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cultura

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Así escribo

Esta semana quería hablarles, con mayor entusiasmo, sobre Así escribo (Ediciones Cal y arena, 2015), libro donde Delia Juárez, con ilustraciones de Daniel Camacho, compila la “forma en que enfrentan el misterio de la creación” 53 autores mexicanos.

Pero lo cierto es que no hay mucho por decir. Más allá de los clichés, de las poses, del querer ser diferente sin lograrlo, del tan manoseado –¿saboreado?- café, de los gatos, de la escritura a mano con sus plumas Montblanc o Parker a la manera romántica, no hay verdaderas revelaciones: son demasiado personas (tal vez el problema no sean los escritores, sino los que creemos en que son otra cosa).

Se dice que a los autores hay que encontrarlos en los libros y no en persona, porque podemos llevarnos una desilusión. De alguna manera, pensamos en que están envueltos en un aura distinta o que vibran diferente, y los hay que sí, pero son los menos.

En este libro nos encontramos escritores de trayectoria, pensando y escribiendo su literatura entre hijos, maridos, esposas, recién nacidos; trabajos de oficina, viajes, cafés...

Me refiero a que el mito se desdibuja. ¿Cuántos grandes autores de la historia de la literatura universal, les damos elementos que en vida no tenían?

En este libro, algunos escritores, como Hugo Hiriart, se arriesgan un tanto, se quitan importancia, como en su caso que da en el punto central de la experiencia creativa: la imaginación, más allá de la forma, de la estética, de la retórica que se adquiere con los años.

O como Carlos Velázquez, autor de El karma de vivir al norte, se sinceran: su acto de escribir no es mágico ni místico, es algo con lo que se encontró, que ni siquiera termina por gustarle. Simplemente anda por ahí, entre unas buenas líneas, la suerte y su vida diaria.

Esa forma natural de concebir y hacer literatura es la que se diferencia del resto, no hay más allá de un tener qué, en este caso, escribir. Entonces el café se derrama y el gato se esfuma y toda esa parafernalia se huye del cuarto para dejar la verdadera y honesta razón por la que se escribe.

Hay otros más que francamente les importa ya muy poco el “cómo escribo”, porque el acto de escribir va evolucionando, y éste se va quitando capas como por ejemplo, la preocupación por lo estético o el barroquismo famoso que Borges adjudicaba únicamente a los jóvenes, porque debían ocultar que no tenían nada qué decir.

O el tiempo: la hora propicia por escribir o el lugar correctamente decorado para llamar a la inspiración, etcétera. Al final, todo se reduce a escribir cuando se tiene que escribir; es decir, a la hora que sea y donde sea.

Eso sí, para los lectores puede resultar revelador el hecho de darse cuenta, con este libro, que la inmensa mayoría de los autores, aunque sean reconocidos en México o incluso internacionalmente, deben alternar el oficio de la escritura con algunas otras ocupaciones laborales.

La literatura es así, los libros son para leerse en el futuro, en un siempre después que llega casi siempre cuando el autor es mayor o está muerto, pocos gozan en la mediana edad de sus logros literarios, de regalías o de tener muchos lectores.

Octavio Paz debía tener razón cuando afirmó que “ninguna sociedad acepta a sus escritores hasta que ha asimilado lo que dijeron”. Y asimilar cuesta años.

Así escribo apenas esboza la tarea del escritor, el rigor, el trabajo que requiere escribir una obra y cuánta cantidad de novelas, cuentos, ensayos o poemas se quedan en un cajón o se queman o se eliminan de la computadora.

Aunque este libro sí agrega un elemento nuevo: todo el sinnúmero de distracciones a los que se enfrenta, e incluso se han adaptado a esto, los autores, como escribir en pausas mientras se atiende el correo electrónico, el Twitter o Facebook.

En fin, Así escribo da una pincelada de lo que hay detrás del autor, el ser humano, pero no demasiado, lo necesario para ser una muestra que, para un lector curioso o interesado en saber qué hay o quién está detrás de cada obra, puede resultarle atractivo para leerlo en algún viaje.

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Viernes, 20 de Noviembre 2015 - 16:00
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Historia de los marranos

Bola hueca de barro seco, olla cargada de alquitrán u otro material inflamable, utilizada como arma de guerra. O sea, la tatarabuela de las bombas molotov, que hizo su entrada triunfal a España con los ejércitos árabes y que fue un arma de las huestes de Alejandro Magno.

Con fines lúdicos o quizá de entrenamiento militar estaban los juegos de alcancías; torneos en los que los contendientes se arrojaban las bolas huecas de barro, que en realidad ni tan huecas, porque contenían ceniza o flores.

Los caballeros andantes tenían cuidado de poner el escudo para que, cuando menos, no se les abollara el morrión y las damas de la corte con los señores feudales continuaran disfrutando del intercambio de golpes dados con la alcancía, es decir alcanciazos. A esta actividad también se le llamaba correr alcancías. Cada quien sus guerras floridas o su juego de pelota.

También existieron las alcancías de mar cuyo fin era incendiar el barco enemigo. Tuvieron todo qué ver en las batallas navales del Viejo Mundo.

