirty job aunque lo ordenaran ellos. Al irlandés que le separó la cabeza del cuerpo lo premiaron en 1649 con una casa en su ciudad natal, hoy reciclada en ese pub. Ignoro si sean descendientes de tan próspero verdugo los regenteadores de ese negocio pero bien que exhiben en una placa la hazaña de su coterráneo.

No quiero terminar este texto con una alusión mortuoria. Junto a ese pub (public house) está el Galway Woolen Market, donde venden lana gruesa (tipo Santa Ana Chiautempan) de las islas Aran; lana de la región, lana virgen fina, gloriosas bufandas, y desde luego, tweed. La mejor lana del mundo, en la no docta opinión de este usuario y amador de los productos de County Donegal.

Autor:

Fecha: 
Lunes, 07 de Septiembre 2015 - 17:30
Redes sociales: 
1
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx

Recordando a Germán

“El que esté libre de culpa, que arroje la primera chela” Germán Dehesa

Este miércoles (2 de septiembre) cumplimos cinco años sin German Dehesa y debo decir que lo seguimos extrañando. Se extrañan sus columnas, su blog, sus programas de radio y televisión, sus obras de teatro, su humor, su manera tan coloquial de escribir.

Desde que comencé a escribir, primero en mi blog y luego en otros espacios, siempre he estado influenciado por su obra. Fue el leerlo lo que me impulsó a iniciarme en este mundo con la esperanza de un día lograr algo remotamente similar. Con el paso de los años me he dado cuenta que igualarlo es sencillamente imposible. Más aún, he entendido y aprendido que cada escritor, cada periodista, cada comunicador debe tener su propio estilo sin copiar el de nadie más.

Leer al maestro Dehesa es toda una experiencia. Sin importar si nos hablaba de política, sociedad, deportes, sus viajes o su familia, no reír con sus aventuras no era una opción. Sus atropelladas vacaciones plasmadas en “Viajero que vas”, las experiencias con sus hijos en “No basta ser padre” o las reflexiones musicales que en “La música de los años” hereda a su hijo Ángel, hacen que nos identifiquemos con sus vivencias, que nos veamos reflejados en ellas e imaginemos que estamos a su lado escuchando de viva voz las más cómicas experiencias.

Pocas veces he sentido en un libro al autor tan cercano como con él. Su lenguaje coloquial y sencillo hacía que cualquiera que se acercara a su columna “La gaceta del Ángel” se sintiera atrapado y regresara una y otra vez por nuevas anécdotas. Con su pluma nos enteramos de temas actuales, del acontecer político, de lo que pasaba en la sociedad y hasta conocimos a su familia que en más de una ocasión protagonizó las historias del autor.

Siempre crítico inundó de sarcasmo periódicos y revistas y con sus mordaces y atinados comentarios nos enseñó a sobrellevar los problemas de nuestro país,  a hacer más llevadera la vida, pero, sobre todo, nos enseñó a amar a México, a reírnos de los problemas y de nosotros mismos, a disfrutar la vida en todo momento y a enfrentarla con humor más allá de las crisis y devaluaciones.

Habitante ilustre de la Ciudad de México y ciudadano distinguido, fue galardonado en 2008 con el Premio Don Quijote de Periodismo Rey de España por su “síntesis brillante entre el idioma español y el habla popular mexicana, en una combinación imaginativa de las palabras, que demuestra la plasticidad, riqueza y vitalidad de la lengua de Cervantes”.

El 25 de agosto de 2010 compartió a sus lectores con su particular estilo la noticia sobre su salud: “Creo que no les he contado que estoy enfermo, seriamente enfermo. Tengo cáncer, pero hasta ahora la enfermedad no me ha producido ningún dolor insoportable. Trato de vivir sobre las puntitas de los pies, pues en mis delirios, imagino que si casi no hago ruido, la enfermedad no se va a percatar de mi presencia y me permita colarme a la vida que es a donde me gusta estar. No me estoy despidiendo. Yo espero que falte mucho como para que ocurra algo tan ingrato”.

El 2 de septiembre de ese año perdió la batalla. Yo prefiero pensar que se bajó del mundo tras escuchar el informe de gobierno.

¡Hoy toca!

Voy vengo.

Autor:

Fecha: 
Viernes, 04 de Septiembre 2015 - 16:30
Redes sociales: 
1
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx

Recordamos tanto a Julio

El pasado 26 de agosto se cumplieron ciento un años del nacimiento de Julio Cortázar —acaso el más universal de los escritores argentinos junto al inabarcable Borges—, a quien se recuerda siempre, porque con Cortázar existe una conexión sensible que va más allá de su obra, y que ocasiona la pregunta ¿por qué queremos tanto a Julio?

