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Un mundo raro: Réquiem por la Caja Idiota

Uno de los tópicos que más han llamado la atención en las últimas semanas, fue el descarrilamiento del proyecto de Grupo Radio Centro por hacerse de una de las dos concesiones de televisión abierta que fueron sometidas a licitación por el gobierno federal en este 2015.

Tal y como se difundió ampliamente, el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) dio a conocer que el corporativo propiedad de la familia Aguirre, no cubrió oportunamente el pago por 3 mil 58 millones de pesos que ofreció como contraprestación tras haber resultado ganador en el proceso de licitación mencionado. 

Para decirlo en economía de conceptos, Radio Centro ofreció dinero que no tenía para tratar de hacerse de dicho activo y el “chistecito” le salió en 415 millones de pesos, fijados como garantía por el órgano regulador federal.

Lo que es de llamar la atención es que a estas alturas, haya grupos interesados todavía en entrar al negocio de la televisión abierta, cuando ésta ya está entrando en abierta decadencia.

En los últimos cinco años, la TV ha ido perdiendo terreno en el mercado publicitario, que durante décadas prácticamente acaparó. Los medios digitales le han arrebatado a las televisoras más de 45 por ciento del mercado publicitario, y los números siguen a la baja.

Los sistemas de distribución de contenidos digitales le están comiendo el mandado a la que durante décadas los trasnochados de la izquierda progresista bautizaron despectivamente como “la caja idiota”. Incluso, el CEO de Netflix, Reed Hastings, ya se anticipó a decir que la televisión como actualmente la conocemos ya tiene fecha de defunción, y que ésta ocurrirá en 2030.

Particularmente en México, a pesar de su amplia cobertura y prevalencia como medio masivo de acceso popular, la televisión abierta también ya está sentenciada a muerte, tanto por la dinámica del mercado, como por los usos y  abusos de nuestro sistema político.     

Desde nuestra óptica, la televisión mexicana está muriendo como víctima de un doble ejercicio de mezquindad:

Mezquindad por parte de los empresarios del ramo que han abandonado por completo la iniciativa de generar contenidos atractivos e innovadores, que despierten el deseo de los espectadores mexicanos de ser parte de la experiencia televisiva. Sostenida con alfileres por el insoslayable arrastre de los tres formatos más populares (noticias, deportes y telenovelas), la programación televisiva agoniza abrumada por la mediocridad.

Y qué decir de la mezquindad de nuestros partidos y candidatos . Acostumbrados a vivir en un mundo muy lejano al nuestro, nuestros Padrotes de la Patria viven creídos de que los televidentes consumirán sin reparó todo lo que se les presente en pantalla. Las campañas mediáticas de los partidos políticos en nuestro país son vacías, insulsas y hasta de mal gusto. Algunos partidos ni siquiera tuvieron la decencia de actualizar sus spots, a pesar de las millonarias prerrogativas que reciben de NUESTROS impuestos.

Si ninguno de estos actores hacen algo al respecto, antes de terminar la presente década, estaremos siendo testigos de la fuga masiva de televidentes mexicanos hacia la internet, con las millonarias pérdidas que ello implicaría no sólo para las televisoras, sino para los miles de mexicanos cuyos empleos dependen de la producción televisiva, la publicidad y las ventas de las empresas anunciantes.

Como ocurre con cada cambio cultural, el impacto de los medios digitales ya comienza a cambiar los hábitos sociales de nuestra comunidad. Paulatinamente, la televisión abierta irá perdiendo fuerza como generadora y referente de hábitos domésticos. ¿Cómo vender publicidad en horarios triple A, cuando las audiencias tienen ya la prerrogativa de seleccionar contenidos y pueden acceder a ellos sin restricciones de programación y horarios?

En México los medios electrónicos de comunicación se han convertido en rehenes de los insaciables y voraces apetitos de nuestro patético sistema partidista.

Le garantizo que después del inmisericorde bombardeo de 40 millones de spots insertados por “cortesía” de nuestro vetusto sistema partidista, cada vez serán menos los “valientes” que se quieran rifar toda una tarde frente al aparato televisor. La saturación es evidente y eso tendrá sus consecuencias. 

¿A quién en su sano juicio se le antoja encender la televisión para "deleitarse" con el vómito discursivo de diez partidos políticos con registro?

¡Sálvese quien pueda de aquí al 4 de junio!

 

Soundtrack para la lectura:

Talking Heads "Television Man"

 

La Cuca – “D.D.T.T.V.”

 

Def Con Dos – “Cuando Apaguen Internet” 

Autor:

Fecha: 
Jueves, 30 de Abril 2015 - 17:30
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Danzares…

“Pareciera como si empezáramos a caminar. Pareciera como si pudiéramos ir tan lejos como la tierra nos permita”

Frase en cartel

Entre tantos Días Internacionales celebrados y por celebrar a lo largo del año, elegí enfocar la atención en la danza, una de las expresiones de las bellas artes, entendida como el conjunto de movimientos acompasados del cuerpo a un ritmo, por lo que se considera también una de las primeras manifestaciones artísticas en la historia de la humanidad. Pero más allá de su papel artístico, la danza es también comunicación, curación, cultura, tradición y un estilo de vida.

En 1982, se estableció el Día Internacional de la Danza por el Comité de Danza del Instituto Internacional del Teatro (ITI) de la Unesco, como un homenaje al gran innovador del ballet clásico y creador del ballet moderno, el Coreógrafo Francés Jean Georges Noverre, nacido el 29 de abril de 1727 y año con año, la finalidad de la celebración es homenajear a la danza en todos sus géneros rebasando límites políticos, culturales y étnicos.

Como parte de la conmemoración, el ITI invita a un destacado coreógrafo o bailarín para escribir el mensaje conmemorativo; este año, tocó el turno a Israel Galván, bailaor y coreógrafo flamenco español, de quien tomo algunas palabras:

“…De pequeño no me gustaba el baile, pero era algo que salía de mí de una forma natural y fácil. Casi instintiva. Con el tiempo me di cuenta de que el baile curaba, me hacía efecto, casi medicinal, me ayudó a no ser tan introvertido y a abrirme a otras personas. He visto la imagen de un niño enfermo de ébola curándose a través de la danza. Sé que es una superstición, pero, ¿sería eso posible?...”

La danza, al utilizar la relación cuerpo-mente y exigir atención plena del ejecutante o bailarín, parece en verdad tener cierta influencia curativa en quien la practica, de tal forma que hace más de sesenta años surgió una rama de la psicoterapia, denominada: danzaterapia, disciplina terapéutica que integra los procesos sensoriales, físicos, psicológicos y cognitivos del ser humano a fin de mejorar su calidad de vida. Su sustento se basa en que la danza fue la primera forma de comunicación que desarrolló la humanidad a través de movimientos, gestos y sonidos con cierto ritmo antes de que existiera el lenguaje y más aún, fue la forma en que se relacionó con la creación y con los dioses al no existir una división entre el movimiento profano y el sagrado; es así que a través de la danza se creía que la deidad entraba en el cuerpo y entregaba su poder a la persona. La danzaterapia retoma la forma original de devoción a los dioses y de curación a través del poder de la divinidad y aunque no tiene amplia difusión, en México existen lugares y profesionales que la enseñan y ejercen.