Antes de que los niños fueran enseñados a ahorrar con este objeto, la alcancía tuvo que adoptar la forma de cerdito que tiene hasta hoy en día y eso ocurrió en la Inglaterra del siglo XV.

Algunos utensilios de cocina, entre ellos cazuelas, eran fabricados con una arcilla de color entre rosa y anaranjado que era llamada pygg. La gente comenzó a usar sus ollas para guardar monedas. En el siglo XVIII esos cacharros empezaron a ser conocidos como Piggy Bank, juego de palabras entre "pygg" arcilla rosada y "pig", cerdo.

El ganado porcino es otro de los elementos que cumple función de dinero. Como a las vacas o los caballos, se les vende vivos o se les mata y se aprovecha la venta de su carne o ésta se macera para alimentar a la familia durante un tiempo.

Previamente se les ha puesto en engorda. Como a las alcancías, que cuando se llenan y no hay lugar para más monedas, se destruyen y se tiene entonces acceso al dinero ahorrado.

El cerdo, todavía más que cualquier otro animal domesticado se asocia con la idea de guardar para el futuro. Creo que a eso se debe que las alcancías con forma de vacas, caballos, burros, perros o elefantes no tengan el éxito de las de chancho. Esa es la hucha, el cofre, el hurtadineros o ladronera; la olla ciega por antonomasia, la alkanzíyya del árabe andalusí, el objeto coleccionable que es ya, por sí mismo un símbolo de riqueza, de prosperidad material y para algunos, un amuleto para ahuyentar la pobreza.

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Referencias

https://es.wikipedia.org/wiki/Alcanc%C3%ADa_(recipiente)

https://es.wikipedia.org/wiki/Hucha

http://etimologiasmilitares.blogspot.mx/2014/02/alcancia.html

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Jueves, 19 de Noviembre 2015 - 16:30
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Apología de la felicidad

Enrique Vila-Matas, uno de los escritores que más disfruto, decía que las conversaciones en las que se pronunciaban más de dos tópicos seguidos, le parecían una pérdida de tiempo. De manera que si, por ejemplo, un taxista le preguntaba si se había fijado en el tiempo, él le respondía que no, que él se había fijado en la luz. Y si alguien le decía otra obviedad, por ejemplo: «Está lloviendo», él le respondía que no: que no estaba lloviendo. Hacía esto para romper el cliché, pero también para romper con la realidad.

A mí me pasa lo mismo que a Vila-Matas, cuando la gente me habla de la felicidad. No soporto a las personas que juzgan a alguien por ser infeliz. Y mucho menos que le quieran mostrar el camino de la felicidad, mediante un montón de frases hechas que no llevan a ninguna parte. Uno de los clichés que más he escuchado dice que la felicidad consiste en alcanzar la paz con uno mismo, con las personas y las situaciones que lo rodean. Y sin embargo, yo vivo en guerra constante conmigo mismo y con muchas de las personas y situaciones que me rodean. De manera que, mientras que no encuentre la fórmula para conciliar todas las cosas, he llegado a creer que la felicidad, como escribió Javier Cercas, supone soportar con valentía cierta carga de sufrimiento. Con esto, quiero decir que he decidido unirme a la postura filosófica de los estoicos.

John Keats, el poeta inglés, escribió: «Soy un cobarde, no puedo soportar el sufrimiento de ser feliz». Me identifico con esa frase. He pasado cada etapa de mi vida sintiéndome infeliz para terminar, a la vuelta de los años, sintiendo una terrible nostalgia por lo feliz que fui en ese tiempo sin darme cuenta. Lo peor de ser feliz es que cuando lo somos, no lo sabemos.

La felicidad, al final, es como las liebres que persiguen los galgos en las carreras.

¿Será cierto, como dijeron Ausonio y Goethe, que la felicidad consiste en no ambicionar lo imposible y aprender a limitarse?

Robertson Davies, escritor canadiense, aseguraba que, debido a su temperamento, ciertas personas tenían la propensión innata a ser felices. Tengo amigos que no paran de reír y decir cosas graciosas. Creo que la risa les deja poco espacio para la infelicidad. Pero también he conocido a personas muy simples, que no se han hecho grandes expectativas de la vida y que parecen ser felices. Aunque este texto no es una apología del sufrimiento, debo reconocer, por paradójico que parezca, que en medio de algunos de los momentos de mayor sufrimiento he experimentado momentos muy felices.

Cuando alguien quiera darme consejos banales para ser feliz, tal vez haga lo mismo que Enrique Vila-Matas y le diga que la felicidad no existe. Y si la felicidad no existe, nuestra obligación es inventarla.

Yo la invento en el silencio de la mañana, en el primer trago del café, en el instante en que abro un paquete con un libro, en las conversaciones con mi hijo y cuando lo observo dormir, en mis paseos por la ciudad al ir al encuentro de algo o de alguien.

Descubrir aquellos minúsculos e insospechados placeres; aquellas satisfacciones íntimas que rompan en medio del día. Y todo eso, para poder soportar con valentía cierta carga de sufrimiento.