No es un misterio tal puente que se crea entre Cortázar y sus lectores, después de todo se sintió poeta hasta los cuarenta años; es decir, su expresión natural era la poesía; su lenguaje, era el de un eterno niño, un Peter Pan, que nunca se cansó de la rayuela, del juego, de lo lúdico, de ese salirse del infierno para alcanzar el cielo que no era otro sino el de ser completamente libre.

Libre de ataduras en materia de escritura creativa que muchas veces imponen el traje y la corbata que él tanto aborrecía. Había que ir más allá de las palabras como le eran dadas. Cortázar buscaba el reverso de las cosas, y muchas veces, en ese estar volteando las palabras encontraba su escritura, su forma de inocencia, de belleza, que sólo tienen aquellos que no han dejado de ser niños.

Lo suyo era el divertimento, la creación alegre, desenfadada y natural, que se expresó de manera concreta con sus Cronopios, Famas y Esperanzas, esos seres luminosos que nunca terminó por definir bien a bien, porque él entendía perfectamente que aquél azar era indefinible de tan fantástico.

Hay que recordar a Julio siempre, a deshoras, en verano o en cualquier lugar, también en las autopistas y en ese París donde creyó encontrar a una Maga que se le deshacía en el sueño, en el anhelo por encontrarla.

Entendía que los sueños eran también una forma de vivir la realidad, de interpretar el mundo, de reordenar las cosas ya ordenadas; es decir, hallar en el desorden cierta proporción, cierto deseo de ser, una insospechada forma creativa que en sí misma era un diálogo, muy a la manera surrealista, metafísica, que de igual forma acompañó a “Cocó”, cómo lo llamaban entre familia.

Cortázar no le tuvo miedo a que la casualidad lo encontrara. Para él la casualidad fue fundamental durante su vida. Aquello imposible se le presentaba en forma de cuento, de novela, de poema, de notas musicales.

Siempre esperó lo inesperado que resultaba de la imaginación, porque para él los dioses eran terrenales, para Cortázar el otro lado estaba dentro de nosotros, nos habitaba como una especie de infinito que constantemente está en necesidad de ser reinterpretado con nuestras distintas herramientas como lo puede ser nuestro lenguaje, nuestras letras.

El Cortázar del nocaut, del aliento largo, el del poema interminable; el ensayista, el crítico, el comprometido social, el conferencista, el profesor, el traductor siempre fueron el mismo eterno enamorado del mundo.

Porque Cortázar igualmente nos permitió ver hacia afuera, con los ojos abiertos, no ya solamente hacía nuestro interior, sino al mundo, a la belleza contenida en éste.

En fin, que se quiere tanto a Julio porque no sólo se encargó de decirnos que la literatura era también un espacio para pintar la rayuela, sino que estimuló la experiencia creativa a todos los niveles.

De pronto nos ilusionó a todos al pensar que éramos capaces de escribir sus palabras, de jugar su mismo juego, de pisar los mismos cuadros que él pisaba, y claramente esto era un juego, pero uno bastante inocente, uno en el que, como niños, nos dejaba creer que también podíamos crear nuestra propia casa y tomarla.

Y le creímos tantos que no paramos de jugar junto a él ese juego que es su obra completa. Ese andar sin buscarnos pero sabiendo que andamos para encontrarnos.

Autor:

Fecha: 
Viernes, 04 de Septiembre 2015 - 16:00
Redes sociales: 
1
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx

5. Dos mujeronas, dos reinas, dos piratas

Westport, County Mayo, Irlanda – Westport House es, para el visitante que no investiga alguna cosa más, una especie de micro mini chirris Disneylandia con borregos de negro hocico pastando en la verde grama a la vera de algunos juegos infantiles, un ferrocarrilito, barcas de pedales, tenis, caballitos y —desde luego— atracciones piratas.

Digo desde luego porque este lugar tiene fama pirática. Pero no como los Piratas del Caribe de la auténtica Disneylandia sino por su raigambre auténtica en el noble y señero negocio de la piratería.

Al ojo del visitante parece que la feria pirática ayuda a mantener los gastos de una palacio que, como a fuercitas tenía que ser, es enorme, suntuoso y más propio del siglo XVIII en que fue renovado que del XXI en que lo visitamos.

Su ubicación es, desde lueguísimo, privilegiada (no sé por qué los grandes aristócratas encontraban sitios privilegiados para construir sus megamansiones): cerca del Atlántico y con acceso al mar, y además, abundancia de agua dulce, tierras fértiles, y en bellísimos lugares de esplendoroso paisaje. Era indispensable porque un gran señorón de Irlanda, Eoghan Dubhdara Ó Máille, tenía un próspero negocio de naves mercantes pero (según las malas lenguas) en realidad se dedicaba a la piratería.