Para personas como Areli Hernández Falcón, la danza como estilo de vida es “una forma de existencia”; bailarina profesional de danza folklórica mexicana fundó en 2008 el Ballet Folklórico de Areli Hernández, cuando se dio cuenta de que su trabajo escénico no podía permanecer en el aula, sino que debía difundirse como proyecto independiente y de difusión cultural entre la sociedad.

Como tradición y cultura, me gusta pensar que la danza folklórica es una de las manifestaciones artísticas más representativas que tenemos como país, pues sus colores, formas y ritmos describen y retratan la riqueza de usos y costumbres de las diferentes regiones mexicanas. Alguien me dijo hace tiempo que presentar un ballet folklórico en eventos a nivel internacional era una forma retrógrada de representarnos, como si México no hubiera evolucionado a la modernidad y nos hubiéramos quedado atrapados en un pasado que ya no existe; punto de vista que no comparto puesto que en mi opinión, justamente hemos perdido identidad al ir diluyendo nuestras tradiciones en la ola de nuevas tendencias y modas producto de la globalización (pero esa, es otra historia). Basta con echar un vistazo al pasado para recordar cuando los festivales escolares del 10 de mayo eran la suma de bailes típicos en los que docentes y alumnos trabajaban durante algunas semanas y era posible apreciar bailes de Jalisco, Veracruz, Chihuahua, Yucatán, etc., había algunos extranjeros pero todos folklóricos.

No sé por qué tenemos clavada en la mente la idea de que lo tradicional es “antiguo” y “aburrido” o que “no vende”; sin darnos cuenta de que más allá de la tradición, lo rescatable de aquellos festivales era la interacción del grupo, la coordinación, la disciplina, la actividad física, el proceso de aprendizaje y atención; entre otras habilidades, que se desarrollaba a partir de la danza aunque fuera una vez al año durante solo unos días y que bien podría formar parte del programa educativo en las escuelas de educación básica como disciplina artística; una utopía, lo sé, aunque de una u otra manera el movimiento y la danza forman parte de nuestra vida diaria y cito nuevamente, para finalizar esta entrega a Israel Galván: “…Y es que veo a la gente moviéndose al andar por la calle, al pedir un taxi, al moverse con sus diferentes formas, estilos y deformidades. ¡Todos están bailando! ¡No lo saben pero todos están bailando! Me gustaría gritarles: ¡hay gente que todavía no lo sabe!, ¡todos estamos bailando!, ¡los que no bailan no tienen suerte, están muertos, ni sienten ni padecen!...”

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Fuentes:

http://revistafluir.com.mx/carta-al-mundo/mundo/mensaje-para-el-dia-inte...

http://media.wix.com/ugd/09ec82_1c34f1aad0a351e45f7ff2f7d55938c6.pdf

Imagen:

Fotografía del cartel oficial del día internacional de la danza 2001 - CENART

Fecha: 
Martes, 28 de Abril 2015 - 17:30
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"Profe, con todo respeto, váyase a la fregada". Porque los maestros también hacen bullying

"Diana, por favor, no te metas en broncas con los maestros, no les pongas jetas ¿ok?" Me decía mi mamá antes de empezar cada ciclo escolar, cosa que se le quedó como costumbre hasta bien entrada la carrera. Si he de ser completamente honesta, yo no colgaba mi jeta hasta no estar segura de que la merecían, aunque sí, casi siempre sucedía porque mi situación escolar fue diferente. Y no es que yo tenga un problema con las figuras de autoridad, para nada. Creo que las figuras de autoridad tienen un problema conmigo. 

No me gusta etiquetar a las personas pero, si hay algo que aprendí en mi vida académica, es que existen diferentes tipos de maestros/as. Nunca falta el bromista, el que se quiere sentir parte de la chaviza, el resentido, el frustrado, el malvado, el misógino, el alburero, el que tiene su consentido, en fin, la lista es interminable. Antes que decidan qué tan ofendidos deben sentirse, quienes sean o hayan sido profesores, cabe aclarar que NO TODOS son así. Hay maestros excelentes, que te inspiran, te escuchan, te dan herramientas, te guían y te impulsan porque saben que tu potencial es más grande que tu voluntad, pero bueno, se trata de escribir sobre algo que me haya tocado vivir.  

Todo empezó en 1990; mi hermana tenía seis años y yo estaba recién salida del vientre. Un día mi mamá me llevó en brazos a la escuela de mi hermana y todas sus maestras se acercaron a ver a la nueva bebé. Se deshacían en cumplidos y alabanzas ensayadas, o sea, lo que uno dice de los bebés ajenos cuando no hay ningún rasgo definido más que la cara morada. Con el tiempo me apodaron Solecito 2, mi hermana era Solecito 1. 

Cuando yo entré a la escuela, esta vez de manera oficial, no había manera de escapar la asociación con mi hermana. Fui, definitivamente, la única niña de mi generación que desde el primer día de mi vida escolar ya cargaba con el antecedente de mi hermana, y el trato que me daban dependía de la impresión que tuvieran de ella. Para mi suerte mi hermana siempre fue la parlanchina, la desmadrosa, la traviesa, la  que "siempre está en todos lados menos en su lugar" y otras cosas parecidas. Claro que vivir bajo su sombra hubiera sido mucho más difícil si hubiera sido la aplicada, la matada, etc.

Con el tiempo "Solecito 2" se fue quedando atrás y en su lugar me hice de apodos propios. Como yo no tenía la energía para hacer el desmadre al que mi hermana los tenía acostumbrados, yo creía que me portaba bien por mero proceso de eliminación. Después entendí que no significaba que me portara bien sólo por no portarme mal. Los maestros y su lógica. Si hablaba, llenaban mis cuadernos con el temido sello de perico; si no hablaba, me tocaba el sello del oso perezoso, por "no participar en clase", entonces algunos de mis apodos se contradecían entre ellos. Yo fui "la callada", "la respondona", "la contreras", "la apática", "la tímida", etc. ¡Por fin! ¿Soy callada o respondona? Había otros que me daban igual y hasta me podían divertir; uno era "la hermana de Anna Luisita" y el otro era "la fierecilla domada", respectivamente. 

Para mi último año de primaria me tocó una maestra con la que mi hermana y mi mamá tuvieron roces en su momento, entonces yo iba preparada para lo peor. Esta mujer caía en dos categorías, la bromista y la que se siente de la chaviza, una combinación engañosamente inofensiva. Era un adulto que se sabía todas las canciones que nosotros cantábamos, hablaba como nosotros y hasta parecía que pensaba como nosotros, nos "entendía". En niños de once o doce años provocaba admiración, miedo y un poco de fanatismo; para quienes no la tenían de maestra y sólo la conocían por nuestros relatos, resultaba una figura mítica.