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Martes, 17 de Noviembre 2015 - 16:00
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Libros libres

Hay un día en el año en que la gente deja libros en cualquier lugar para que alguien los encuentre, voy en bicicleta a buscarlos y a “sembrar” los míos. Encontré uno a media calle, más parecía extraviado que echado a propósito porque no tenía escrita la leyenda que se acostumbra: “Este libro no está perdido, lo dejé para quien lo encuentre”.

En el libro callejero que encontré, “Falacias de la psicología” dice Rolf Degen que: “…la mayoría de la gente  sana más rápidamente muchos de sus trastornos mentales si no acude a psicoterapia”

Añade Sergio Parra: “…Pero gran parte de la psicología se ha caracterizado por un desfile de teorías que, con el tiempo han ido revelándose como simples modas pasajeras incapaces de responder a las grandes cuestiones sobre la naturaleza humana”.  Y comenta Andrea Abele-Brehm: “Si la gente llegara a enterarse de lo que hacen realmente los psicólogos, dejarían de tenernos respeto”

Se podría asumir que la psicología se destacó porque la filosofía no era entendida del todo y algunos más livianos de mente decidieron que eso eran patrañas de predicadores sin oficio ni beneficio, sin embargo, entendían la complejidad de la mente y sabían que esos viejos desocupados llamados filósofos pensaban, razonaban y sobre todas las cosas usaban el desatendido y muy certero sentido común.

Es mi opinión, la psicología académica es solo una forma de recordarle al ser humano que el sentido común y la lógica natural de cada cerebro es lo que hace que se entienda a otros y a sí mismo, y que los estudiantes podrán ayudar a los que pobremente han explorado sus sentidos, actos y consecuencias.

Desarrollar los sentidos no es cosa de otro mundo, no se trata de extraterrestres o cosa exclusiva de los adivinos, profetas o estudiosos de las letras y las artes; es cosa tan simple como pensar, en pocas palabras usar el cerebro. Supe de muchas personas que eligieron como carrera universitaria la psicología porque no requería de las matemáticas, no sabían que el requisito principal de la psicología es precisamente, pensar y razonar que al final es lo mismo que se hace cuando se suma, se resta, se multiplica o se divide. Otros muchos eligieron otras carreras que no requieren de las matemáticas y se refleja por ejemplo, en el sistema judicial, aunque éste es tema aparte.

Para usar el sentido común hacer falta conectar situaciones, hechos, actitudes y buscar la referencia entre las cosas, las personas y las vivencias, las acciones y las consecuencias. Ser analítico no es la proeza que se quiera realizar, se dice que esto nos hace complicados e irracionales, solo que una vez entrenados por cuenta propia y con mucho valor, esto del sentido común simplemente se vuelve parte de la vida cotidiana de cada uno, aunque los demás se aburran de escuchar.

No es necesario tampoco, hacer uso de estimulantes agresivos como lo hizo Freud durante toda su vida para conectar con el ser interior y descubrir lo que le sucede a los demás. En ese caso el sentido común, la lectura y la filosofía natural del ser humano son el mejor estimulante, cosa que nos convertiría a todos en expertos del razonamiento, la armonía y el comportamiento humano sin necesidad de ayudas externas.

Grandes filósofos como Diógenes y Antístenes, precursores de la disciplina de los cínicos, seguían entre otros a Platón, porque se interesaban en lo que él decía y lo llevaban a la práctica, si les funcionaba lo compartían; muchas veces lo compartían advirtiendo que a ellos no les había servido de nada, sin embargo lo dejaban al conocimiento de los demás.  Usaban su cerebro porque decidieron un día dejarlo todo para explorarse sin nada material o cómodo, cargar un cráneo arriba de los hombros tendría que tener una razón.

El único libro que he encontrado en cada siembra de libros ha sido “Falacias de Psicología” de Rolf Degen, que más bien vino a darme la razón tropezándose conmigo a media calle, cuando mi bicicleta se atoró en un bache.

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Viernes, 13 de Noviembre 2015 - 18:30
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Sanador de caballos

 

Autor: Gonzalo Giner

Editorial: Planeta

“Sueña con metas altas y volaras como las águilas”. El autor

Una novela cuyo protagonista es un “Albéitar” o “Sanador de Caballos” en la península árabe en el Siglo XIII, en plena contienda de reconquista de los reinos católicos contra el poderoso reino de Al-Ándalus, donde la historia, el conocimiento, la intriga y la pasión son mezcladas magistralmente por Gonzalo Ginés quien hizo esté libro, su proyecto más personal y ambicioso.

Autor del “Secreto de la Logia” (2004)  nos adentra dentro de una de las profesiones más fascinantes y jamás explotadas por la literatura…el oficio de “Albéitar” como llamaban los árabes a los que los romanos difundieron como “Veterinarius”. El autor de profesión veterinaria, nos adentra dentro del conocimiento de ésta ciencia que antaño tenía una gran importancia, al grado que Reyes y nobles necesitaban de tan apreciado oficio para mantener sus caballos (principal maquinaria bélica) en óptimas condiciones.

En sus páginas nos adentraremos en la vida de “Diego de Malagón” personaje ficticio quien a los catorce años vio como los sarracenos atacaban su villa en los linderos de Alarcos, ciudad cercana a Toledo, quien tras la ofensiva árabe, llego a ser el límite entre los reinos cristianos y la zona conocida como “Al Ándalus”, cuyo territorio comprendía el sur de la península ibérica y de la Septimania bajo poder musulmán durante la Edad Media.

