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De rivales, incendios y modernidad

Tal como lo prometí en el artículo anterior, relataré el final de la historia del Palacio de Hierro, enfocado a su construcción y a todos los cambios que sufrió, incluso hasta un devastador incendio, para llegar al edificio que hoy se encuentra en Venustiano Carranza, entre las calles de 5 de Febrero y 20 de Noviembre. 

Dos eternos rivales siempre hombre con hombro

Remontémonos al año 1891 en que los almacenes del Palacio de Hierro habían quedado terminados e inaugurados. Con un edificio de cinco pisos de hierro ensamblado lleno de tallas, balcones y remates.

En la fotografía que muestro a continuación se puede apreciar el nuevo edificio hacia 1891.

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Anónimo, Palacio de Hierro y Puerto de Liverpool, fotografía, archivo internet, ca. 1891

Es importante aquí destacar un detalle importante que se puede observar en la imagen. Liverpool está junto al Palacio de Hierro.  Y es que desde sus inicios incluso desde que el Palacio de Hierro era un cajón de ropa (tienda pequeña) en el Mercado de las Flores (recordarán esto por el artículo anterior), ha estado junto a Liverpool, tal como se puede observar en el plano de 1883 que presento a continuación.

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Julio Popper Ferry, Plano del perímetro central. Directorio Comercial, archivo internet, 1883

El plano muestra las calles de Diputación y Portal de la Flores (hoy ambas llamadas Plaza de la Constitución), Callejuela (hoy 20 de Noviembre), Monterilla (hoy 5 de febrero) y San Bernardo (hoy Venustiano Carranza).

Entre San Bernardo, Portal de las Flores, justo sobre Callejuela se encontraban ambos locales: Al Puerto de Liverpool y Las Fábricas de Francia (primer nombre del Palacio de Hierro).

A continuación un mapa actual sacado de Google maps para mostrar las mismas ubicaciones y hacer más claro las calles que estoy mencionando.

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Mapa Zócalo, Google maps, 2015

Aquí un acercamiento del plano de 1883 para poder leer mejor los nombres de ambas tiendas.

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Para 1891 la Avenida 20 de Noviembre no existía. Será hasta la década de los años 30 en que se ampliará la via. Curiosamente Liverpool construirá su nueva tienda del otro lado de la nueva calle, quedando una vez más junto al edificio del Palacio de Hierro, tal como lo podemos ver en la siguientes fotografías.

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Anónimo, Avenida 20 de Noviembre (Palacio de Hierro a la izquierda y Liverpool a la derecha), fotografía, archivo internet, ca. 1938

Aquí otra foto en la que se ven más cerca los dos edificio y se alcanza a leer el nombre de Liverpool en la esquina superior del edificio ubicado a la derecha.

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Anónimo, Avenida 20 de Noviembre (Palacio de Hierro a la izquierda y Liverpool a la derecha), fotografía, archivo internet, ca. 1938

Aquí concluye esta parte sobre los dos rivales hombro con hombro, aspecto que me parecía interesante destacar.

De un palacio en llamas a un nuevo estilo

En 1901 se le agregarán al edifico, inaugurado en 1891, terrenos adyacentes al inicial ampliando su construcción.

Para 1910 se construirá una torre rematando con un reloj en su esquina principal, tal como se puede ver en la imagen a continuación.

rivales7.pngAnónimo, El Palacio de Hierro, litografía, ca. 1910

Para 1911 se reinaugurará el edificio, tras los últimos toques de diseño en su fachada e interior, presentando un edificio de estilo Art Nouveau (el arte y estilo arquitectónico de moda en aquel momento). Palacio de Hierro seguía buscando estar a la moda y se había transformado de una construcción rectangular, usual para el México vaquero del siglo XIX, a un edificio afrancesado.

A continuación imágenes de su nueva fachada.

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Anónimo, El Palacio de Hierro, fotografía acuarelada, 1911

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Anónimo, El Palacio de Hierro, fotografía, 1911

Para esta renovación no se escatimo en nigún sentido. Tanto su exterior como sus interiores mostraban el mayor lujo e incluso modernidad. Los materiales de construcción, el mobiliario, la mercancía, incluso los detalles de herrería en sus escaleras y pasillos eran admirados por toda la población, quienes asistían tan solo para conocer aquella tienda de dimensiones jamás antes conocidas en México repletas de detalles afrancesados y llena de los mejores artículos europeos y de Norte América.

Uno de los detalles que más destacaba era que contaba con luz eléctrica. Pocos edificios en aquel momento tenían iluminación eléctrica y en su caso eran de uso gubernamental, por lo que este fue el primer edificio de carácter público que ofreció ese avance dentro de sus instalaciones.

Cada departamento contaba con iluminación e incluso cada vitrina permitiendo mostrar los artículos de forma detallada sin necesidad de esperar a ser atendidos. Incluso la tienda podía permanecer abierta hasta después de que anocheciera generando con ello el último grito de la moda. El siglo XX se hacía presente y el Palacio de Hierro iba a la delantera.

La reinauguración del edificio se promovió con la siguiente imagen.

rivales10.pngAnónima, Anuncio del nuevo edificio del Palacio de Hierro, pintura, tomado de internet, ca. 1911

A continuación imágenes de la entrada principal y sus interiores.

rivales11.pngAnónima, fachada y entrada principal del Palacio de Hierro, fotografía, tomado de internet, ca. 1911

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Anónima, Interior Palacio de Hierro, fotografía, tomado de internet, ca. 1911

rivales13.pngAnónima, Interior Palacio de Hierro, fotografía, tomado de internet, ca. 1911

rivales14.pngAnónima, Interior Palacio de Hierro, fotografía, tomado de internet, ca. 1911

En las imágenes a continuación se puede hacer un recuento de los cambios que sufrió el edificio desde 1891 a 1911.

rivales15.pngModificaciones a la construcción desde 1891 a 1911, tomado de la pagina de internet del Palacio de Hierro, 2015

Una madrugada a inicios de 1914 el edificio amaneció envuelto en llamas. Un corto circuito en alguna de sus vitrinas desató un incendio que fue imposible parar. Mercancía, vitrinas, herrería, ventanales, detalles. Todo fue consumido por un devastador fuego. El mayor toque de modernidad fue su mayor enemigo.

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Anónima, fachada del Palacio de Hierro después del incendio, fotografía, tomado de internet, 1914

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Anónima, bomberos intentando apagar el incendio, fotografía, tomado de internet, 1914

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Anónima, Edificio después del incendio, fotografía, tomado de internet, 1914

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Anónima, Edificio después del incendio. Acercamiento, fotografía, tomado de internet, 1914

Los socios y dueños del Palacio de Hierro rentaran un nuevo local para continuar con sus ventas, intentando recuperar lo mayor posible ante tal pérdida.

En lo que reconstruyen su palacio azotará la Revolución Mexicana y en Europa pasará la Primera Guerra Mundial. Ambas guerras no ayudaban a que fuera sencillo traer el material para reconstruir.

Será hasta 1920 que se logre iniciar la construcción reinaugurando en 1921 un nuevo edificio mezclando estilos. El nuevo Art Decó, junto con detalles que recuerdan al anterior arte de moda, el Art Nouveau al decorar la cúpula de su entrada principal y la marquesina con mosaico bizantino y cubrir su techo con dos vitrales estilo Tiffany. Los modernos años veinte traían consigo un nuevo estilo más geométrico, simple, sin tantas curvas ni colores y mucho menos detalles de vitrales emplomados, como lo era el anterior arte afrancesado.

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Anónima, Detalle de cúpula y marquesina con mosaico bizantino, fotografía, tomado de internet, 2015

Aquí una foto de propaganda de la reinauguración del nuevo edificio del Palacio de Hierro en 1921.

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Anónima, Nuevo edificio del Palacio de Hierro, fotografía, tomado de internet, 1921

Para los años 30 el Art Decó será el único estilo utilizado el cual, por cierto Liverpool empleo para su nuevo edificio, quedando ahora este a la vanguardia de aquella época, dejando al edificio del Palacio de Hierro pasado de moda.

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Anónima, Nuevo edificio el Puerto de Liverpool, fotografía, tomado de internet, ca. 1938

A continuación las fotos actuales de ambas tiendas (Palacio de Hierro y Liverpool) para notar los dos diferentes estilos.

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Anónima, Edificio actual del Palacio de Hierro, fotografía, tomado de internet, 2015

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Anónima, Edificio actual de Liverpool, fotografía, tomado de internet, 2015

Hoy en día podemos apreciar todos los estilos y admirar el edificio del Palacio de Hierro por su belleza y detalles de Art Nouveau y Decó. Construcción que desde 1921 permanece igual y en la misma ubicación. Edificación que al admirarse desde su interior o exterior denota la transición del siglo XIX al XX y nos presenta un comercio centenario más, que desde 1841 está en la Ciudad de México. Y es así como aquí concluye mi artículo enfocado a la historia de este edificio y comercio.