Claro que es enteramente posible que en el siglo XVI un personaje muy potente se haya dedicado a usar sus barcos en ambos lados de la ley. Y claro también que, como siempre ha ocurrido, quien escribe la historia es el dueño de la verdad. Y la historia la escribieron los ingleses, que detestaban a la hija de ese señor; que en realidad, en sus tierras, era una reina.

Se llamaba esa hija suya Gráinne, que ha pasado a la historia como Grace O’Malley porque, aunque al parecer tan distinguida señora no hablara inglés, su nombre gaélico lo escribieron así los que escribieron su historia. Por lo visto era toda una mujer: de armas tomar, competente, apta, audaz, extraordinariamente inteligente y con todas las facultades para manejar y superar el negocio mercante de su padre, que él le heredó; y también recibió cuantiosos bienes de su muy rica madre. Supo ella aprovechar y acrecentar esos bienes, y acumular un tremendo poder.

En sus legados también estaba una serie de fortificaciones costeras, porque no se podía ser un buen navegante o buen pirata si no se protegía bien de sus enemigos. Y además, como señor feudal, cobraba peaje a quien quisiera pasar por sus tierras y también metía la mano en el bolsillo de quien pescara en esas costas o merodeara en ellas. Y sabía cómo obligar a pagar o a cobrarse a lo chino, pasara lo que pasara.

Vaya vida, con material para todo tipo de novelas y películas. Grace O’Malley se casó dos veces, una con un gran terrateniente con quien tuvo dos hijos y una hija. Al mayor de los varones lo mataron para poder quitarle un castillo. Y luego de morir su primer marido se casó con otro noble al que, una vez que le quitó a su vez otro castillo, se divorció y lo abandonó. “Richard Burke, I dismiss you!” le gritó desde las torres de su ahora apropiado castillo, que había tomado con quién sabe cuántas tropas. Sin embargo (aparte de dos hijos y una hija de su primer matrimonio) tuvo con él un hijo, que fue nombrado vizconde de Mayo por Carlos I de Inglaterra. Las tierras que se pueden visitar hoy siguen perteneciendo a ese linaje.

Estamos en tiempos de Isabel I, que había extendido sus dominios en Irlanda y no podía soportar competencia de esa estupenda irlandesa, que apoyaba además las luchas revolucionarias contra Inglaterra. Así, quién sabe si por consejo o de plano por orden de la reina, un noble inglés avecindado en Irlanda decidió secuestrar a sus dos hijos varones. Tan seria fue la cosa que Grace tuvo que ir a interceder por ellos ante la mera Isabel, quien la recibió en el castillo de Greenwich. Hablaron largamente en latín, porque la cultísima Grace no sabía o no quiso demostrar que sabía inglés, pero sí tuvo todo tipo de desplantes ante la reina, a quien no reconocía como soberana de Irlanda y por ello no se caravaneó ante ella; y le propinó otras ofensas como llevar un puñal escondido. Recuperó a sus hijos luego de una serie de mutuas concesiones que Isabel luego traicionó y desde luego Grace también; y al parecer ambas soberanas —de cierta manera, almas gemelas— murieron el mismo año, 1603.

Mi primera lectura sobre Isabel I, de niño, fue La reina mártir, de Luis Coloma, sobre la vida María Estuardo. A ésta le daba trato de santa, y a Isabel el de pirata (y claro que lo era, si sostenía entre otros al corsario Francis Drake y construyó su gran época dorada combatiendo y robando a España, aunque ni de chiste tanto como los ingleses presumen; Isabel sufrió, ante los españoles, mucho más derrotas que victorias). Es un libro escrito por un sacerdote español, que ninguna consideración puede tener por la peor archienemiga de España. Una de cal por las que van de concreto armado, que hasta el abuso ponderan en las series televisivas inglesas y en los libros de historia, todos ellos elogiando desmesuradamente a Isabel I. Hay que buscar un poco de equilibrio ¿no?

Sirva esa cortísima historia de una larguísima y riquísima vida de una mujerona que supo dar el quienvive a otra mujerona, nada menos que la mayor reina que ha tenido Inglaterra, para evocar cuánto puede ocurrírsele a una mujer que entre muchos otros castillos y torres vivió en un lugar, Westport House, que le sigue perteneciendo a sus descendientes directos (la familia Browne), y que visitan como 4 millones cada año.