Sin familia y sin dinero, Diego de Malagón huye a la ciudad de Toledo donde tras una serie de peripecias junto a su yegua “Sabba” (de raza árabe y fiel acompañante de nuestro protagonista) logra ganarse la confianza de un “Albéitar” de nombre Galib, quien lo empieza a introducir en el fascinante mundo de la medicina animal, al grado que su anhelo de conocimientos lo hará involucrarse en intrigas palaciegas y triángulos amorosos.

El cautiverio de sus hermanas en manos del Califa Muhammad Al Nasir  (conocido por ser el constructor de la Giralda en Sevilla y también por perder contra los cristianos la célebre batalla conocida como LAS NAVAS DE TOLOSA), quienes presas en el harén de éste en Marraquech, serán uno de los principales objetivos de nuestro protagonista que buscará indagar sobre su paradero, haciendo que éste joven humilde y ambicioso logre cumplir la promesa hecha a su padre de defender a la familia de la rapacidad árabe.

Su padre, minutos antes de morir, le dio un consejo que guió a nuestro protagonista en cada uno de sus actos y que a la letra dice así: “Sueña con metas altas y volarás como las águilas. Eso debes hacer; alcanzar las cumbres de la vida. Busca al que sea sabio y aprende de él. Usa bien la ambición sin por ello dañar a nadie (…) No te dejes avasallar por nadie y aunque hayas nacido en un hogar humilde, no te consideres por ello indigno…”

Sin duda una novela que nos transportará a los reinos cristianos de Castilla, León y Navarra, donde la ficción y la historia, se conjugan para crear una novela fascinante sobre el maravilloso mundo de los equinos y la medicina medieval, etapa conocida como del “oscurantismo” pero que a todas luces fue un periodo donde el saber  y los conocimientos se incubaron y transmitieron sólo a los elegidos cual piedra filosofal.

Veremos transitar en ésta obra a personajes históricos  como a los Reyes Alfonso IX de León y Alfonso VIII de Castilla, así como al Rey Sancho VII de Navarra y a personajes tan complejos como fascinantes como a Ibn Qadis, quien perdió la fortaleza de Salvatierra en manos de los cristianos y la orden CALATRAVA, situación que le acarreó la muerte en manos del Califa Muhammad al Nasir.

Una obra que será sin dudas un clásico de la literatura histórica, por lo que al autor ya se le compara con el estadounidense NOAH GORDON, el multi galardonado autor del libro EL MEDICO y que nos hará ver esa etapa caballeresca, como el preludio de lo que somos hoy y que sin duda hará que nuestra próxima visita al veterinario, veamos a ese profesionista como el heredero de una ciencia noble y antigua y no únicamente como el garante de la salud de nuestras mascotas.

Novela apta para los amantes de los equinos, la historia y la ciencia. Un libro que sin duda, deberá de estar en su biblioteca.

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Gonzalo Giner
Autor

 

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Viernes, 13 de Noviembre 2015 - 17:30
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El cartero

Las invitaciones no aceptadas, las justificaciones para no asistir a una reunión, la falta de diálogo, la ausencia, el silencio y la distancia física pueden alejar a los amigos virtuales. Con papel, sobres y correo ordinario, las distancias se acortan y no existe la despersonalización en la comunicación.

Hace años cuando no existía el internet como herramienta de comunicación, cuando los carteros tenían muchas noticias malas y buenas para repartir de casa en casa. Cuando los buzones de las casas se llenaban de tarjetas de cumpleaños, felicitaciones por navidad, de cartas de los familiares repatriados, condolencias y telegramas; se llenaba de personas en forma de letra. A veces, se esperaba en la puerta de casa la hora de llegada del cartero que, puntual, cuadra a cuadra en su bicicleta y morral de cuero al hombro saludaba atento sin saber si la noticia que entregaba era agradable.

Las cartas recibidas invariablemente empezaban con un obligatorio: “Querido (a): Disculpa que no te escribí antes, pero es que…”,  seguido de: “espero que tú y tu familia se encuentren bien de salud”,  para terminar con el riguroso: “escribe pronto, te quiere, tal”. Ensalivar el sobre, comprar el timbre postal, abrir la bandeja del buzón de correos, deslizar el sobre y verificar de nueva cuenta que la carta cayó en su lugar;  a unos pasos del buzón por alguna razón se echaba un último vistazo a la caja postal, quizá la carta se salió volando o el correo como magia ya iniciaba su recorrido.

En la escuela primaria se aprendía cómo escribir una carta: la letra debía ser legible, el vocabulario completo y educado, la sangría, los párrafos, el saludo y la despedida; el lugar donde debía escribirse el remitente y el destinatario, además de la esquina correcta para pegar el timbre postal. (Alguna vez se dijo que si el timbre se colocaba al revés, significaba el envío de un beso a manera de complicidad). Si una carta no llevaba la dirección correcta se devolvía al remitente y la desilusión aparecía en el rostro del escribano por haber recibido su misma carta y no la contestación anhelada.