Todo suena muy bien en papel de no ser que utilizaba su autoridad y su reputación de maestra relajada para pasarse de lista. Eso era lo engañoso de ella, un día te llenaba de halagos y porras, pero al siguiente, cuidado si de pronto decidía que le caía mal tu cara. Envolvía sus ofensas e insultos en sus "bromas" calculadas y las soltaba en momentos estratégicos, ¡ah!, pero no te podías ofender porque te convertías en el que "no aguanta nada". En la generación de mi hermana hizo llorar a varios, pero una de sus frases que, hasta la fecha mi hermana recuerda que le dijo a una de sus compañeras es "te ganaste un cero taaaan redondo como tú,  Fulanita". Esa y otras maravillas decía esta señora. 

Después de haber pasado mi niñez y adolescencia entre dimes y diretes con docentes y directivos, las cosas se complicaron aún más en la carrera. Obviamente no todo fue malo, encontré maestros con los que fui capaz de llevar buena relación dentro y fuera de la escuela, aunque, como en toda relación, hayamos pasado por momentos de malentendidos y desacuerdos. En la universidad hay mucha más libertad en todo, hasta cierto punto, los límites son subjetivos y es difícil saber qué tan lejos es muy lejos, sobre todo cuando no hay una diferencia de edad tan grande entre profesores y alumnos.

En mi universidad sucedía un fenómeno extraño. Como el gran porcentaje de la población estudiantil era hombres; las mujeres en mi carrera éramos contadas y más todavía en cada aula. No sé qué criterio utilizaban para repartirnos pero por alguna razón, de cinco o seis mujeres que pudiera haber en el semestre, siempre terminaban agrupadas y yo sola. Normalmente no me hubiera importado esto, hasta lo habría agradecido, pero entre el ego de mis compañeros y maestros, el ambiente era raro y pesado; yo terminaba siendo la representante no oficial de mi gremio. Y los maestros sólo esperaban a ver en qué momento me equivocaría.

En este lugar me familiaricé con las nuevas y viejas categorías de profesores: el misógino de toda la vida, el misógino reciente, el machista, el que te quiere meter el pie, el que le echa el perro a lo que se deje, el forever, el galán de balneario, el  leyenda, el ganador del Grammy, el envidioso, etc. Pero también me familiaricé con nuevas situaciones. Había un maestro que parecía que nada más con verte sabía de qué pie cojeabas y de ahí no te soltaba. Cambiar de grupo no era una opción porque nadie estaba calificado para dar esa clase más que él, era buscado, el mejor, el "leyenda". Bueno, el abuso psicológico y emocional no es la parte novedosa en esta situación, sino que el bullying venía de una persona a quien admiraba y que, al menos esta vez, no era yo su única víctima.

Justamente este tema surgió el otro día después de que fui a ver Whiplash con mi mamá. Quería que la viera porque siempre pensé que durante mi carrera ni a ella, ni a nadie de mi familia, le caía el veinte de por qué se me hacía tan pesado. Me preguntó escandalizada "¿por qué nunca lo mandaste a la chingada?" Creo que nunca pensé que fuera una opción. No es tan fácil mandar a la chingada a alguien cuando desesperadamente buscas su aprobación. Parece que todavía escucho a mi terapeuta diciéndome "si sigues con lo mismo te voy a mandar al psiquiatra para que te mediquen" cada vez que yo llegaba a hablarle de lo mismo. Sí, terminé en terapia de hipnosis por esta y otras situaciones que se me presentaron al mismo tiempo. 

Después de varias experiencias de este tipo hasta llegué a extrañar a la vieja loca de mi primaria. Al menos ella tenía sus motivos para estarme fregando, por más absurdos que fueran.  Al poco tiempo de haber iniciado con ella ese ciclo escolar citó a mi mamá. ¿Qué hice esta vez? Las posibilidades eran infinitas, como ya dije, nunca estaba exenta de recibir alguna llamada de atención. Resultó que el único reclamo que tenía que hacer en mi contra fue que nunca me reía de sus chistes. "Señora, Diana nunca se ríe de mis chistes", fueron sus palabras exactas. Con "chistes" ella se refería a los insultos dirigidos a mis compañeros y a mí, claro está. "¿Por qué no sonríes de vez en cuando, para llevar la fiesta en paz?", me sugirió mi mamá. Yo me encogí de hombros y le dije "no es chistosa". Supongo que no se me puede culpar si estas figuras de "autoridad" perdieron credibilidad ante mis ojos y mi respeto nunca lo tuvieron.

Fecha: 
Martes, 28 de Abril 2015 - 16:00
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Un vistazo a los Premios Nacionales Tierra Adentro 2014 (primera parte)

Lector, ¿se ha enterado de quiénes son los autores ganadores de los premios nacionales de literatura joven 2014 convocados por el Conaculta a través del Programa Cultural Tierra Adentro? ¿Con qué obras obtuvieron dichos premios? Lo dudo. Por esa razón, me he dado a la tarea de escribir estos brevísimos comentarios acerca de tales obras, ya que algunas de ellas merecen la oportunidad de ser leídas.

Estos Premios Nacionales apoyan a jóvenes escritores menores de treinta y cinco años, y tienen la finalidad de “premiar y difundir las mejores obras de cada año en los géneros de poesía, ensayo, cuento, novela y dramaturgia”, éstos se presentaron el 22 de febrero pasado en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.

Empecemos:

La novela zombi de Ériq Sáñez (Ciudad de México, 1986), obtuvo el Premio Nacional de Cuento Breve Julio Torri 2014.

La novela zombi que no es ni novela ni es de zombis como bien dice el propio autor, es un libro que contiene 36 breves relatos que el escritor maneja con cierto humor negro, acorde a las situaciones que retrata (el individuo y sus distintas interacciones entre sí donde puede pasar desde la pasiones, a la inconformidad, cotidianeidad, al propio misterio).

Con personajes bien delineados que en ningún momento se le van de las manos, Sáñez recrea una cosmogonía palpable y vivible.

El libro cumple con la brevedad pues interactúan cuentos brevísimos de incluso una línea, con otros un tanto más extensos que al final de cuentas se complementan de buena manera. Sin embargo, algunos de los cuentos, se sienten un tanto forzados al final, no demasiado, pero sí llega a percibirse la prontitud del cierre por parte del autor, tal vez, a razón de encajar lo mejor posible con las bases dictadas por el propio concurso, con respecto a la extensión a la que se deben ceñir los autores en relación a cada uno de los relatos.

A Ériq Sáñez se le nota oficio y un estilo propio que va bien acompañado por una edición cuidada.

 

Ciudad de México de José Manuel Cuéllar Moreno (Ciudad de México, 1990), obtuvo el Premio Nacional de Novela Joven José Revueltas 2014.

De Tecolutla, Veracruz, a la Ciudad de México, es el viaje que realiza la protagonista de esta novela y que sale en busca de una vida mejor tanto en lo económico como en lo personal, al menos en apariencia, porque detrás de dichas aspiraciones, se ocultan las verdaderas intenciones de esta mujer que, durante algún tiempo, ha concentrado el rencor, el odio y una sed de venganza (¿hacia quién?) que se irá resolviendo a lo largo de la novela.

