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Trópico de Cáncer

Lunes, 08 de Febrero 2016 - 17:30

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Diana Morales Morales

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Estoy viviendo en Villa Borghese. No hay ni pizca de suciedad en ningún lado, ni una silla fuera de su lugar. Aquí estamos completamente solos y estamos muertos.

Anoche Boris descubrió que estaba lleno de piojos. Tuve que rasurarle las axilas y ni así se detuvo la comezón. ¿Cómo uno puede tener piojos en un lugar tan bonito como este? Tal vez nunca nos hubiéramos conocido tan íntimamente, Boris y yo, de no haber sido por los piojos.

Es ahora el ocaso de mi segundo año en Paris. No tengo dinero, recursos, ni esperanzas. Soy el hombre más feliz. El año pasado, seis meses atrás, pensaba que era un artista. Ahora no lo pienso, lo soy. Todo lo que ha sido literatura ha caído de mí. Ya no hay más libros para ser escritos, gracias a Dios.

Una de las cosas que disfruto enormemente es la comida. Y en esta hermosa Villa Borghese casi nunca hay evidencia de ella. Le he pedido a Boris incontables veces que compre pan para el desayuno pero siempre lo olvida. Él sale a desayunar a la calle, parece. Come en restaurantes por consideración a mí, dice que duele comer un enorme plato cuando estoy yo mirándolo.

Muchos de mis amigos quieren ser escritores, pero sólo Carl y Boris tienen talento. Ellos dos están locos, mientras Van Norden está “enculado” siempre con alguna puta y Moldorf es un borracho.

Ver la cara de Boris noche tras noche no hace nada por mí. Añoro a Tania, la judía más encantadora, con sus muslos regordetes y estorboso liguero; pero parece haber escapado con un tipo llamado Sylvester, que no hace arder sus ovarios como lo haría yo…

Estoy tratando ineficazmente de acercarme a Moldorf. Es como tratar de acercarse a Dios, porque Moldorf es Dios – nunca ha sido algo diferente. He tenido otras opiniones que estoy reconsiderando. Tenemos tanos puntos en común que es como ver mi reflejo en un espejo agrietado.

Tengo el vivo recuerdo de haber disfrutado mi sufrimiento. Era como ir a la cama con un cachorro. De vez en cuando arañaba – y entonces era verdaderamente aterrador. Hay gente que no resiste el deseo de estar enjaulados con una bestia salvaje y ser aplastados. Se aventuran sin revólver o látigo. El miedo los hace intrépidos… Para el judío el mundo es una jaula lleno de bestias salvajes.

He convenido conmigo mismo no cambiar ni una sola línea de lo que escriba. No estoy interesado en perfeccionar mis pensamientos, ni mis acciones. Junto a la perfección de Turgenev pongo la perfección de Dostoevski. Aquí entonces, en este mismo medio, tenemos dos tipos de perfección. Pero en las cartas de Van Gogh existe una perfección que va más allá que cualquiera de estas dos. Es el triunfo del individuo por encima del arte.

Sólo hay una cosa que me interesa de manera vital ahora, y eso es el registro de todo lo que se omite en los libros. Nadie, hasta donde yo sé, hace uso de esos elementos que se han quedado volando y que le dan dirección y motivación a la vida. Sólo los asesinos parecen estar extrayendo de la vida alguna medida satisfactoria de lo que ponen en ella. La era exige violencia pero lo único que obtenemos son explosiones malogradas. Las revoluciones se cortan de raíz o se extinguen demasiado rápido. La pasión se agota muy pronto.

El teléfono interrumpe este pensamiento que nunca hubiera sido capaz de terminar. Alguien viene a rentar el departamento…

Parece como si ya se hubiera terminado mi vida en Villa Borghese. Tomaré estas páginas y seguiré adelante. Algo sucederá en otro lugar. Algo siempre está sucediendo. Parece que siempre hay drama a donde sea que yo vaya. Las personas son como piojos – se cuelan bajo la piel y se entierran ahí. Puedes rascarte hasta sangrar pero nunca te libras de ellos. En todos lados la gente está haciendo un desastre de su vida. Todos tienen su propia tragedia. Ya está en la sangre – infortunios, apatía, pena, suicidio. El ambiente está saturado de desastre, frustración, inutilidad. Rascan y rascan hasta que ya no queda nada de piel.

Henry Miller nació el 26 de diciembre de 1891 de padres germano-estadounidenses. Creció siendo de la clase obrera junto con su hermana menor Lauretta en Brooklyn, Nueva York. Desde muy joven Miller aprendió a vivir “en la calle” y desarrolló pasión por la lectura. Se inscribió a la universidad City College de Nueva York pero abandonó sus estudios  al cabo de dos meses porque estaba en desacuerdo con el sistema tradicional de educación universitaria. Miller se concentró en su escritura durante los quince años que obtuvo empleos poco comunes.

Tropic of Cancer, originalmente publicada en 1934, es un recuento de sus experiencias en Paris con un toque autobiográfico. Su precuela Trópico de Capricornio fue publicada en 1939. Debido a sus explícitos pasajes sexuales ambos libros estuvieron prohibidos en Estados Unidos por casi tres décadas. Sin embargo, la publicidad contribuyó a la fama de Miller y los libros se convirtieron en best sellers.

Henry Miller Tropic of Cancer. Nueva York, Grove Press, 1994. Extracto del Capítulo I, de la edición publicada el 6 de enero de 1994; idioma original inglés.

Traducción inglés-español por Diana Morales Morales.

© 1961 Grove Press. Todos los derechos reservados.


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