Había cajas de papel con diferentes diseños para escribir cartas en todas las papelerías, oficinas de correos y buzones por todos lados, el cartero de la colonia era conocido por su nombre y el 12 de Noviembre la propina de regalo para celebrar al cartero no podía faltar.

Los tiempos cambian y la nostalgia hace mella porque las redes sociales y el correo electrónico acercó tanto al mundo, que el mundo mismo parece alejarse. La comunicación electrónica provoca la despersonalización de las misivas, la carencia de detalles o la exageración de éstos; la falta de vocabulario y la inexactitud de los destinatarios, la publicación de una noticia muy personal se hace tan pública que deja de ser significativa. Los grandes momentos en la vida de una persona no son más una complicidad, los besos ya no son con un timbre al revés ahora son con monos y se sienten de una fría manera.

‘El que corre’ les llamaron a los mensajeros que corrían relevos de casi 10 kilómetros para entregar información importante entre las comunidades. Después de correr, se subieron a un caballo, luego a la bicicleta y los actuales ya no corren y no siempre les vemos el rostro, andan montados en su motocicleta ataviados con un enorme casco de protección, al menos en las motocicletas es más difícil que los alance un perro.

No olviden felicitar al cartero en persona, esperando que él mismo recuerde que desde el 12 de noviembre de 1931 se conmemora a los personajes que se encargan de alimentar los buzones metálicos con todo tipo de noticias y por supuesto, los recibos para pagar las cuentas. ¡Feliz día, señor Cartero!

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Martes, 10 de Noviembre 2015 - 16:30
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El mexicano y la pirámide

México, encauzado tanto por su historia como por su fervor religioso, ha estado intrínsecamente ligado al enigma de la pirámide. Sociedad piramidal en fondo y forma, en culto y costumbre. Curiosamente, por decir lo menos, una estructura de dicha naturaleza es la que de mejor manera estratificaba los diferentes niveles del conjunto social mexica en la era precortesiana: Los macehuales (agricultores, artesanos, albañiles, etc) componían su base, un nivel más arriba se encontraban los pochtecas (comerciantes/espías al servicio del Tlatoani), un poco más arriba los guerreros condecorados, sacerdotes y la nobleza en general. En la solitaria cima, en el vértice de la pirámide, como elemento único, el Rey/Sacerdote/Militar, el Tlatoani.  La herencia de sus antepasados teotihuacanos, toltecas y mayas, reafirmaba la concepción de la pirámide como elemento fundamental de la reverencia teológica. En la base, se encontraba la humanidad misma y en su cima, aquellos capaces de comprender la voluntad mística detrás de sus designios y mensajes. Más allá de ella, se encontraban los dioses mismos que conformaban su Panteón. La clase gobernante, sacerdotes y nobles formaba parte, por partida doble, de tales premisas. Ellos pertenecían a los estratos más altos de su conjunto social y como tales, les estaba permitido acceder también, durante las festividades, ritos y ceremonias de carácter religioso, a la cumbre de los recintos arquitectónicos creados con dicho fin. Los demás debían de conformarse en observar, desde abajo, aquello que se estaba llevando a cabo en la cima, cual meros espectadores. La instauración del régimen virreinal, la larga carrera independentista, la revolución de 1910 y la posterior implantación de la democracia institucional, matizaron los vértices del poliedro, más no su estructura. Las clases gobernantes, primero españoles peninsulares, caudillos, terratenientes y políticos, siglos después, continuaron  posicionándose en dicha cumbre, participando activamente de las ceremonias que permitían decidir sobre el destino de los hombres.

En 1943, Abraham Maslow publicó “A Theory of Human Motivation”, estudio que obtuvo importante notoriedad dentro de los ámbitos de la psicología y las denominadas ciencias sociales, el cual segmentaba en cinco niveles jerárquicos (representados gráficamente a través de una estructura piramidal) las necesidades humanas, propuesta por el autor; de éstos, cuatro  son agrupados como “necesidades de déficit o primordiales” y el último, como “De autorrealización o motivación de crecimiento”. Bajo esta premisa, no se podía acceder ni solventar los estratos más altos de realización, que representan bajo la óptica del autor la auténtica, si bien discutible, realización individual sin antes haberse ocupado de los primeros. A setenta y dos años de la publicación del mencionado estudio y casi quinientos del ocaso de la sociedad de Mexico-Tenochtitlan, cuesta creer que el mexicano, en lo general,  no ha logrado superar su condición de observador de ritos y ceremonias de la pirámide mexica ni superado siquiera los niveles más elementales de aquella planteada por Maslow; Fisiología (alimentación, descanso) y Seguridad (física, de empleo, de recursos, de salud, de propiedad privada), primero y segundo de los niveles planteados en la obra del psicólogo de Brooklyn, respectivamente, siguen apareciendo cual fugaces espejismos. Acorde con información dada a conocer hace un par de semanas por el CONEVAL (Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social), cien mil connacionales salieron del estrato denominado en nuestro país como de pobreza extrema en el transcurso del año pasado: esto es, acorde con la metodología actual, carentes aún de agua potable, vivienda, educación, atención en la salud y servicios básicos en el hogar, pasaron de vivir con menos de un dólar y medio al día ($1.25 USD) a un estrato que se clasifica por sobrevivir, término más adecuado, con apenas dos dólares al día ($2.00 USD). Necesidades primordiales no resueltas, diría Maslow, que imposibiltan la autorrealización personal. No sólo eso, más de 87 millones continúan situándose dentro del rubro denominado como de pobreza moderada, con un gasto promedio diario inferior a los $20.00 dólares. Sólo 1% del PIB se encuentra actualmente destinado a la SEDESOL y la SAGARPA, mismo porcentaje que el asignado a la Presidencia, la Secretaría de Gobernación y algunas otras. El mexicano, a casi un siglo de la publicación del estudio, sigue careciendo de estabilidad económica, física y emocional. El éxito y la realización continúan siendo rubros lejanos, quiméricos, inasequibles. Lo importante continúa siendo lo necesario, lo inmediato, lo urgente: cali huan tlacualli, casa y sustento. “Es demasiado difícil pensar noblemente cuando no se piensa más que en vivir”, acotaba en su momento Rousseau. Bien podría estarse refiriendo al México actual.   

