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cultura

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La habilidad para insultar y agredir: Viene de familia

Siento que la palabra "insultar" describe una acción indulgente, como justificar el abuso psicológico, ¡pero cómo hay gente que se lo gana! Como cualquier otra persona soy fan de la manera elegante y rebuscada de insultar, muy a la Shakespeare, esa que confunde a nuestro receptor; pero para mí no hay nada mejor que soltar un insulto y tener absoluta certeza que la otra persona entendió el mensaje. Creo que hablo por todos cuando digo que es en verdad satisfactorio decir exactamente lo que queremos a la persona correcta en el momento indicado. Y no me refiero a un insulto per se... bueno, sí, pero hablo de esos insultos que a final resultan ser verdades dichas de la manera más insensible posible, o al contrario, un insulto tan bien envuelto en falsa amabilidad que uno ni cuenta se dio de lo que acaba de pasar. Para unos cuantos afortunados repartir verdades a diestra y siniestra es el pan suyo de cada día, pero para otros es algo tan extraño que cuando llega a suceder es catártico.

Es una de esas cosas que depende de la personalidad de cada quién, o del tipo de educación, cultura, costumbres, o lo que sea. Para descubrir de dónde viene nuestro estilo insultador (¿insultante, insultativo?) basta con observar a la familia de uno. En mi familia, por ejemplo, ahora que ya todos somos adultos (al menos en edad) cualquier tipo de agresión tiene que ser pasiva, bueno, no es que tenga que pero es algo que se nos da muy bien. Nuestras reuniones son una cosa maravillosa; hay mucha volteadera de ojos, indirectas y sarcasmo apenas disfrazado de buenas intenciones, entre otras cosas. Siempre es beso, abrazo y pedrada, hasta parece porra.

Primero está mi mamá. Como todas las mamás tiene la habilidad de callarnos con una mirada o hacernos saber todos los insultos con determinada inflexión de la voz. Es apenas en estos tiempos en los que recurre a la manera pasiva porque cuando mi hermana y yo estábamos chicas la cosa era muy directa. Sus regaños eran memorables, pero no por las razones obvias. Muchas veces se debía a la peligrosa combinación de venas saltadas con ojos desorbitados y acelerones/enfrenones, porque casi siempre nos regañaba en el coche; pero otras era porque, aún en esos momentos en los que su enojo había alcanzado niveles preocupantes, lo que decía daba miedo y risa. Una vez que la mandaron llamar de mi escuela por no haber llevado el uniforme completo me iba regañando en el camino. "¿Por qué nunca llevas el uniforme completo? ¡CONTÉSTAME!", me decía, seguido de "¡NO! ¡CÁLLATE! ¡DÉJAME HABLAR!". El regaño está editado para no herir la sensibilidad del lector, pero siéntanse libres de agregar un elocuente adjetivo para el uniforme y unos cuantos "hija de..." aquí y allá. Ahora, después de muchos años de esto, la dinámica entre mi mamá y yo es tal que los "hija de..." han adquirido una naturaleza juguetona y afectuosa.

Por otro lado, mi papá es firme partidario del bullying humorístico, ese siempre ha sido su modus operandi. Todo está bien si el abuso psicológico viene en la forma de un "chiste de papá", esos con los que no hacen reír a nadie más que a ellos mismos. No quiero insultar su inteligencia escribiéndolos pero esta es más o menos su esencia: ¡eres una tonta, jajaja! Gracias por tu brillante comedia, papá, esos son tres segundos de mi vida que nunca voy a recuperar.

Las más hostiles son mis tías. ¿Cómo podría empezar a describirlas? Insultan, reprochan, hacen chantaje emocional y quedan como las víctimas, todo en el mismo aliento. Su estrategia se basa en una simple pero poderosa frase; "yo lo digo por tu bien, una de mensa que se preocupa". Esas pequeñas ayudantes de Satanás son capaces de destrozar la frágil autoestima de una adolescente en un saludo/pregunta/comentario. En aquellos tiempos todo era motivo de pleito; que si estábamos gordas/flacas, que si teniamos imperfecciones en la cara, que si dijimos o no dijimos, que si hicimos o dejamos de hacer, etc., y en lugar de ir directamente a la fuente con sus quejas nos acusaban con mi mamá. Le decían cosas como "pero no les vayas a decir que te dijimos"; o, "pero no las vayas a  regañar" en tono de súplica despúes de quejarse amargamente de nuestros "malos modos" y dar una larga lista de todo lo que hacíamos mal, según ellas. Mil años han pasado y seguimos igual. Gordas/flacas, imperfectas, contestonas, cínicas y ahora resulta que hasta medio pu...

Yo, siendo hermana menor (y la más chica de mi familia), tengo maestría y doctorado en molestar y saber defenderme. Así que, en mi opinión profesional, hay que estudiar al oponente; la naturaleza del insulto perfecto es la observación y la honestidad. ¿Tan conflictuados estamos con quienes somos? Obviamente. La declamación ideal es con toda la calma de la asertividad y ¡bum! Silencio total. *Deja caer el micrófono*  

Fecha: 
Lunes, 22 de Junio 2015 - 17:30
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Brevísimo acercamiento a Daniel Sada

Cuando hablamos de estilo en la literatura entendemos que es en referencia a la manera en que se dicen las cosas. Una forma de escribir o contar algo. Hay, por ejemplo, estilos que funcionan muy bien para novelas como El código Da Vinci de Dan Brown que su función principal es la de hacerte pasar el rato; novelas que no tienen más que la pretensión de entretener, y que cuentan con una estructura de molde; es decir, los caminos para llegar al desenlace siempre son los mismos.

De dicho entretenimiento, que por supuesto es válido y cumple con su objetivo, están llenas las mesas de novedades en librerías –no sólo en México sino en el mundo-: muchos de los llamados Best Sellers cumplen con las características de la literatura antes mencionada, la comercial.

Así, hay un buen puñado de lectores que gustan de este tipo de libros y por ello el mercado constantemente está alimentándolos; pero habrá otras personas que aspiren a conseguir otro tipo de literatura. Que quieran leer algo poco convencional. Estilos diferentes. Que quieran enfrentarse con otro tipo de escritores que van más allá de lo que comúnmente se escribe. Incluso, de las narraciones hechas por grandes escritores de la literatura universal.