José Manuel Cuellar, sin duda, es un novelista; es decir, tiene la vena de narrador. Tiene este ímpetu necesario para explorar su escritura, para atreverse a combinar tiempos que le ayudan, en este caso, a su novela.

Es un contador de historias con una prosa de lectura fácil, fluida, dinámica, que le pude rendir frutos en el futuro, ya que su estilo comulga muy bien con lo que buscan las editoriales transnacionales.

Sin embargo, reitero, en el futuro, ya que en Ciudad de México hay fallas: si bien su obra tiene tintes humorísticos, y que pareciera de esto se presta para terminar algunas situaciones e incluso a sus personajes, no lo consigue del todo, pues en algunos cierres cae en el absurdo —que si bien puede ser su objetivo—, el lector debería sentirlo, incluso presentirlo como tal y no como algo espontáneo.

Por otro lado, todavía podemos notar una prosa joven, una narrativa que está en miras de ser (¿cómo notarlo? Hay brincos donde el lector cae en cuenta de que dicha oración o párrafo no está en sintonía con el resto o simplemente la prosa, en alguna de sus líneas, se nota endeble), de conseguir su madurez, que estoy seguro logrará si sigue escribiendo.

 

Los procesos de Erik Alonso (Ciudad de México, 1988), obtuvo el Premio Nacional de Ensayo Joven José Vasconcelos 2014.

En este libro el autor va construyendo sus propias ideas con firmes pilares que son sus “tal vez”, con los que logra despojarse del Yo impositivo.

Desde una óptica del que va descubriéndose y descubriendo los planos interiores de la vida y del ser humano (la vida, lo concreto representado en un “gesto” arquitectónico, el amor, el desgaste, la despedida, el dejar ir, la ausencia, el miedo, el espacio, el presente, etcétera).

El autor nos divide su obra en tres partes: “Una casa” pieza arquitectónica desde la que parte a explorarse. “Imágenes en la pantalla”, donde se presta de eso, de la pantalla, del contenido televisivo, desde series como Los Soprano o Seinfeld, que es a su vez, una forma de interactuar con el mundo y sacarle provecho. Y termina con “El espacio interior” que sobra decir qué parte del individuo explora.

Acaso me atrevo a decir, Los procesos, es el libro que yo pondría como número uno de esta lista, pues el autor consigue dialogar con el lector. Lo invita a hablar con sus ideas, y a debatirlas, a confrontarlas, a encontrar coincidencias, a teorizar. Esta obra vale mucho la pena ser leída por todo tipo de lector.

 

Teatro de la Gruta XIV (varios autores) que contiene la obra ganadora del Premio Nacional de Dramaturgia Joven Gerardo Mancebo del Castillo, “Bolito lo explica todo…” de Sixto Castro Santillán (Ciudad de México, 1985), dos menciones honoríficas y dos obras más que completan el libro. Aquí me limitaré a hablar sobre dos de ellas, la pieza ganadora y “La cría” de Carlos Talancón (Ciudad de México, 1981), que obtuvo mención honorífica.

“Bolito lo explica todo…” nos sumerge al entorno, y la realidad, de las diversas situaciones que viven muchos adolescentes en México, es un retrato muy bien logrado de un estrato social poco favorecido por la educación y el aspecto económico.

El autor pinta muy bien el deterioro familiar en el que se ven envueltos Diego, Erik, Tona, Paola y Violeta, su situación escolar, la vida en la calle, el tipo de amistad endeble y lastimosa que sólo se puede conseguir en un ambiente callejero, y sus habilidades, mañas, que ellos deben tener para sobrevivir.

La violencia moral y física, el abuso, las drogas y la “amistad” es el punto a tratar en esta obra que merece la pena echarle un ojo.

Sin embargo, de todas las obras presentadas en este libro, la que me pareció mucho más sustanciosa por el trasfondo que maneja es “La cría” de Carlos Talancón. Una pareja de esposos que tienen que vivir con el hambre insaciable de ese “hijo” que vive en el piso de arriba de su casa y el cual padecen, odian y aman a la misma vez.

Una obra que gira en torno al amor incondicional de madre, pero llevado a tal extremo que resulta gráficamente enfermizo. Vivencia que es compartida por el marido (aparentemente más cuerdo) que está cansado, harto, que no quiere enterarse más del tema de esa criatura: lo único que quiere es ver la televisión en paz, en su sillón, y olvidarse de su “cría” que los va comiendo lentamente.

Esta obra contiene una carga crítica sustanciosa, que se desarrolla dentro de un marco misterioso, el cual llega a causar miedo y asco.

Otros autores se encontrarán en este libro: Clarisa Cruz Sobarzo (Guadalajara, Jalisco, 1986), H. Iván Arizmendi Galeno (Estado de México, 1987) y Juan Pablo Cervantes (Guadalajara, Jalisco, 1991).

 

Hasta aquí, la primera parte de estas obras premiadas. Aún nos quedan tres libros más –poesía, cuento y novela— que le interesará conocer.

Nota: todos estos libros se pueden conseguir en las librerías Educal (su servicio de compra en línea es muy bueno) a un precio accesible de 60 pesos cada uno.

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Fecha: 
Lunes, 27 de Abril 2015 - 16:30
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No lo leas

Ayer, jueves 23, fue el día del libro. Sé que escribir sobre el tema puede condenar mi columna a no ser leída, tomaré el riesgo.

El Día Internacional del Libro se celebra para homenajear a William Shakespeare, Miguel de Cervantes y Garcilaso de la Vega quienes murieron en esta fecha, y es también un esfuerzo de la UNESCO por fomentar la lectura y apoyar a la industria.

Lo primero que vino a mi memoria (cosa rara porque generalmente no funciona muy bien) fue la vergonzosa participación del entonces candidato Enrique Peña Nieto en la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara en 2011. Desde ese día y para siempre el presidente se condenó a la crítica por no atinar ni a un título, ni a un autor en su respuesta de cinco minutos. Todos criticamos su falta de cultura, la ineficiencia de sus asesores, cuestionamos cómo era posible que siendo el ponente principal y estando en la presentación de su libro, no fuera capaz de mencionar tres, sólo tres títulos correctamente.

Hace unos días lo pensaba y platicaba con una amiga: Me da risa la manera en que se le sigue atacando por lo mismo. Sabemos que en promedio el mexicano no lee ni un libro al año (creemos porque en realidad no existe un estudio verdadero sobre esto). ¿Cómo es posible entonces que critiquemos a alguien por algo que tampoco hacemos? Cuando he visto las descalificaciones en las redes sociales generalmente es con imperdonables faltas de ortografía que no existirían de ser buenos lectores.