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Miércoles, 13 de Mayo 2015 - 17:30
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Royal Mónaco, un soundtrack de recuerdos

Con gran amor para mi padre, Juan Antonio Isidro, enmedio de la más difícil batalla de su vida.

Al redactar estas líneas, Dios me concedió la fortuna de ver a mi padre despierto después de que el pasado 1 de mayo sufriera un infarto.

Su corazón se detuvo por 15 angustiosos minutos. Después nos enteraríamos que el infarto que lo mandó el hospital fue el último de una serie de 5 en menos de una semana.

Han sido días difíciles para la familia. Tuve que viajar de Matamoros a Cuernavaca para apoyar a mi madre y a la familia en este trance.

Todavía falta mucho por hacer, pero fue una verdadera sorpresa ingresar a la visita en el Hospital General José G. Parres de Cuernavaca y ver a mi padre recostado, ya sin el respirador que lo mantuvo vivo durante la última semana.

Al verme, abrió desmesuradamente sus ojos verde aceituna y me preguntó: "¿¡Y tú cuándo llegaste!?"- con la voz un poco apagada detrás de la mascarilla de oxígeno.

Creo que nunca me había emocionado tanto escuchar a mi padre preguntarme algo...

Estos días han sido de emociones encontradas. Saludar a mi madre, a mi hermano mayor, a mis tías y tíos, primas, primos y sobrinos.

Recorrer algunas de las calles de Cuernavaca, ciudad a la que dejé hace ocho años para radicar en la frontera tamaulipeca.

Recordar a mi querida hermana Lety, quien me inició y fue mi mayor apoyo cuando decidí dedicarme al periodismo y la comunicación. Hermana, colega, maestra y asesora, quien hace  poco más de dos años se nos adelantó en el viaje...

Y de recordar muchos momentos felices. También los tragos amargos, porque al final del día, eso es la vida: un impresionante caleidoscopio de imágenes, sensaciones, vivencias y recuerdos...

Recuerdo que a mediados de los ochentas, cuando mi familia se mudó del Estado de México a Cuernavaca, mi papá tenía un automóvil Royal Mónaco, en su versión de lujo, con quemacocos, cristales eléctricos y cuatro puertas. Y que muchas, muchas veces, mi hermano Toño y yo lo acompañamos en sus actividades como comerciante, recorriendo cientos, quizá miles de veces distintas ciudades donde realizaba su trabajo: los lunes era en Temixco, Morelos; martes en San Martín Texmelucan, Puebla; miércoles y jueves en Chilpancingo e Iguala, Guerrero, respectivamente; los viernes en Toluca, Estado de México; sábado en Tlaquiltenango, Morelos y el domingo en el populoso barrio de la San Felipe de Jesús, al oriente del Distrito Federal.

Los viajes eran pesados, y esa era la historia de nuestras vacaciones escolares: acompañar al jefe en su trabajo. 

La carretera se convertía entonces en lugar de diálogo, reposo y entretenimiento. Y en el tocacintas del poderoso Royal Mónaco rojo de papá se instituyó la democracia musical. Todos teníamos derecho a escuchar nuestra música favorita durante los viajes.

Mi hermano Toño y yo abusábamos en complicidad, y hacíamos sonar en el estéreo todo un repertorio de rock de todos los géneros: Judas Priest, Iron Maiden, Def Leppard y Ozzy Osbourne. Después llegaría la moda del "Rock en tu idioma", y con ello las cintas de Radio Futura, Nacha Pop, El Último de la Fila, El TRI y Botellita de Jerez, entre muchas otras bandas.

En sus turnos, mi padre programaba música muy variada: tríos como Los Panchos y los Tres Diamantes, cantantes como Óscar Chávez y Alberto Cortez, música de orquestas como las de Ray Coniff, Pérez Prado y Franz Pourcel hasta música tropical y afroantillana como La Sonora Matancera, Mike Laure y todo el repertorio del Tequendama de Oro.

Cuando en los viajes se incorporaba mi mamá, también cambiaba el repertorio , y era tiempo de escuchar a Juan Gabriel, Rocío Dúrcal, Estela Núñez y sus dos grandes favoritos: Roberto Carlos y José José.

Si se incorporaba la hermana mayor, Lety, por las bocinas sonaba la música de The Beatles, Wings, Styx, Miguel Mateos o Joaquín Sabina. Con nuestros hermanos más pequeños, Ana y Héctor había ciertas concesiones (los mayores éramos medio cerradones, debo reconocerlo), y ocasionalmente llegamos a escuchar música de Timbiriche, Parchís y Los Pitufos... De todo un poco...

Imagínese usted la diversidad: los cinco hijos del matrimonio Isidro Corro nacimos entre 1965 y 1978. De ellos, nuestra hermanita mayor, como ya lo mencioné, ya pasó a mejor vida; mi hermano Toño vive en Cuernavaca, su servidor reside en lo que queda de Tamaulipas; mis dos hermanos menores radican en los Estados Unidos.

Hermosos recuerdos de un tiempo feliz, en el que una familia podía viajar tranquilamente en carretera, de día, de noche o incluso de madrugada. Actualmente, lo pienso dos veces antes de viajar por carretera a Ciudad Victoria o Reynosa. No sólo cambió el panorama musical: nuestro querido México ya no es el mismo.

Todavía nos falta mucho camino por recorrer para ver a mi padre plenamente recuperado. Pero mientras esto ocurre, en la carretera de los recuerdos me sueño tripulando el poderoso Royal Mónaco dando las gracias a Dios por haberme dado un padre honesto, trabajador y tolerante, que me enseñó a abrirme paso en la vida, y del que aprendí a amar la lectura y la música, dos grandes tesoros que nos mantienen unidos a pesar de las distancias...

¡Buen viaje a tod@s!

 

SOUNDTRACK PARA LA LECTURA:

"Heading out The higway" (Inglaterra)- Judas Priest

 

"El blues de la llanta" (México)- Three Souls in My Mind

 

"A la orilla de la carretera" (México- Argentina)- Jaime López & León Gieco

 

"Cero 39" (México)- Mike Laure y sus Cometas

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Jueves, 14 de Mayo 2015 - 16:00
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Qué hacer cuando la crisis del cuarto de vida ataca. No, en serio, ¿qué hago?

Mi mejor amigo, M.,  me decía el otro día "te calmas, todavía no tienes veinticinco". Pues son 12:59, oficialmente tengo 25 años y este es mi mayor logro hasta ahorita: ver todos los episodios de una serie en menos de un mes. En realidad no es que uno se despierte el primer día de sus veinticinco y automáticamente entre en la crisis del cuarto de vida. En mi caso, los síntomas son viejos conocidos míos, pero entonces no les decía "crisis del cuarto de vida", sólo adolescencia.

La gente de mi generación, refiriéndome específicamente a la de mi escuela (saludos) fue precoz hasta para equivocarse. Unos empezaban a tener hijos, algunos se casaban, o se iban a iban a vivir con sus parejas en turno y otros ya arrastraban el proverbial grillete en esas relaciones de estira y afloja. ¡Todo ese drama a los 16 o 17! Yo no me incluyo en esto porque mis errores empezaron cuando se supone que ya tendría lo más elemental bajo control.

Mientras todo eso sucedía, M., y yo nos permitíamos sentirnos algo, me atrevo a decir, superiores; no sentíamos la necesidad de querer encajar, ni nos atraía a hacer las mismas cosas que la gente de nuestra edad. No por querer ser diferentes, o por no haber sido requeridos, simplemente no nos nacía. M. podía sacar buenas calificaciones sin esfuerzo y yo era la mejor de mi generación en inglés. Eso nos daba un propósito muy claro durante esos años escolares en los que todo es blanco y negro. No puedo hablar por él, pero mi excelencia académica en inglés me hacía sentir que caminaba en agua, asertiva e intocable. Me sentía como Tony Manero, compensando mi intrascendencia con pericias en idiomas en lugar de pasos de baile y copete. Llegaba a la clase con la arrogancia de alguien que lleva la tarea de un mes adelantada y bien hecha.

La verdad es que siempre he sido una atormentada de clóset. Me daban palpitaciones si me preguntaban que quería estudiar. El "no sé" me parecía una abominación. Siempre estuve segura que quería estudiar música, el "no sé" quería decir "probablemente me van a obligar a estudiar otra cosa". Lo único peor que no conseguir lo que quería era conseguirlo. Me autoflagelaba preguntándome: “¿de qué voy a vivir?, ¿cómo voy a conseguir trabajo?, ¿es normal equivocarme en todo?”. Y así como así se plantó la primer semilla de esta crisis que, contrario a lo que crea M., no se anunció como Sergio el bailador.