Pues bien, por suerte la literatura mexicana es riquísima, y entre esa riqueza encontramos a Daniel Sada (1953-2011). Escritor nacido en Mexicali, Baja California, fue narrador y poeta. Si se puede hablar de estilos únicos, sin duda el suyo lo es, y lo es, porque al seguir leyéndose su obra el autor no pierde presencia; es decir, sigue vivo.

Las obras de Daniel Sada nos adentran a un México árido, donde la tierra se suelta y nos cubre todo; presenta realidades que a muchas personas llenas de urbanidad, se nos olvidan que aún siguen vivas en nuestro territorio. Leer a Sada no es sentarte a escuchar al abuelo, no es ponerle atención al erudito con corbata y traje, a la espera de que nos desvele los misterios del mundo, no.

Con Sada es sentarte a su lado, en una calle desértica de un pueblo que está a la espera de encontrarse. Es escuchar el silbido del viento. Es oír al hombre contar las historias que ocurrieron en tal o cual lugar con tal singularidad que se palpa, no un escritor, sino a un vecino o testigo de los hechos.

Sada es alguien que camina sofocado entre las propias veredas que se va creando. Y es aquel que no se cansa de hablar, de contar con un peculiar tono, lo ocurrido allí. A veces cantado. A veces tropezado (y aquí me refiero específicamente a las licencias que se toma en materia de puntuación, que sin duda es el primer golpe que recibirá el lector al comenzar a leer las páginas de sus libros).

Con Daniel Sada las situaciones van a pareciendo de forma natural. Es creíble cada escenario que plantea. Sus obras son el claro ejemplo de que el arte no se muestra sino se sugiere. Sada sugiere al dejar que los personajes (muy bien delineados) vayan hilvanando sus propias historias hasta desembocar en lo irremediable. Sada no aspira a que el lector encuentre la luz al final del túnel sino que deja que se disipe en el desierto junto a sus personajes al término de la obra.

Estamos entonces ante uno de los autores imprescindibles de la literatura mexicana. Ganador de premios tan importantes como el Premio Xavier Villaurrutia en 1992, Premio Bellas Artes de Narrativa Colima para Obra Publicada en 2006 o el Premio Herralde de Novela en 2008. Pero se sabe que los premios no significan nada si al final la obra desaparece entre tantos y demasiados libros.

Es por esta razón que los invito a ir al encuentro de novelas como Casi Nunca (Anagrama, 2008) o Albedrío (Tusquets, 2001) o, uno de los mayores retos para los lectores: Porque parece mentira, la verdad nunca se sabe (Tusquets, 1999), sólo por mencionar algunas. Tampoco hay que olvidar sus cuentos.

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Viernes, 19 de Junio 2015 - 16:30
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¿Mundo cretácico?

Si luego de ver Jurassic World usted no puede dormir por la moralina de ciencia mala-naturaleza buena o porque no sabe cómo pagarle la terapia a su pequeño parvulito tras hacerlo ver devorados y descuartizados en 3D, esto lo va a hacer repelar más.

La mayoría de las especies de todas las saga de películas de Jurassic Park no pertenece al Jurásico sino al Cretácico, el periodo posterior y justo antes de la extinción masiva por el meteorito yucateco. La historia de la vida en la Tierra se ha clasificado en eras y estas a su vez en periodos. En la era Mesozoica se dio la explosión de especies de dinosaurios, en especial durante el Jurásico y el Cretácico.

Uno de los criterios para saber que animal vivió antes que otro es el siguiente. Imagine que llega a casa de alguien quien durante años compró el periódico diariamente. El diario de hoy está encima de los otros. El de ayer abajo del de hoy y encima de todos los anteriores. También cabe imaginar que en un momento de estrés higiénico cualquier persona que conviva con el coleccionador de diarios decidiera eliminar alguna parte en un efímero intento de recuperar espacio y limpieza. Es decir se encontrarán huecos en la información o alteraciones en el orden si se desacomodó alguna porción. Aún así es fácil suponer que las noticias más antiguas las encontraremos más abajo. Y si contamos la cantidad de periódicos sabremos cuántos días han pasado desde que se iniciara la manía de comprar y acumular noticias. Es más, si el grosor de cada ejemplar es más o menos constante, con medir la altura de la pila de periódico sabríamos cuántos años han pasado desde el primer volumen adquirido. Esa es la lógica que se usa en paleontología.

Hasta donde se sabe los dinosaurios existieron de hace 235 millones de años hasta hace unos 65 millones de años precisamente cuando concluyó el Cretácico.

Y del Cretácico nos llegó precisamente el Mosasaurus, el gigantesco animal marino de Jurassic World que por cierto, ni de broma es tan grande y ni siquiera era dinosaurio. De hecho los temibles y cretácicos velocirraptors en realidad tenían plumas a manera de trensitas rastas y eran del tamaño de un guajolote que saldría volando con un calcetinazo del Chiharito Hernández. Los pterodáctilos voladores tampoco eran dinosaurios. Los dinosaurios son diferentes a otros reptiles por su anatomía y también en su fisiología, con lo poco que se sabe de ella. Caderas distintas, cráneos diferentes, escamas y plumas, y al parecer sangre caliente como las aves. La relación de las aves con los dinosaurios es tan estrecha que ya han existido propuestas de separar a los reptiles en varios grupos, uno de ellos que junte a dinosaurios y aves.

Desde que hace casi tres décadas se asumió que los dinosaurios podrían ser de sangre caliente, dejaron de ser dibujados verdosos y lentos como tortugas para ser imaginados coloridos y juguetones como guacamayas, loros y avestruces. La verdad es que como bien criticó hace muchos años Stephen Jay Gould, no tenemos la menor idea del color de estas bestias. Al menos hasta ahora. Martin Sander de la Universidad de Bonn y su equipo reportan este mes que encontraron los mismos pigmentos que dan el color azul y marrón a huevos de aves actuales en huevos fósiles de dinosaurios en China. Paleontólogos alemanes en China es menos raro de lo que parece. Alemania tiene una gran tradición en este campo. La primera mención de dinosaurios en México es alemana por Wilhem Mahlmann en 1840 citando a Carl Degenhardt, un ingeniero de minas, aunque tiempo después se supo que el descubrimiento fue en Colombia y no en México.