En nuestra nación, ambas pirámides (la del conjunto social mexica y la planteada por Maslow)  continúan existiendo, en el siglo XXI; no son capaces de dejar de hacerlo y de servir de referencia puesto que mantienen sus dos elementos discernibles y eternos: Una base, la población en general y una cima, un vértice, en la figura de su clase política y empresarial. Los mexicas, la última de las grandes civilizaciones prehispánicas, creían firmemente en una concepción circular del tiempo en la que nada cambia, renace para ser igual, ciclo infinito que conserva el mismo sentido y la misma forma; quizás, más allá de cualquier otro, éste resulta su legado más importante para el México actual: la visión de que todo, límites y arquetipos sociales, políticos y aún dogmáticos, subsisten, se matizan o adaptan, pero nunca desaparecen.

Se perpetúan.   

Los limitados alcances de la política social, la falta de competitividad y de oportunidades, el rezago educativo y cultural nos siguen haciendo simples espectadores de la toma de decisiones que se barajan, discuten y aprueban o rechazan en la cima de la pirámide. El mexicano, macehual al fin, continúa luchando por satisfacer sus necesidades más elementales al tiempo que, a distancia, observa los ritos y ceremonias que determinan su propio porvenir.

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Martes, 10 de Noviembre 2015 - 17:00
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Cancionero

Esta vez, en nuestra cápsula del tiempo de cada cinco semanas recordaremos la forma en que la música era un sano pasatiempo para los jóvenes a través de los cancioneros y las serenatas.

Existió un momento en la historia de México en el que tocar la guitarra era un pasatiempo común entre los jóvenes de la época y para ello, utilizaban un cuadernillo que contenía los acordes y letras de las canciones llamado: cancionero. En ese mismo tiempo, el bolero (canción de ritmo lento, bailable y originaria de Cuba con un compás de dos por cuatro y letras melancólicas) llegó a México a través de la Península de Yucatán y de la mano de Guty Cárdenas cuando aproximadamente en 1913 compusiera el primer bolero llamado “Presentimiento” mismo que grabó en Nueva York; sin duda, fue la influencia de la radio y principalmente, de la XEW (estación radiofónica) lo que ayudó a consolidar al bolero durante casi treinta años en el gusto popular hasta mediados de los años sesenta cuando empezó su decadencia.

Con el bolero llegaron también los dúos, tríos o cuartetos musicales y con ellos, se extendió la costumbre de llevar serenata a las damas con ánimos de conquista, reconciliación o simplemente de expresar sentimientos a través del romance de las canciones. Con el tiempo, la serenata tradicional emigró a las estaciones de radio para dedicar por esta vía las canciones a la persona celebrada o amada o como broma entre amigos.

La costumbre de tocar la guitarra como pasatiempo dio lugar a serenatas con motivo del día de las madres, para celebrar el día de la amistad o simplemente para reunirse y pasar un buen rato cantando. Seguramente en algún rincón de la casa, nuestras abuelitas guardan algún disco de boleros o un cancionero.

De entre los compositores e intérpretes más destacados, hemos heredado hermosas letras y melodías:

Solamente una vez se entrega el alma / con la dulce y total renunciación / y cuando ese milagro realiza el prodigio de amarse / hay campanas de fiesta que cantan en el corazón (Solamente una vez, Agustín Lara)

Tú me acostumbraste a todas esas cosas / y tú me enseñaste que son maravillosas / sutil llegaste a mi como la tentación / llenando de inquietud mi corazón (Tú me acostumbraste, Olga Guillot)

Bésame, bésame mucho / como si fuera esta noche la última vez / Bésame, bésame mucho / que tengo miedo a tenerte y perderte después (Bésame mucho, Consuelo Velázquez)

Somos novios / mantenemos un cariño limpio y puro / como todos procuramos el momento más oscuro (Somos novios, Armando Manzanero)

Angustia de no tenerte a ti / tormento de no tener tu amor / angustia de no besarte mas / nostalgia de no escuchar tu voz (Angustia, Bienvenido Granda)

¡Qué dicha y qué privilegio para quienes vivieron la época dorada de un México que parecía marchar a otra velocidad, con una sensibilidad más romántica y una creatividad que daba lugar a composiciones que dieron la vuelta al mundo y que conquistaron más de un corazón o dieron paso a la reconciliación! Ojalá rescatáramos esos momentos al menos por mera cultura general y para descubrir que los antecedentes de la música mexicana distan mucho de lo que hoy conocemos como el pop en español.