Desde allí se mira con claridad el monte sagrado Croagh Patrick, en el mismo County Mayo. Un monte de agraciada forma puntiaguda casi perfecta desde ciertos ángulos, que vi cubierto de nubes, que mi ahijado ha escalado hasta la punta y que sirve como lugar de peregrinación. Ocurrió en ese simbólico monte una significativa historia, que trataré en mi próxima entrega.

Autor:

Fecha: 
Miércoles, 02 de Septiembre 2015 - 16:00
Redes sociales: 
1
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx

Debemos de tener participación ciudadana

¿Sabemos qué es un consejo ciudadano y para que sirve? Estoy seguro de que muchas personas lo saben, pero no está de más promocionarlos y apoyarlos.

Un consejo ciudadano es un organismo de la sociedad civil, cuyas metas principales son:

  • Generar mecanismos de denuncia ciudadana fáciles, sencillos, confidenciales, prontos y efectivos.
  • Diseñar y aplicar programas destinados a atender las diferentes problemáticas de los ciudadanos.
  • Operar como una organización de consulta, análisis, y participación ciudadana, tales como:  seguridad pública,  procuración de justicia, cultura cívica, atención a victimas del delito, entre otras.

Estas organizaciones son un puente entre ciudadanos y autoridades.

Son un grupo de ciudadanos igual que tú y que yo, que trabajan con nosotros, para nosotros y por nosotros.

El principal origen de estos consejos ciudadanos es, de pasar de la protesta a la propuesta y de la critica a la acción.

Seguramente en tu localidad existe un consejo ciudadano, estaría muy bueno buscarlo y averiguar un poco mas sobre sus facultades y apoyos a la ciudadanía.

En particular, quiero platicarles de un consejo ciudadano que está tomando fuerza en el Estado de México. Me refiero al que está ubicado en Valle de Bravo.

Este consejo de participación ciudadana, propone entre otras tareas, la colaboración con las diferentes autoridades tanto municipales, estatales como las federales.

Esta organización quiere impulsar la preservación y restauración de los valores arquitectónicos, culturales e históricos y así conservar un Valle de Bravo tradicional. Y con esto, seguir teniendo el honor de ser un Pueblo Mágico.

Pugnar por un desarrollo económico equilibrado para todos.

Impulsar al crecimiento planeado y ordenado de los distintos centros de población y sus comunidades y estar alerta en la protección del medio ambiente.

Pero como todo consejo ciudadano, necesita de la activa participación de los ciudadanos de Valle de Bravo. Por lo cual lleva a cabo reuniones con vecinos, tanto en Valle de Bravo como en las diferentes comunidades para informar y establecer un contacto mas cercano. De igual manera, tiene varias reuniones con los diferentes niveles de gobierno del municipio, principalmente. Y reuniones muy activas con el gobierno estatal y federal.

Nosotros, como ciudadanos, tenemos la gran oportunidad de ser activos en muchas de las tomas de decisión de nuestros gobiernos. A lo mejor pensamos que no vamos a ser escuchados o que nuestra participación será un fruto que se secará muy rápido. Pero sólo hay que pensar una cosa. ¡Nos arriesgamos a probar si esto de los consejos ciudadanos es útil, confiable y que nos pueden ayudar o seguiremos estáticos, parsimoniosos y ajenos a las distintas problemáticas que nos acogen en nuestro municipio, delegación, estado, capital y en nuestra Republica Mexicana!

El siguiente texto lo comparte el consejo de participación ciudadana de Valle de Bravo. Esperando que sirva para que más ciudadanos de esta localidad tengan participación activa y se unan por un Valle de Bravo mejor y mas bello.

“Esta iniciativa surge a partir de la preocupación de los vecinos frente a la sistemática violación a las normas de uso de suelo y de la imagen urbana y al deterioro del Centro Histórico de un Valle de Bravo tradicional y con ello la destrucción de la belleza que caracterizaba a esta población.

“El Consejo está integrado por cinco miembros; un Consejo Ampliado de veinte y un Consejo Técnico conformado a partir de la celebración de acuerdos de colaboración con distintas instituciones educativas y gremiales.

“El Consejo se propone COLABORAR con las autoridades para impulsar un crecimiento planeado y ordenado de los distintos centros de población; para lograrlo, el Consejo trabaja para:

“Fortalecer las capacidades institucionales del gobierno, nos proponemos colaborar con autoridades para que puedan cumplir plenamente con sus responsabilidades; trabajar en la actualización del reglamento de imagen urbana y vigilar su exacta aplicación, así como emitir opiniones técnicas respecto de los permisos de uso de suelo y licencias de construcción con el propósito de que unas y otras cumplan con la normatividad.