El primer dato fidedigno de un dinosaurio mexicano se le debe a la Comisión Científica Francesa que acompañó a las tropas de ocupación durante el imperio de Maximiliano. En 1867 Dollfus y Montserrat describieron “pequeñas huellas de saurio” en Barranca de Tizate, posiblemente en lo que ahora es Estado de México o Michoacán lo que indica que el truco de pasarse de Michoacán al Edomex para confundir al enemigo es más viejo de lo que la PGR seguro imagina. Y aunque recientemente en nuestro país se han descubierto más dinosaurios, la mayoría de los más conocidos y viejos en la cultura popular provienen Europa, Estados Unidos y Canadá. ¿Acaso no había dinosaurios más al sur? A la fecha el número aproximado de especies ronda apenas las 1, 200 de acuerdo con la base de datos Fossils works. Ésta colecta toda la información científica disponible sobre investigación paleontológica.

Usando datos de esta base se ve que la distribución de los fósiles descubiertos refleja más los presupuestos de investigación y los sitios de trabajo de los paleontólogos que algún criterio biológico. En el norte hay más dinosaurios porque hay más paleontólogos. Cuando hace unas tres décadas australianos, argentinos y sudafricanos comenzaron a aumentar los presupuestos para la investigación paleontológica empezaron a aparecer dinosaurios sureños más temibles y grandes. Casi seguro que se pueden graficar número de becas a estudiantes de paleontología contra especies descubiertas.

En nuestro país al grito de “somos pocos pero eso sí, bien divididos,” el presupuesto se concentró en la UNAM.  La solución a la monopólica paleontología de vertebrados chilanga la encontraron científicos del norte del país gracias a la ayuda de colegas de universidades norteamericanas. Y las colaboraciones han sido altamente fructíferas, o mejor dicho, fosilíferas. Como ejemplo la joya bibliográfica “Dinosaurs and Other Reptiles from the Mesozoic of Mexico”, una compilación de Héctor Rivera-Sylva, Kenneth Carpenter y Eberhard Frey editada por la Universidad de Indiana. Y además se la puede regalar a su diputado tricolor más cercano en una jocosa broma culta que le ayudará a saber si su representante es tan fuerte como un brontasaurio y casi tan inteligente.  Ahora que si de verdad desea ver a un animal vivo lo más cercano a un dinosaurio cómprele un pollito a su crio, sobrino o entenado más querido. ¡Ups! Tal vez le resulte imposible porque el Partido Verde volvió ilegal semejante acto de barbarie.

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Jueves, 18 de Junio 2015 - 16:00
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Padres e hijos

Tal vez no sea casualidad que mis lecturas y relecturas de los dos últimos meses estén relacionadas con el vínculo entre los padres y los hijos. Este ha sido uno de los temas centrales a lo largo de mi vida y, desde la muerte de mi madre, ha cobrado mayor fuerza. Desde hace muchos años, un poco a tumbos, he tratado de desentrañar el misterio que existe entre mi padre y yo. He pasado muchas semanas hablando de todo esto con mi mujer.

Volví a abrir las páginas de algunas lecturas imprescindibles: La invención de la soledad, de Paul Auster, Cartas entre un padre y un hijo, de V. S. Naipul y Patrimonio, de Philip Roth. También de dos libros de autores que nunca había leído: Libro de familia, del último Premio Nobel de Literatura, Patrick Modiano, y Tiempo de vida, de Marcos Giralt Torrente; ésta última novela, asombrosa.

Cuando pensé en escribir este breve artículo me surgió una pregunta: ¿Cómo puede una persona que nunca tuvo un padre, o que lo tuvo de manera incompleta, escribir sobre el tema? Tal vez, me dije, pueda hacerlo desde la ausencia, desde lo que no se tuvo o lo que le hizo falta, desde lo que no fue. Es decir, desde la nostalgia.

Poner palabras a los silencios, llenar huecos.  

Sigmund Freud dijo: «No puedo pensar en ninguna necesidad en la infancia tan fuerte como la necesidad de la protección de un padre». ¿Qué pasa con la vida de un hijo cuando no tiene la sensación de ser protegido por su padre? ¿Qué pasó con mi vida en ese sentido? En alguna época tuve la idea de yo podía convertirme en mi propio padre. Y durante mucho tiempo, me funcionó.  

Recuerdo el día que escuché, magnificado por un aparato, el corazón diminuto de mi hijo en la consulta del médico. El sonido retumbaba en las paredes y tuve la impresión de que venía de una galaxia muy lejana. Ese día empezó mi paternidad.

Es así: un día algo o alguien echa a andar esa maquinaria pequeña, como de relojería, y se forma el milagro de la vida. Y otro día se para, de la misma manera. La vida es ese intervalo entre la concepción y la muerte. Una carrera por la felicidad.

Recuerdo algunos meses después de escuchar su corazón, a mi hijo, dormido, dentro de una incubadora de la maternidad. Apoyado en su mejilla izquierda en el colchón, en medio de una serenidad indescriptible. Al verlo me pregunté cómo puede alguien dejar de hacerse cargo de su hijo.

La evolución de las sociedades post modernas, en occidente, tiende hacia la creencia de que se puede prescindir de la figura paterna. El debate está abierto y es una cuestión muy interesante. En mi experiencia, la paternidad ejercida por la madre es incompleta.

Alejandro Jodorowsky escribió: «A un padre ausente lo buscas toda la vida y de todas formas». Y esa ausencia se vive como un vacío que tarda mucho tiempo en desaparecer y que, en el peor de los casos, no desaparece nunca.

Ahora que soy padre, me veo con frecuencia intentando reparar mi propia historia a través de mi hijo. Soy aprensivo, temeroso, consentidor, inseguro y sobreprotector. No me permito llegar tarde a la escuela por él, sin experimentar la sensación de ser un mal padre. Casi nunca puedo negarle un juguete, a pesar de saber que debe aprender a vivir la frustración de no tener siempre lo que desea.

Hace poco tiempo alguien me dijo: «A través de tu hijo no puedes reparar tu propia historia. Ésta ya no tiene reparación. No puedes volver a ser el niño o el adolescente que fuiste ni tener al padre que hubieras querido. Lo que sí puedes hacer es aceptar que no lo tuviste».

Un balde de agua fría

Aceptar. De la misma manera que a quien se le murió su padre no puede traerlo de vuelta y no puede dejar de echarlo de menos, pero puede aceptar que ya no está y dejarlo ir. Aceptar la vida como es.

Resignarse.

Vivir con lo que se tiene y también con lo que no se tiene.

Luego de hacer una revisión de mis errores como padre, me puse a reflexionar sobre una pregunta que me pareció fundamental: ¿Qué es ser un buen padre?