No estoy defendiendo a nadie, mucho menos atacando. Tampoco quiero quitar responsabilidad o echar la culpa de nuestra falta de lectura a alguien, pero creo que el problema es que en realidad no se nos ha enseñado a leer, le tenemos miedo a los libros, se nos ha enseñado que hay que tenerles demasiado respeto, que no se maltratan, no se rayan, se cuidan, son casi intocables. ¿Cómo vamos a leer con estas premisas? Sin duda el método no es el adecuado, que yo sepa un niño no viene al mundo con una nata aversión a los libros, la aprende. Es natural, no podemos esperar que nos guste un texto cuando a temprana edad se nos obliga a leer “El Principito”, “El Quijote”, “La Iliada”. Todas estas son lecturas increíbles, pero no son las adecuadas para un niño o un adolescente, son sumamente pesadas y difíciles. Es natural que no nos queramos acercar a los libros cuando se nos ha dicho que los de la casa de la abuela son un tesoro invaluable, que tienen años en la familia y son sumamente delicados, que hay que tratarlos con ceremonioso respeto o leerlos casi como un aburrido ritual.

Y las técnicas son también pésimas, aprendemos a leer letra por letra y como resultado tenemos una lectura lenta, aburrida e incomprensible. Ahora hay escuelas que enseñan la lectura rápida, pero la gran mayoría cree que por esto no disfrutará del libro de la misma manera, o que es sólo para estudiar y terminar velozmente algo pesado.

Si nos introdujeran al mundo de la literatura de una manera divertida, amena, como parte de lo cotidiano, otra historia sería. Los niños no pueden aprender algo que no ven y no tienen como ejemplo. No tiene por qué ser algo silencioso e introspectivo, los padres podrían leerle a los hijos en voz alta como parte de una convivencia diaria, contar las historias y aprovechar la imaginación para adentrarlos y hacerlos parte de ella. Cuando a un niño se le regala un libro adecuado a su edad responden con emoción, lo hacen parte de ellos, lo llevan a todos lados, quieren que se les lea una y otra vez ¿en qué momento les quitamos esa ilusión? Cuenta Elena Piniatowska que ella dejaba que sus hijos jugaran con los libros, que los usaran a su antojo, eran los ladrillos que usaban para sus infantiles construcciones, con el tiempo la curiosidad por lo que había dentro ganó y comenzaron a explorar las letras, se convirtieron en algo natural para ellos.

En casa de mi abuela hay un enorme librero del tamaño de la pared y que sube de piso a techo, está lleno, no cabe en él una letra más. Entre ellos se encuentra la Biblia, de la que he leído algunos pasajes, no todos. Pocos han sido leídos, la gran mayoría siguen sin estrenarse, son vírgenes, nadie ha violado su plástica envoltura. Cuando los pedí a manera de herencia obtuve como respuesta que no eran para leerse y que no eran de nadie, pertenecen al apolillado librero y están condenados a quedarse ahí por toda la eternidad, no conocerán los ojos ni las manos de nadie. No volví a insistir, afortunadamente tengo mi colección propia que incrementa constantemente. Pero este es un ejemplo de lo que pasa en cualquier casa de nuestro país.

También se nos ha dicho que lectura es sólo igual a libros y no tomamos en cuenta que existen excelentes revistas, columnas, páginas de internet. Tampoco debe ser necesariamente conocimiento y cultura; el entretenimiento, la tecnología, la política y otros también son parte de este mundo y debemos encontrar el adecuado equilibrio y espacio para cada uno de ellos.

Cuando se nos deje de decir que la lectura es para los intelectuales, para los escritores, para los superdotados. Cuando se nos enseñe que un libro se disfruta, se huele, se siente, se subraya, se le doblan las hojas. El día que descubramos que en la literatura no sólo encontramos conocimiento sino un mundo diferente al que vivimos, aventuras, risas, compañeros y amigos, ese día tendremos más lectores y menos ignorancia, ese día podremos citar un libro que nos haya influenciado.

Mencionen tres libros que hayan marcado su vida.

Voy vengo.

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Fecha: 
Viernes, 24 de Abril 2015 - 16:00
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Las grandes preguntas en educación: ¿a quién educamos? Y ¿para qué educamos?

“El hombre parte de la homonización a la humanización, en este complejo, interactúan, cerebro – mano – lenguaje – mente – cultura – sociedad, donde se contienen todas para ser, y son parte del desarrollo humano y por lo tanto, del desarrollo educativo como integración individual y social que a su vez busca el desarrollo integral y pleno de los seres humanos (Sacristán G. Pérez G. 1996).

Para entender lo educativo, en el proceso de transformación del ser humano, lo primero es responder ¿a quién educamos? Y ¿para qué lo educamos?, pero para responder, es necesario entender quiénes somos, de forma universal, individual, singular y como educadores. Partiendo de esa premisa, sin ser un análisis exhaustivo y bajo una visión sistémica se invita a la reflexión a partir de los siguientes autores.

Para Morín (2003) La homonización es una aventura comenzada, según parece ahora, hace siete millones de años. Es discontinua, con la aparición de nuevas especies –habilis, erectus, neardental, sapiens- y la desaparición de las precedentes, así como con la domesticación del fuego, después del surgimiento del lenguaje y la cultura. Es continua en su dialógica que entre-desarrolla la bipedación, la manualización, la verticalización (del cuerpo), la cerebralización, la juvenilización, la complejición social (Moscovici 1972), procesos en cuyo curso aparece el lenguaje propiamente humano al mismo tiempo que se constituye la cultura, capital transmisible, de generación en generación, de los saberes, saber –hacer, creencias, mitos, lo adquirido…

El individuo humano sin duda alguna no puede escapar a su suerte paradójica: es una pequeña partícula de vida, un momento efímero, algo de poco valor, pero al mismo tiempo despliega en sí la plenitud de la realidad viviente –la existencia, el ser, la actividad- y de este modo contiene en sí el todo de la vida sin dejar de ser una unidad elemental de la vida. Al mismo tiempo, despliega en sí la plenitud de la realidad humana, con la consciencia, el pensamiento, el amor, la amistad. Contiene en sí el todo de la humanidad, sin dejar de ser la unidad elemental de la humanidad (Morín, 2003).

Y así pasamos de ser sólo homo al humanitas. La educación como un proceso de aprendizaje social nos lleve al humanitas, como dice Ana María Patiño “lo que ocurre es que, en cuanto miembros de nuestra especie, nacemos humanos, pero eso no es suficiente, nuestra condición es de suyo inacabada, y toda nuestra vida es un proceso de aprendizaje, nos vamos humanizando en el contacto con otros seres humanos” (2010).

La concepción de la condición humana como proyecto del ser se encuentra en perfecta consonancia  con la idea de que la persona es una realidad abierta. La apertura significa que se encuentra volcada a lo otro y al otro; que es fundamentalmente un ser de relación (Patiño 2010) y a su vez se generan relaciones de encuentro, opuesta a la relación objetivante, el encuentro –llamado también relación ambital- es una relación de dialogo  con la realidad, en la que ésta es vista como un ámbito de interacción (López Quintás 1977, citado por Patiño).

En el campo de la educación resulta crucial sostener una concepción justa de la persona, es decir, una concepción que evite la simplificación de las visiones unilaterales y que tomen en cuenta la complejidad de la condición humana, pues en la práctica educativa se aterrizan las concepciones antropológicas. De ahí que, en cuanto saber prudencial, la educación requiere una fina comprensión de la realidad humana que la ayude en su actualización donde  actualizar lo humano significa realizar sus potencialidades (Patiño 2010).