De alguna manera me salí con la mía, claro que me amenazaron con desheredarme si los hacía arrepentirse, o sea que no tenía nada que perder. Poco sabía que este no era mi final feliz y que durante toda la carrera me seguirían estas preguntas como una nube negra. Ya adentro veía con amargura a los demás desfilando enfrente de mí con sus axilas malolientes y sus sonrisas babosas, tamborileando los dedos en el aire sin preocupación alguna, mientras yo sentía que la rutina de la vida universitaria no me cobijaba lo suficiente para seguir siendo la arrogantita de siempre. Eso pasa cuando se crece entre adultos, la inconsciencia nunca pudo ser una elección de vida, cualquier acto que se le pareciera venía (y viene) acompañado de esos remordimientos que despiertan a uno a las 4 de la mañana. 

Entre todos los problemas que tenía con mis maestros y conmigo misma, llegué a contemplar la posibilidad de cambiar de carrera. Pero una vida sin estudiar por lo que tanto peleé me parecía una realidad desalentadora y, para alguien que pasó la prepa con calificaciones aceptables, el futuro sólo se veía sombrío en el mejor de los casos.

Me iba a dormir llorando y en la madrugada me despertaban las ganas de querer seguirle. “¿Será que sólo estoy haciendo tiempo a que me lleve la parca?”. Pasaba más tiempo sufriendo mi carrera que disfrutándola y fingiendo que todo estaba bien mientras arrastraba en silencio una depresión extraña. Aunque creo que es más acertado decir que la depresión me llevaba arrastrada a mí. Ya ni siquiera estaba segura de querer seguir estudiando música, ni siquiera podía escuchar música para relajarme porque me recordaba a todo lo que estaba haciendo mal en mis clases.

Ahora que ya estoy más allá de los traumas generados por la vida académica frustrante y anticlimática, me doy cuenta que la situación global no ayuda a las inseguridades de la damita recién egresada, pero ahí ya entraría en temas que… si no tengo la solución prefiero ahorrarme mis quejas. Tal vez sea momento de probar suerte en la profesión más antigua del mundo, es lo que he llegado a pensar cuando veo mi currículum y me doy cuenta que he perdido el tiempo perfeccionando el manejo de otras artes menos rentables, como picar fruta en cubos perfectos y chismorrear de los asuntos personales de Frida Kahlo y Diego Rivera. Hasta M. me ha sugerido convertirme en una "acompañante", comillas exageradas y todo.

Viendo a algunas personas con las que estudié desde los tres años hasta los dieciocho, y algunos otros que llegaron en el camino, he notado que hay un trasfondo de seriedad en su comportamiento, hasta cierto punto hipócrita. Algunos permanecen igual en esencia pero para otros ha sido mejor fingir que su bandera de gente respetable estuvo ahí todo el tiempo. Yo preferí dejarme caer de panzazo sobre el agua en la que caminé alguna vez y mejor decidí desplegar mi bandera de "la zurro más seguido de lo que debería", dar consejos avalada por Casillero del Diablo y sugerir la abstinencia matrimonial usando como evidencia la trágica dirección que han tomado algunos de nuestros conocidos en común.

¿No se supone que estos son los mejores años? ¿Por qué embarazarse, endeudarse, casarse y terminar adquiriendo comportamientos de otra crisis cuando apenas podemos con lo que nos pasa? No creo que los infortunios pesen menos sólo por ser autoimpuestos. Yo sólo espero no estarme preparando para otro cuarto de vida igual a este, chula me voy a ver.

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Lunes, 11 de Mayo 2015 - 18:30
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Tomás Borges recomienda: ““El Fénix Islamista””

Autor: Loretta Napoleoni

Editorial: Paidos

“Al Qaeda es una organización mientras ISIS es un Estado“

Abu Al Bagdadí

Todo mundo habla del grupo terrorista del Estado Islámico o ISIS, el cual es frecuentemente enunciado en los medios de comunicación como un grupo de locos anacrónicos que buscan por medio del terror, lanzar una cruzada contra occidente.

Pero, ¿qué es exactamente el Estado Islámico? ¿Cómo surgió? ¿Qué busca? Estas y otras interrogantes más tienen respuesta en esta investigación realizada por la periodista Loretta Napoleoni, quien nos devela sobre el origen y alcance de este grupo terrorista que con sus ejecuciones propagandistas y su gran manejo de las redes sociales, ha ganado adeptos a lo largo y ancho del mundo.

La bandera negra y oro del Estado Islámico ondea en muchas comunidades del Oriente medio, donde el Estado Islámico gobierna y busca crear un Califato como el instaurado en el siglo VI por los herederos del profeta Mahoma; es la organización terrorista que ha aprendido de los errores de los grupos terroristas que le precedieron.

A pesar de que pareciese una quimera, la autora nos refiere que “El Califato” es una meta similar a la que perseguían los sionistas judíos en los albores del siglo XIX, cuando el Estado de Israel sólo existía en sus enfebrecidas mentes.

Abu Al Bagdadí, Califa y líder del grupo Estado Islámico, a diferencia de los grupos terroristas de Al Qaeda y de los Talibán, utiliza el poder de la ideología, no para luchar contra un enemigo allende los mares, como los Estados Unidos, o para instaurar la Chaira o ley islámica en aldeas lejanas y pedregosas como lo hacen los talibanes, sino para traer de vuelta un Estado Coránico que existió en lo que hoy son países dibujados por potencias extranjeras, que solo trajeron “Democracia” (invento falaz) y desigualdad entre los árabes.

La búsqueda del retorno de la era dorada del Islam es la meta a seguir, y esa voz suena angelical entre los miles de desplazados y desheredados a lo largo del mundo, aceptando a todo aquel que quiera luchar por un ideal, dándoles una causa a todos aquellos desclasados que habitan y pululan las grandes ciudades del orbe, como son Londres, Madrid y París, donde los atentados al semanario CHARLIE HEBDO, fueron uno de los golpes más propagandísticos del grupo.

El uso de las redes sociales para acrecentar la imagen mítica del líder Abu Al Bagdadí, quien a diferencia de Bin Laden y la cúpula de AL QAEDA, no le gusta aparecer en medios, pero sí utilizar las redes sociales y lo último en tecnología para promover su movimiento y ganar más adeptos.

Las ejecuciones de periodistas y cristianos, transmitidas por la web han influido en grupos tan dispares como el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), y han mostrado a un grupo que superando a la OLP (creadora del Estado Palestino), maneja más territorios en el Medio Oriente e incluso recursos, producto de la venta de petróleo, extracción de minerales y secuestro, lo que le ha dado una autonomía financiera sin precedentes.

El Estado Islámico ofrece seguridad y un sueño a los árabes que sólo han visto como los jeques petroleros son seducidos por occidente, utilizando los petrodólares para sus caprichos, dándole la espalda a su religión y por ende a su pueblo, mientras miles de árabes están en la miseria.

De acuerdo a la autora, el Estado Islámico ha traído paz y prosperidad en las zonas bajo su gobierno, y proporcionar servicios y educación en las zonas controladas, además de infraestructura en localidades lejanas de las limosnas otorgadas por los gobiernos occidentalizados como el Bashir Al Assad en Siria, cuya guerra civil ha sido la cantera para este grupo terrorista que busca incluso, atacar la sede del cristianismo…El Vaticano.

Abu Al Bagdadí maneja un perfil bajo, al grado que a pesar de haber estado en una prisión estadounidense en Irak, fue liberado en el 2009 de la prisión por no ser considerado una amenaza.

En fin, un libro para comprender la madeja que es el Medio Oriente y el Terrorismo, considerada como el arma de pobres.

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Viernes, 08 de Mayo 2015 - 18:00
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Ser en el Café