Esto es parte de lo que encontré:

Ser un buen padre no es sólo estar presente. Debe ser algo más profundo. Un padre debe involucrarse de manera activa en la vida de sus hijos. Debe imponer normas y límites. Debe ser afectivo y correctivo. Debe favorecer los procesos mediante los cuales sus hijos sean capaces de encontrar su autonomía y su identidad. 

Recuerdo que mi madre me dijo alguna vez que me iba a comprar una planta para que así, al menos, me hiciera cargo de otro ser vivo, y saliera de mi egoísmo. En ese momento no imaginé lo que supondría, muchos años más tarde, ser padre.

Ser padre es la cosa más profunda que he vivido. 

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Miércoles, 17 de Junio 2015 - 16:00
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El soundtrack de una vida (entre otras vergüenzas)

Hablar de música no es fácil; es un tema tan delicado que uno debe proceder con toda cautela como lo haría al hablar de religión. Primero tengo que aclarar que no me gusta entrar en el eterno debate de lo que implica tener buen o mal gusto. En música, como en parejas, la belleza está en quien la escucha o ve. Pero sólo soy humana y, sí, juzgo a la gente por las dos cosas, simplemente me resulta imposible confiar en alguien que sólo escucha un género. No todo es perreo en la vida.

Yo crecí en los noventa y, como la mayoría de las personas, mi primer roce con la música fue de bebé; mi mamá me cantaba La Marsellesa para arrullarme y, por influencia de mi hermana, aprendí a cantar el himno de Canadá cuando apenas podía formar oraciones más o menos coherentes. Tener una hermana/o grande siempre expone a uno a otro mundo de posibilidades. Para empezar, veía mucho Mtv cuando tenía seis años, tanto fue así que el primer hombre que me gustó fue Mick Jagger (Steven Tyler y Joe Perry le seguían), definitivamente veía y escuchaba cosas poco apropiadas para mi edad.

Antes de tener un gusto desarrollado, la única música que mi hermana y yo escuchábamos era la que mi mamá ponía; ella tenía su "playlist" en acetato (o casette) para cualquier momento. Cuando estaba lluvioso tocaba escuchar Billie Holiday, Louis Armstrong o Fontella Bass; para clima caluroso Martha Sánchez, (Arena y sol, obvio) Yuri y algunas de Eugenia León; Serrat y algo de Miguel Bosé cuando el humor era más bien nostálgico y para algo guapachoso (y pocho) Selena, esos sólo son algunos ejemplos.

De chica había canciones que me daban miedo real como La bruja y El yure (interpretadas por Eugenia León), ¿a quién chupa la bruja? ¿Y qué rayos es un yure y por qué me quiere llevar?, pensaba. Ahora La bruja es una de mis canciones favoritas y El yure, la verdad, me sigue dando miedo. Otras me daban una sensación parecida porque las escuchaba camino a la escuela o porque anunciaban un largo fin de semana de fingir que recogía mi cuarto o hacía la tarea. Todavía hay canciones que me saben a esos domingos interminables, o peor aún, a los domingos en los que me divertía y el regreso a la realidad era más doloroso. Hasta las de Shakira me sonaban nostálgicas.

Como ya he dicho antes, mi experiencia en la escuela fue desalentadora en el mejor de los casos. Mi mamá, Dios la bendiga, quería motivarme en las mañanas con Serrat y yo de verdad trataba de poner de mi parte pero el optimismo de Hoy puede ser un gran día adquiría un tono sarcástico. El trayecto de la mañana prolongaba la anticipación de un largo día de tortura y no ayudaba mucho escuchar De puntitas con Emilio Ebergenyi. Empezaba a diez o quince minutos antes de llegar pero ya desde que escuchaba La máquina de escribir de Leroy Anderson, que era la pieza inicial, sentía mareos, náuseas y palpitaciones. Ni hablar del efecto que tenían en mí las canciones de Cri Cri, "ahí viene la 'a', bla bla bla blaaaa".

Sé que mucha gente piensa en los noventa como la década del grunge, pero con todo respeto, ¡Kurt Cobain mis nalgas! Lo mío eran las boy bands, Britney Spears (y sus derivados) y muchas cosas innombrables más. Pero... Britney, por dónde empezar. Baby one more time, escrita por Max Martin, (mejor conocido como el que escribe muchas canciones sobre NADA, bien podría estar diciendo palabras al azar) fue un clásico instantáneo. Desde ahí ya nada fue igual para la música pop y para mi vida, diría que le debo mi nivel de inglés y mi victoria en un Spelling Bee.

Alrededor de ese tiempo, aquí en México, había una obsesión colectiva con Fey. No sé si era por no verse de la edad que decía tener, por usar donas de cabello como pulseras, o por su manera espástica de bailar; el punto es que sus canciones se convirtieron en himnos de cualquier tardeada, o eso me contaban. Fey unió a varias generaciones, todos cantábamos (na na na, pum pum) Popocatépetl o Muévelo, que tenía un mensaje conciso ("muévelo, muévelo, muévelo, muévelo, muévelo, muévelo...").

Antes de sobrepasar mi límite de palabras, quiero dejarlos con esto, que escuchándolo en este punto de la vida, me dejó extrañando tiempos más simples:

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Lunes, 15 de Junio 2015 - 16:30
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De recetas y recetarios

Anónimo, Convento de Santa Rosa. Puebla, siglo XVIII.

Retomando mi artículo anterior sobre la rutina de la nobleza virreinal abriré en este y el siguiente artículo un paréntesis para dedicar mi atención a analizar un recetario antiguo de 1780 escrito en la Nueva España por un fraile. Con ello podré rescatar los platillos de la época, lo que se acostumbraba comer e incluso aspectos sobre utensilios y técnicas gastronómicas.

En los artículos posteriores retomaré y continuaré narrando las actividades de la nobleza durante la tarde y noche (La hora de la comida, el paseo por la Alameda y las fiestas y reuniones por las noches).

DE RECETARIOS, MONJES Y SAZONES

Gracias a los recetarios que frailes y monjas utilizaron y crearon, los cuales se han encontrado en conventos y monasterios, podemos saber hoy día cuál era la alimentación que se acostumbraba en aquella época tanto en conventos como en las casas novohispanas.

Un ejemplo es el “Libro de cocina del hermano fray Gerónimo de San Pelayo” fechado al 17 de febrero de 1780 y encontrado en la Biblioteca de San Agustín en 1992 por Teresa Castelló Yturbide. Este consta de 94 hojas y ha sido transcrito por la investigadora y publicado por CONACULTA bajo la “Colección Recetarios Antiguos”.