Desde una perspectiva humanista y compleja, Edgar Morín plantea: “la educación del futuro deberá ser una enseñanza primera y universal centrada en la condición humana. Estamos en la era planetaria; una aventura común se apodera de los humanos donde quiera que estén. Éstos deben reconocerse en su humanidad común y, al mismo tiempo, reconocer la diversidad cultural inherente a todo cuanto es humano”.

Así, el fin de la educación será la transformación del hombre en una mejor persona, con el desarrollo de todas sus dimensiones y potencialidades para hacer una mejor sociedad, mejor ciudadano para “construir un mundo mejor”, como diría Freire.

Si el hombre no está separado de su medio “ambiente” ¿dónde estamos los seres humanos?, inicialmente todo lo que nos rodea y a partir de la visión sistémica del ambiente: es un sistema dinámico, compuesto por un conjunto interactuante de elementos naturales, sociales y culturales en un momento y lugar determinado, así como por los resultados de las interacciones entre todos ellos (Trelles S. 2000).

Así la educación como un entender el dialogo de los hombres con su realidad, su medio, su ambiente, su cultura se sitúa en un proceso de socialización, de encuentro, de aprendizaje y de enseñanza con el otro y para los otros (Fullat, 1988). La enseñanza situada desde las dimensiones humanas interrelacionadas con su medio, para asimilarlas, entenderlas, concientizarlas, comprenderlas y transformar su realidad en algo mayor y mejor para la felicidad humana. Se educa ¿para? Ser mejores personas y más felices, para transformar nuestro entorno en uno que nos humaniza y no nos separa, compite, destruye y esté acorde con el pensamiento moderno, de progreso y desarrollo, pero ¿qué significa desarrollo en esta modernidad?, “La realidad es que la idea de progreso en la sociedad contemporánea se refiere más bien al avance del conocimiento científico y tecnológico, y al bienestar material tanto individual como colectivo y la búsqueda del perfeccionamiento espiritual quedó en un segundo nivel (Patiño,2010 ) es en este desnivel de las finalidades del progreso que Gimeno Sacristán ve “el primer fracaso del programa de la modernidad” (citado por Patiño, p 155).

Entonces, la educación como vía de progreso la estamos entendiendo simplificada, parcelada porque sólo atiende una dimensión del hombre, la que prima el conocimiento científico, empírico, de lo cuantificable: la razón en su esquema de racionalización que “oculta las realidades afectivas de los seres humanos, diría Morín”. Por eso, una de las primeras crisis a las que nos enfrentamos es la crisis cognitiva, porque el conocimiento parcelado produce ignorancias globales. Nuestro pensamiento mutilado conduce a acciones mutiladoras (Morín 2011) y así, la realidad esta parcelada, dividida, fuera de nosotros, objetivisada y por lo tanto no pertenece al ser, sino a su saber conocer solamente. Como dice Lefft, la crisis ambiental es la crisis de nuestro tiempo. No es una catástrofe ecológica sino el efecto del pensamiento con el que hemos construido y destruido nuestro mundo.

¿Cómo educar para una sociedad humanizada dentro de éstos esquemas que plantean lo contrario? ¿Cuál es el papel que debe asumir la educación en torno a lo humano y su realidad?

Si tomamos como referente de toda educación que su finalidad es hacer del hombre y de su entorno algo mejor y más humanitas y por lo tanto más feliz y pleno, uno de los objetivos de la educación de forma particular deberá hacer al ser humano una persona crítica, de sí mismo y de su entorno, consiente, participativa, con una apertura al conocimiento, a la duda y a la incertidumbre, a la pregunta que debe ser contestada con actitudes positivas y abiertas al ser y a su entorno. A partir de esta necesidades educativas en general, y tomando en cuenta al ambiente dentro del marco educativo (educación ambiental), no como un simple accesorio de la educación (Sauve, 1999), como se le ha querido ver; no es la hija incómoda de la visión moderna de la educación, en la que estorba por su gran contenido humano, como Sauvé apunta, “porque involucra la reconstrucción de los sistemas de relaciones entre personas, sociedad y ambiente”, es simplemente lo que se le ha llamado la educación ambiental, que en su esencia más pura, es educar, el educere de poder sacar todo lo que el ser humano es en todas sus dimensiones en la Tierra Humanidad como percepción de mutua pertenencia y de unidad orgánica, como dice Boff y/o sentirse un ciudadano de la Tierra – Patria como lo llama Morín.

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BIBLIOGRAFÍA

  • Boff L (2008) La opción Tierra. España, Salterrae
  • Fullat G. (1988) Filosofía de la educación. Barcelona, España, Vicens-vives
  • Gimeno Sacristán, Pérez Gómez (1996). Comprender y transformar la enseñanza. España, Ediciones Morata
  • Morín Edgar (2011) La Vía para el futuro de la humanidad. Madrid, España, Paidós
                        (2003) el Método: la humanidad de la humanidad. Madrid, España, Cátedra
  • Patiño Domínguez H. (2010) Persona y Humanismo. México, Universidad Iberoamericana Puebla.
  • Sauvé, L. (1999). La educación ambiental entre la modernidad y la posmodernida : En busca de un marco de referencia educativo integrador. Tópicos, 1(2) 1999, p. 7-27.
  • Tréllez E.(2000) La educación ambiental y las utopías del siglo XXI. Tópicos en educación ambiental., Vol. 2 No. 4
Fecha: 
Sábado, 25 de Abril 2015 - 10:00
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Construyendo una nación

MÉXICO, mi querido México. Somos el resultado de nuestra historia y responsables del futuro de nuestros hijos y nietos. ¿Cuántos Méxicos hay? Algunos cientos; rarámuris, tarascos, lacandones, coras, seris, mayas, yaquis, zapotecas, otomíes, chilangos, regios, yucatecos, alteños, potosinos, tepiteños, tapatíos, y cuantos etcéteras te lleguen a la mente y los que desconocemos. Al ver esta realidad nos damos las raíces de nuestra diversidad y falta de unidad.

Divisionismo que nos llega desde nuestros orígenes como país. El asombroso Imperio Azteca, vencedor de los invasores tanto en la Noche Triste como en el camino a Tlaxcala, “conquistadores” que necesitaron tremenda guerra bacteriológica, minimizada en la historia; superioridad tecnológica, acero contra obsidiana, pólvora contra arcos y flechas, bergantines armados contra canoas; la rebelión de los resentidos pueblos sojuzgados dolidos por las guerras floridas a quienes no les cumplieron las promesas hechas antes de la guerra.

El azteca cae con la cara al sol, vende cara su derrota peleando hasta el último guerrero, hombre o mujer, sin agua potable ni alimento, luchando contra la plaga importada de Europa; es, según López Velarde, el único héroe a la altura del arte.