¡Ay qué tiempos, señor Don Simón!

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Fuentes:

http://www.dcubanos.com/sabiasque/el-bolero-la-herencia-de-cuba

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Martes, 10 de Noviembre 2015 - 16:00
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…No me esperes despierta...

De pronto, patria, vértigo y angustia/ miedo, distancia, huecos y vacíos/

De pronto lágrimas...

Todo se disipa al ver brillar el sol de tus volados.

Saberte, Imaginarte entre mis brazos;

Acudir a tu encuentro, acariciarte, oler tus humedades y tu polvo,

Y tus resequedades/ La injusticia.

 

De pronto Patria; delirio de tres silabas,

Te vuelves coro abrumador en mi alma

Porque me acompañaste en mi destierro

Cargando tu sabor y mis recuerdos,

Tu música, tus rincones y mis duelos.

has traído conmigo por donde quiera

Mi orgullo de tu piel sobre mis huesos

Tus trompos, tus canicas, tus baleros.

Patria y voz en el eco de mis gritos

Que desafían al mar que nos separa;

Sabes que desde niño te he adorado;

Que te llevo marcada como a fuego

En el cuerpo y el alma.

Cuántas veces arena entre tus dedos,

He salido de ti con mis hermanos;

Prófugo entre migrantes;

La dolorosa Eucaristía del hambre

Hambre e incertidumbre

Incertidumbre y miedo.

Eres patria, camión por el desierto,

Cargada de pesadillas y de anhelos.

 

Nunca me fui de ti;

Tus raíces se tejen bajo tierra

Entre los huesos amados de mis muertos,

Que nutren las manzanas de tus huertos.

Tu nombre en las batallas y en los júbilos

Por los patios vacíos de mi regreso

Y esta vejez que apenas amanece

Sobre los claroscuros del silencio.

Me imaginaba envuelto con tus besos,

Mientras corría tu llanto por mis sienes,

Y yo miraba oscuros los insomnios solo pensando en ti...

Con ansias de abrazar tus litorales y de cruzar el río de tus regresos.

Vuelven a ti mi joven y mi niño

Vuelve a ti mi nostalgia y se derrite

Al calor de volverte a ver de nuevo.

Patria de organilleros y de magos;

De héroes y de quimeras;

Vuelan mis golondrinas a tus costas;

A tus senos nevados.

Me imagino volviendo a ti

Por el mismo desierto que he cruzado,

Asido a tus canciones entonadas para que no olvidaras que soy tu hijo;

Para que no olvidaras mi esperanza.

Tierra de Guadalupe y de San Judas;

De Cristo Rey de miles de Rosarios;

Cuántos pañuelos, aquellas terminales,

Cuántas fronteras, tierra de milagros.

Te llevo en mi, con orgullo en las heridas/

Que se abrieron al irme y añorarte;

Estas en mis arrugas y en los callos

De estas manos que sueñan con tocarte.

Vértigo de volver/ de haberme ido,

Nunca saldrás de mí porque te amo

En tu crisol de lágrimas y abrazos,

Calaveras de azúcar y cohetones

Te recuerdo sonriendo en tus balcones.

En la inmensa distancia de estos años

Han llorado tus nubes a mi lado tu grito pertinaz multiplicado

Caleidoscopio de canciones y relámpagos

Me acercan a tu espera y tu vigilia.

Quería llegar a ti;  no morir lejos.

Volverme polvo sobre del suelo amado de tu norte;

Morir en ti como renace el trigo.

No me esperes despierta patria mía/ permite que te lleve serenata/

Y que vierta en tu suelo todo el llanto que no ha sido llorado.

No me esperes despierta patria mía; deja que te me acerque por la noche,

Y te diga al oído que te amo; y me acueste a tu lado ya sin miedo,

Sabiéndome arropado en tu paisaje.

 

                                                          Stahringen/ Baden Wurtemberg, Alemania

                                                                                                   Verano  2011

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“NO ME ESPERES DESPIERTA”, es un texto que corresponde con los últimos 12 años de mi vida, y forma parte del libro titulado “Mexico en Carne Propia”, que no había podido terminar, porque la historia que cuenta no había concluido aún.

Lo comparto con Ustedes, para agradecer y celebrar esa etapa de mi vida; un camino que tenía que recorrer y que, ahora, me ha traído ante sus ojos.

Fecha: 
Miércoles, 04 de Noviembre 2015 - 16:00
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Entre flores e inciensos

El uno de noviembre, Día de Todos los Santos y el dos de noviembre, Día de los Fieles Difuntos son dos fechas en el calendario que marcan la celebración del día de muertos. Ancestralmente, las culturas que poblaron territorio mexicano realizaban una serie de rituales mortuorios como parte de una dualidad vida-muerte presente en un ciclo sin fin de la existencia humana. Para dichas culturas, el culto a la muerte se relacionaba directamente con la adoración a sus dioses y a ellos les dedicaban sus ofrendas y sacrificios, de ahí la costumbre de enterrar a los difuntos con diversos objetos que los acompañaban por el largo recorrido hasta el Mictlan (En náhuatl, lugar de los muertos).