Este recetario nos permite conocer la cocina novohispana y saber que fue una mezcla entre la cocina popular española (a su vez influenciada por la árabe), la italiana y francesa en combinación con la prehispánica.

A continuación analizaré dicho recetario, tocando aspectos que denotan puntos de vida cotidiana dentro de un monasterio y dentro de la cocina. Todo apoyado con las imágenes fotostáticas del mismo.

La primera imagen muestra la portada del libro de cocina de puño y letra del fraile.

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Libro de cocina del hermano Fray Gerónimo de San Pelayo hecho en año de 1780 en día 17 de febrero.
Página inicial del manuscrito alojado en la Biblioteca Nacional de la UNAM, Ms. 641.7 (083)/S. PEL. #1531

En la portada se lee:

Libro de cocina del hermano Fray Gerónimo de San Pelayo hecho en año 1780 en día 17 de febrero.

Al titular su libro con su nombre, la fecha y año en el que lo realizo (muy posiblemente la fecha indica el día en que inició su recetario, ya que es difícil de creer que todo lo haya hecho en un mismo día) nos permite ubicar en el tiempo las recetas e incluso localizar al fraile.

El hecho de realizar ellos o ellas mismas, en el caso de las monjas, sus libros de cocina y de que siempre estuvieran agregando y buscando nuevas recetas nos permite conocer el interés y necesidad que se tenía dentro de los conventos y monsaterios por realizar diferentes y variados platillos. Nos habla de un gusto por la comida y de una capacidad, a pesar de estar enclaustrados y sujetos a votos de pobreza, de gastar para comprar diferentes ingredientes y en variadas cantidades para poder deleitar el paladar. A veces en sus recetarios hacen anotaciones sobre las cantidades que se requieren para el numero de comensales de su claustro, lo cual también nos permite saber cuantas personas habitaban en dichos lugares y hasta a veces saber las ocupaciones de todos. Los libros de cocina o recetarios estan cargados de datos que nos ayudan con la distancia del tiempo a conocer detalles de la vida cotidiana y de estos lugares cerrados al mundo de su época.

A continuación muestro la imagen de la página 37 con la receta de “Manjar blanco”.

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Libro de cocina del hermano Fray Gerónimo de San Pelayo, página izquierda con folio número 37. UNAM Biblioteca Nacional, Ms. 641.7 (083)/S. PEL. #1531

En esta hoja, folio 37, y en todo el recetario podemos notar la manera en la que redacta el fraile sus recetas, con lo que pareciera que se habla a sí mismo, explicándose cada paso para cocinar. Es algo curioso que en otros recetarios no es igual.

A continuación trascribo la hoja 37:

Manjar Blanco

1 pechuga, 8 cuartitos de leche, 1 libra de arroz molido, ½ libra de azúcar molida, sal blanca.

Muele la pechuga y deslíela en la leche y vele echando molidas las demás cantidades y menealo bien, ponlo a fuego recio que no se queme, menéalo bien a una mano para que no se corte. A los 3 cuartos de hora ya estará hecho, la prueba es con la punta de un cuchillo, toma un poco y déjalo enfriar, y si no se pega a él, ya está bueno.

                   Hasta aquí es copiado del libro del fraile Daniel, marzo 4 de 1780 años. S.P.

Gracias a la investigación de Teresa Castelló Yturbide se sabe que el fraile perteneció al convento de San Fernando. También gracias a su dedicación se encontró al final de la hoja 37 (que acabo de presentar) una anotación del fraile en la que explica que hasta ese punto las recetas habían sido copiadas del libro de Fray Daniel (desconocido) fechado a marzo 4 de 1780. Lo que da a entender que a partir de esa hoja las demás son recetas propias o rescatadas por él.

Es interesante ver como estas recetas eran algo que pasaba de mano en mano, siendo “custodiadas” y por lo tanto consideradas como algo muy importante para ellos.

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También podemos ver en todas las hojas como el centro superior del manuscrito se encuentra un poco quemado, a lo que la investigadora supone que fue debido a algún accidente en la cocina.  Esto nos indica y recuerda la presencia de las velas para la lectura cuando ya no había luz solar. También nos habla del uso continuo del recetario cerca de fogones.

Así mismo se ha notado que hay una caligrafía distinta al resto del recetario en una de sus hojas. Esto aparece en la hoja 81 y presenta las recetas de “Ante de mamey”, “Ensalada Capuchina” y “Torta del cielo” (hoja que muestro a continuación). Esto hace pensar que dichas recetas fueron escritas por alguien más, lo cual nos lleva a pensar en el intercambio culinario que se tenía y las diferentes manos que participaban en una cocina dentro de un claustro. Incluso quizás pudo haber sido escrita esta hoja por una monja capuchina perteneciente a la orden religiosa creadora de la ensalada capuchina. Orden que tenía hermandad y trato constante con el claustro de San Fernando.

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Libro de cocina del hermano Fray Gerónimo de San Pelayo, hoja 81

Con estos fragmentos de ambas hojas se puede comparar la caligrafía y notar su variación.

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Habiendo revisado brevemente el libro de cocina de fray Gerónimo pasaré a enlistar algunos de los títulos de recetas que se producían en la Nueva España.

GUISOS Y POSTRES COLONIALES

A continuación presentaré ejemplos de diferentes guisos y postres pertenecientes al recetario de Fray Gerónimo para dar una idea al lector de lo que se comía en el virreinato.

En varias ocasiones parecen muy similares a lo que comemos hoy, como por ejemplo, albondigas, pescado, huevos, buñuelos, en fin. Hay varios platillos que se leen cotidianos pero varían un poco en ingredientes y fabricación. También encontramos una gran diversidad de platillos que son del todo desconocidos por lo que los invito a revisar el listado y leer algunas de las recetas que saqué del recetario para compartir (al final del artículo agregué la ficha bibliográfica del recetario para aquellos que quisieran adquirirlo y así probar las recetas en sus cocinas).