“Asesorar a los vecinos, nos proponemos ayudar a que los vecinos del municipio, independientemente de su condición económica, puedan construir sus viviendas y satisfacer sus necesidades y al mismo tiempo cumplan con las normas de suelo, construcción e imagen urbana.

“Construir ciudadanía, nos proponemos construir para que los vecinos “ de a pie” participen de manera  más activa y responsable en “la cosa publica” y en la defensa de su ciudad como lo que es, “un bien público.

“En este proceso de corresponsabilidad, autoridades y vecinos tenemos que aprender a trabajar juntos.

“Para avanzar es necesario “ponernos de acuerdo” alineando los esfuerzos y capacidades del gobierno con la enorme energía social de la comunidad vallesana. Y juntos multiplicar y alcanzar las metas que nos trazamos; para lograrlo es necesario que los vecinos sean actores permanentes del juego democrático participando de manera más activa en la “cosa pública”; y que conozcan de sus derechos y obligaciones para que estén en capacidad de ejercer y cumplir.

“Necesitamos fomentar la cultura de la legalidad a partir del conocimiento y aplicación de las leyes; de manera particular aquellas que tienen que ver con el cuidado y protección del medio ambiente y las que regulan usos de suelo, construcción e imagen urbana. En un proceso de corresponsabilidad se requiere fomentar el diálogo y la reflexión para llegar a acuerdos y asumir compromisos”.

Una buena parte de la desastrosa situación por la que atravesamos se explica a partir del divorcio entre gobierno y ciudadanos.

Mas información:

copacidevalle@gmail.com  

Facebook: consejo ciudadano valle de bravo 

Twitter: ciudadanoVdeB

Participa en tu comunidad, no dejes que otros hagan lo que tu puedes lograr.

Les mando muchos saludos y nos pondremos en contacto en la próxima.

Secciones:

Autor:

Fecha: 
Martes, 01 de Septiembre 2015 - 18:30
Redes sociales: 
1
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx

Héroes de paja

Una de las dinámicas aplicadas en el taller de literatura que imparto en la penitenciaría tiene que ver con eso que se admira y se idolatra, con esas personas lejanas conocidas más por sus actos que por su vida personal, tiene que ver con la sensación de querer ser igual a otro, tiene que ver con los héroes que se conocen como inalcanzables desde la infancia.

En la clase los alumnos del taller eligieron un héroe de entre todo aquello que conocen como admirable, cualquier persona en su memoria de quien supieran su historia y hazañas. Los 30 alumnos discutieron en grupo y mencionaron infinidad de nombres, en una tarjeta debían anotar el nombre de su héroe o ídolo y en su libreta escribirían las razones que los hacen admirables.

Así la dinámica de inicio en el salón fue divertida, ellos mostraron la tarjeta con sus nuevos nombres y aparecieron, entre otros: Marco Tulio Cicerón, Julio Cesar, José Doroteo Arango, Alejandro Magno, Gustavo Adolfo Bécquer, Hernán Cortés, Carlomagno, Edgar-Hilaire Degas, Federico el Grande, Franz Liszt, Marco Polo, El Chapulín Colorado, André the Giant, además de papás, hermanos mayores y abuelos, se presentaron y cada uno dijo quién era y contó parte de la historia de su ahora nueva personalidad. Después, platicaron como los personajes elegidos, transportándolos al tiempo actual y también a prisión.

La tarea consistió en actuar durante toda la semana como el personaje, lo que esa persona haría en la situación que se presentara, lo que su héroe contestaría y hablaría. En cualquier momento dejarían pues, de ser ellos mismos para convertirse en otra persona y aprenderían a convivir con todos los extraños que en ese momento aparecieron en el salón de clase.

¿Cuál era la idea de esta dinámica? ¿Y cuál el resultado? Tan simple como haberse dado cuenta que a quien admiraban no era un personaje sino a ellos mismos. En el momento en que supieron que podían reaccionar, pensar y actuar como alguien ajeno no era más que mostrarles la facilidad que tienen de controlar su actitud y defender su opinión, por lo tanto ellos mismos no estaban tan alejados de ser sus propios héroes. (De más está decir que me era intrigante imaginar cómo estaban comportándose Pancho Villa, Marco Tulio Cicerón y El Chapulín Colorado en la misma celda durante toda una semana, así como todos los demás en sus respectivas estancias)

Esto lo aplicaría a la sociedad moderna que pasa mucho tiempo esperando por alguien que haga las cosas por ellos, alguien que tenga la fortaleza y la astucia para resolver los problemas, uno que se atreva a levantar la voz para poder gritar después de él, alguien que se arriesgue a perder para responsabilizarlo por el fracaso propio.