Tal vez, uno de los lugares de la tierra en donde el hombre todavía puede sentirse enteramente feliz es en un café, hablando, leyendo un libro u hojeando anárquicamente el periódico. Ignoro si la felicidad es un deber. Leí en alguna parte —o tal vez lo imaginé—, que los momentos más felices de nuestras vidas son aquellos donde no pasa nada, ni bueno ni malo. En lo personal, esos instantes de inadvertida felicidad me han llegado casi siempre durante algún viaje o sentado en la mesa de algún café. Ningún político, de izquierda, centro o derecha y, por supuesto, ningún gurú, podría ofrecerme algo que pudiese otorgarme semejante grado de felicidad. Antonio Muñoz Molina, uno de los mejores escritores españoles que existen y un escrupuloso anatomista del instante, escribió en esa gran novela híbrida que es Ventanas de Manhattan un capítulo relacionado con los cafés que visitaba en Nueva York. «En el café la vida es descansada y lenta, casi gratuita». A caballo, entre la novela y el ensayo, hace una descripción muy poética de cómo podía pasar más de dos horas sentado en la mesa de un café sin que nadie le reprochase el tiempo que transcurría sin consumir más y, cómo podía también comprar el diario New York Times o, simplemente, tomarlo de una mesa vacía donde otro cliente lo había dejado, ahorrándose los setenta y cinco centavos de su costo. En el mundo moderno, donde se nos cobra hasta por respirar, la observación de Muñoz Molina es pertinente. Por otra parte, le parecía que del otro lado de los ventanales de los cafés, la ciudad era agresiva y la vida inmisericorde y áspera, a diferencia de lo que ocurría en los límites de los locales donde vendían café, donde se sentía en completa seguridad. De los cafés también podría decirse algo similar a lo que Roberto Bolaño, el escritor de culto chileno, escribió sobre las librerías: «Todos tenemos el café que nos merecemos, salvo los que no tienen ninguno». De mis días vagabundos en la ciudad de México, lo que recuerdo con mayor alegría, son las tardes que pasé en aquellos cafés que frecuentaba en La Condesa, en Polanco y en Coyoacán. Creo haber pasado más tiempo que en ningún otro lugar, en el de la librería Rosario Castellanos, del Fondo de Cultura Económica, rodeado de aquel universo inagotable de libros que podía leer sin que nadie me obligase a comprarlos, aunque siempre terminaba por comprar alguno para agregarlo a mi larga lista de libros que quería tener, aunque muchos de ellos no los leyera hasta mucho tiempo después o nunca. En 2009, cuando llegué a Bélgica, lo primero que hice fue echar raíces en un café de la Grand Place de la ciudad de Mons. También visité dos de los más emblemáticos cafés de Bruselas, donde Carlos Marx, por cierto, escribió una parte de su obra. Los establecimientos donde se beben café y otras bebidas ha tenido una interesante evolución histórica. Si bien, en un principio, en los siglos XV y XVI, en La Meca, sus mesas fuesen ocupadas sólo por hombres sabios, místicos y religiosos, con el tiempo y después de haber sufrido una persecución ─hacia mil quinientos y tantos, las autoridades religiosas pensaban que estos lugares robaban tiempo a la religión─ abrieron sus puertas para personas cada vez más diversas. Durante muchos años los cafés se convirtieron en las ágoras de la modernidad, donde los pensadores se mudaban para practicar la filosofía en medio de la gente. Actualmente, son significantes espacios de la vida pública, social y cotidiana, y lugares favorables para el pensamiento, en la vida moderna. Pero a lo que yo intento aproximarme es a una idea, muy modesta, de la experiencia individual que consiste en entrar en un café para hacer una pausa en el día y pasar tiempo tan sólo siendo o, dicho de manera más pretenciosa, cobrando cierta conciencia de la dimensión humana o del ser, esa palabra tan difícil de definir y, sobre todo, de conocer. Con los años he tenido que reinventar mi forma de estar en el mundo. Mi lucha por la existencia consiste en salir a caminar después de la lluvia, olfatear la hierba húmeda y llenar de aire mis pulmones; pasar por el pequeño cine del barrio y sentirme atraído por una película de la cartelera que, de pura casualidad, está por comenzar; sentarme en un café para charlar con mi mujer o para estar solo y leer un libro. Manuel Vicent ya lo escribió mucho mejor de lo que yo podría hacerlo: «Al final de todas las religiones y filosofías, en medio de tantos dioses, héroes y sueños, resulta que la vida no es sino un conjunto de chismes y un nudo de aromas, una pequeña costumbre cuyos pilares tan sólidos son de humo y salen de ciertas tazas frente a las cuales uno ha sido feliz».

Foto: Edouard Boubat, Saint-Germain-des-Prés, 1953.

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Jueves, 07 de Mayo 2015 - 18:00
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Un vistazo a los Premios Nacionales Tierra Adentro 2014 (segunda parte)

Continuamos con este vistazo a los Premios Nacionales Tierra Adentro 2014. La semana pasada hablé de cuatro obras (http://ruizhealytimes.com/cultura-para-todos/un-vistazo-a-los-premios-nacionales-tierra-adentro-2014-primera-parte): La novela zombi de Ériq Sáñez (Ciudad de México, 1986), obtuvo el Premio Nacional de Cuento Breve Julio Torri 2014. Ciudad de México de José Manuel Cuéllar Moreno (Ciudad de México, 1990), obtuvo el Premio Nacional de Novela Joven José Revueltas 2014. Los procesos de Erik Alonso (Ciudad de México, 1988), obtuvo el Premio Nacional de Ensayo Joven José Vasconcelos 2014 y Teatro de la Gruta XIV (varios autores) que contiene la obra ganadora del Premio Nacional de Dramaturgia Joven Gerardo Mancebo del Castillo, “Bolito lo explica todo…” de Sixto Castro Santillán (Ciudad de México, 1985).

En esta ocasión tocaré las últimas tres obras premiadas, con lo que concluimos este vistazo a, solamente una parte, de la literatura joven que se está escribiendo en México.

Comencemos:

Bitácora de mujeres extrañas de Esther M. García (Ciudad Juárez, Chihuahua, 1987), obtuvo el Premio Nacional de Poesía Joven Francisco Cervantes Vidal 2014.

¿Qué vamos a encontrarnos al abrir este libro? Una serie de poemas cargados de voces femeninas que buscan de alguna manera desprenderse de la hoja para tocarnos y, con la sensibilidad poética de Esther M. García, adentrarnos a diversas circunstancias que viven, y muchas veces sufren, las mujeres, las suyas, que se van eslabonando con cada uno de sus poemas que van (en su primera parte del libro), desde la “Mujer maquila” a “Mujer bestia mirando la ciudad”, y en medio de éstos, treinta más de las realidades de esta mujer, que en sí misma, son muchas.

Poemario dividido en cuatro partes donde no solamente se rescata su “Breviario de mujeres” sino “La embarazada solitaria”, “Ella habla” y “Variedad de espinas”. Divisiones que parecen ser parte del cuerpo interno de la poeta, pues utiliza una voz segura desde su óptica de mujer enterada (hasta donde le permite su experiencia claro está) de lo que padece ella misma y otras más.

El único reproche que se le puede hacer al libro (y es un problema recurrente en estas obras premiadas) es que sus partes, aunque la misma voz poética aparece en toda la obra, no consigue la comunión; es decir, cada una de sus cuatro piezas funcionan bien individualmente, pero no en conjunto: no se lee de principio a fin como un todo.

Podría decirse que, acaso, son dos poemarios en uno. Este problema no le quita mérito al trabajo poético de la autora, pero sí a su libro como pieza única.

 

Sin trincheras de Habacuc Antonio De Rosario (Reynosa, Tamaulipas, 1981), obtuvo el Premio Binacional de Novela Joven Frontera de Palabras Border of Words 2014.

Esta novela nos presenta la realidad de muchos mexicanos, con respecto al narcotráfico y las pugnas violentas que están y han padecido en el norte del país. Específicamente en la frontera de Reynosa, Tamaulipas, con McAllen, Texas.

La historia se cuenta desde dos perspectivas, la de un narcotraficante de medio pelo que busca escalar peldaños en su organización, en la que desempeña labores desde sicariato, cobrador de cuotas a comercios locales, a recolector de “mojoncitos”; y por el otro lado, la de un comerciante que tiene una frutería en la Central de abastos de Reynosa, visión desde la cual nos ofrece un retrato, y en sí mismo una crítica, a las diversas situaciones con las que tiene que lidiar una persona —en este caso un empresario— en dicha parte del país, y cómo, dichos problemas, van afectando no solamente su lado laboral, sino el personal.

Esta proyección que nos presenta el autor, se logra claro está, con la relación, que en algún punto se da, directa o indirectamente, entre ambos personajes.

La novela funciona y bien, dado que los personajes están en el tono y lenguaje adecuados, nunca sientes que las situaciones están forzadas o exageradas.

Las perspectivas desde donde se cuenta la historia están muy bien definidas y trabajadas al igual que la estructura de la obra. Tiene una narración de lectura fácil, que fluye muy bien para leerse de una sentada (como debe ser en una novela de estas características).

Ahora, no puedo dejar pasar lo que me parece el único error de la novela y que debería eliminarse (en caso de que la novela se reedite), me refiero a lo que entendí como un brevísimo ensayo sobre el fútbol que no tiene nada que hacer ahí; es decir, no ayuda para nada al texto, no se relaciona con ninguna de sus partes, no se retroalimenta: es una mancha que está allí pidiendo ser limpiada.

 

Y, sin embargo, es un pañuelo de Jaime Muñoz de Baena (Ciudad de México, 1985), obtuvo el Premio Nacional de Cuento Joven Comala 2014.

Aquí sí nos topamos con pared, porque es un libro fallido. La obra se compone de veinte cuentos que “mezclan y parodian diversos géneros; desde el drama hasta lo policiaco, de los pasajes bíblicos a las teorías de conspiración”.

Sí, parodian y tocan diversos temas que van desde la burocracia hasta Jesucristo donde el autor pretende ser sardónico e inclusive, hilarante, con su voz narrativa —que tampoco es nada fuera de lo común para este tipo de trabajos—, pero no lo consigue más que en un par de cuentos, de veinte.