Listado de guisos:

Pescado con aceite, frito, en almendras, asado, pescados blancos. Guajolote asado, cabrito en leche asado, asado francés, asado a dos fuegos, asado en adobo, asado en horno, con clemole frito o sin freír. Estofado español, italiano, francés y de vaca. Puré blanco, frijoles portugueses, albóndigas de ternera, castellanas o italianas; criadillas de carnero, morcillas blancas finas de ternera, jamón con jitomate, lomo de puerco, albóndigas francesas, empanaditas fritas rellenas, pudín de pies de ternera, huevos en perejil, bocadillos de requesón, chicharrones fingidos, clemole poblano, manchamanteles, pepitoria, ensalada de lechugas, emperejilado, pipián fingido, chiles rellenos, pichones u otra ave rellenos, guisado de pollos, huevitos de faltriquera, alcachofas asadas, sopa francesa, sopa de centeno, ravioles, sopa de apio, escabeche de ternera, papas de moda, sopa de moda de tallarín blanco, ternera borracha, ensalada capuchina (a base de frutas aderezadas con azúcar, vino y canela), calabacitas, cebollas, lechugas o berenjenas rellenas. Costillas rellenas, manjar blanco (pechugas). Huevos estrellados, en tortilla, duros, revueltos, reales, espirituales, en chile, en caldo, megidos. Arroz de azafrán, con huevos, a la valenciana. Lechuga con betabel y cebolla o sola picada con cebolla; ensalada revuelta. Calabazas en carne de puerco adobado, en salsa de jitomate. Dicho mole de Castilla, chorizo o salpicón.

Listado de postres:

Torta de natas, de cielo, de ángeles y torta mestiza. Sopa de natas, ensalada de perones, peras, arroz con leche, ante de avellana, jericalla, arroz francés con leche, leche quemada, manjar real del Perú, torta de zapote blanco, cuajada de postre, alfajores, conserva de clavel, de uvas, de limones. Natas sueltas, hojuelas para tomar chocolate, mermelada de manzana, espejuelo de membrillo, barquillos rellenos, leche cuajada, leche nevada, de coco o de jícama, postre de arroz molido, jalea de tejocote, mostachones, chongos de bizcocho, torrejas de arroz con leche. Torta en gloria, de almendra, mestiza, de leche, de piña, de ángeles y del cielo. Leche imperial, bocadillos de leche y de coco; caspiroleta, natas del rey, arequipa de haba, ante de almendras, bizcochos, cajeta de melón, peras tapadas, cajeta de pitahayas, turrón, cocada. Buñuelos de sarsa, de almendras, rellenos, estirados, de queso, hojaldrados, ordinarios, de España, de bizcocho duro, de viento, de jeringa, de rábano, de leche y buñuelos dormilones. Postre de calabaza y natillas.

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ALGUNAS RECETAS COLONIALES

HUEVOS REVUELTOS

Calienta la manteca, fríe en ella ajos, cebolla y jitomate picado, bates los huevos y los echas dentro, y antes de echar dichos huevos le puedes echar comino y sal; chilitos picados y tantita yerbabuena, y echando una vez procura menearlos para que se vayan haciendo, y estando a tu gusto, apártalos de la lumbre.

 

ALBÓNDIGAS ITALIANAS

Pica la carne de pierna sin pellejo, le echas ajos, cebolla poca, perejil, yerba buena, pimienta, huevos crudos, queso y pan rayado, un migajón remojado en sustancia de caldo, azafrán y sal. Para la salsa con manteca fríes ajos, cebolla, jitomate y su harina primero; estando frito échales su caldo y en hirviendo vas haciendo las albóndigas y echándolas dentro y acabadas, déjalas a fuego manso que se vayan cociendo y en el caldo le echas pimienta y azafrán.

 

MANJAR BLANCO

1 pechuga, 8 cuartitos de leche, 1 libra de arroz molido, ½ libra de azúcar molida, sal blanca.

Muele la pechuga y deslíela en la leche y vele echando molidas las demás cantidades y menealo bien, ponlo a fuego recio que no se queme, menéalo bien a una mano para que no se corte. A los 3 cuartos de hora ya estará hecho, la prueba es con la punta de un cuchillo, toma un poco y déjalo enfriar, y si no se pega a él, ya está bueno.

 

BUÑUELOS DE VIENTO

Se cuece el harina con agua y bastante manteca, anís, azúcar hasta que despegue del cazo. Déjala enfriar; se baten hartos huevos, se revuelven y se van haciendo (los buñuelos) en manteca bien caliente.

 

TORREJAS DE ARROZ CON LECHE

Se hace arroz con leche bien espeso, y se deja serenando, a otro día se muele en un metate y molido se va haciendo como memelitas delgadas y se envuelven en huevo, se fríen y se echan en almíbar y su canela por encima.

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BIBLIOGRAFÍA

Castelló Yturbe, Teresa, Libro de cocina del hermano Fray Gerónimo de San Pelayo, CONACULTA, México, 2000.

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Fecha: 
Miércoles, 10 de Junio 2015 - 17:00
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El oficio de pensar

Martin Heidegger nos dice que en la errancia –de los caminos— se aprende el oficio de pensar. Sí, pensar es inevitable y todos podemos hacerlo, pero ejercitarlo y ponerlo en práctica requiere saber cómo y para qué utilizarlo, saber cuál es su funcionamiento, su razón de ser y de qué forma puede aplicarse lo que genera el pensamiento.

No hay una manera o estructura general para pensar; es decir, cada persona tiene una forma de estructurar ideas y sentidos. El desarrollo de tales ideas con estructura definida tienen que ver con una proceso individual, así, esto es que el vientre donde se gesta el pensamiento es único.

No hay una fórmula infalible para pensar “mejor” o enseñar determinada estructura para desarrollar un mejor pensamiento. Cada uno de nosotros debe crear su propia arquitectura.

Sin embargo, todos de buena o mala manera, pensamos, el problema es que no todos saben por qué se piensa ni mucho menos se ejercita dicho músculo sensible. Esto es que no basta con saber que se piensa, sino utilizar ese pensar. El cuestionarse, el hacerse preguntas, el generar ideas nuevas a partir de otras; tomar decisiones, aceptar o rechazar distintas cosas con base en las circunstancias, son algunas de las maneras en que lograremos adquirir el oficio de pensar.

Así, vamos, eventualmente, a adquirir nuevas y más herramientas que, no sólo nos ayudarán para estructurar mejor nuestras ideas y los sentidos de éstas, sino que llegaremos al punto de entender y saber la importancia de su utilidad y aplicación práctica de acuerdo al contexto social, por ejemplo.

Con tal conocimiento acerca de nuestras herramientas con las que contamos para pensar y su funcionalidad, podremos entonces utilizarlas. Con dicho oficio podemos disipar dudas internas, y también, cuestionar y preguntar, por ejemplo, al gobierno local o federal, a tal presidente municipal en turno que esté gobernando de mala manera; podremos señalar a malos funcionarios o exigir el desarrollo de alguna obra o el impedimento de otra, en fin, cualquier demanda, porque verteríamos ideas claras, razonadas, entendiendo la sustancia real de las cosas, sabedores de que lo dicho ya lleva las respuestas al por qué, para qué, cómo y la viabilidad de lo que se está demandando o señalando —no hay que olvidar que “aprender a pensar es también aprender a hablar” como dijo Augusto Monterroso.