Siempre habrá necesidad de héroes reales y personas admiradas de quienes se pueda seguir el ejemplo, como ayuda, como guía, como reflejo propio. El problema es que ahora la gente del mundo está idolatrando personajes de paja cerca de una fogata, ha habido tantos de ellos a través de los tiempos y en tiempos modernos estos ‘héroes’ duran lo que duraría una paja en lumbre, todos los días se consiguen un ser admirable solo porque se ha atrevido a hacer algo diferente y ¡hasta presidente lo quieren hacer!

El terror mediático provoca que la gente se asuste de inmediato con noticias que muchas veces son falsas, la inmediatez en la información hace que en cada ‘clic’ aparezca un gran salvador de la tierra, la veracidad de la situación en el mundo asusta a quienes viven encerrados de frente a las pantallas electrónicas y las redes sociales invitan a creer en todo sin leer o investigar los contenidos.

La sociedad repite incesantemente la opinión de los demás como propia, si escuchan una palabra nueva que les gusta la dicen hasta que pierde sentido. Si los ‘amigos de face’ (que ni conocen en persona), por ejemplo, odian a Lady Gaga o a Miley Cyrus ellos también las odian sin siquiera conocer sus canciones y si a uno se le antoja que quien salvará al mundo es El Chupacabras, irremediablemente se propondrá como presidente del mundo.

Aunque parezca que caí en exageraciones esto pasa en milimétricos o en gigantescos ejemplos en cientos de situaciones, hay héroes de paja en las drogas, en el gobierno, en la música, en la prensa, en la televisión, en la literatura, en el arte, a la vuelta de la esquina.

La diferencia con los internos en mis clases es que ellos no tienen acceso a la tecnología, tienen acceso a los buenos libros, a su memoria, a sus recuerdos, a sus errores y sobretodo tienen presente en cada momento que su misión ahí dentro consiste en creer que son importantes y aunque deban pasar el resto de sus vidas en una prisión, saben que la libertad de pensamiento con la que viven es lo que los hará vivir en paz, que el criterio propio y la capacidad de controlar sus acciones los hace seres de bien aun cuando la sociedad nunca termine de entenderlo.

De ser necesario, solo hay que elegir al héroe perfecto y la admiración a la persona correcta, no para alabarla en público sino para seguir el ejemplo y actuar de acuerdo al criterio propio no al de la multitud.

Los libros tampoco son todos buenos como no todos los héroes son los mejores, por eso existen tantos seres fracasados que de tanto querer ser como otros, terminan su día y después de apagar sus dispositivos electrónicos se dan cuenta que no son nadie y que no han llegado a ningún lado, he ahí el meollo del asunto hay que aprender a elegir de entre todo, lo mejor para uno mismo no para los demás.

Nota importante: Ante las risas de sus compañeros el “Chapulín Colorado” aclaró que: “Siempre quiero ayudar y termino arruinándolo todo, en esta semana supe ayudar y no arruiné nada” y “André the Giant” dijo al final del taller: “Mientras más gritaba, mientras más me enojaba más grande me sentía, no me di cuenta que –señalando al grupo- en un país de gigantes el único enano era yo”

Autor:

Fecha: 
Martes, 01 de Septiembre 2015 - 18:00
Redes sociales: 
1
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx

Notitas de un viaje del yang al yin: 4. Los cantiles del Todopoderoso

Cliffs of Moher, County Clare, Irlanda – En el oeste de Irlanda, las partes que miran al mar ofrecen vistas inmensas, variadas, a veces salvajes. Por algo la llaman algunos Wild Atlantic way si en los 1,600 km que mide la costa desde Derry, Irlanda del Norte, hasta la importante ciudad sureña de Cork.

En esa costa atlántica se puede practicar el surf y encallan naves víctimas de tormentas, se puede tomar el escaso sol sobre rocas o grava o arena, apreciar espectaculares vistas, vivir enamoramientos, hacer preciosas fotografías, animar películas, y apreciar algo inusual para el detestador del calor tropical que esto escribe: un mar frío, donde se agradece llevar bufanda y un sombrero o gorra de Donegal Tweed, mi lana favorita, fabricada en County Donegal, al norte de Irlanda.