Es decir, hay cuentos que no cierran del todo bien. Hay una especie de relato que al no estar conseguido termina por ser un chiste malo. Está mal compuesto en relación al acomodo de los cuentos. ¿El autor tiene estilo de cuentista? Sí, pero apenas se vislumbra. En definitiva es un libro que llega a cansar, y que a un lector exigente lo perderá al poco tiempo de haber comenzado la lectura.

Hasta aquí llegamos con los Premios Nacionales Tierra Adentro 2014. En resumen hay obras que valen la pena, otras no tanto, autores que se les augura un buen futuro, otros necesitan trabajar mucho más, en fin, es el proceso natural del escritor que, a menos que seas la reencarnación de Rimbaud, tendrá que pasar con los años —el mismo Julio Cortázar encontró sus grandes cuentos pasados los treinta y cinco años (se pueden constatar los intentos anteriores del autor, en algunos cuentos o relatos que se incluyen en Papeles inesperados).

¿Hay mucho más allá de estos autores premiados con respecto a la literatura joven de este país? Muchísimo. Ellos son sólo una pequeñísima parte de este mundo literario.

Grandes talentos deambulan por el inmenso mar de las revistas literarias, de las editoriales independientes (pequeñas, medianas y chicas); cada uno de ellos escribiendo desde y a partir de sus circunstancias, abriéndose espacios a como pueden.

Algunos sufren más que otros para poder desarrollarse en la escritura, pero tal vez esto no sea tan malo, después de todo, un gran escritor como lo es el sudafricano J.M. Coetzee, dijo que no se explica la poesía, su expresión, sin sufrimiento.

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Viernes, 01 de Mayo 2015 - 18:00
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Marcos Aranda González: Encuentro con el pintor de los rostros de Ayotzinapa en Bélgica

El corazón de un pintor termina por adquirir la forma que tienen sus manos, pienso, al conocer a Marcos Aranda González, el pintor que realizó la representación de los 43 rostros de los normalistas desaparecidos de Ayotzinapa que, el pasado 31 de septiembre de 2014, un grupo de manifestantes llevó frente a la Unión Europea y, el 9 de diciembre, frente la Misión de México ante la Unión Europea y Embajada de México ante el Reino de Bélgica y el Gran Ducado de Luxemburgo. «Como mexicano sentí que se tenía que hacer algo. Me duele lo que está ocurriendo en nuestro país», me expresó. El pintor vive en Quevaucamps —un pequeño pueblo ubicado en la comuna de Beloeil, dentro de la provincia de Hainaut—. El arte de Marcos Aranda González es transgresor. No me extraña que haya conseguido exponer su obra en México, Bélgica, Francia, Italia y Alemania.

Marcos Aranda González es originario de Santa Cruz Meyehualco —Iztapalapa, Distrito Federal— y es hijo de un escultor que estudió en la Academia de San Carlos. Desde muy joven, realizó maquetas para el Museo Nacional de Antropología e Historia. Durante aquellos días, las personas para quienes trabajaba, le hicieron ver que poseía talento para las artes plásticas. El arte lo sacó de la calle, alejándolo de las drogas y el alcohol. Recuerda que en sus inicios, en Tabasco, mientras trabajaba en un proyecto de veinticinco cabezas monumentales de la cultura olmeca para el Instituto de Cultura de Tabasco, conoció a una mujer que le enseñó cosas muy importantes sobre el arte. «Era una persona muy sensible y talentosa que me ayudó mucho. Pero ella se suicidó y ese suceso me marcó de manera muy intensa». Le pregunté si el sufrimiento hace mejor al arte y a las personas. Luego de reflexionar durante algunos instantes, me respondió: «El sufrimiento no hace mejor a nadie, ni a las personas ni al arte. El sufrimiento es indispensable. Es indispensable para crecer y para liberarse».

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Marcos Aranda González

El pintor mexicano llegó a Bélgica hace veintidós años, para colaborar en un proyecto artístico de Europalia, en la ciudad de Bruselas. Allí conoció a una mujer —que ahora es su esposa y con la que tiene una hija— y, motivado por aquel encuentro y por el entusiasmo de aprender de la cultura europea, decidió quedarse. Un viaje de tres meses trazó el rumbo de una travesía que cambió su destino. «Desde el principio tuve claro que tenía que hacer algo. Quería pintar y exponer mi obra».

Le pregunté cuál era la dificultad más grande a la que se ha tenido que enfrentar como artista en un país extranjero y me respondió lo siguiente: «Ser reconocido como artista», y «las personas, cuando no tienes un trabajo normal, algo como lo que hace todo el mundo, te ven de manera un poco extraña. Les cuesta trabajo aceptar que eres un artista y que te pasas el día creando». Por otra parte me dijo que su obra ha incomodado a algunas personas. «Pero la tarea del artista también es provocar». Para Marcos Aranda González el mundo del comercio del arte es como el mundo de la prostitución. La mayoría de las galerías están más preocupadas en vender que en la creación artística.

Su taller está ubicado a un lado de su casa, en un espacio que hace muchos años fue un rastro —un matadero de ganado—. Está repleto de caballetes, pinturas, herramientas, lienzos, paletas, solventes y algunos objetos extraños que le gusta coleccionar. La temperatura es baja y no hay calefacción. Marcos dice que durante el invierno suele ir a trabajar a una academia. Siempre trabaja con acrílico, pero también combina técnicas mixtas: laca, óleo, periódico, arenas, esmaltes, etcétera. Lo que busca con la mezcla de estos materiales es dar una mayor profundidad emocional y un mayor significado a sus pinturas.

He podido identificar dos períodos en su trayectoria artística: el período mexicano y el período mixto. El primero tiene influencias de los muralistas mexicanos: José Clemente Orozco, Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros… y José Luis Cuevas, el representante de la generación de la ruptura…». En las pinturas de esta época vemos una fuerte carga social, con colores intensos, casi agresivos. En la segunda etapa, el artista incorporó elementos que surgieron de los estudios que ha realizado sobre la escuela flamenca. «Además de que ya, desde México, me gustaba mucho Rubens», me explicó. De los flamencos, Jan van Eycke es uno de los que ha ejercido más influencia en su obra. Pero también tiene influencias del surrealismo. En especial del, así llamado, grupo Cobra: Pierre Alechinsky, Corneille, etcétera. «México es un país surrealista», piensa.

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Émigration 

En el primer período, Marcos Aranda González realizó algunas pinturas en las que se puede apreciar su inquietud por los problemas sociales contemporáneos. «El mundo va mal ¿no? ¿Adónde nos ha llevado el neoliberalismo? A veces hay que pintar sobre lo que es monstruoso, porque la realidad no es siempre lo que parece. Vivimos en una sociedad angustiada, por más que esté disfrazada de confort. El mundo moderno es una paradoja».

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La délicate sortie de l'ombre 

Después de la etapa anterior pintó muchos árboles. «Me gustan los árboles. Me gustan por el viaje. Por la emigración. Cuando llegué a Bélgica me inquietaba mucho todo el fenómeno de la emigración; el cambio de un país a otro. ¿Tú sabes que los árboles viajan?», me preguntó. Entonces me habló de los árboles en África, cuyas semillas recorren largas distancias. Es curioso notar que, en un inicio, las ramas aparecen desnudas. Los pintó durante sus primeros años en el país, cuando las cosas no eran muy fáciles para él. Marcos no se considera a sí mismo un desarraigado. No llegó al país para buscar fortuna ya que en México el trabajo no le faltaba. A diferencia de otros inmigrantes, se adaptó a la cultura, aprendió una de las lenguas del país y buscó la manera de participar en la vida de su comunidad. En sus obras posteriores a esta primera etapa algunos árboles ya tienen hojas; quizá, como un reflejo de los progresos que él hacía en su vida personal y en su trabajo artístico. En éstos parece haber mucho de los estados anímicos del artista, pero también de su país de acogida. Ha creado algunos de ellos con técnicas de collage, donde aparecen aviones y otros símbolos, que me han recordado a los cuadros de Jean-Michel Basquiat, el genial pintor de Nueva York. Cuando le pregunté a Marcos si pensaba en esos símbolos, me dijo que él casi siempre trabaja desde el inconsciente. «Los símbolos se revelan poco a poco, algunas veces después de algún tiempo», me dijo. Las figuras de algunos de sus árboles surgen de la niebla. «El clima influye en las personas y en el arte». Sólo hay que recorrer Bélgica, durante el invierno, para mirar cómo baja la niebla, cubriendo las ciudades y la campiña.