El conquistador sacia su avaricia y luce su incultura y bajeza. Funde maravillosas obras de orfebrería para llevarse el oro en lingotes, su ignorancia le impide apreciar las obras de plumajes y artesanías, su falta de calidad humana le lleva a ultrajar a cuanta mujer encuentra en el camino, de 8 años para arriba son arrolladas. Para al terminar la guerra repartirse lo que queda del magnífico Imperio.

El encomendero dispone de un atajo de indios para hacerlos peones y bestias de carga y de un harem de morenas, como las moras que tanto tiempo lo dominaron, a quienes viola cuanto quiere y que lo enriquecen de mestizos.

Al consolidar su riqueza llama a la mujer con quien planea perpetuar su estirpe, a la blanca, pura y digna, española, ofreciéndole riqueza, comodidades, posición, nombre y patrimonio; algunas doncellas aceptaron pero la mayoría ya estaban dedicadas a la venta del placer, y con ellas procrean a los herederos de sus prebendas, a los que pueden disfrutar de la riqueza y de los puestos públicos.

Así nace la rivalidad entre criollos y mestizos, hijos del mismo padre, enfrentados permanentemente insultados como hijos de la ultrajada y los hijos de la sexoservidora.

Colonia, independencia, imperio, guerras civiles, reforma, intervenciones, dictadura, revolución, cristiada, dictablanda, narcopolítica, corruptocracia y lo demás sólo han servido para ahondar esos resentimientos y crear nuevos. Politicastros manipuladores se sirven de ellos llegando al absurdo valiéndose en especial de la ignorancia y la desinformación.

Y ¿qué vamos a hacer? ¿seguiremos dejando hacer y dejando pasar?

La indudable solución está en la educación. Pero no la que dan los maestros que cobran haciendo plantones sin atender a los niños. Son una minoría revoltosa y manipulada. Y los ciudadanos permanecemos con los brazos cruzados sin siquiera intentar mover un dedo. También somos minoría los que nos interesamos en la reconstrucción de nuestro país. Necesitamos unirnos, identificarnos, informarnos y proponer activamente la revalorización de nuestro país.

Todavía tenemos valores nacionales que rescatar, remanentes de todas nuestra luchas, ¿quién no se estremece en el estadio con el Himno Nacional? ¿cuántos celebramos el 12 de diciembre? ¿dónde gritamos el 15 de septiembre? ¿a quién no se le enchina la piel con el Huapango de Moncayo o el Ballet Folklórico, los mariachis en Garibaldi o las canciones de José Alfredo?. Pocos mexicanos orgullosamente nuestra bandera con sus valores  intensos, Valenzuela, Hugo Sánchez, el Chicharito, la medalla de oro en la olimpiada, las Paolas Espinoza y Longoria, González Iñarritu, los que brillan aunque sea un poco nos llenan de orgullo y podrían emblematizar un nuevo México.

Los invito a formar parte de una nueva comentocracia dinámica y participativa a través de estas letras digitales de hoy en adelante cada semana.

Fecha: 
Jueves, 23 de Abril 2015 - 17:30
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El Fuerte de Breendonk, uno de los dos campos de prisioneros nazis en Bélgica

"No es lícito olvidar. No es lícito callar. Si nosotros callamos, ¿quién hablará?"

Primo Levi

De cuanto ha inventado el ser humano a través de los tiempos, nada más representativo de su debilidad y de su miedo que aquellos sitios creados por los regímenes totalitarios para eliminar, física y simbólicamente, a quienes han representado un peligro para ellos. El fuerte de Breendonk es uno de estos lugares. Hoy es un memorial para recordar a las víctimas.

La primera vez que lo visité estábamos a mitad del verano. Había un cielo despejado y las sombras de la mañana se recostaban en el suelo. Pero el paisaje bucólico, en cuanto entramos al fuerte, empezó a desvanecerse.

Desde la carretera que conecta a Bruselas con Amberes, se pueden ver los cercos rematados con alambre de espino y las amenazantes torres de vigilancia del campo. Sobre la puerta principal, en un letrero, se lee: «Halt!, quien pase de este límite será fusilado». Tras las oficinas del memorial, se entra de lleno y se tiene la sensación de estar en la antesala del infierno de Dante. Un foso de agua, como los que tenían las fortalezas medievales, rodea los edificios. Nadie podía escapar. Antes de llegar al puente hay una fotografía donde aparecen algunos oficiales con el comandante, Philipp Schmitt, y su perro, Lump. Schmitt, nacido en 1902 en Baviera y antiguo comandante del campo de tránsito de Mechelen (no muy lejos de Breendonk) fue un hombre sanguinario que administraba el Lager con una disciplina implacable.

Después del puente atravesamos una puerta metálica y entramos en un largo corredor, dentro de la gigantesca estructura de hormigón y gruesos muros, a prueba de bombas. La humedad cala hasta los huesos. La escasa luz surge de viejas y vibrantes bombillas eléctricas en el techo, que emiten un intermitente y fastidioso zumbido. Más adelante es posible ver otros corredores de menor tamaño, que se conectan con el principal. Se tiene la impresión de haber entrado en una laberíntica ratonera o en un nido de cucarachas.

Resulta imposible sustraerse al horror que se respira en la atmósfera del interior.

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El fuerte de Breendonk fue construido en 1906. A pesar de haber sido atacado por obuses, sobrevivió a la Gran Guerra (1914-1918) y, más adelante, tuvo diferentes usos. Al principio de la Segunda Guerra Mundial, antes de la capitulación del rey belga, fue sede del gobierno nacional. Hasta que fue ocupado por los nazis, en septiembre de 1940.

En un principio se trataba de una prisión para delincuentes comunes y personas que no querían someterse a las reglas de la ocupación. Pero después de 1941 los guardias de las SS tomaron el relevo del mando y convirtieron al fuerte en un campo para judíos en tránsito que eran deportados hacia los campos de exterminio, y en un lugar para internar a los miembros de la resistencia belga, del partido comunista, a simples patriotas y antifascistas.

Una vez en el corredor, el primer cuarto del edificio es la cantina de los SS. Ahí corría el alcohol a raudales, se presumían de la crueldad y los maltratos que los guardias daban a los prisioneros y se le rendía culto al Führer.

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Al final del corredor principal hay otro largo pasillo. A la derecha están las frías y lúgubres habitaciones. No es difícil imaginar a los prisioneros hacinados en las camas; tampoco es difícil imaginarlos recostados sobre los sacos rellenos de paja, piojosos, famélicos y fatigados. En total, doce habitaciones que albergaban, cada una (en dieciséis literas de tres camastros) a cuarenta y ocho prisioneros. Las estructuras de las camas, las mesas y los bancos; las desvencijadas y corroídas cacerolas, los vasos y los platos, guardan el recuerdo de los hombres que las utilizaron. No tenían calefacción, solo estufas de leña que les permitían encender, de vez en cuando, y solo en invierno. Durante el día, cada prisionero comía 225 gramos de pan, una sopa hecha a base de agua y alguna que otra papa y escasas raciones de bellotas asadas. No era raro que tuviesen que comer pasto y hierbas para tratar de saciar su hambre.