Debo reconocer que ese clima, ese mar, ese viento frío que ataca mi cara y echa a perder el precario peinado que haya logrado conseguir en mi más que precaria cabellera, es el clima que más me cuadra. No sólo eso. Me identifico con mucho del carácter de Irlanda o Escocia, y de Inglaterra (salvo su política y sus grandes finanzas, hermanas siamesas feas e indistinguibles). Creo que, así como la Isla Esmeralda se equivocó de región al ubicar a esa gentilísima población irlandesa tan lejos del Mediterráneo, yo nací en un lugar equivocado donde abunda la gente a la que le gusta el calor. Mi querida patria tiene poco que ver con mi carácter. Numerosas veces me he preguntado por qué, o para qué, nací en México…

En esa zona atlántica vi por primera vez el Atlántico irlandés, en un balcón carretero que se asoma al mar cerca de Clifden, en Connemara, County Galway. Es un paraje evicador para el mejor guía que pudimos tener en Irlanda, país importante en la vida de un primo-sobrino, doble compadre, maestro, y sobre todo, amigo. Nos llevó él a Irlanda con dos de sus hijos, ahijados nuestros ambos y sacerdote uno de ellos, hijos de una dublinesa. Mucho de lo que pongo en esta pequeña ayuda de memoria de un viaje inolvidable cuyos detalles no quiero olvidar, se lo debo a ellos. No me pude haber imaginado mejor y más agradecible compañía para un periplo tan significativo como el festejo de 40 años.

Son paisajes donde se columbran escenas inmensas desde carreteras bordeadas de flores (es apasionante ver cómo en Irlanda abundan las flores, pequeñas, coloridas, delicadas, en los campos y especialmente en las ciudades), con juegos de sol y nubes especialmente apreciables para quien tuvo la fortuna de encontrar un clima fuera de serie, a veces hasta con algo parecido al calor.

En 1970 vi la buena película La hija de Ryan, de David Lean. Ocurre en 1916 en un poblado del County Kerry, al suroeste de la isla. Rosy Ryan (Sarah Miles) está casada con un aburrido maestro (Robert Mitchum) que ama la música de Beethoven pero su esposa se enamora de un mayor del ejército inglés, en un pueblo que detesta a esos invasores y apoya a la Irish Republican Brotherhood (IRB). La trama es lo de menos para lo que quiero evocar aquí: los paisajes y el jugo que les sacó el excelente camarógrafo. Recuerdo vivamente que el padre Collins (Trevor Howard) ver unos macizos de nubes que se abalanzaban sobre unos tremendos cantiles, y decía al presenciarlos “parece que estuvieran anunciando la llegada del Todopoderoso”.

Es buena idea pensar en el Todopoderoso cuando se aprecian ciertos paisajes irlandeses. No he vuelto a ver esa película pero bien pudo esa escena haber sido filmada en unas montañas que caen casi verticalmente al mar desde una altura que llega desde 120 hasta 214 metros sobre él; más que la Torre Latinoamericana. Y esos tremendos cantiles se alzan a ambos lados de un pequeño golfo de piedras rocosas y aguas multicolores. Imposible que los clavadistas de La Quebrada pretendieran una hazaña como echarse desde ellos, pues caen casi en vertical sobre el mar pero con destino en aguas llenas de rocas; a la entrada hay un monumento a las numerosas víctimas de los acantilados de Moher.

En una parte alta de esas montañas se alza una redonda torre de vigía, como varias que se ven en diversos puntos de la costa. Es una de las Martello Towers, sistema de vigilancia de las costas construido por los ingleses para protegerse de una invasión (fueron termiandas cuando temían la llegada del Adolf Hitler del siglo XIX, Napoleón). Todas ellas estaban suficientemente cercanas para poder mirarse de una a otras dos. Aparecen frecuentemente en los viajes cercanos al mar.

Y hablando de torres, en cualquier parte de este país aparece un castillo medieval o un palacio o las ruinas de una abadía, cuando no un monumento prehistórico megalítico con menhires o dólmenes. En el camino a Moher está el castillo de Dungaire, del siglo XVI, donde se ayudan para mantenerlo organizando comidas “medievales” donde seguramente sirven platillos muy interesantes pero con papas y jitomates, que en el medioevo no existían… No sé si esté siendo injusto en mi muy probable infundio porque los muy serios precios para tal atracción sin duda atraerán a los más insidiosos e incultos turistas: los chinos. Para unos viajeros como nosotros (no somos turistas, vámonos respetando), ese banquete resultaba prescindible.

Los castillos o palacios suelen bordear lagos a veces inmensos, o entradas de mar (rías o fiordos) a veces tan entrantes, hasta 30 km, que no es fácil distinguirlos de los lagos a menos que se pruebe si el agua es dulce o salada. Y lagos los hay en todas partes, con nombres en gaélico difíciles de retener.

Un notable palacio, enteramente victoriano, es el suntuoso Wylemore Abbey, en una región fértil de Connemara, County Galway. Mucho más bonito que el inmediato correlato que asalta a la memoria, el televisivo Downton Abbey. Éste está a las orillas del Pollacapall Lough (lago Pollacapall) con juncos en las orillas, aguas tranquilísimas y posibilidades sensacionales de fotografías que evocan una combinación de majestad yang con serenidad yin. Además el lugar está al pie de unas montañas altas.

