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Terminator: Destino oculto, cuando no puedes vencer al pasado

Viernes, 08 de Noviembre 2019 - 10:00

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Luis Felipe Jurado

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Desde que se anunció la filmación de Terminator: Destino oculto (Terminator: Dark Fate, 2019) ya contaba con muy bajas expectativas a pesar de que el director sería Tim Miller, maquilador de Deadpool (2016) – y quizá el mejor de los realizadores de cine de acción de los últimos años –, que el creador de la saga, James Cameron it self fungiría como productor, guionista y de contar con el regreso triunfal de Linda Hamilton como la mismísima Sarah Connor, sacrosanta madre de la franquicia. Y es que el muy anticipado fracaso se debe básicamente a que, a pesar de ser una buena película, que respeta el canon impuesto por Cameron en T1 y T2 y que se enfoca más en la aventura y la acción, un tanto en el estilo de la segunda entrega, por desgracia, prometía lo mismo que las demás: Un regreso a lo que tanto se amó en las 2 primeras.

Debido a que la tercera parte, con un terminator femenino, es tan mala que está prohibido pasarla en los reclusorios por eso de que verla es una flagrante violación a los derechos humanos, a la cuarta la presentaron como un borrón y cuenta nueva a partir de la dos, pero era tan mala, que al dar a conocer la quinta, dijeron que comenzarían de nuevo, descartando a las anteriores y regresando a la segunda. Así que aunque la nueva entrega lo hace muy bien, a sus realizadores les tocó ser el novio de la chica a la que cinco tipejos le prometieron que le cumplirían si les daba el “tesorito”, y aunque llegó con anillo de bodas y las llaves de la casa, nomás ya no le quiere creer la susodicha.

La obra se centra en la llegada de una humana “mejorada” del futuro, que es enviada para proteger a una joven mexicana de un terminator con cara de Brayan, que fue mandado para matarla. Para cerrar el cuadro, aparece una no por madura menos badass Sarah Connor, para ayudarles a descuachalangar al robot asesino antes de que las asalte con una Italika que se robó el día 28, afuera de la iglesia de San Juditas.

Lo mejor de la cinta, sin duda alguna, es la presencia de Linda Hamilton, quien a pesar de nunca haber demostrado ser una gran actriz, por lo menos se las arregló para ser creíble como la valiente y paranoica “virgen maría” que dará a luz al salvador del mundo, como se autonombra el personaje. Otra cosa muy afortunada es la dirección de Miller, quien presenta la mejor escena de rejuvenecimiento de toda la franquicia. Esto se debe a que el señor, al haber sido primero especialista en CGI, sabe cómo camuflajear los efectos digitales y no se vanagloria de ellos, como lo hacen en prácticamente todos los blockbusters. Por el lado negativo, hay que reconocer que la historia, a estas alturas, se siente repetitiva y por desgracia, no ha envejecido muy bien.

El motivo por el que está fracasando en taquilla no se debe sólo a la falta de desconfianza del público o que ya estén cansados del pan con lo mismo, sino al hecho de que muchos la ven como una película que se aprovecha de la tendencia de empoderar las mujeres. Y en esta ocasión, por desgracia, al escuchar a ciertos pseudocríticos youtuberos, uno se percata que todavía hay mucho camino en esto de la erradicación del machismo. Y lo más ridículo, es que prácticamente ningún analista se ha percatado que hay un trasfondo poco visible o más bien, que no quieren ver.

Históricamente, los 2 primeros capítulos de Terminator son hijos de la era en que se filmaron. La primera, de 1984, está realizada durante el mandato de Ronald Reagan. En los 8 años en que estuvo el exactor al mando de los Estados Unidos, el cine de esa zona se dividió en dos grandes grupos; por un lado, las que glorificaban la lucha contra el comunismo, filmes patrioteros como Rambo II o Comando. En el otro extremo, estaban las que veladamente, criticaban al sistema. En este último rublo se inscribe la creación de Cameron. La segunda parte tiene lugar en 1991, en pleno mandato de George H W Bush Sr, quien entre otras gracias comenzó una ofensiva contra prácticamente todos los países árabes. Nuevamente, el cine comienza a hacer obras que no están muy de acuerdo con las políticas del Presidente, entre ellas, precisamente, encontramos T2. La última entrega llega precisamente cuando está entrando la recta final del 1er mandato de Donald Trump y se corre el muy probable peligro de una reelección. E igual que con las otras, ahora se usa de pretexto la crítica a las ideas del más neurótico y reaccionario mandatario de U.S.A.

Si se siguen las 3 cintas se puede encontrar, quizá de forma accidental, una anécdota de liberación. De hecho, en toda la franquicia es la avaricia del hombre y el capitalismo salvaje el que lleva a la humanidad a la destrucción. La inteligencia artificial con conciencia propia representa a los gobernantes sin escrúpulos que buscan desmoronar los derechos de los más necesitados, enviando una máquina asesina que no cuestiona sus órdenes En Destino oculto se puede encontrar este mensaje al ver que los personajes representan lo que más desprecia el gobernante de la piel naranja: inmigrantes, mexicanos y mujeres. Quizá sea por aprovechar el signo de los tiempos, sacando partido de la tendencia actual de empoderamiento femenino, pero sin duda, esa es la principal importancia de un filme que sin duda deja mucho en deuda para los que esperaban algo todavía de una franquicia a punto de caducar.

En resumen, una cinta entretenida, con un trasfondo más interesante que otros blockbusters, que desgraciadamente, no pudo contra los prejuicios de la crítica más idiota y que perdió credibilidad por culpa de tres filmes que explotaron irresponsablemente uno de los filmes de ciencia ficción más importantes de la historia.


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Número 34 - Octubre 2019
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