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Introspection 

Actualmente pinta retratos. Su taller está repleto de grandes lienzos con retratos de rostros humanos. El primero es uno de Francis Bacon, pintor por el que tiene una gran admiración. Los siguientes son retratos de estudiantes de pintura —en su mayoría mujeres— que modelan para él. «Me interesan los retratos porque la vida de las personas se marca en sus rostros», dijo. Piensa que él mismo aparece siempre en sus retratos. Y es que el artista nunca logra sustraerse de su obra. Su pintura me gusta porque me mueve. Toca partes de mi interior que no habían sido tocadas con anterioridad. Sus retratos me provocan un sentimiento de angustia. «En mi obra siempre está siempre presente la angustia «la angoisse», me dijo Marcos. En sus cuadros es común ver elementos en contraposición: lo viejo y lo nuevo, por ejemplo. También el paso del tiempo. «Un artista trabaja con sus obsesiones». Le dije que todo artista tiene una búsqueda y le pregunté cuál era la suya. Me respondió: «Sería vanidoso decir que la he encontrado. Si mi búsqueda estuviera clara… ya lo habría solucionado. No habría más búsqueda».

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Sin título 

Al final de mi conversación con el pintor Marcos Aranda González y, luego de haber tenido un acercamiento con algunos fragmentos de su vida y obra, le pregunté si podía hacer una reflexión final. «¡La lucha del artista es ser uno mismo!», me dijo. «Lo más importante en la vida es saber de dónde viene uno y hacia dónde va, que no siempre es fácil. Esos son nuestros viajes a los que me refería cuando te hablé de los árboles».

Mons, Bélgica. Abril 30, 2015.

Fotografías: Marcos Aranda González

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Fecha: 
Viernes, 01 de Mayo 2015 - 16:30
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Cambio Cultural

El espíritu del cambio, de la evolución, de la transformación empieza a hacer presencia en nuestra sociedad. Consignas como ¡Cambiemos el Mundo!, Liderazgo, Cambio Cultural, Educación, Igualdad y Desarrollo, entre otras; se enfrentan a diario contra Bullying, Corrupción, Nepotismo, Prepotencia, Miedo, Delincuencia, Inseguridad, Acoso,  Gobierno, y otras más. Funcionarios, empresarios, políticos, observadores, críticos, analistas, reporteros, comentaristas, cómicos y periodistas se enfrentan entre sí por defender, impedir o promover, el espíritu civilizatorio que se ha apoderado de las mentes lúcidas de algunos de los habitantes más distinguidos de nuestra sociedad. Mentes que han escalado la consciencia hasta el punto de su evolución denominado responsabilidad, en el único sentido posible.

Observar el statu quo, sin embargo, no promete que éste se quebrante. No basta saber que se requiere educación, poner una escuela y regalar becas; no basta asegurarse de que la enseñanza en esa escuela sea de la mejor calidad, No basta cultivar las artes y valores. Es loable, bonito y hasta conmovedor; pero insuficiente. ¿Dónde está el punto fino que detonará el Liderazgo, que hará estallar el Cambio Cultural, que propiciará la transformación del mundo?, ¿dónde se encuentran los detalles que nos indican cómo se articula todo esto?, ¿cuál es la llave que antepone el interés general, por encima del deseo individual de bienestar, y que malinterpretamos como supervivencia?, ¿cómo se consolida el producto final todas esas ideas creativas de la ciudad?

¡No bastan las buenas intenciones!, ni es suficiente el poder mediático de todo el espectro de radio, televisión e Internet. La educación germina en el seno de la identidad, en el auto-concepto, en el conocimiento de uno mismo; ¡ahí es donde está el cambio de mentalidad!, se cultiva con confianza, con anhelo, con futuro; ahí, en el contexto ideal de la ética y la moral... Enseñar a descubrir la propia identidad; lo que se es, quién se es; debería ser el requisito primario, el objetivo fundamental, de cualquier disciplina que pretenda educar. Crear consciencia, de sí mismo y del lugar que se habita, nos otorga la facultad de la presencia. De otro modo las cátedras pierden fuerza para capturar la atención de las mentes ausentes, extraviadas en la búsqueda ansiosa de su propio origen e identidad. ¿Quiénes somos para querer lo que queremos?, ¿cuál es el papel que desempeñamos para transformar lo que tenemos?... ¡Ahí está la piedra filosofal! Es absurdo pretender un Cambio Cultural, una mentalidad distinta, un cambio de paradigmas, apropiarse de una idea, con una identidad débil, disminuida o inestable, cualquier idea por insignificante que parezca podrá derribar un auto-concepto frágil, podrá destruirlo y corromperlo mientras sus cimientos no hayan fraguado, mientras su identidad no se haya definido. Ahí es dónde está la importancia de la educación.

¿Qué estamos enseñando?, ¿cómo lo estamos enseñando?... ¿Qué debemos enseñar?, ¿cómo lo debemos enseñar?...

Sin duda, el siguiente aspecto es el "Cambio Cultural"... ¿Qué es eso?, dos palabras; la primera sólo implica de manera abstracta la transformación de la otra. Pero la segunda, la palabra, "Cultura", tiene un sentido tan grande como nuestra historia. Un universo de constelaciones de significados, que al igual que las estrellas; nacen, se transforman, se destruyen, se convierten en hollos negros; se mezclan con otras constelaciones, otras culturas, cada una con su dinamismo y su historia; con su infinita maquinaria de paradigmas... Ese es el detalle que nos debe ocupar, esa maquinaria de paradigmas y de implantes conceptuales del deber ser, esos son los grilletes al statu quo.

¡Señores!... empresarios, emprendedores, conciudadanos, compañeros: ¡empecémos con el pie derecho!, andémos el camino recto, no seamos ilusos, no sembremos expectativas en tierra de buenos deseos. No les tiremos margaritas a los cerdos. ¡No! Este es el punto donde comienza el liderazgo, o mejor dicho: "El libre albedrío de la responsabilidad", que no es más que la voluntad de transformar. Es él, el libre albedrío, el que contagia, el que invita, el que se admira, el que convence... El que quebranta el estatu quo, el que guía, el que con responsabilidad asumida por propia convicción, transforma.

"No podemos resolver los problemas pensando de la misma manera que cuando los creamos". Dijo Einstein. El método debe evolucionar. No podemos cambiar nuestra sociedad si no cambiamos nosotros, y no podemos cambiar nosotros si no cambiamos nuestra forma de pensar, y no cambiaremos nuestra forma de pensar hasta no cambiar los paradigmas que la sustentan; las ideas con las que nos educaron. Justo ahí es donde surge el miedo, donde los guardianes del statu quo proclamarán la transformación cultural, aferrándose a sus paradigmas históricos, a sus ideas petrificadas, a la ededucación aberrada que dio origen a ese statu quo que tanto protegen, y que paradójicamente, demandan se transforme sin que se altere.

No hay magia en esto. Una cultura no se endereza, se siembra y se alimenta para que florezca y desplace a la cultura anterior. Una generación… se requiere un ciclo agrícola. Sólo hay que saber sembrar, seleccionar el paradigma civilizatorio adecuado, encontrar tierra fértil, alimentarlo y cuidar que no se corrompa. Una vez que ha echado raíz, la naturaleza humana se encargará del resto.

Liderazgo es la capacidad de contagiar la voluntad de transformar. Solo es eso… ¿Para qué tanta miscelánea conceptual?

Líderes, docentes, comunicadores, agricultores de de la cultura, todos estamos obligados a contribuir. El observador pasivo, el que mucho ayuda si no estorba, se convierte en el ancla de su condición, en lastre de su propia transformación.

Educación (consciencia), mentalidad (cultura), y liderazgo (responsabilidad). Son los ingredientes de la transformación, del Cambio Cultural. Ustedes lo saben.

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Martes, 05 de Mayo 2015 - 16:00
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Los famosos y los célebres: Date a desear y olerás a azahar

Decidí hacer mi servicio social en el museo de Frida Kahlo, un lugar que, aunque sea un ícono de la cultura mexicana y universal realmente, resultaba por de más incongruente con mi carrera. Pero me dije: por algo estoy aquí. Me aferré a creer que esto sería algo más que se sumara a mi larga lista de decisiones desafortunadas en mis veinte. Tal vez fue mi fascinación por lo célebre lo que me llevó ahí de manera inconsciente. 

Lo primero que noté fue que el lugar desmerecía en belleza y valor histórico entre turistas y locales igualmente taimados sólo visitando como "tocando base" en uno de los puntos turísticos obligados. El museo reservaba su mejor cara a los tuvimos la fortuna de poder recorrerlo los días que no abría al público. 

Dentro de Casa Azul se intercambiaban anécdotas, relatos y mitos. Para historias de terror ibas con los policías, "…a mí se me apareció una vez en el baño de su recámara, ¡sacó la mano por la ventana y me hacía señas con el dedo para que me acercara, señorita!" Para las historias detrás de las pinturas estaban los guardias de sala, "cada pico de la sandía representa las veces que el panzón desgraciado le puso el cuerno." Yo creo que todos teníamos opiniones encontradas respecto a las obras de Frida y Diego (me gusta pensar que me he ganado el derecho de tutearlos), pero todos coincidíamos en lo más obvio: fueron personas que en su tiempo provocaban intriga y fascinación tanto como lo siguen haciendo. 