Difícilmente podía concebir algo más suntuoso en Irlanda. Lo hizo un verdadero burgués, ese tal Mr Henry, a partir de 1867, cuando en México estaba siendo fusilado el emperador Maximiliano I (suceso que nada tiene que ver con un superpalacio inglés en Irlanda pero me gusta ubicar con referencias históricas).

Además de albergar 70 cuartos, 33 dormitorios y ¡4 baños, vaya costumbres higiénicas! el enorme terreno tiene una igual de enorme capilla neogótica de las que tanto gustaban en esa época, y un evidentemente enorme jardín victoriano, con todo y su Crystal Palace, género que se puso de moda en toda Europa a partir de la Gran Exhibición de 1851 en Hyde Park, Londres.

Esos grandes señorones ingleses no se andaban con modestias. Pero tampoco eran muy modestos a la hora de acudir al tapete verde, porque eventualmente Mr Henry le vendió su palacio al duque de Manchester y éste a su vez tuvo que venderlo para pagar deudas de juego. Ecos de mis recientes comentarios sobre Las Vegas y sobre ese gran aniquilador y redistribuidor de fortunas que son los juegos de azar, contra los que mi sabia madre hizo tan bien en prevenirme.

Eventualmente, luego de la gran tragedia de la Gran Guerra, que trastocó al mundo por todo un siglo, y ya con una Irlanda independiente, los monjes benedictinos tomaron posesión de ese palacio y allí siguen.

Hablaba de la suntuosidad en Kylemore Abbey pero no antes de ver el Ashford Castle, vecino a nuestro centro de control en la impecable, pequeña, caminable y amable ciudad de Cong. Colosalmente grande, de piedra muy oscura, con orígenes que van hasta principios del siglo XIII, y que a mediados del XIX compró nada menos que Benjamin Guinness, nieto de Arthur, ese gran hombre que desde 1770 se convirtió en benefactor de la humanidad como fabricante de la mejor cerveza del mundo (un producto tan bueno, que varios irlandeses dan ese black stuff como alimento a sus hijos, y madres embarazadas la beben para que su hijo salga más rollizo y saludable). Ese prohombre hizo un castillo realmente espectacular, grandísimo y lleno de plantas y árboles variados, con ese empeño naturalista que caracterizó a la cultura victoriana. Un verdadero latifundio, con pastos delicadísimos y a las orillas del Lough Corrib, muy cerca del Lough Mask. Esta fértil región está tapizada de lagos.

Conservan tal lujo los nuevos dueños del Ashford, hoy hotel de quién sabe cuántas estrellas adonde llegan pequeños cruceros fluviales recibidos por un gaitero escocés y atendidos por ujieres de librea verde que se deben sentir como monos de circo (de los que prohibió el egregio Partido Verde) al ser retratados por los visitantes. Por módicos superprecios estás disponible para hospedarse allí, o para tomar un high tea a partir de las cuatro de la tarde.

Frente a tal lujo conviven los restos de la abadía de Cong, que data del siglo XIII, con sus parques y puentes y entrantes de agua, y especialmente algo que jamás había visto: en una como islita sobre el río, y comunicada por un puente de dos inmensos bloques de piedra, una cabaña de piedra con un par de pequeñas ranuras en el suelo sobre el río, para que los ermitaños o monjes que la habitaban pudieran tirar una línea y desde allí obtener su alimento y cocerlo en un espacio donde había un quemador para leña con su chimenea. No debe haber sido por flojos sino para que la salida al mundo, y al frío, no los distrajera de sus oraciones. Vaya contraste de esa primaria y primigenia modestia monacal, con la suntuosidad de los castillos y fortalezas que merodean en el vecindario.

En la pequeña Cong, en 1950, ese vaquero con horrible acento texano llamado John Wayne filmó con Maureen O’Hara la película The quiet man, que hasta su museo tiene, y una escultura de bronce del Wayne descendiente de irlandeses cargándola. Todo eso, rodeado de lo que abunda en paredes y banquetas y puentes y comercios y parques de toda ciudad chica o grande o mediana de Irlanda: macizos de pequeñas flores multicolores, perfectamente cuidadas y mantenidas, en macetas sobre la calle, en las entradas de las tiendas, o colgadas de atriles de fierro de pubs y de restaurantes y hasta de gasolinerías. Flores y flores y flores, y después de esas flores, más flores.

Autor:

Fecha: 
Lunes, 31 de Agosto 2015 - 18:00
Redes sociales: 
1