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¿Quién mató a los puppets? Brian Henson vs. el pulpo de Disney

Viernes, 31 de Agosto 2018 - 15:00

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Luis Felipe Jurado

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  • Por su nueva cinta, Brian Henson cayó en la guarida de un ratón bastante rabioso

Desde la creación de Plaza Sésamo (Sesame Street), aquel viejo programa que intentaba educar a los niños en cosas básicas y que se volvió en un enorme éxito, muchos han tenido curiosidad por saber los secretos más oscuros de las marionetas diseñadas por Jim Henson y Frank Oz. Desde épocas tempranas aparecieron parodias para público más maduro que el que el original tenía por destino. Es Gerard Damiano, el mismísimo director del clásico hardcore The Devil in Miss Jones (1973), quien filma la primera parodia porno de la franquicia: Let My Puppets Come (1976), una guarra y mal lograda cinta que fue un fracaso en taquilla, básicamente porque además de lo mal hecha que estaba, al público no le interesó mucho eso de ver peluches teniendo sexo (aunque en esos años, eso era básicamente el cine XXX; peluches por todos lados y teniendo sexo) a pesar de que existe un fetiche que tienen que ver con las relaciones sexuales con juguetes felpuditos y con botargas, la plushofilia. El siguiente intento sería Meet the Feebles (1989), dirigida por un joven y muy gordo Peter Jackson, que nuevamente, tuvo un estreno limitado, y aunque la crítica la aplaudió y es considerada una cinta de culto, no resultó un éxito de público. De alguna manera, parece que a la gente le desagrada ver a seres aparentemente inocentes, con los que convivieron en su infancia, en situaciones fuera de lo convencional. Tal es el caso que quizá está enfrentando ¿Quién mató a los puppets? (The Happytime Murders, 2018, Brian Henson).

En un universo en que conviven las marionetas tipo puppet con seres humanos, un detective de peluche que se encarga de resolver casos que involucren cualquier abuso a sus congéneres, es contratado para investigar un caso de chantaje. Sin querer, se involucra en otra investigación, debido a que los actores de un antiguo show, llamado The Happytime Gang, son asesinados en serie. Uno de ellos es su hermano, por lo que deberá hacer equipo con una humana que fue su amiga y compañera cuando este fue policía.

Por principio de cuentas, hay que declarar que la cinta no es tan mala como la crítica la ha querido hacer parecer. Rotten Tomatoes, nuevamente, se vuelve el villano de la historia al darle un 22% de frescura y un Average Rating de 3.9/10, es decir, que es más mala que una torta de jamón de $10.00 MN del Bosque de Chapultepec. Sin embargo, para variar, el sitio se está pasando de listo. Tiene un arranque muy divertido, algunos personajes son muy simpáticos, como el conejito pervertido o el encargado de la tienda porno. También, algunos actores humanos desempeñan muy bien su papel, como Maya Rudolph, que se roba todas las escenas en donde aparece, y una muy controlada Melissa McCarthy, que demuestra que cuando la mantienen en la raya puede ser bastante divertida. Los efectos visuales son de primera, así como la interacción entre los humanos y los títeres, algo en lo que tiene bastante experiencia Brian Henson. Por desgracia, ni el avanzado nivel técnico ni la capacidad del realizador para dirigir a su reparto, son suficientes para hacerla una buena cinta.

Después de los primeros minutos comienza a tornarse algo aburrida, con algunos momentos hilarantes repartidos al azar y algunas escenas de acción muy bien elaboradas. Si algo despierta del letargo al público, es la gracia de Maya Rudolph, que hace que nos demos cuenta que la tienen bastante desperdiciada. Y así, el final es lo que todos esperan, pero para salir corriendo del cine.