En el área de Restauración, nos explicaron a mi compañero y a mí, que todo sería tratado como una obra de arte, vaya, hasta las cosas más cotidianas como papeles del banco, recibos y notas personales. No pasaba un día en el que no me sintiera privilegiada por lo que me tocó ver: los bosquejos de los murales que ahora adornan edificios alrededor del mundo, dibujos pícaros que alguna vez intercambiaron, cartas, etc. Mi trabajo consistía en elaborar guardas (una especie de sobres a la medida con dobleces intricados, hechos con un papel especial para conservar las obras en buen estado); una tarea que podía atormentar hasta la persona mejor intencionada. Admito que después de un tiempo se vuelve una tarea enfadosa hacer una guarda para la enésima copia de un papel que seguramente ni ellos se acordarían de él. 

Lo que más me gustó ver durante mi tiempo ahí eran las cartas personales. Específicamente una que iba dirigida a Diego de parte de un admirador canadiense. No sé si la carta despertó en mí mi lado groupie de clóset o qué, pero me conmovió el saber que Diego la conservó porque la consideró valiosa. Yo la leí y releí imaginando cuál habría sido la respuesta, dando por hecho que  W. Kenneth Hoff tuvo una. 

Creo que el mundo de las personas que son consideradas famosas y/o célebres siempre ha poseído algo de misticismo, nos intriga y fascina, o al menos así lo veo yo, aunque los conceptos "fama" y "celebridad" son muy distintos.

Los célebres cada vez son menos y ahora cualquiera puede ser famoso. Pero, ¿por qué son famosos? ¿Qué los hace célebres? ¿Qué hace que los admiremos? Los motivos son cuestionables y subjetivos, y algunas veces no se debe a lo que hagan. Es decir, hasta Frida se hizo fama al principio por asociación. Leyendo algunas de sus primeras entrevistas perdidas, los periodistas siempre estaban con lo mismo, todo era "Diego esto, Diego lo otro" antes de que sus pinturas tuvieran más exposición.   

Otro roce que tuve con la fama ajena, y que probablemente encabeza mi lista de errores cometidos en la víspera de cumplir veinte, fue conseguir una posición como becaria durante mi primer año de carrera en una casa productora independiente. Si bien me iba era la asistente, muchas otras veces me tocó ser asistente del asistente. Naturalmente tengo muchísimo respeto por las personas que se dedican a esto. En fin, hice de to-do ahí… menos lo que están pensando. 

Algo que definitivamente no entraba en mis actividades era hablar con los fans de cierta cantante mexicana que en algún momento fue considerada el equivalente de la mismísima Britney Spears en nuestro país. En una ocasión se juntó un grupo mediano de sus admiradores afuera de las oficinas exigiendo una explicación por un malentendido respecto a un concurso que ganaron. Viendo que no sólo mis compañeros se burlaron de ellos, sino que mi jefe ni se inmutó, yo tuve a bien bajar y escuchar cada una de sus quejas. Ellos no sabían que yo no tenía poder ni autoridad para solucionarles su problema pero se fueron desahogados y me gusta pensar que un poco satisfechos. 

De regreso encontré a mi jefe incrédulo por lo que había hecho, estaba realmente indignado. "Se me hace muy lindo y muy chingón de tu parte que hayas bajado, güey", me dijo, con esa expresión impasible y robótica que caracterizaba a las personas de esa oficina, "pero si yo no les hice caso fue por algo, no sólo porque sea un mamón, hijodelachingada. Debe haber un halo de misterio alrededor del artista, si tienen mucho contacto, incluso con nosotros, significa que están más cerca del artista y si eso pasa entonces ya no existe la fantasía." ¡Halo de misterio sus calzones, nadie se acuerda de ella!, pensé. 

El resto del día me quedé pensando horrorizada al darme cuenta que él tenía razón. No pude evitar tomármelo personal después de que dediqué gran parte de mi niñez y adolescencia a ser fan por el gusto de serlo. Fue en ese momento  cuando entendí cómo funcionaba todo desde adentro. ¿A eso se reduce el supuesto halo de misterio, entonces? ¿A ser inalcanzable? ¿Un patán? 

Nos quejamos de la gente que es famosa por ser famosa, o de la gente que lo fue y se aferra al recuerdo, pero somos nosotros quienes seguimos alimentando su propia fantasía hasta que ellos y nosotros nos la creemos.   

El contraste es evidente entre el tiempo de Diego y Frida y el de ahorita. Tampoco se puede evitar comparar la manera en la que nos comunicamos en general, pero sobre todo con la gente que admiramos. Antes escribir era la norma, ahora nada pintan los sobres a menos que se trate de un estado de cuenta. En estos tiempos las redes sociales facilitan el alcance con quien sea, pero entorpecen la comunicación. 

Tenemos armas poderosas que nos infiltran en las vidas privadas de las personas haciéndonos sentir que de alguna manera nos hemos ganado el derecho de opinar sobre sus vidas, siempre creyendo que ellos están obligados a responder a nuestras alabanzas, comentarios o ataques. Lo cual funciona a la perfección para ellos porque sólo dejan ver lo que quieren que veamos alimentando nuestra imaginación y fanatismo.

Mientras tanto, Kenneth Hoff, escribió una carta a mano pidiéndole a su ídolo que lo dejara visitarlo la próxima vez que estuviera en su país, Diego guardó la carta y lo más seguro es que lo haya recibido de brazos abiertos, importándole un reverendo pepino si tenía que hacerse el difícil. ¿Quién asegura que no terminó quedándose en el antiguo cuarto de Trotsky? 

 

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Lunes, 04 de Mayo 2015 - 16:30
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Arte para todos: De un cajón de ropa a un Palacio de Hierro

La historia de la que hablaré en esta ocasión será sobre una tienda departamental que hoy consideramos como parte de nuestro cotidiano y de nuestra modernidad. Pero que en realidad, y es algo que muchos no saben, es una historia que inició desde otra modernidad, la del siglo XIX y que ha perdurado en la Ciudad de México desde hace 174 años. Esta es la historia del Palacio de Hierro, tienda que ha crecido y se ha transformado junto con la urbe. Y a partir de su relato, planos, anuncios, fotografías y demás registros podemos rescatar aspectos de la vida cotidiana del siglo XIX en México.

Este artículo por lo extenso de su historia se dividirá en dos partes dejando para la siguiente publicación la transformación del edificio, el incendio que sufrió el inmueble y demás detalles de la tienda a inicios del siglo XX.

La leyenda del Palacio de Hierro

La leyenda cuenta que en el centro de la Ciudad de México en 1888, cuando se inició la construcción del primer edificio de la tienda departamental “A las Fábricas de Francia”[1], la gente en la calle que admiraba dicha obra decía “¡Parece un palacio. Un palacio de hierro!”. Ya que al apreciarlo desde las banquetas lo que se veía era un cascaron de hierro ensamblado de cinco pisos de altura abarcando la cuarta parte de una manzana.

El título de “palacio” se entiende por la monumentalidad de la obra y el de “hierro” debido al material de construcción visto previamente a ser recubierto.

Como no cuento con fotos de aquella construcción cuando estaba en cascarón de hierro usaré una foto de 1910 del Monumento a la Revolución cuando aun estaba en construcción para dar una idea de lo que la gente veía, claro en un edificio con una forma muy distinta.

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Anónima, Palacio Legislativo en construcción, fotografía, tomado de internet, ca. 1910[2]

Hoy en día cinco pisos y la cuarta parte de una manzana nos parecen irrelevantes. Incluso el hierro y las varillas ensambladas también. De hecho jamás lo catalogaríamos como un palacio. Pero hay que saber que para el México de finales del siglo XIX un edificio de cinco pisos se consideraba un “rascacielos”. De hecho en su momento este fue de los edificios más altos en la ciudad, además que fue una de las primeras obras construidas con hierro fundido por lo que llamaba mucho la atención de la gente.

Se dice que la expresión “¡Parece un palacio. Un palacio de hierro!” fue tantas veces escuchada y dicha por las calles que a los dueños de la empresa “A las Fábricas de Francia” les gusto cómo sonaba y fue de ahí que cambiaron su nombre a “Palacio de Hierro”.

Difícil saber si esto fue solo un mito o si esta historia es cierta, lo que sí sabemos es que llega hasta nuestros días como un lindo relato acerca del nacimiento de una empresa que lleva existiendo y funcionando en México desde 1841, claro, si no contamos con que cambió de nombre en 1891.