Tales contestaciones derivarán en planes concienzudos que se sostendrán firmemente ante cualquiera que intente soslayar o demeritar tal petición o acusación: las armas más infalibles no se manufacturan en una fábrica, sino en el pensamiento.

¿Algunas formas para ejercitar el pensamiento? La filosofía por ejemplo, que entre otras cosas, es el arte de hacer preguntas (a nosotros y a nuestro entorno), éstas nos sirven como elementos para ejercitar lo dicho. Leer también ayuda y mucho, al igual que levantar la cabeza y mirar el contexto en el que se vive, pero sobre todo, contemplarlo —“entender y ver”—, es otra opción para llegar a adquirir eventualmente el oficio de pensar.

Hay un ejemplo de ejercicio del pensamiento en la actualidad: los memes. Estas imágenes cumplen con la funcionalidad de hacer reír, y la risa es “protesta y aceptación al mismo tiempo” como dijo W. H. Auden (poeta y ensayista británico). Es decir, al reírnos de un hecho o suceso no solamente estamos riéndonos en un sentido superficial, sino que estamos entendiendo del porqué de nuestra risa, ese entender es en sí mismo el aceptar que tal cosa es cierta, y enseguida, a través del meme, de tal válvula de escape, protestamos ante lo que se hace referencia —con los memes contemplamos la realidad—: las preguntas surgen y al mismo tiempo se contestan.

Entonces, pensemos para pensar mejor, porque así obtendremos resultados diferentes. Abriremos nuevos caminos, y con ello, ampliaremos nuestro abanico de opciones con relación, en este caso, a la situación social e individual en la que vivimos.

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Viernes, 05 de Junio 2015 - 18:00
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Caminar: El arte de pasear sin rumbo

La especie humana comienza por los pies
Leroi-Gourhan

Camino por la ciudad y dejo que mis pensamientos dirijan el trayecto de mis pasos. Siempre he pensado que, en medio del mundo moderno, donde la calma y el silencio son tan poco tolerados, vagabunear sin prisa y sin rumbo fijo es un acto de resistencia, un acto de rebeldía.

Y en ese sentido, todo caminante es un anarquista.

Importa poco si me oriento en las calles, porque de los paseos de Walter Benjamin por la ciudad de Berlín, y de un fragmento de Eduardo Galeano, aprendí que en los extravíos nos esperan los hallazgos, porque es preciso perderse, para volver a encontrarse.  

Cuando era niño, mi abuelo me llevaba a caminar y a trepar árboles alrededor de la manzana. Otras veces, cuando viajábamos, caminábamos junto al mar. Más grande, mi mamá me llevaba a caminar al Desierto de los Leones. Más tarde empecé a caminar por las montañas y por las ciudades que visitaba.

Para Barthes, caminar es nuestro gesto más trivial y, por lo tanto, el más humano. Algunos de los apologistas del paseo lo practicaron, como una forma de filosofía: Rousseau, Thoreau, Walser, Satie, Hölderlin, Wordsworth y Coleridge.

En toda caminata con tintes literarios o filosóficos hay una huída y, en toda huída, existe una búsqueda. La búsqueda, tal vez, de la transformación.

Entre más me alejo de casa, más me encuentro a mí mismo. Cuando paseo, salgo al encuentro de lo inesperado: una sensación, una pregunta, un hallazgo. La libertad de esas caminatas, en medio de los problemas de la vida, me devuelve el sentido de la existencia.

Me alejo y me pierdo por las calles. Me gusta observar los cambios en la luz y en las sombras. Los olores. El ritmo de la ciudad. Las vidas de las personas ordinarias y las extravagantes. Las tribus urbanas y su contra-cultura.

Salgo a caminar por la ciudad con la idea de que ésta no ha de conocerse sólo en sus monumentos y edificios emblemáticos; la ciudad cambia todo el tiempo. Debe descubrirse al vuelo, a través de la sucesión de instantes.

Para caminar sólo basta salir y echarse a andar, atento, con los sentidos agudizados y los ojos bien abiertos.

¿Por qué no empezar por alguna calle? 

Dibujo: Helena Preschia

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Viernes, 05 de Junio 2015 - 16:00
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¡Es el amor, estúpidos!

Aunque este artículo podría resultar un poco tardío, no quise quedarme con las ganas de comentar el esperado final de una de las series más exitosas de los últimos años: Mad Men, la multipremiada producción que narra en un ambiente melodramático los éxitos y desventuras de un exitoso publicista durante la segunda mitad de los sesentas y principios de los setentas.

El cierre de la séptima y última temporada de la serie creada por Matthew Weiner para AMC, ha sido controversial; muchos seguidores de la historia se dijeron decepcionados y otros tantos señalaron que se esperaba algo más controversial y espectacular.

Si no conoce el tema, se lo platico en breve: la serie narra la historia de Don Draper, un exitoso publicista de Nueva York, quien escala posiciones hasta convertirse en socio de una imaginaria agencia publicitaria (Sterling Cooper & Partners). El protagonista, personificado por el laureado actor Jon Hamm, es un hombre de claroscuros que oculta un pasado tormentoso y cuya debilidad por las bellas mujeres genera complicados nudos que se entremezclan con los tradicionales conflictos de oficina y episodios propios del ambiente publicitario, con algunas anécdotas tomadas de historias reales de la industria en una de sus épocas y locaciones doradas: la pujante Norteamérica de la posguerra.

En el último episodio de la serie, vemos a un alicaído Draper refugiarse en una comuna hippie, tratando de alejarse del bullicio citadino y de las presiones que le genera el pasar de socio de un exitoso despacho a un empleado de lujo, luego de que la firma es absorbida por la poderosa McCann Erickson.

Tras la definición de los nudos dramáticos de varios de los personajes secundarios, Draper vence el escepticismo y se suma a la medicación trascendental con sus compañeros de comuna. La última secuencia de la serie se funde con el icónico comercial lanzado por Coca-Cola en 1971, conocido como 'Hilltop', bajo los acordes de la pegajosa tonada de "I'd like to buy the world a Coke", mismo que en Latinoamérica conocimos como “Quisiera al mundo darle hogar”. Una de las campañas publicitarias de la historia.