En el corredor hay algunas llaves por donde salía agua helada. Podían lavarse a diario las manos y las caras, pero el baño completo era mensual.

Conforme recorríamos el campo fueron surgiendo los nombres del personal. Alemanes, colaboracionistas flamencos y kapos judíos. El primero que destaca es Walter Obler, un kapo judío. Él mismo mató a diez prisioneros. Más tarde fue trasladado como colaborador a Auschwitz y a Mathausen. Los kapos eran de especial utilidad, porque traicionaban a su propia gente y ayudaban a las SS a mantener el orden y la disciplina. Pero Obler no fue el único kapo sanguinario. También estaba el flamenco Valéry de Vos, en el dormitorio 6, sitio al que llamaban «El Breendonk dentro de Breendonk» por su dureza.

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Al final de las habitaciones están las celdas de castigo, donde los prisioneros eran obligados a permanecer de pie durante días enteros. En una de ellas, un prisionero dibujó, sobre la pared, el rostro de Cristo. El dibujo todavía puede apreciarse.

Enfrente está el cuarto de torturas, donde agentes de la Gestapo, expertos en producir dolor (como un tal Arthur Prauss, fanático nazi alemán, excarnicero y chofer de camión), llevaban a cabo los tormentos. Todavía es posible mirar los instrumentos que utilizaban. A los prisioneros se los levantaba hasta el techo de un gancho, rompiendo sus articulaciones, luego eran severamente golpeados y, al final, se los dejaba caer sobre unos tablones en forma de picos, que les rompían las rodillas. O se les presionaban los pulgares o el cráneo con tornillos. Una tortura podía durar cinco horas. El objetivo era romperles no solo el cuerpo, sino el espíritu. La voluntad.

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También hay una morgue repleta de siniestros ataúdes de madera, que eran utilizados para sacar a los muertos.

Más adelante llegamos a las duchas de agua helada, donde la esposa del SS Hauptsturmfürer, Philipp Schmitt, una alemana de origen norteamericano, miraba a los prisioneros desnudos y se burlaba de sus cuerpos y de sus partes íntimas. Otras veces, ella disfrutaba de comer pasteles y de tirar las sobras a los cerdos, frente a los pobres muertos de hambre de los prisioneros.

Luego de cruzar la cocina salimos a un patio exterior. Afuera, la luz resplandece y se vuelve a respirar con normalidad. Aunque la asfixiante angustia ha dejado sus hendiduras. Después de ver lo que el hombre es capaz de hacer al hombre, es imposible ser el mismo de antes. Llegamos a una barraca que funcionaba como oficina del personal administrativo. Afuera de las oficinas hay un enorme muro, silencioso y ennegrecido. Ahí eran recibidos los prisioneros, despojados de sus ropas, de todas sus pertenencias y rapados a coco. Se les entregaba un uniforme a rayas. No sé si en ese instante tenían esperanzas o si ya podían imaginar que para muchos era el final de la vida que habían llevado fuera. Que no volverían a ver a sus familias y que tal vez terminarían muertos.

Adentro del barracón es posible observar las fotografías y la historia personal de muchos de los oficiales y de los guardias. Todos ellos hombres despóticos y crueles que se ensañaron cada día con los prisioneros.

Al otro lado están las porquerizas. Los paquetes de ayuda humanitaria que lanzaban en paracaídas los aviones de la cruz roja eran entregados a los cerdos. En las caballerizas, cada caballo tenía un nombre escrito en una placa, para hacer saber a los prisioneros, reducidos a números, que cualquier animal tenía más importancia que ellos.

El exterior del campo es extenso.

Todavía es posible ver algunos de los vagones que eran utilizados para el trabajo de los prisioneros. Debían extraer grandes cantidades de tierra del foso que rodea la fortaleza y trasportarla en carretillas hacia otro sitio, donde construían un muro. Un trabajo que recuerda al mito de Sísifo, ya que al final resultaba un trabajo ocioso y sin sentido. La idea era cansarlos hasta que desfallecieran. Trabajaban doce horas diarias, todos los días del año. Cuando carecían de fuerzas para continuar, se les propinaban sendas palizas. En una ocasión arrojaron al foso a un judío de veinte años que no podía trabajar más y, frente a las miradas indiferentes de los SS, lo dejaron ahogarse.

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Más allá están los postes de fusilamiento, perfectamente alineados, y al lado, la horca. De los 3532 prisioneros que pasaron por el campo, muchos fueron fusilados y ahorcados en ese lugar. Otros murieron de inanición y agotamiento.

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El 6 de mayo de 1944, cuando se acercaba la liberación de Bélgica, los prisioneros fueron enviados a campos de concentración en Alemania, de donde regresaron muy pocos. Tras la liberación, los aliados encontraron el Lager abandonado. La mayoría del personal del campo fue enjuiciado y ejecutado por los aliados.

La huella de la locura quedó sepultada en el interior de aquella fortaleza. El Memorial es un recordatorio histórico de los actos de barbarie que es capaz de cometer el hombre en el mundo moderno.

Pero no todo es historia. Mientras escribo estas últimas palabras, actualmente, en muchos lugares del mundo, existen otros sitios donde gobiernos totalitarios ejercen la represión como medida de control, tal como ocurría en lugares como el fuerte de Breendonk.

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Fuente:

Mémorial National du Fort de Breendonk: http://www.breendonk.be/fr/

Fotografías: Juan H. Rodríguez.

Autor:

Fecha: 
Martes, 21 de Abril 2015 - 16:00
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De 1893 - Nace Joan Miró

Joan Miró i Ferrà (Barcelona, 20 de abril de 1893-Palma de Mallorca, 25 de diciembre de 1983) fue un pintor, escultor, grabador y ceramista español, considerado uno de los máximos representantes del surrealismo. En su obra reflejó su interés en el subconsciente, en lo "infantil" y en su país. En un principio mostró fuertes influencias fauves, cubistas y expresionistas, pasando a una pintura plana con cierto aire naïf, como lo es su conocido cuadro La Masía del año 1920. A partir de su estancia en París, su obra se vuelve más onírica, coincidiendo con los puntos del surrealismo e incorporándose a este movimiento. En numerosas entrevistas y escritos que datan de la década de 1930, Miró manifestó su deseo de abandonar los métodos convencionales de pintura, en sus propias palabras de "matarlos, asesinarlos o violarlos", para poder favorecer una forma de expresión que fuese contemporánea, y no querer doblegarse a sus exigencias y a su estética ni siquiera con sus compromisos hacia los surrealistas.

Uno de sus grandes proyectos fue la creación en 1975, de la Fundación Joan Miró, ubicada en Barcelona, centro cultural y artístico para difundir las nuevas tendencias del arte contemporáneo, constituyéndose con un gran fondo de obras donadas por el autor; otros lugares con importantes fondos de sus obras son la Fundación Pilar i Joan Miró de Palma de Mallorca, el Museo Reina Sofíade Madrid, el Centro Pompidou de París (Musée National d'Art Moderne) y el MOMA de Nueva York.

Fecha: 
Jueves, 20 de Abril 2017 - 09:40

Efemérides:

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