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The boys, o los pájaros tirándole a las escopetas

Viernes, 02 de Agosto 2019 - 13:10

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Luis Felipe Jurado

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Amazon se ha convertido en el epítome de la corporación inhumana que realiza prácticas poco éticas y que ha ido buscando más y más formas para no depender de empleados de carne y hueso, a los que, por cierto, trata bastante mal. En la lista de chuladas que se pueden encontrar sobre la empresa están por ejemplo, que hace a sus trabajadores a caminar para buscar paquetes en sus almacenes, que llegan a medir hasta 13 kms., monitoreando sus actividades todo el tiempo y sancionándolos si se toman un descanso, o que los obligan a que oculten ante los médicos las lesiones que lleguen a sufrir, diciendo que ocurrieron fuera de sus centros de trabajo o producto de accidentes previos. También se le ha acusado de comprar y vender datos de usuarios, de que si un minorista tiene éxito al usar su portal para ofrecer sus productos, la empresa consigue los mismos a menor precio para deshacerse de él, etc. Es decir, se ha vuelto un pulpo como Walmart, Bimbo, Coca-Cola y Disney. Irónicamente, en su servicio de video on demand, tienen series que critican este tipo de imperios comerciales, una de ellas es la excelente The Boys.

Basada en el cómic homónimo creado por Garth Ennis y el ilustrador, Darick Robertson, publicado de forma independiente, trata sobre un universo en el que los superhéroes son ídolos manejados por una gran corporación y que en realidad son un montón de inmorales y nihilistas, que respetan poco la vida humana. Para cuidar su inversión, la empresa que los controla oculta sus “pecaditos” a cualquier costa y por lo mismo, existe un variopinto grupo de personajes cuya misión es destruirlos. La adaptación para la serie sigue únicamente esto, dejando de lado gran parte de los aspectos más truculentos, aunque así, en lugar de debilitarse, se fortalece la crítica porque si bien muchas cosas funcionan muy bien en la historieta, distraerían a la audiencia de lo más importante, que es el ataque a las corporaciones y al comercio sin escrúpulos.

En ella, la Corporación Vought controla a Los siete, que son una parodia de la Liga de la Justicia, en la que cada personaje representa un arquetipo de súper poderoso, como The Deep (Aquaman), The Homelander (Superman), A-Train (Flash), Queen Maeve (Wonder Woman), Black Noir (Batman), etc. Todos ellos son como las grandes estrellas de la televisión, y por lo mismo, como ocurrió en los años 20 en Hollywood, la empresa se ha dedicado a formar una imagen pública apropiada para sus “protegidos”, debido a que dejan millones en ganancias. Para las personas comunes, ellos no son solo sus ídolos, son sus protectores, sus modelos a seguir e incluso sus dioses (hay muchos que creen que sus poderes son de origen divino). Sin embargo, sus admirados son en realidad seres inmundos que se dedican a humillar a sus compañeras o a los seres humanos comunes y demasiado dados a la depravación. Existe el lado opuesto, encabezado por Butcher (el excelente Karl Urban), un ex agente de la CIA, que ha reunido a un equipo de resentidos que dedicará todos sus esfuerzos a desenmascarar a estos fraudulentos personajes.

La primera temporada toma muy libremente el arco dramático de la historieta, para poco a poco y aparentemente, irse alejando de su fuente de inspiración. Algo interesante de la adaptación es que ciertos personajes que no figuraban demasiado, adquieren mucha dimensión. La diferencia fundamental entre ambos productos es que mientras el impreso criticaba muy duramente al género de superhéroes, principalmente al facturado por DC Comics y Marvel, la serie enfoca sus colmillos en las corporaciones de medios y entretenimiento, como Disney, Time Warner o Televisa, pero de paso también lo hace con la industria del armamento de guerra, las farmacéuticas, la guerra contra las drogas, el fanatismo religioso, los grupos de autoayuda y todo lo que se le ponga a su paso. Si en el cómic ya existía esto, en la serie se amalgama de forma extraordinaria. A todo esto hay que sumar actuaciones de primera, un excelente cast, una banda sonora muy buena y sobre todo, una agilidad brutal en cada capítulo (ninguno es de “paja” o “relleno”), que es la envidia de cualquier producción de Netflix.

Muchos se han quejado de que The Boys, en su forma audiovisual, ha perdido muchos elementos paródicos y sarcásticos del cómic, pero sin embargo, esto la ha hecho ganar en accesibilidad. El mensaje, a final de cuentas es el mismo pero de alcance masivo. Muchas personas que no encuentren atractivo el original sin duda se sentirán atraídas hacia este cuento inmoral de superhéroes, un anti-Marvel. Si bien en la versión de papel, su creador, Garth Ennis, expandió sus ideas contra el sistema y la historieta de superhéroes, exploradas previamente en The Punisher Max, Punisher Kills the Marvel Universe, The Pro y sobre todo en Hitman – tal vez una versión primitiva de The Boys, – lo que hacen Evan Goldberg, y Seth Rogen (en compañía del productor de Supernatural, Eric Kripke) es esparcir la burla social que han hecho en trabajos como The Interview (2014) o This Is the End (2013), de una manera más madura y centrada.

The Boys fue publicado por primera vez en 2006 por Wildstorm, un sello editorial independiente que fue adquirido por Warner Bros. Para que fuera publicado por DC, mismos que decidieron cancelar la obra, después de 6 números, por considerar que era demasiado crítica hacia sus impresos. Sobrevivió porque liberaron también los derechos del trabajo y este fue reimpreso por Dynamite Comics, una pequeña editora que le permitió seguir por 72 números. Irónicamente, otro monstruo monopólico, Amazon, decide producir la versión live-action, que entre otras cosas, también se encarga de embarrarle su propia porquería en la cara. Ojalá no tenga el mismo destino. En tiempos de capitalismo salvaje, es chistoso ver a los pájaros tirándole a las escopetas.

Una serie redonda, muy crítica e irónica, no para todos los públicos, pero que es obligatorio ver.
 


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Número 33 - Septiembre 2019
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