De cajón de ropa a un palacio de hierro

La historia del Palacio de Hierro inicia en 1841 cuando dos socios franceses, Gassier y Reynaud, abren un cajón de ropa (es decir un local de venta de ropa, pero así se le decía entonces) en el Portal de la Flores del centro de la Ciudad de México, bajo el nombre “A Las Fábricas de Francia”.

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Anónimo, Gran cajón de ropa. A las fábricas de Francia, litografía, Tomado de interent. Ca. 1850-1880

En la siguiente imagen se puede apreciar un plano comercial de 1883 de la Ciudad de México, donde aparece el Cajón de Ropa “A las fábricas de Francia” en el Portal de la Flores.[3]

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Popper Ferry, Julio, Plano del perímetro central de la Ciudad de México. Directorio comercial, 1883[4]

A continuación presento el mismo plano pero con un acercamiento para que se pueda apreciar la ubicación del Portal de las Flores.

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Y aquí un acercamiento mayor del Portal de las Flores, en el que ya se puede ubicar en el primer local, de izquierda a derecha, “A las fábricas de Francia” con los nombres de los socios Gassier y Reynaud.

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En 1864 llegan Joseph Tron y Joseph Léautaud, comerciantes franceses barcelonnettes[5], quienes como muchos otros extranjeros llegaron en el siglo XIX a México, después de la Independencia, buscando una fuente de empleo e incluso de crecimiento en negocios y fortunas.

Ellos dos venderán sus mercancías en el Mercado del Volador en un cajón de ropa pequeño cerca de la calle de Portacoeli. No aparecen sus nombres ni su cajón de ropa en el plano ya que no tenían gran renombre en ese momento, a diferencia de A las fábricas de Francia quienes ya habían posicionado su nombre a lo largo de los 23 años de venta.

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Después de unos años Tron y Léautaud se harán socios de Gassier y Reynaud. Unirán fuerzas, fortunas y mercancías provocando que el nombre de “A las fábricas de Francia” adquiriera aún mayor fama ofreciendo mercancía europea de la mejor calidad, siendo esta francesa en particular. Sus artículos destacados eran los productos de Barcelonnette, es decir ropa de seda y lino, entre otros. También traían de diferentes partes de Europa loza (vajillas), cristalería e incluso hasta muebles.

El local fue cada vez más popular entre las clases sociales altas de México y con ello la mercancía crecía generando cada vez menos espacio de almacenamiento por lo que para 1888 deciden construir su propio local. Una tienda muy grande con capacidad de almacenamiento, de vitrinas que lucieran todos los artículos, en fin, una tienda como jamás había conocido México.

Juntando el dinero de los cuatro socios se adquirieron los terrenos que ocupaban 4 diferentes negocios ubicados entre las calles 1ª de Monterilla y Callejuela, hoy 5 de Febrero y 20 de Noviembre, los cuales estaban junto a la calle de San Bernardo, hoy Venustiano Carranza, tal como se pueden apreciar en el acercamiento del plano que muestro a continuación.  

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En esta parte de la historia es donde entra la leyenda que mencioné al inicio del artículo. La construcción de la primera tienda departamental de México, la cual debido a su hierro y monumentalidad cambiará de nombre a esta tienda, es decir de “A las fábricas de Francia” por “Palacio de Hierro”.

Este idea de tienda departamental no fue inventada por ellos, en realidad se inspiraron en el modelo europeo surgido en 1847 en Inglaterra y consolidado y copiado un año después en Paris, Francia con la tienda departamental que aun hoy día existe llamada “Au Bon Marché”. De la cual todo Europa replicará en los siguientes años y décadas.

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Anónimo, Anuncio de la tienda departamental Au Bon Marché. Litografía, ca. 1850[6]

Dichas tiendas concentraban todo tipo de artículos en un mismo edificio, cambiando la manera en que la gente estaba acostumbrada a adquirir productos. En vez de tener que ir de tienda en tienda para comprar artículos, ahí se podía encontrar todo en un mismo edificio, dividido por departamentos.

El aguardar a que la mercancía llegara en barco desde Europa con “tan solo”[7] un mes de espera ya no era necesario. Estas grandes tiendas podían almacenar miles de artículos sin que se terminaran pronto abasteciendo a muchos clientes durante varios meses.

Bajo este concepto innovador es que se construye el edificio que albergaría a toda la mercancía y más del nuevo “Palacio de Hierro”.

La construcción de la tienda estuvo a cargo del arquitecto e ingeniero civil Eusebio de la Hidalga, quien instruido a su vez por ingenieros que habían participado en la construcción de la Torre Eiffel (recientemente inaugurada en 1889), llevó a cabo el ensamblaje con la misma técnica francesa del ingeniero Gustave Eiffel,  generando con hierro traído desde Europa los “Almacenes del Palacio de Hierro”.

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Anónima, Arquitecto Eusebio de la Hidalga. Fotografía, ca. 1890[8]

A continuación se puede apreciar el proceso de construcción de la Torre Eiffel para darnos una idea de la técnica innovadora empleada en aquellos años para el ensamblaje de hierro, la cual se utilizó para el nuevo edificio del Palacio de Hierro (con esta imagen también podemos darnos una idea de la leyenda del nombre y el porqué del término “Palacio de Hierro” al ver solo el ensamblaje de hierro).

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Anónima, Construcción de la Torre Eiffel. Fotografía, octubre de 1888 a marzo de 1889[9]

Esta foto muestra al ingeniero Alexandre Gustave Eiffel, famoso a nivel mundial a finales del siglo XIX por dicha técnica.

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Anónima, Ingeniero Alexandre Gustave Eiffel. Fotografía, ca. 1889[10]

El edificio de los “Almacenes del Palacio de Hierro” se inauguró en 1891 resultando en este gran y detallado edificio de 5 pisos, que aportará como innovación además de la primera tienda departamental, el primer edificio con luz eléctrica en todas sus vitrinas y espacios, permitiendo con ello la venta hasta la noche y convertirse en el espacio de mayor modernidad de la Ciudad hasta ese momento.

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Anónimo, Anuncio de los Almacenes del Palacio de Hierro. J. Tron & Cía., litografía, ca. 1891

Entre varios aspectos innovadores que estos socios generaron con su nueva tienda, será la de pactar precios fijos en la mercancía. Este aspecto no era común en la época ya que la gente estaba acostumbrada a regatear por un mejor precio no solo en los mercados (como aún se hace hoy en día) sino que dentro de las tiendas. Es así que el Palacio de Hierro será quien marque la moda para que los artículos tengan un solo precio y esto provocará que las demás tiendas adopten dicha “moda”.

Otras de las innovaciones es que esta tienda contará con comedor para sus empleados, con un departamento de telas y mercería fina. Incluso con un departamento para la ropa de luto. Ofrecerá también el servicio de mercancía a domicilio, primero a finales del XIX llevada en carreta jalada por mulas y después entregada con los primeros automóviles importados, tal como se puede apreciar en la fotografía a continuación.

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Anónima, Transporte de los Grandes Almacenes del Palacio de Hierro. Fotografía, ca. 1915

El edificio sufrirá en los años posteriores a su inauguración varios cambios, mejoras e incluso hasta un incendio. Pero todo eso se relatará en el siguiente artículo quincenal, por lo que, continuará…

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[1] Acerca del nombre: era algo común en la época decir: “vamos a dónde, a las fábricas de Francia” y por ello los nombres de las tiendas siempre empiezan así. (Al Puerto de Veracruz, al Puerto de Liverpool, etc.)

[2] En realidad lo que hoy conocemos como Monumento a la Revolución iba a ser el nuevo Palacio Legislativo que Porfirio Díaz mandó construir en 1910 y que debido a la Revolución la obra quedo inconclusa. Fue hasta 1938 que se designó como Monumento a la Revolución.

[3] El Portal de las Flores y todos los edificios que se encontraban en esa manzana, a finales de 1930 fueron destruidos para crear la avenida 20 de Noviembre generando amplitud debido a la gran demanda automotriz que ya había para entonces.

[4] Tomado de internet: http://atlaszocalo.com/2014/02/06/1883-plano-del-perimetro-central-direc...

[5] Léase más acerca de los barcelonnettes en mi artículo anterior:

http://ruizhealytimes.com/cultura-para-todos/arte-para-todos-de-leyendas...

[6] Tomada de la pagina de internet de la tienda: http://www.lebonmarche.com/decouvrir/histoire.html

[7] Para 1895 las tiendas anunciaban en carteles, como avance de modernidad, que la distancia en barco de Europa a América ya no era de 3 meses sino tan solo de 1, por lo que la espera para recibir mercancía era menor.

[8] Tomada de la pagina de internet: http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2014/04/la-casa-haghembeck-de-la...

[9] Tomada de la pagina de internet: https://www.google.com.mx/search?q=torre+eiffel+1889&espv=2&biw=1062&bih...

[10] Tomada de la pagina de internet: http://www.biography.com/people/gustave-eiffel-9285294

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Miércoles, 29 de Abril 2015 - 16:30
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