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Las ofrendas que conocemos actualmente y que incluso solemos colocar en nuestros hogares, oficinas, escuelas o en espacios públicos son resultado de la mezcla de la religión politeísta de la época precolombina y la influencia cristiana de los españoles, por ello encontramos como elementos esenciales una cruz, la foto del difunto y flores de cempasúchil.

Sobre estas últimas (flor de veinte pétalos por sus raíces en lengua náhuatl cempoal-veinte y Xóchitl-flor), se dice que además de estar presente en los altares de ofrendas y tumbas, es uno de los íconos representativos de México a nivel mundial y su uso se ha extendido para la fabricación de insecticidas y ciertos medicamentos. Las flores, presentes en todos los grandes momentos de la vida (incluida la muerte), son también un lenguaje que comunica sentimientos y emociones, quizá de ahí la frase: “dígalo con flores” y aunque hay quien opina que es mejor regalarlas en vida que llevarlas a una tumba, en el caso de las ofrendas se dice que sirven para guiar las almas de los difuntos en este mundo a través del olor.

La Catrina (así bautizada por el muralista Diego Rivera) y creada por José Guadalupe Posada a la que él llamaba La Calavera Garbancera (la que pretende aparentar lo que no es) –a través de la cual realizaba fuertes críticas sociales a las situaciones de injusticia y desigualdad en el país durante la época porfiriana– actualmente es otro elemento distintivo de la celebración a los muertos, además de haberse convertido en una artesanía que simboliza el mestizaje, y resalta la riqueza formal y espiritual de México.

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Otro elemento más lúdico e intelectual a la vez es la calaverita literaria, escrita con un lenguaje satírico o burlesco y compuesta en verso para hacer burla tanto al vivo como al muerto en un afán de reflejar el espíritu y festividad del mexicano ante la muerte.

Ofrendas, calacas vestidas de catrina, calaveritas literarias o comparsas (como las realizadas en Oaxaca) todas ellas, son parte de una tradición que ha ido tomando forma y elementos desde la época prehispánica hasta nuestros días y que desde mi apreciación, nada le pide a las celebraciones o disfraces del día de brujas realizado en el país vecino gringo, razón por la cual debemos tener cuidado de no caer en el exceso y el consumismo tan solo por seguir una moda o para hacernos presentes en las redes sociales únicamente.

Más allá del ritual o del tipo de celebración que realicemos, vale la pena preguntarse qué significado tiene la muerte para cada uno en un contexto que nada tiene que ver con el sentido religioso de las culturas precolombinas y que está enmarcado de violencia, desigualdad, enfermedad, caos y guerra por mencionar algunos y que nos vuelve indiferentes ante la muerte porque la vemos todos los días en los noticiarios como parte de los encabezados, en los periódicos, en las series de televisión, en el cine o en Internet. Una situación que no dista mucho de lo que Octavio Paz reflexionaba en su texto Todos Santos, Día de muertos: “Para el mexicano moderno la muerte carece de significación. Ha dejado de ser tránsito, acceso a otra vida más vida que la nuestra” y es que nuestra actitud ante la muerte tiene que ver con nuestra actitud ante la vida. De niña leí un cuento que quedó en mi memoria por mucho tiempo y que hace poco reencontré en Internet: Francisca y La Muerte (Jorge Onelio Cardoso, Cubano)  del cual me gusta su final:

"Francisca, ¿cuándo te vas a morir? Ella se incorporó asomando medio cuerpo sobre las rosas y le devolvió el saludo alegre: - Nunca, (dijo) siempre hay algo que hacer."

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Si disfrutamos cada minuto de vida, si nos entregamos con pasión a ella y agradecemos despertar cada día, quizá en nuestra tumba haya muchas flores como muestra de los corazones que tocamos en vida y podamos retornar cada dos de noviembre a disfrutar de uno que otro pan de muerto o hacer alguna travesura a los seres que nos amaron y amamos.

La comunión que logramos con los difuntos a través de una ofrenda, una oración o simplemente una veladora en su retrato tiene su esencia en el acto espiritual y de fe que realizamos, nada que ver con un disfraz o una película de terror.

Se los dejo de tarea.

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Fuentes

http://www.mexicodesconocido.com.mx/haz-tu-propia-ofrenda-de-dia-de-muer...

http://www.mexicodesconocido.com.mx/la-flor-de-cempasuchitl.html

http://culturacolectiva.com/origen-e-historia-de-la-catrina/

http://bibliotecadigital.tamaulipas.gob.mx/archivos/descargas/abd9b60a2_...

http://bibliotecadigital.ilce.edu.mx/Colecciones/index.php?clave=francis...

 

Imágenes

http://www.chilango.com

https://www.google.com.mx

Fecha: 
Martes, 03 de Noviembre 2015 - 16:30
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