Los grandes problemas que tiene la cinta son que, en primer lugar, su estructura es demasiado cercana a los filmes protagonizados por The Muppets. Henson tomó la batuta de los personajes a la muerte de su padre y realizó varios trabajos con ellos, así que lo que intentó hacer fue darle una base parecida a estos, colocando situaciones disparatadas con momentos emotivos. Aquí no funciona la fórmula y se cae en el anacronismo con facilidad. El segundo problema tiene que ver con el hecho que lo más divertido de la obra son los momentos vulgares protagonizados por los muñecos, como la película porno protagonizada por un pulpo y una vaca o la escena que imita a Bajos instintos (Basic Instinct, 1992, Paul Verhoeven), absurdo puro que, por desgracia, es sustituido por una investigación policiaca demasiado coherente y poco original. El tercer problema se llama Zootopia (2016, Byron Howard y Rich Moore). En esta producción de Disney, hay una realidad en la que conviven los depredadores con las presas, es decir, animales carnívoros con herbívoros. Hay una conejita cuyo sueño es ser la primer presa en volverse policía, algo a lo que sólo pueden aspirar los depredadores, igual que Phil Phillips, una marioneta, la clase racial más baja de la realidad en que se mueve ¿Quién mató a los puppets?, que perdió la oportunidad de ser el primer policía de su tipo y que sin quererlo, provocó una ley que les prohíbe serlo. Igual que en Zootopia, la cuestión racial es uno de los temas principales, pero por desgracia, aquí no es explotado a fondo y en los primeros minutos de empezado el trabajo, es prácticamente olvidado. Y como eso, pierde muchas oportunidades de ser trascendente o por lo menos, entretenida.

Pero siendo franco, hay comedias protagonizadas por los mismos intérpretes humanos del filme de Henson que resultan peores o más desastrosas y sin embargo, no son tan maltratadas por la crítica como esta. Spy (2015, Paul Feig), protagonizada por McCarthy, resulta tener un 94% de “frescura” en Rotten, mientras que Elizabeth Banks dirigió Pitch Perfect 2 (2015), que llegó a un 65%, y ya ni se diga de su participación en la patética Los juegos del hambre: sinsajo – Parte 2 (The Hunger Games: Mockingjay - Part 2, 2015, Francis Lawrence). ¿Entonces por qué la han tratado tan mal? Quizá tenga que ver con el hecho que ¿Quién mató…? Era un trabajo muy esperado por la crítica, que querían ver algo más que lo que se presentó. O quizá porque en el fondo no estamos preparados todavía para ver a los personajes que nos acompañaron cuando niños en situaciones adultas, lo cual no creo que sea el caso – recordemos las cintas de Ted y el musical Avenue Q. Quizá el trasfondo de la saña de la crítica norteamericana se deba a algo más. Desde hace años es secreto a voces que gran parte de los profesionales del análisis fílmico reciben “payola”, sea en efectivo, en regalos o como “favores”, por parte de los Estudios Disney. Esto se ve reflejado en las calificaciones de Rotten Tomatoes a las producciones de las “franquicias del ratón”, sean Marvel, Pixar o Lucas Films. Por el contrario, cuando algún producto puede competir con los del Estudio, los niveles de “frescura” del susodicho bajan de forma sorprendente, como el caso de lo hecho por DC/Warner Bros. Lo primero que se supo sobre la cinta que analizamos hoy, fue que Sesame Workshop (SW) había puesto una demanda, la cual perdieron, porque su cartel promocional usaba la frase "No Sesame, All Street", alegando que el público podía confundirse y pensar que era un producto de ellos. El fallo en su contra quizá le cayó como balde con agua en la cabeza a SW, que, a pesar de no ser parte de Disney, tiene mucho que ver con ellos. Se sabe que el Estudio ha intentado adquirir Sesame Street desde que compró a The Muppets y The Bear in the Big Blue House, pero no lo ha logrado – del todo, porque se rumora que tiene participación económica con ellos – porque SW es parte del Public Broadcasting Service (PBS), la televisora pública de EE.UU. Pero lo que sí han logrado es un acuerdo para compartir personajes y distribuir sus productos. Además, al tener ellos la propiedad de The Muppets y al ser ¿Quién mató…? una ácida parodia de sus amados personajes, para colmo, producida en colaboración con The Jim Henson Company, era de esperarse una reacción en su contra. Quizá sólo sea que mi paranoia ya llegó a su límite, pero la empresa, en lugar de usar un ratón como mascota, debería emplear un pulpo, ya que es probable que haya empleado sus múltiples tentáculos para desacreditar a la incómoda producción.

Una cinta fallida, con ciertos logros que, por desgracia, a pesar de ser para adultos, cayó en una trampa destinada al más ingenuo de los muñecos de peluche.


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Número 31 - Julio 2019
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