Cierto, muchos esperaban probablemente un cierre apoteósico en una de las series televisivas que a lo largo de ocho años nos prodigó todo un repaso de temas tan intensos como atractivos: la crisis de la mediana edad, el capitalismo, el sexo en la época previa al SIDA y la televisión como herramienta de entretenimiento y alienación.

En lo particular, creo que una de las grandes aportaciones de Mad Men, además de su impecable manufactura y ambientación, es la reflexión acerca de la manera en que la llegada de la era cibernética nos ha robado paulatinamente muchos elementos de motivación que hacían hace décadas de la experiencia mediática y de la propia publicidad algo tan humano como apasionante.

En la actualidad, el éxito de las campañas publicitarias y políticas pretende medirse en dos escalas de magnitud que resultan demasiado frías: la rapidez con la que el mensaje llega a un mayor número de usuarios y, la cantidad de “likes”, retweets y reproducciones que un material alcanza al viralizarse en las redes sociales. ¿En dónde quedó la compresión del mensaje, el sentido de pertenencia, el grado de emotividad que debe generar una buena campaña?

Definitivamente, los publicistas e imagólogos mucho pueden aprender analizando sin soberbia el mensaje de una serie como Mad Men. Nos comunicamos más rápido, pero ¿lo estamos haciendo de una manera eifcaz?

Y en el caso de las campañas políticas, qué podemos decir… particularmente en México naufragan en el mar de la mediocridad, el descaro y la elemental falta de creatividad. Los partidos y sus publicistas pretenden tratar a los usuarios de medios y redes como su fuésemos un multitudinario ejército de imbéciles. ¡Partidos basura, con candidatos basura… y campañas basura!

Peor imposible.

La alegoría detrás del emblemático comercial de Coca-Cola con el que cierra emotivamente Mad Men esconde el gran secreto de la publicidad: más allá de vender productos, una buena campaña vende emociones.

La campaña “Hill Top” fue sólo una reafirmación de lo que Coca-Cola buscó proyectar como marca.

Lamentablemente, en la etapa final de su existencia, la televisión ha dejado de ser la fábrica de sueños, la herramienta motivacional de las masas, para convertirse en el espejo de nuestras miserias. Lamentablemente, hay una corriente que apunta hacia el mismo derrotero en el caso de redes sociales como Facebook.

Es tiempo de retomar esa gran motivación para hacer de la comunicación una realidad emotiva, más que una atrocidad efectiva.

Más que una era de la comunicación, necesitamos construir la nueva era de los ciudadanos, horizontal, participativa, equitativa.

Busquemos el gran motor que nueve al mundo.

¡Es el amor, estúpidos!

 

SOUNDTRACK PARA LA LECTURA

-“Hilltop” -McCann Erikson/ Coca Cola (Estados Unidos)

 

-“Get Off my Cloud” – The Rolling Stones (Inglaterra) 

 

-“Communication Breakdown”- Led Zeppelin (Inglaterra)

 

-“All you need is love”- The Beatles (Inglaterra) 

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Jueves, 04 de Junio 2015 - 16:00
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Sobre los Cuerpos de Max Rojas

Una de las características que distinguieron al poeta mexicano Max Rojas (originario de la Ciudad de México), fallecido el pasado 24 de abril, fue su silencio poético que duró aproximadamente treinta años (en los años ochenta se publicaron los libros de poesía El turno del aullante, 1983, y Ser en la sombra, 1986, escritos en los años cincuenta y setenta). A su regreso, en la década pasada, rompió con su mutismo, sólo para llamar y hablarle a sus cuerpos que aparentemente había abandonado. Tal retorno al mundo por parte de Max Rojas, se percibe como un intento por salvar a esos cuerpos.

El silencio invita a entablar un diálogo con el interior de nosotros mismos. Es mirar primeramente hacia adentro para después poder ver el exterior, al mundo. Max Rojas lo hizo de esta manera: con su enmudecimiento poético, el poeta conoció el interior de sí mismo y ese conocimiento, ese saberse, fue fundamental para la escritura de su gran obra que consta de veinticinco tomos que se reunieron en el libro Cuerpos, Conaculta, 2011 (el primer tomo de dicha obra monumental, Memoria de los cuerpos. Cuerpos uno, fue publicada en el año 2008, éste obtuvo el Premio Iberoamericano de Poesía Carlos Pellicer, 2009).

Con dicha obra, Max Rojas le da volumen, forma y perspectiva a ese algo intangible que nos habita. A ese interior abstracto del individuo al que le da corporeidad para poder tocarlo y sentirlo. Cuerpos es la representación física de la otredad, de ese otro (s) al que se refiere durante todo el libro.

En ese transcurrir de la obra el lector se dará cuenta que Max Rojas habla con esos cuerpos (nosotros), no desde nuestra misma visión, no frente a nosotros, sino desde el lugar del padre –en las alturas—, de aquel que nos recorrió de principio a fin en algún momento.

Max Rojas se levanta de entre todos los cuerpos y nos ve con tristeza, como quien se acongoja al ver al moribundo, y es a partir de ese momento que comienza a hablarnos, a referirse a nosotros como un conjunto de eso, de cuerpos; y somos cuerpos, sólo carne, porque hemos perdido la capacidad de percibir esa otredad que el poeta nos muestra en esta obra.

Con Cuerpos, el poeta nos desnuda, quiere darnos salidas, opciones nuevas para ver y entender el mundo; busca liberarnos de ciertas cargas morales; a cuestionar nuestro carácter de ser humano, nos invita a mirar hacia otro lado, incluso, a perdernos en el camino, en infinidad de éstos que bien pueden ser los erróneos, pero qué más da, si como bien dice el poeta a los (sus) cuerpos: “para salvarse hay que perderse. La salvación está en lo más remoto de uno mismo” —tal posibilidad de equivocarse de camino, en dicha errancia, se adquiere el oficio de pensar, diría el filósofo Martin Heidegger.

Recuperar la obra poética de Max Rojas es esencial para seguir con la apertura mental que en esta época se hace necesaria para nosotros los cuerpos. Leer a Max Rojas es enfrentarte, no sólo a una poesía mayor, que la es, sino a otra forma de percibir el mundo. Es tocar la otredad que en estos tiempos ha sido dilapidada por las inmensas lozas de concreto que hemos puesto sobre nosotros.

Fuente: http://maxrojas.blogspot.mx/

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Viernes, 29 de Mayo 2015 - 17:00
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